<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928</id><updated>2011-09-12T19:59:01.141-03:00</updated><title type='text'>No me digas que no</title><subtitle type='html'>Diario de un detective</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-4562687808681970246</id><published>2011-06-28T16:47:00.001-03:00</published><updated>2011-06-28T17:03:47.504-03:00</updated><title type='text'>39. Las pruebas de la infamia</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Pericia informática del cpu del sospechoso Cahttp://www.blogger.com/img/blank.gifrlos Libermann&lt;br /&gt;Carátula de la causa: Muerte dudosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llené el formulario y conecté el cpu a los accesorios del inspector Salvides. &lt;a href="http://www.karmapanda.com/wp-content/uploads/2008/10/mono_nariz_01.jpg"&gt;Iraola,&lt;/a&gt; sentado a mi lado, seguía mis movimientos con ansiedad.&lt;br /&gt;Lo había convencido de realizar juntos la pericia con un argumento de peso: el suicidio –insistí en todo momento en llamarlo así– de Sara Libermann debía estar íntimamente relacionado con el sabotaje a los archivos de Documentación Personal y el creciente desbarajuste en las computadoras de la Brigada.&lt;br /&gt;No veía el momento de abrir la carpeta de Mensajes Recibidos. Pero no había razón para mostrar apuro. Comencé a revisar los programas y los archivos, en orden alfabético. El archivo Noticias Internet era uno de los últimos.&lt;br /&gt;–Vamos, vamos –me urgía Iraola.&lt;br /&gt;Yo estaba en Accesorios. Seguía en orden y metódicamente de acuerdo a las instrucciones de Procedimiento redactadas por el propio Iraola.&lt;br /&gt;–Debemos revisar &lt;span style="font-style:italic;"&gt;todo&lt;/span&gt; –dije.&lt;br /&gt;Iraola bufó.&lt;br /&gt;–Después lo haremos tal como lo estipula el reglamento. Pero ahora enfoquemos la búsqueda en forma más focalizada.&lt;br /&gt;–No entiendo.&lt;br /&gt;–Sabemos que Libermann puede ser nuestro hacker –dijo Iraola.&lt;br /&gt;Suspiré.&lt;br /&gt;–¿Qué sugiere?&lt;br /&gt;–Abra Noticias Internet.&lt;br /&gt;¡Bravo!&lt;br /&gt; Abrí la carpeta. Revisé la lista.http://www.blogger.com/img/blank.gif&lt;br /&gt;–Hay varios documentos de imagen –dije.&lt;br /&gt;–Ábralos –ordenó Iraola.&lt;br /&gt;–¿Por orden alfabético o tiene alguna corazonada?&lt;br /&gt;Mi tono había sido burlón, pero Iraola no acusó recibo.&lt;br /&gt;–Por orden alfabético.&lt;br /&gt;Era sencillo: “Carol01”, “Carol02”, y así. Para cuando abrí “Carol25” el subcomisario tenía la patética &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_sej4xHv_dh0/TAWFccOffbI/AAAAAAAAAr4/GpEnKOjSwUo/s400/rajoy-asombrado.jpg"&gt;expresión&lt;/a&gt; de un chimpancé presenciando un lanzamiento espacial en Cabo Kennedy.&lt;br /&gt;–¿Qué es esto?&lt;br /&gt;–La oficial Quintana –dije.&lt;br /&gt;Siguió atontado mi búsqueda en el archivo de correo. Varias de las imágenes habían sido enviadas desde la Brigada y otras desde la computadora particular de la propia oficial Quintana. Yo ya lo sabía, ustedes lo sabían, pero Iraola tuvo una crisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué pasa en Computación? –preguntó el médico de guardia en la enfermería.&lt;br /&gt;Me alcé de hombros.&lt;br /&gt;–Una crisis endocrinológica.&lt;br /&gt;–Exceso de trabajo –se apresuró a corregir Johnny.&lt;br /&gt;Los ojos del médico seguían posados en mí. Se sentía atraído. Estimé que su interés sería estrictamente clínico, aunque uno nunca puede sentirse seguro de nada. Al fin se volvió hacia Iraola, tendido en una camilla.&lt;br /&gt;–Hay que controlar esa presión –dijo el doctor–. Puede tener consecuencias.&lt;br /&gt;–Un ACV –acoté.&lt;br /&gt;–¿Usted es médico?&lt;br /&gt;–No –repuse con mi sonrisa angelical–. Pero soy amigo del doctor Hermosilla. ¿Lo conoce?&lt;br /&gt;Johnny intervino nuevamente.&lt;br /&gt;–¿El subcomisario se encuentra bien?&lt;br /&gt;El médico volvió a sentir dolor al apartar sus ojos de los míos.&lt;br /&gt;–Le di un sedante.&lt;br /&gt;–¡No puede hacer eso! –protesté–. ¡Estamos en medio de un caso crucial! ¡Una investigación de primera magnitud!&lt;br /&gt;–Pues ya lo hice. Y ahora retírese, por favor.&lt;br /&gt;–Debo hablar con el subcomisario, a solas.&lt;br /&gt;–Sí, sí– dijo Iraola desde la camilla.&lt;br /&gt;El médico nos dio dos minutos y salió junto con Johnny.&lt;br /&gt;–Tenemos que revisar los archivos de la oficial Quintana –susurré–. Y esta es una magnífica oportunidad de hacerlo en forma extraoficial. Imagínese las consecuencias si el caso acaba en Investigaciones ¡O en Delitos Complejos!&lt;br /&gt;En rostro del subcomisario asomó una mueca de horror.http://www.blogger.com/img/blank.gif&lt;br /&gt;–Es ahora o nunca –agregué.&lt;br /&gt;Por si no lo saben, Carola permanecía internada en observación. Era posible escuchar sus desvaríos en el cuarto vecino.&lt;br /&gt;–Proceda– dijo Iraola.&lt;br /&gt;–De ningún modo. O usted viene conmigo o yo no muevo un dedo.&lt;br /&gt;Lo ayudé a incorporarse. Sus dificultades derivaban más de su rótula estropeada que del mareo. Le alcancé el bastón y el subcomisario pudo caminar aceptablemente. El médico conversaba con Johnny.&lt;br /&gt;–¿Qué hace, imbécil?&lt;br /&gt;Su tono no me gustó. Apoyé las manos en sus mejillas. Su boca se abrió como una flor. Le di un &lt;a href="http://spc.fotolog.com/photo/44/34/64/boca_cabj_la12/1235081488474_f.jpg"&gt;beso&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–Enseguida vuelvo por vos, corazón. No te pongás celoso.&lt;br /&gt;Cuando salimos de la enfermería el médico se refregaba la trompa y escupía como un cerdo. Qué asco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iraola soportó la experiencia en forma bastante aceptable, habida cuenta el contenido de los archivos de Carola. Johnny se había incorporado de hecho al equipo, lo que resultaba muy conveniente. Las cosas no quedarían entre Iraola y yo: ahora había un testigo.&lt;br /&gt;Me dio risa, pero pude sobreponerme.&lt;br /&gt;–¡No puede ser! –exclamé.&lt;br /&gt;–¡Oh! –me siguió el juego Johnny.&lt;br /&gt;Iraola ya ni tenía ánimos para levantarse de la silla. Lo tomé de un brazo y lo llevé frente a la pantalla.&lt;br /&gt;–Mire.&lt;br /&gt;El subcomisario no pareció muy impresionado porque el tipo colgado del arnés dejara azotar su culo por la mujer vestida de Batman: había visto cosas peores en Bizarre Sex.&lt;br /&gt;–¡Es mi hermano!&lt;br /&gt;Iraola despertó.&lt;br /&gt;–Puedo reconocer ese &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-A9_jw2bQyX8/TfvmYgG1hqI/AAAAAAAAADU/1AiJ5g17epc/s400/culo+mandril.jpg"&gt;culo&lt;/a&gt; en un millón –exageré–. Es el de mi hermano.&lt;br /&gt;Iraola sacudía la cabeza. Si el Clint Eastwood de la Policía Federal era capaz de semejante descarrío ¿qué podía esperarse del personal femenino? Por un momento todos llegamos a pensar que el comportamiento de Carola estaba dentro de los parámetros reglamentarios establecidos por Superioridad. El subcomisario, al menos, así comenzaba a creerlo.&lt;br /&gt;–Al fin de cuentas –suspiró– lo de la oficial Quintana no es antinatural.&lt;br /&gt;Eso era porque no había visto todas las fotos. Pero no perdí tiempo mostrándoselas. Tampoco hubiera servido de mucho. Luego del estupor inicial me pareció que Iraola había comenzado a sentir una creciente excitación ante cada nueva pose de Carola. Yo tenía el antídoto infalible para cualquier perdón. Archivo: Patrulla. Le había introducido algunas pequeñas modificaciones.&lt;br /&gt;Lo abrí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“El subcomisario Iraola cojea de la pierna derecha y hace bromas de doble sentido al respecto. En especial con los nuevos. Y con las chicas. Las chicas fingen sonrojarse, echan una risita y se tapan la boca, pero todos pensamos que Iraola es un pelotudo”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero que hija de puta! –exclamó Iraola.&lt;br /&gt;–Muy fuerte –dije.&lt;br /&gt;–Tremendo –acotó Johnny.&lt;br /&gt;Pudimos soltar la carcajada recién dos horas más tarde. Y festejamos en un restaurante español, con mariscos. Y demasiado vino, me temo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Hermosilla sigue sin responder mis llamadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-4562687808681970246?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/4562687808681970246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/06/39-las-pruebas-de-la-infamia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4562687808681970246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4562687808681970246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/06/39-las-pruebas-de-la-infamia.html' title='39. Las pruebas de la infamia'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-9223263048640903649</id><published>2011-06-09T20:23:00.003-03:00</published><updated>2011-06-26T19:09:05.759-03:00</updated><title type='text'>38. Iraola en riesgo cardíaco</title><content type='html'>Comenta Ron:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Es muy aburrido entrar a la discoteca Help antes de la 1 AM, pero si por casualidad llegas demasiado temprano puedes sentarme afuera y ver la acción. En la calle el café Sombre as Ondras está generalmente atestado por una multitud de turistas y busconas interesadas en encontrar un tipo que les pague la entrada a la boite. Algunas de estas chicas, en especial si están alcoholizadas, son muy agresivas. No tontees con ellas, sé cortés y, de ser preciso, diles que estás esperando a tu amiga, “Tenho outre encontro”, o algo por el estilo. Muchas de ellas llevan una navaja y algunos tipos han debido retornar a sus hogares con un feo souvenir cruzándoles la mejilla”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenho outre encontro. Tenho outre encontro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sos una fuente de sorpresas –exageró Johnny en el Ebro– Curly, Larry y Moe, los tres en uno.&lt;br /&gt;–Gracias.&lt;br /&gt;–Y tenés un culo a toda prueba.&lt;br /&gt;Pasé por alto la ambigüedad del comentario. Sus palmaditas, cuando entramos al departamento de Carola, todavía estaban frescas en mis cachas.&lt;br /&gt;Ahora bien, si por &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“culo a toda prueba”&lt;/span&gt; debía entender que era un hombre afortunado, sus palabras no reflejaban exactamente la verdad.&lt;br /&gt;La verdad era que de no ser por Johnny, en esos momentos estaría siendo objeto de los más diversos apremios ilegales en algún calabozo del departamento de Policía. Iraola, Rolo, los detectives de investigaciones y hasta el mismísimo Jefe, pasando por la totalidad de los efectivos, vejándome sin cesar. Y luego..., no sé que sería de mí. No consigo imaginar cuál puede ser la reacción del cuerpo de policía si un PCBC exhibe su pirulín a uno de sus efectivos femeninos.&lt;br /&gt;¿La castración? ¿¡A mí!?&lt;br /&gt;La idea me hace gracia. Río, un rato. Luego me seco los ojos. Las lágrimas me impiden observar la pantalla con claridad. Pienso: ¿Qué sería de la vida sin sentido del humor? Pero no tengo tanto como cree Johnny. Quiero decir, no ando todo el día riendo tontamente de cualquier cosa. Lo mío se parece más a una serena resignación. Casi todo lo malo ya ha tenido lugar. Ahora resta esperar lo peor. &lt;br /&gt;Sin embargo, lo peor nunca llega. &lt;br /&gt;Pensé que averiguaría en qué consiste cuando con los pantalones arrollados a la cintura y los calzoncillos a media asta observaba demudado la exhibición de histeria de la oficial Quintana. Pero Johnny se ocupó de impedir la catástrofe. Por eso me sorprende que pondere mi buena estrella. No tengo tal cosa. En todo caso, sería el pálido reflejo de un sol extinguido diez millones de años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensándolo bien, algo de cierto ha de haber en las palabras de Johnny pues me basta con quedarme quieto, en medio del mar de mierda, para pasar todo lo desapercibido que puede hacerlo un tipo como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así estaba, con los pantalones enrollados en los tobillos, convertido en una indecente estatua, escuchando en el salón contiguo las primeras corridas de los patrulleros mientras la oficial Quintana llevaba a cabo su numerito histérico.&lt;br /&gt;–¡El Hombre Araña! ¡El Hombre Araña!&lt;br /&gt;Johnny llegó a la puerta antes que nadie y fingió tropezar. El ruido me sacó de la parálisis. Afuera se había producido una pequeña aglomeración pues Johnny insistía en girar el picaporte en el sentido inverso. &lt;br /&gt;Dentro, la oficial Quintana continuaba gritando, aplastada a la pared. Y su seguro servidor, con los pantalones ya en la cintura, tomaba asiento frente a la computadora.&lt;br /&gt;Iraola avanzó a empujones entre los patrulleros que discutían sobre el modo de abrir una puerta e intentó derribarla de una patada. Como tiene una pierna más corta que la otra no pudo conservar el equilibrio y cayó de espaldas. Johnny aprovechó para patearle la rótula lesionada, con lo que todos comenzaron a ser más atraídos por los gritos del subcomisario que por los de la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Yo había conseguido entrar a Ynots y avanzaba a toda velocidad hacia la Robin’s Home Page. Para cuando los patrulleros irrumpieron en tumulto en el despacho, la pantalla mostraba la imagen que había llevado a Libermann a la masturbación compulsiva y el alcoholismo, y elevaba ahora en varios decibeles los gritos de la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Escuché, a mis espaldas, el rugido de Iraola.&lt;br /&gt;–¡Qué carajo pasa acá!&lt;br /&gt;Se frotaba la rodilla con un rictus de dolor, lo que le daba un andar vacilante y un poco desparejo. Era imposible tomárselo en serio, pero me aguanté la risa.&lt;br /&gt;–Una crisis –dije.&lt;br /&gt;Iraola se volvió hacia Carola. Carola seguía gritando. Sonaba muy incoherente. El subcomisario se volvió entonces la pantalla, ahora cubierta por el protector que había ido invadiendo, una a una, todas las unidades de la Brigada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Vigilante barriga picante,&lt;br /&gt;         toca el pito como un atorrante”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis hackers trabajaban a velocidad pasmosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me puse de pie y enfrenté a Carola. La miré a los ojos. Estaban desorbitados.&lt;br /&gt;–¡No puedo creer &lt;span style="font-style:italic;"&gt;eso&lt;/span&gt; de usted...! –declamé.&lt;br /&gt;Iraola trataba de atraer mi atención. Tiró de la manga de mi camisa.&lt;br /&gt;–¿Qué &lt;span style="font-style:italic;"&gt;eso&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;Me deshice de él como si fuera un niño mendigo&lt;br /&gt;–¡Desalojen inmediatamente este despacho! –ordené.&lt;br /&gt;De no ser por Johnny nadie me hubiera hecho caso, naturalmente. Pero tomó de un brazo a la oficial Quintana.&lt;br /&gt;–Vamos –ordenó Johnny–. Y que alguien me ayude a llevarla a la enfermería.&lt;br /&gt;–Preguntá por el doctor Hermosilla –dije–. Es el mejor.&lt;br /&gt;Los patrulleros comenzaron a moverse. Iraola permaneció frente a mí, estirándose sobre la punta de sus pies para mirarme a los ojos.&lt;br /&gt;–¿Qué carajo pasa?&lt;br /&gt;Aparté mis pupilas del horizonte y las bajé hasta su rostro.&lt;br /&gt;–Venga.&lt;br /&gt;Di media vuelta y llegué hasta la computadora. Oprimí una tecla. El protector de pantalla desapareció. Iraola trastabilló y se derrumbó en la silla.&lt;br /&gt;De acuerdo a su buen saber y entender el único Hombre Araña que había hecho algo semejante con la oficial Quintana era él mismo. Pero ambos sabíamos que su miembro jamás habría alcanzado ese tamaño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-9223263048640903649?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/9223263048640903649/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/06/38-iraola-en-riesgo-cardiaco.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/9223263048640903649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/9223263048640903649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/06/38-iraola-en-riesgo-cardiaco.html' title='38. Iraola en riesgo cardíaco'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-6424747996937767150</id><published>2011-05-27T19:28:00.004-03:00</published><updated>2011-05-28T11:27:45.688-03:00</updated><title type='text'>37. De nuevo en operaciones</title><content type='html'>Paranoia.comhttp://www.blogger.com/img/blank.gif&lt;br /&gt;Guía Mundial del Sexo. &lt;br /&gt;Ron envía noticias de Río de Janeiro. Informe muy exhaustivo sobre dónde conseguir compañía femenina. Y cuándo. Durante el día recomienda la playa de Copacabana, frente al Río Othon Hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Es fácil identificar a las putas&lt;/span&gt;, dice Ron, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;son las que andan en &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_hjD61YU8VYs/TDQ5hjfzUUI/AAAAAAAAcAg/AaHxpC5QY-0/s320/Maud+Charlotte+Mary+Victoria.jpg"&gt;topless&lt;/a&gt;. De surgirnos alguna duda, añade, conviene preguntar a Paulo. Es un vendedor de caipirinha. Tiene en la playa un puesto con techo de lona azul&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomo nota para la policía carioca: Paulo, sospechoso de proxenetismo. Cantina precaria frente al Río Othon Hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Una cita rápida en tu propio hotel–&lt;/span&gt; continúa Ron– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;te costará entre 50 y 100 dólares”.&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acto seguido advierte: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Los hoteles de cinco estrellas no permiten el ingreso de putas a las habitaciones de los huéspedes. Te aconsejo buscar alojamiento en uno de menor categoría”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por el dato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo de la Guía Mundial del Sexo y mientras avanzo al garete por el océano informático me pregunto qué pudo haber pasado por la cabeza de Iraola cuando vio al Hombre Araña en la pantalla de Salvides. El traje le resultó familiar, sin dudahttp://www.blogger.com/img/blank.gif. Probablemente hasta lo conserva para colocárselo durante las sesiones de hard sex con Carola. El Hombre Araña y su perversa barragana. Una fantasía muy estimulante.&lt;br /&gt;Me sube la &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-m8sBknT_Ncc/TdMasPFw49I/AAAAAAAAFeQ/NfkLzKSzRvc/s1600/sarkozy-maud-fontenoy.jpg"&gt;testosterona.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Veo a Johnny en el retrovisor derecho. ¡Estoy en la brigada! Me cubro el pirulín con una revista y trato de pensar en otra cosa.&lt;br /&gt;Necesito recuperar el traje de Hombre Araña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los detectives de Investigaciones estaban sorprendidos de mi presentación espontánea. Creo que los desarmó. Al fin y al cabo yo era un colega. Prácticamente compartíamos el mismo techo. Fíjense que me bastó bajar un piso por las escaleras para tocar a su puerta. Fui en mangas de camisa, para que les quedara claro, de entrada. Me invitaron con café. Y me hicieron escuchar la voz de Aníbal en el contestador telefónico.&lt;br /&gt;–El doctor Libermann dice que Pirulo es usted.&lt;br /&gt;Me sonrojé.&lt;br /&gt;–Así me llamaban de chico, pero ya no uso ese apodo. No me gusta mucho, ¿sabe?&lt;br /&gt;El detective asintió, sorprendentemente comprensivo. Era un pelirrojo casi tan alto como yo, pero muy flaco. Parecía absorto, desconcertado por la sinrazón del mundo. Lo estudié, buscando un atisbo de burla en su expresión. No la había. Me invadió una gran paz. Estaba calmo, sin palpitaciones ni ardores. La hipófisis funcionaba con normalidad, en ralenti.&lt;br /&gt;Hablamos de Aníbal. Le expliqué que llevaba diez años sin verlo. De todos modos había sido mi amigo de la infancia y me resultaba imposible hacer una apreciación objetiva. Pero podían preguntar a Rolo.&lt;br /&gt;La mejilla del detective se estremeció ligeramente. Si su desconsuelo se originaba en la absoluta carencia de lógica del comportamiento humano, calculé que los tipos como Rolo debían abrumarlo.&lt;br /&gt;Luego de la mención de mi hermano, el detective se volvió todavía más desganado. Y el interrogatorio fue languideciendo hasta que su compañero, que se había mantenido en silencio, preguntó:&lt;br /&gt;–¿Usted mató a su padre?&lt;br /&gt;Le sostuve la mirada. Seguramente no había hecho su carrera en Investigaciones y acababa de ser transferido desde el cuerpo de montados.&lt;br /&gt;–Pregúntele a mi hermano –Me puse de pie–. Si no tienen ninguna otra consulta que hacerme, vuelvo al trabajo. Estoy arriba –añadí–, en la División Computación.&lt;br /&gt;Había sido una jugada audaz, pero sentí que no corría riesgos de que alguno de los dos se atreviera a hacer a Rolo semejante pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé por el baño, me mojé la cara y volví a la Brigada. El subcomisario era carcomido por un arrebato de ansiedad.&lt;br /&gt;–¿Averiguó algo?&lt;br /&gt;Reproduje, lo más textualmente que me fue posible, el mensaje de Aníbal, reemplazando “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Pirulo” &lt;/span&gt;por mi propio nombre. Me pareció que el apodo distraería su atención. También obvié, por inconducente, mencionar el enojoso episodio con la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;Al escuchar lo de mi padre Iraola hizo una mueca de disgusto, y tuvo la cortesía de evitar cualquier comentario respecto al calificativo de “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;monstruo&lt;/span&gt;” que me endilgaba Aníbal. Era un buen investigador y se dirigía al meollo del asunto. Yo ya me había preparado para su pregunta.&lt;br /&gt;–¿Por qué Lequerica diría que usted es peligroso?&lt;br /&gt;Me alcé de hombros&lt;br /&gt;–Tal vez porque soy un policía. Bajo contrato –agregué rápidamente.&lt;br /&gt;El subcomisario hizo un gesto vago.&lt;br /&gt;–Usted ya es uno más de los nuestros.&lt;br /&gt;Me subió peligrosamente la testosterona.&lt;br /&gt;–Seguramente –dije– planeaban un ilícito.&lt;br /&gt;Iraola golpeó el escritorio con la palma de la mano.&lt;br /&gt;–¡Los archivos!&lt;br /&gt;Yo iba a sugerir que preparaban la muerte de Sara, pero me pareció adecuado dejar que el subcomisario pensara en los seis millones trescientos veinticinco mil setecientos veintiocho pasaportes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a mi patrulla.&lt;br /&gt;En la Guía Mundial del Sexo, Ron me informa sobre algunos lugares de ligue en Río de Janeiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La discoteque Help es lo máximo&lt;/span&gt; –dice–. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Puedes estar realmente seguro de que cada chica brasilera dentro está vendiendo su gatito, incluso aquellas que parecen más recatadas. Muchas veces resultan la mejor elección. Ninguna chica carioca que se preocupe por su reputación acudiría a Help, pero esta no debería ser una razón para que &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;tú&lt;/span&gt; no vayas ¿verdad?”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verdad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Por cada hombre dentro de la disco&lt;/span&gt; –prosigue Ron– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;hay tres mujeres ansiosas de pasar la noche contigo”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conmigo.http://www.blogger.com/img/blank.gif&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Maia Petaca, en cambio, es un bar de mesas en la calle, próximo al hotel Othon. Luego de las cuatro de la tarde es posible encontrar ahí entre 20 y 30 &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_OBoYLwwQHwQ/Sgs6f4quMMI/AAAAAAAAAco/jxUdR48zkRY/s400/Abuela+Julia+con+Lola+y+Mar%C3%ADa+Luque+1918+recortada.jpg"&gt;putas&lt;/a&gt; buscando clientes.&lt;br /&gt;“También está Mabs, un boliche similar en Av. Atlántica y Rua Prado Junior. Las chicas aquí son menores (entre 13 y 15 años) y más baratas que las de Maia Petaca”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Envío un mail de felicitación a Ron, instándolo a continuar colaborando con la Ley, y tomo nota: Mabs, un boliche de prostitución de menores en plena avenida Atlántica.&lt;br /&gt;¿Será suficiente para contentar a Iraola?&lt;br /&gt;Río está ligeramente fuera de nuestra jurisdicción, pero al fin y al cabo es parte del Mercosur. Si nos encaminamos hacia un mercado único, con una única moneda ¿por qué no también hacia una única Policía Federal? ¡Con una única Brigada Internet!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Derive el caso a la oficial Quintana –ordena Iraola sin apartar la vista de la pantalla. Sigue instalado en el despacho de Salvides.&lt;br /&gt;–Usted me aconsejó no confiar en nadie...&lt;br /&gt;–En lo referente al hacker. Pero este es un caso de corrupción de menores. Le corresponde a la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Carajo, y yo que pensaba hacerme cargo del procedimiento en Río. Esperaba tener suerte en Help.&lt;br /&gt;–Carola –carraspeo. El subcomisario me traspasa con la mirada y me corrijo–: La oficial Quintana –vuelvo a carraspear– es una señorita. No puede usted obligarla a mezclarse con esa clase de gente.&lt;br /&gt;Iraola me observa durante largos segundos.&lt;br /&gt;–Usted es un buen muchacho. Un muchacho &lt;span style="font-style:italic;"&gt;sano&lt;/span&gt;, como a mí me gusta.&lt;br /&gt;–Sí –digo.&lt;br /&gt;–Pero en ningún momento debe olvidar que la señorita Quintana es una oficial de la Policía Federal Argentina, la mejor del mundo.&lt;br /&gt;Además va a conocer Río, pienso, gracias a usted. Pero me abstengo de hacer el comentario a viva voz y me dirijo al despacho de Carola.&lt;br /&gt;Está de espaldas, mirando el racimo de dátiles. Sostiene un marcador en la mano derecha, frente a su cara.&lt;br /&gt;–Oficial Quintana.&lt;br /&gt;Carola da un respingo. Volví a sobresaltarla. Debo consultar al doctor Hermosilla respecto a mi voz.&lt;br /&gt;Pero no gira hacia mí. Ni me insulta, ni nada: permanece en los dátiles.&lt;br /&gt;Llego a su lado.&lt;br /&gt;–Carola...&lt;br /&gt;Mueve apenas la cabeza. Sus ojos parecen estrábicos. Pero lo más llamativo son los garabatos dibujados en su rostro.&lt;br /&gt;–¿Se siente bien?&lt;br /&gt;Una pregunta estúpida, pero fue lo primero que vino a mi mente. Hay una parte en mí que se niega a comprender la verdad y es capaz de aferrarse a cualquier esperanza.&lt;br /&gt;La oficial sonríe de un modo extraño, con la mitad de la boca. Tiene un aire a papá. Por un momento pienso lo peor.&lt;br /&gt;–¡Levante los brazos!&lt;br /&gt;Se incorpora de un salto, con los brazos en alto y expresión de terror. Puedo comprobar que no está hemipléjica. Ni lleva corpiño debajo del sweater, lo que no me tranquiliza en lo absoluto, pero no tengo tiempo de pensar en el asunto: Carola muestra serias dificultades para conservar una posición erecta. Cae sobre mí.&lt;br /&gt;–No me lastime –dice.&lt;br /&gt;Comienzo a retroceder, arrastrándola por el despacho, aferrada a mi camisa.&lt;br /&gt;–Prometo portarme como una chica buena –insiste la oficial Quintana–. No lo volveré a hacer.&lt;br /&gt;Estoy arrinconado en un ángulo del despacho. Carola se aparta bruscamente.&lt;br /&gt;–¿Quién es usted?&lt;br /&gt;–Pirulo, el gordo del avión –respondo en un rapto de estupidez.&lt;br /&gt;–No es mi papá...&lt;br /&gt;Niego toda posibilidad al respecto.&lt;br /&gt;–¿No le va a contar, verdad?&lt;br /&gt;Continúo negando. Vuelve a saltar sobre mí.&lt;br /&gt;–Gracias.&lt;br /&gt;Solloza sobre mi hombro. Acaricio su nuca. Resulta imperioso tranquilizarla. Y desaparecer, así sea saltando por la ventana. Lo pienso, seriamente, durante un segundo o dos, hasta que recuerdo que estamos en un tercer piso. Sería como asomarse al precipicio&lt;br /&gt;Carola comienza a desprender los botones de mi camisa. La sujeto por los hombros y la aparto con brusquedad.&lt;br /&gt;–Por favor, papi– dice.&lt;br /&gt;–No soy tu papi. Soy tu tío Erundino.&lt;br /&gt;Aprovecho su momentáneo desconcierto para deslizarme de su lado, pero vuelve a asirme de la camisa.&lt;br /&gt;–¡No le digás al papi!&lt;br /&gt;El pequeño forúnculo de sospecha que había comenzado a formarse en mi mente apenas vi su rostro tatuado con marcador fluorescente se convirtió en una certeza del tamaño de un mierdoma cerebral maligno: Carola había desayunado con el jugo de naranja. Ahora ronronea en mi pecho.&lt;br /&gt;–Dejá que te afloje el cinturón. Vas a estar más cómodo.&lt;br /&gt;No es ético. Johnny estallará en carcajadas cuando se lo cuente. Luego, ya calmado, agregerá: hubieras hecho bien.&lt;br /&gt;¡Por supuesto que sí! Pero recuerdo. Tengo tanto para recordar. No es mi culpa que la genética, o las glándulas o el mismo demonio me hayan provisto de una voz finita. &lt;br /&gt;¿Por qué, entonces, Carola se había burlado de mí? &lt;br /&gt;Es cierto que parezco un merengue de crema, pero también soy un ser humano. Sin embargo la barra de San Lorenzo me escupía desde el camión, y Aníbal pegaba carteles en mi espalda y Sara deshizo una maceta en mi cabeza y Rolo rompió en pedazos mi bonito avión de bricolaje. &lt;br /&gt;Carola me había despreciado tanto como Libermann. Ni siquiera en el sepelio de mi madre permaneció a mi lado por amistad, o cariño o una migaja de piedad, sino para aproximarse indirectamente a Rolo, que con la verga arropada en un pañuelo de seda deja azotar su redondo culo de muchachita en el Dark Site y... no sé qué me pasa. Comienzo a caer en el precipicio y murmuro &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Nemo me impune lacessit, nemo me impune lacessit”&lt;/span&gt; mientras Carola desprende el cierre de mi pantalón que pronto queda arrollado a mis pies.&lt;br /&gt;Siento el elástico de mis calzoncillos rozando mis muslos. Y nada más.&lt;br /&gt;Abro los ojos.&lt;br /&gt;Carola, todavía de rodillas, retrocede. Su rostro se descompone en una expresión de horror. Grita:&lt;br /&gt;–¡El Hombre Araña!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-6424747996937767150?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/6424747996937767150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/37-de-nuevo-en-operaciones.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6424747996937767150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6424747996937767150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/37-de-nuevo-en-operaciones.html' title='37. De nuevo en operaciones'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7825522180041307051</id><published>2011-05-20T00:36:00.001-03:00</published><updated>2011-05-20T00:43:27.155-03:00</updated><title type='text'>36. Los delincuentes nos tocan el culo</title><content type='html'>Ocupo mi butaca de siempre. Salvides no llegó a quitar los retrovisores. Agradezco silenciosamente a Dios que se lo haya llevado a tiempo: los espejos me dan una gran seguridad. Mis ojos van y vienen del derecho al izquierdo, pero nada ocurre detrás mío. Cada patrullero se encuentra enfrascado en su propia investigación. La oficial Quintana ya no sale de su despacho, atrapada en el mundo del sexo y la droga. Iraola opera desde la oficina de Salvides, donde fijó su puesto de comando. Dirige la operación de contrainteligencia desde el terreno. Yo soy su alfil, su 007 infiltrado entre mis propios compañeros para desenmascarar al terrorista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hay una bomba de tiempo oculta en la brigada –había dicho Iraola.&lt;br /&gt;Cuando llegué al Departamento, algo retrasado por culpa de la testosterona, los patrulleros navegaban en silencio, concentrados en su labor. Johnny alzó la vista de la pantalla y me guiñó un ojo. Lo saludé de lejos y fui hasta el despacho de Salvides. &lt;br /&gt;Me detuve frente a la puerta, para tomar aire. &lt;br /&gt;Tenía brumosos temores sobre qué habría de encontrar dentro. Iraola y la oficial Quintana haciendo el amor sobre el escritorio. Rolo colgado de un arnés. Libermann en pose de Pedante declarando que yo era un monstruoso hijo de puta. Aníbal con un dedo apuntado hacia mí: él fue. La oficial Quintana con una ametralladora apuntando hacia mí: él fue. Elena en tetas, con su pequeña tanga y su rostro deformado por la mueca de asco. El bancario con un caño de plomo. Y la Mágnum de Rolo...&lt;br /&gt;Tuve una ligera crisis endocrinológica y me apoyé en la puerta.&lt;br /&gt;–Pase –dijo Iraola.&lt;br /&gt;Afortunadamente, el subcomisario estaba a solas. Recorría de un extremo al otro el despacho de Salvides.&lt;br /&gt;–¡Al fin llegó!&lt;br /&gt;–Una indisposición –me excusé, sin poder apartar la vista del cpu de Libermann, en una estantería junto a pruebas de diversos casos enviadas por Investigaciones para las correspondientes pericias.&lt;br /&gt;–Ay– dije.&lt;br /&gt;El subcomisario no me prestó atención. Arrojó una pila de hojas sobre el escritorio.&lt;br /&gt;–Vea esto.&lt;br /&gt;Eran copias de pasaportes. &lt;br /&gt;La confección de pasaportes se había informatizado –el propio Iraola tuvo mucho que ver en la hazaña modernista– y ya nadie debía concurrir con un juego de fotografías cuatro por cuatro. La imagen la tomaba una cámara conectada a una computadora. De igual forma, las huellas dactilares eran ingresadas por un escaner. &lt;br /&gt;Un proceso rápido, confiable y limpio. &lt;br /&gt;De todos modos, por impulso atávico, la División Documentación Personal había seguido registrando las huellas en tiritas de papel, lo que siempre motivó los despectivos comentarios de Iraola.&lt;br /&gt;Luego de que los ciudadanos finalizaban el rápido, confiable e higiénico proceso de obtener su pasaporte en un gran salón donde decenas de computadoras eran operadas por bonitas muchachas de anteojos elegantes y largas piernas y apuestos universitarios recién graduados, en un pasillo, como mendigos de la era tecnotrónica, dos mustios agentes de la División Documentación Personal, interceptaban a los ciudadanos para embadurnarles los dedos con tinta de sello y tomar sus huellas en una tirita de papel. &lt;br /&gt;Patético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hojas que tenía ante mí eran copias de las primeras páginas de varios pasaportes computarizados, que quedaban en archivo. &lt;br /&gt;Las fotografías eran en blanco y negro. A un lado de la foto debía estar la huella del pulgar. &lt;br /&gt;No estaba. Estaba Homero Simpson.&lt;br /&gt;Miré la siguiente: Pedro Picapiedras.&lt;br /&gt;Seguí pasando hojas: Mickey Mouse, Tiro Loco Mac Graw, de nuevo Homero Simpson, Fritz el gato, Condorito, Patoruzú…&lt;br /&gt;No pude evitar un estremecimiento al advertir entre ellas una caricatura del Hombre Araña.&lt;br /&gt;–Alguien –Iraola se aclaró la garganta–. Alguien entró a los archivos y reemplazó las huellas dactilares por personajes de historieta. En las copias de todos los pasaportes.&lt;br /&gt;–¿Todos?&lt;br /&gt;Iraola asintió.&lt;br /&gt;–Todos.&lt;br /&gt;–Supongo que se repetirán...&lt;br /&gt;Entornó los párpados. Trataba de seguir mi razonamiento. No había tal cosa, apenas otro comentario inconveniente. Dejé correr las hojas sujetas a mi dedo pulgar.&lt;br /&gt;Levanté la vista y miré al comisario tras un aleteo de pestañas.&lt;br /&gt;–Deben ser muchos, porque aquí nomás, a simple vista, encuentro varios Simpson, tres Guffy, y más de siete Tío Rico.&lt;br /&gt;La boca de Iraola permanecía abierta.&lt;br /&gt;–¿Muchos qué? –alcanzó a preguntar.&lt;br /&gt;–Pasaportes.&lt;br /&gt;–Seis millones trescientos veinticinco mil seiscientos veintiocho –Tragó saliva–. El Jefe dijo que debíamos sentirnos agradecidos de que Documentación tuviera un juego de cada huella, en papel y tinta.&lt;br /&gt;En ese momento comprendí que el subcomisario se había convertido en el hazmerreír de la Plana Mayor. &lt;br /&gt;Me vino como una tentación…&lt;br /&gt;–¿Qué le pasa?&lt;br /&gt;–Un ataque de tos –repuse.&lt;br /&gt;Iraola carraspeó, recuperando un tono normal de voz. Hasta ese momento había sonado como una viejecita atrapada en una orgía de obreros de la construcción.&lt;br /&gt;–Hemos sido víctimas de un atentado terrorista. Hay otro Unabomber suelto por ahí.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Ahí”&lt;/span&gt; era la caótica inmensidad del ciberespacio.&lt;br /&gt;–Debe atraparlo.&lt;br /&gt;Había escuchado mal. Me incliné hacia Iraola.&lt;br /&gt;–¿Qué?&lt;br /&gt;–El caso es suyo –dijo–. Y compórtese a la altura de las circunstancias: el futuro de la Civilización Occidental está en sus manos.&lt;br /&gt;–Eso es imposible.&lt;br /&gt;–Hay que vengar la afrenta recibida por la Institución –se exaltó Iraola–. Por otra parte, si no descubre al hacker, me temo que estaremos perdidos. No sólo no hemos tenido ningún operativo exitoso desde aquel desagradable episodio en Vicente López... –hizo un alto, breve pero suficiente para que yo recordara a Juanjo Bellomo– sino que, como si eso hubiera sido poco, ahora los delincuentes nos tocan el culo.&lt;br /&gt;–Quiere decir que...&lt;br /&gt;Iraola asintió.&lt;br /&gt;–Los efectivos serán redistribuidos y me temo que no habrá lugar para los PCBC. Estamos en una etapa de austeridad.&lt;br /&gt;Adiós promoción, adiós empleo. Rolo y su Mágnum se erguían como emblemas de mi miserable futuro. &lt;br /&gt;–¿Tengo plenos poderes? –pregunté.&lt;br /&gt;Iraola asintió.&lt;br /&gt;–¿Y puedo formar un pequeño equipo de colaboradores?&lt;br /&gt;–Con mucho cuidado. No confíe en nadie. El terrorista puede ser uno de nosotros.&lt;br /&gt;El subcomisario leía en mi mente. Pero mi mente es una caja de sorpresas.&lt;br /&gt;–Hablo de personal externo –dije–. Conozco dos investigadores independientes que me merecen la mayor confianza.&lt;br /&gt;Iraola torció la boca. Quería saber los nombres.&lt;br /&gt;–Operarán bajo los alias de Copiloto y Mecánico –dije.&lt;br /&gt;–Nombres –insistió.&lt;br /&gt;–Tengo plenos poderes. Y no debo confiar en nadie. Hace exactamente dos minutos con treinta segundos que usted ha ingresado a mi lista de sospechosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consulta para Hermosilla: ¿Cuál es la relación del hipotálamo con las conductas autodestructivas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Iraola es un pelotudo muy sanmartiniano. O viceversa. Como sea, asintió con pesados cabeceos.&lt;br /&gt;–¡Muy bien! –exclamó–. No hay que confiar en nadie, sin excepciones&lt;br /&gt;Siguió asintiendo mientras finalizaba el cruce de los Andes. Luego pareció recordar mi presencia&lt;br /&gt;–Le interesará esto.&lt;br /&gt;Fue hasta el escritorio de Salvides y encendió la computadora.&lt;br /&gt;–La mantengo desconectada por precaución –explicó–. Con diez minutos que esté encendida basta para que el hacker haga un estropicio.&lt;br /&gt;Llegué a su lado y miré por sobre su hombro en el momento en que aparecía el fondo de pantalla: el Hombre Araña empuñando su poderoso armamento.&lt;br /&gt;–Es repugnante –dijo Iraola.&lt;br /&gt;–Ignoraba que Salvides tuviera esas aficiones.&lt;br /&gt;Iraola dio un respingo.&lt;br /&gt;–¡Él no colocó esto!&lt;br /&gt;Claro que no. La pantalla del inspector siempre había conservado el mismo fondo, un racimo de nubes sobre el cielo azul. Jamás se había atrevido a cambiarlo, temeroso de provocar algún desastre universal.&lt;br /&gt;–Ya le dije que Salvides jamás vio el e mail.&lt;br /&gt;Quedé boquiabierto. Iraola había girado hacia mí y me pareció adecuado fingir sorpresa.&lt;br /&gt;–Sí –prosiguió– Esto estaba en el mail: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Podrás dejar de quererme, pero olvidarme jamás”.&lt;/span&gt; Y lleva firma: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Carlos S. Libermann, Doctor en Filosofía”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Me aproximé a la pantalla.&lt;br /&gt;–¡No puede ser!&lt;br /&gt;Le expliqué quién era Libermann.&lt;br /&gt;–Y su esposa acaba de suicidarse –dije.&lt;br /&gt;–¿&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ese&lt;/span&gt; doctor Libermann? –Los ojos de Iraola brillaban como los de un conejo–. ¿Y dice usted que es nuestro hacker?&lt;br /&gt;Me alcé de hombros.&lt;br /&gt;Iraola se volvió hacia la estantería.&lt;br /&gt;–Ahí tengo el cpu de Libermann. Lo envió Investigaciones.&lt;br /&gt;Le pregunté si había comunicado a Investigaciones el asunto del e mail. Me miró mudo de horror. Que la Brigada Internet estuviera siendo enloquecida por un hacker era equivalente a que el cuartel general de la Guardia de Infantería fuera asaltado por un trío de delincuentes infantiles.&lt;br /&gt;–Tenemos que averiguar qué sabe Investigaciones. Le preguntaron por mí, ¿verdad?&lt;br /&gt;Iraola asintió.&lt;br /&gt;–Entonces me presentaré espontáneamente. Del interrogatorio tal vez pueda extraer alguna conclusión.&lt;br /&gt;–¡Buena idea! –exclamó Iraola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, debo consultar a Hermosilla. Pero no responde a mis llamadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7825522180041307051?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7825522180041307051/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/36-los-delincuentes-nos-tocan-el-culo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7825522180041307051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7825522180041307051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/36-los-delincuentes-nos-tocan-el-culo.html' title='36. Los delincuentes nos tocan el culo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-5022285872942984208</id><published>2011-05-11T11:51:00.000-03:00</published><updated>2011-05-11T11:54:08.958-03:00</updated><title type='text'>35. Una justa reivindicación</title><content type='html'>Noviolence.com &lt;br /&gt;Es la página de un grupo de plateístas brasileros preocupados por la violencia. Pertenecen al Flamengo, Botafogo, Vasco de Gama y Corinthians. Predican paz y amor en las canchas. &lt;br /&gt;Imagínense. &lt;br /&gt;Una delegación de hippies en el delta del Mekong. &lt;br /&gt;Pero obtienen adhesiones de diversas partes del mundo. Hay una sección Hechos y Fotos en la que es posible dejar un relato o una imagen de violencia en los estadios. Conté el traspié de Ernesto Sábato en el baño de la Bombonera. También acusé a Reiphnol y dejé su dirección electrónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito: mi copiloto puede averiguar casi cualquier dirección electrónica. No sé cómo lo hace. Sus recursos parecen ser infinitos. Le pedí que investigara a Sábato. Aparece más de doscientas veces en la red, me informa. Y tiene una página Web. ¿Será el mismo? Por las dudas también ahí dejé un comentario sobre lo ocurrido en el baño.&lt;br /&gt;Y envié un correo a Reiphnol: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Te espero en La filial del Chango Cárdenas, cagón”&lt;/span&gt;. Firmé “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ernesto Sábato”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di cuenta que me estaba dejando llevar luego de entrar a los codazos en la filial del Chango. Los desafié a pelear el domingo en Brandsen y Necochea. También ahí dejé la dirección electrónica de Reiphnol. Y la de Sábato, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desconecté y algo más sosegado se me ocurrió que podría organizar un movimiento en favor de la violencia. Le daba vueltas al asunto cuando sonó el teléfono. &lt;br /&gt;Era Iraola. &lt;br /&gt;Mi corazón se detuvo en seco.&lt;br /&gt;–Hace dos horas que lo llamo y siempre da ocupado.&lt;br /&gt;Le expliqué de mi proyecto. Entendió mal.&lt;br /&gt;–Como para no violencias estamos –suspiró– Acá hay una crisis y usted pierde el tiempo en pendejadas.&lt;br /&gt;–Desde que me dejó cesante, tiempo es lo único que me sobra.&lt;br /&gt;–Lo pasado pisado –dijo Iraola– Ahora necesito verlo. Preséntese en la Brigada.&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;–Es una orden.&lt;br /&gt;Yo había vuelto a ser un civil: el subcomisario no podía darme órdenes.&lt;br /&gt;–Le aseguro que no se va arrepentir –dijo con el tono melifluo de un gato engañando a un ratoncito.&lt;br /&gt;¿Qué no me iba a arrepentir? Si ponía un pie en el Departamento de Policía no volvería a salir por lo menos en veinte años. Sus compañeros no me perdonarían lo de Salvides, aunque, bien mirado, el asunto no era tan grave. Al fin de cuentas yo no había hecho nada malo. Y demostré mi inocencia. &lt;br /&gt;Pero estaba lo de Aníbal, su voz en el contestador de Sara Libermann. &lt;br /&gt;Lo primero que haría un investigador con dos gramos de cerebro sería escuchar la cinta. Lo segundo –temblé– sería abrir los archivos de la computadora. O en su defecto, enviarlos a la División Computación.&lt;br /&gt;Iraola leía mi mente, aun a distancia.&lt;br /&gt;–Me hablaron de Investigaciones –dijo.&lt;br /&gt;–Ah.&lt;br /&gt;–Querían saber si usted trabajaba acá.&lt;br /&gt;Iraola hizo una pausa en cuyo transcurso mis glándulas enloquecieron segregando gonadotropinas, progesterona y hasta glucagón, en inmensas cantidades. Finalmente, el comisario se avino a responder a mi mudo interrogante.&lt;br /&gt;–Les dije que sí.&lt;br /&gt;Me subieron las palpitaciones. Sudaba frío.&lt;br /&gt;–Por otra parte –prosiguió– me enviaron el cpu de un doctor Libermann. Su esposa murió en circunstancias poco claras. Me gustaría que usted lo revisara.&lt;br /&gt;A esa altura el subcomisario me había convencido. Pero subsistía un problema.&lt;br /&gt;–Es que el inspector Salvides..., usted sabe.&lt;br /&gt;–Salvides murió.&lt;br /&gt;–¿¡Murió!?&lt;br /&gt;–¿Qué le pasa? Murió. Todos lo haremos alguna vez.&lt;br /&gt;–Lo siento mucho –susurré.&lt;br /&gt;–Tranquilícese. Usted no tuvo nada que ver. Salvides nunca vio esa estúpida página suya en Geocities. Murió al abrir un e mail.&lt;br /&gt;–Eso es extraño, ¿verdad?&lt;br /&gt;–No –dijo Iraola–. Tendría que ver el e mail. Fue la gota que rebalsó el vaso. Alguien se metía en su computadora, le alteraba los archivos y hasta le programaron un protector de pantalla que dice &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Vigilante barriga picante”&lt;/span&gt;. Pero eso no es lo peor: un traficante holandés vive en un barco con una chancha que se llama Salvides.&lt;br /&gt;Acoté que de esa gente fuera de la ley era posible esperar cualquier cosa, paro que jamás lo habría imaginado de Salvides.&lt;br /&gt;Iraola no me prestó atención y prosiguió, desesperado:&lt;br /&gt;–Tenemos un hacker infiltrado en nuestro sistema ¿comprende?&lt;br /&gt;Repuse que, en efecto, comprendía la gravedad del problema, pero yo no podía hacer nada al respecto. Era un civil, sin contrato.&lt;br /&gt;–Lo tengo sobre mi escritorio –dijo Iraola–. Todavía no cursé su renuncia a Personal. &lt;br /&gt;¿Mi renuncia? &lt;br /&gt;Inmune a la lógica, los hechos y el sentido común, Iraola prosiguió:&lt;br /&gt;–Si descubre al hacker habrá un incremento de sueldo.&lt;br /&gt;–Y una promoción –acoté rápidamente.&lt;br /&gt;Guardó silencio. A nadie le gusta que lo extorsionen. Pero el asunto debía ser muy grave.&lt;br /&gt;–Y una promoción... –suspiró antes de cortar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo muy raro había ocurrido. El hacker que alteraba los archivos de Salvides era un inocente bromista –si lo sabría yo–. Por esas tonterías Iraola no se mostraría dispuesto a renovar mi contrato. Y prometer una promoción.&lt;br /&gt;¡Una promoción! ¡Por fin sería un policía de verdad!&lt;br /&gt;Me vi en uniforme de gala, con las doradas insignias de capitán.&lt;br /&gt;El Capitán Deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demoré un poco en llegar a la Brigada debido a un brusco incremento de los niveles de testosterona&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-5022285872942984208?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/5022285872942984208/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/35-una-justa-reivindicacion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5022285872942984208'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5022285872942984208'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/05/35-una-justa-reivindicacion.html' title='35. Una justa reivindicación'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-9184305041080393114</id><published>2011-04-30T20:45:00.004-03:00</published><updated>2011-04-30T23:47:39.433-03:00</updated><title type='text'>34. El consejo de un sabio</title><content type='html'>Nota de color en la sección Informática de un diario de hoy: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Aseguran en Geocities no haber violado al inspector Salvides”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La periodista comenta que la Policía Federal se ha negado a dar precisiones. La excusa del vocero policial es que hay más de diez mil oficiales en actividad, que no puede saber el apellido de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Pero es posible que exista algún Salvides?”&lt;/span&gt;, pregunta.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Se trata de un apellido bastante común.”&lt;/span&gt;, responde el vocero policial.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿No niega entonces la veracidad de la noticia?”&lt;br /&gt;“¿Qué noticia?”&lt;/span&gt;, se sobresalta el vocero.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Un señor publica una página Web explicando que no violó al inspector Salvides. ¿No le parece esa una noticia?”&lt;br /&gt;“Señorita, no se puede dar crédito a todo lo que está en internet. Seguramente se trata de un loco. En todo caso no me consta que eso haya sucedido”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La periodista se toma el asunto para la chacota. Pregunta:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“¿Qué es lo que no sucedió?&lt;br /&gt;“No comprendo”&lt;/span&gt;, dice el vocero.&lt;br /&gt;Yo sí. Río.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“¿Usted quiere decir que no sucedió que el inspector Salvides no haya sido violado?”&lt;br /&gt;“Desmienta terminantemente”&lt;/span&gt; –dice el vocero.&lt;br /&gt;La periodista concluye confesando ignorar que es lo que corresponde desmentir. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Si el autor de la página miente al decir que el inspector Salvides no ha sido violado, esto significa que lo ha sido. Pero si lo ha sido ¿miente el autor de la página al negar toda responsabilidad en el hecho? ¿O dice la verdad? En cuyo caso, ¿Quién violó al inspector Salvides?&lt;br /&gt;“Esa es la pregunta del millón”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma la nota: Claudia Miranda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me revuelco de risa. Me encanta Claudia Miranda. Es una harpía &lt;span style="font-style:italic;"&gt;muy &lt;/span&gt;mala. Y goza con eso. Se humedece en su butaca en medio de la redacción, a la vista de todos. Tiene bonitas piernas y un liguero azul. &lt;br /&gt;Me sube la testosterona, me sube. &lt;br /&gt;Mi pequeño amigo se pone juguetón. Lo tranquilizo con caricias suaves y palabras dulces hasta que suena el teléfono.&lt;br /&gt;–Esto es un quilombo de órdago –susurra Johnny. Habla desde la Brigada–. Todo el mundo está en geocities/inocente.&lt;br /&gt;Me hago el distraído.&lt;br /&gt;–¿Sí?&lt;br /&gt;–Sí. Y hace un rato entró Iraola hecho una furia y se metió al despacho de Salvides. El pobre Salvides no se había enterado de nada: nunca lee la sección informática. Ahora los médicos lo están sacando en camilla. Tuvo un ataque.&lt;br /&gt;Le pregunto si uno de los doctores se llama Hermosilla. Johnny no lo sabe.&lt;br /&gt;–No importa –digo.&lt;br /&gt;–Ah, y te llamó Libermann.&lt;br /&gt;Libermann. Libermann. &lt;br /&gt;Agradezco a Johnny que me tenga al tanto de las novedades y corto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Libermann, Libermann.&lt;br /&gt;¿Qué haré con Libermann?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamo a Libermann. &lt;br /&gt;El doctor no está, me informa su secretaria. Le explico que soy un amigo y que el doctor me dejó un mensaje solicitando verme. En forma urgente, recalco.&lt;br /&gt;–Estará en la morgue –dice.&lt;br /&gt;–¿¡Murió!?&lt;br /&gt;–La esposa.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa con la esposa?&lt;br /&gt;–La señora Libermann ha tenido un accidente.&lt;br /&gt;–¡Oh! –exclamo.&lt;br /&gt;Corto y me visto rápidamente. Tomo un taxi. En media hora llego a la morgue. Muestro mi credencial y entro. El sombrío edificio parece destilar pus. Se me alteran las gonadotropinas y me voy deprimiendo a medida que avanzo por un pasillo. &lt;br /&gt;Yo también acabaré acá, pienso, pero no para siempre: después me mandarán a la cátedra de aberraciones genéticas de la facultad de Medicina. Será mi gran contribución al progreso de la Humanidad.&lt;br /&gt;Cuando estoy a punto de perder el conocimiento, al final del pasillo encuentro la sala de espera. Veo a Libermann en un rincón. Lagrimea y sacude la cabeza mientras responde las preguntas de un oficial de policía. &lt;br /&gt;El uniforme del policía está salpicado de las condecoraciones de Libermann. &lt;br /&gt;Me mantengo aparte hasta que el policía se va. Libermann permanece unos segundos, como ausente. Por fin me ve. Viene hacia mí, moqueando.&lt;br /&gt;–¡Sara se suicidó!&lt;br /&gt;Me abraza. Domino la repulsión y le palmeo la espalda.&lt;br /&gt;–Tranquilo –digo.&lt;br /&gt;–¡Yo la maté!&lt;br /&gt;Su confesión me desconcierta. Hasta donde recuerdo, a Sara la maté yo. Pero como soy astuto, no se lo digo.&lt;br /&gt;–Y la policía me preguntó por vos –agrega.&lt;br /&gt;Hielo bajo mis pies. Patino en la pista rumbo al precipicio.&lt;br /&gt;–¡¿Vos la mataste y la policía pregunta por mí?!&lt;br /&gt;–Yo no la maté.&lt;br /&gt;Lo observo en silencio, como un científico estudiando a un apestoso gusano.&lt;br /&gt;–Vos estás loco –sentencio–. Tanta paja te achicharró el cerebro.&lt;br /&gt;Libermann baja la cerviz. Lo pude. &lt;br /&gt;¡Lo pude!&lt;br /&gt;–Soy un monstruo –admite.&lt;br /&gt;Me mantengo impertérrito: no me conmueve en lo más mínimo. Lo mismo decían de mí y aquí me ven, lo más pimpante.&lt;br /&gt;–Si le hubieras prestado un poco más de atención, Sara no te habría metido los cuernos.&lt;br /&gt;Libermann retrocede, boquea. Es un horrible pez debatiéndose por respirar, un pez moco.&lt;br /&gt;Intento consolarlo:&lt;br /&gt;–En tu lugar yo también la habría matado.&lt;br /&gt;Libermann niega con cadenciosos cabeceos. No puede creer en mis palabras. Le doy una pequeña ayuda.&lt;br /&gt;–La hice seguir por los detectives...&lt;br /&gt;Alza la mirada. Se la sostengo. Su rostro se descompone. El presumido clon de mister Kissinger se ha convertido en un grotesco monigote de plastilina.&lt;br /&gt;–¿Meneses…? –pregunta.&lt;br /&gt;Consigo controlar la carcajada, que pugna por salir de mi pecho. El esfuerzo me provoca acidez. Y gases.&lt;br /&gt;Libermann se aparta de mí, sorprendido, pero apenas por un instante. Lo tengo sujeto por los hombros&lt;br /&gt;–Privados –susurro–, detectives privados. Pero no te preocupes: me llevaré el secreto a la tumba.&lt;br /&gt;–¿Con...? –Libermann vacila. No acaba de asimilar la espantosa noticia. El único consuelo en su caso hubiera sido el saberse querido, respetado por la persona amada. Ese habría sido al menos un dulce recuerdo para atesorar en el corazón. Sé de qué hablo. Al fin se atreve –¿... con quién?&lt;br /&gt;–No te lo puedo decir.&lt;br /&gt;El rostro de Libermann se desfigura hasta parecer la imagen de un cerdo reflejada en un espejo deformante.&lt;br /&gt;–¡Tenés que decírmelo! –grita.&lt;br /&gt;Lo tengo dentro de un puño. Es hora de cerrar la mano con fuerza, aplastarlo como a una fruta podrida, pero demoro el desenlace. &lt;br /&gt;Por un lado, la idea de aplastar en mi mano una fruta podrida me da asco, qué quieren que les diga. Pero también quiero disfrutar del momento de la suprema venganza, demorado tantos años. Ya siento el placer que me deparará. Si hasta mi pirulín parece endurecerse.&lt;br /&gt;–Te va a hacer daño.&lt;br /&gt;Libermann dobla la cerviz y menea la cabeza.&lt;br /&gt;–Decime con quién, por favor.&lt;br /&gt;Me ruega ¡Libermann me ruega!&lt;br /&gt;Junto aire y le lanzo la estocada final:&lt;br /&gt;–Con Aníbal –digo.&lt;br /&gt;Libermann frunce el ceño y retrocede.&lt;br /&gt;–¿Qué Aníbal?&lt;br /&gt;–Aníbal Lequerica ¿No te acordás?&lt;br /&gt;–Aníbal vive en Suecia.&lt;br /&gt;Tengo un vahído. Trato de asirme de algún sitio, pero a mi alrededor tan sólo hay aire. Y líbermann. Y más allá de las puertas, heladeras llenas de muertos. &lt;br /&gt;Me siento caer y doy un último manotazo.&lt;br /&gt;–Habrá vuelto&lt;br /&gt;–Lo llamé anoche. Estaba en su casa, en Estocolmo.&lt;br /&gt;Caigo irremisiblemente en el precipicio.&lt;br /&gt;–Será otro…&lt;br /&gt;–Liberman se sigue apartando de mí, sin dejar de vigilarme. ¿O me estará estudiando?&lt;br /&gt;Me estudia, Libermann me estudia.&lt;br /&gt;Siento un cálido hilo de orín rodar cuesta abajo por el interior de mi muslo.&lt;br /&gt;Sáquenme de acá, por favor!&lt;br /&gt;Quiero gritar, pero mi cerebro está enteramente ocupado en el esfuerzo de hacerme respirar.&lt;br /&gt;Boqueo. Boqueo.&lt;br /&gt;–Me dijo que me cuidara de vos. Ahora comprendo por qué. Sos un monstruo, un verdadero hijo de puta.&lt;br /&gt;–¡Con mi vieja no te metás! –chillo en un rapto de histeria.&lt;br /&gt;Libermann vacila, pero mi sentido del ridículo me juega una mala pasada. Mis ojos se llenan de lágrimas. Hago un esfuerzo supremo pero pierdo el control y me dejo llevar.&lt;br /&gt;El monigote de plastilina hace un gesto de suprema repugnancia.&lt;br /&gt;–¿Y todavía te reís? ¿Ensuciás el nombre de Sara y todavía te reís? En un momento como éste y nada menos que con mi mejor amigo.&lt;br /&gt;Ah no, eso no puedo permitirlo.&lt;br /&gt;–Aníbal es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi &lt;/span&gt;mejor amigo.&lt;br /&gt;El monigote apoya un índice de plastilina en su mejilla de plastilina. Ha vuelto a convertirse en Henry Kissinger.&lt;br /&gt;–Estás muy enfermo –diagnostica–. Deberías consultar a un facultativo.&lt;br /&gt;Corro por el pasillo. El pus que chorrea de las paredes cubre el piso con una sustancia gelatinosa. Mis pies se vuelven de plomo. Me sofoco. Tengo palpitaciones. Mi organismo es bombardeado por una horda de estrógenos. &lt;br /&gt;¡Me van a crecer las tetas!&lt;br /&gt;–Cálmese, hombre.&lt;br /&gt;Un enfermero me ha tomado del brazo. Me ofrece un vaso de agua. Señalo mi cabeza.&lt;br /&gt;–Es el hipotálamo –explico–. Ya pasó.&lt;br /&gt;–Parece enfermo –dice– debería consultar a un doctor.&lt;br /&gt;Estoy harto de pedantes. Le tiro una trompada. Cae hacia atrás. Corro por el pasillo, empujo al portero que me sale al cruce y salgo a la calle. Paro un taxi y me zambullo en el asiento trasero.&lt;br /&gt;–Al consultorio del doctor Hermosilla, rápido.&lt;br /&gt;El taxista me mira por el espejo.&lt;br /&gt;–¿Dónde queda?&lt;br /&gt;–No sé.&lt;br /&gt;Sus ojos siguen en el espejo.&lt;br /&gt;–Empecemos de nuevo.&lt;br /&gt;Suspiro&lt;br /&gt;–Sería maravilloso, si fuera posible...&lt;br /&gt;–Pero algo tenemos que hacer.&lt;br /&gt;Asiento. El hombre es un sabio.&lt;br /&gt;–No puedo quedarme de brazos cruzados, ¿verdad?&lt;br /&gt;Alza las cejas.&lt;br /&gt;–Si eso es lo que quiere..., pero el reloj ya está corriendo.&lt;br /&gt;–¡El tiempo pasa!&lt;br /&gt;–Y cuanto más pase, más caro le va a salir.&lt;br /&gt;Estoy impactado. El hombre es un sabio.&lt;br /&gt;Le pregunto si estudió en la India.&lt;br /&gt;–No –dice– pero llevo años acá y he visto de todo.&lt;br /&gt;Un talento natural.&lt;br /&gt;–¿Qué me aconseja hacer?&lt;br /&gt;–Ponernos en marcha.&lt;br /&gt;–Sí –exclamo–. En marcha ¡Avanti! ¡Piú avanti!&lt;br /&gt;El hombre me ha devuelto la fe. Le doy la dirección de mi casa y partimos al encuentro con el destino.&lt;br /&gt;¡Ma avanti, sempre avanti!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-9184305041080393114?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/9184305041080393114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/34-el-consejo-de-un-sabio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/9184305041080393114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/9184305041080393114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/34-el-consejo-de-un-sabio.html' title='34. El consejo de un sabio'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-6896982260019107935</id><published>2011-04-24T18:48:00.002-03:00</published><updated>2011-04-24T19:24:24.140-03:00</updated><title type='text'>33. Sin noticias del doctor Hermosilla</title><content type='html'>Vean lo que dice la Endocrine Web Home Page:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Sistema endocrinológico&lt;br /&gt;”La testosterona es la principal hormona masculina; se produce en las células de Leydig en los testículos, por influencia de la hormona luteinizante segregada por la hipófisis anterior. Estimula la aparición de las características sexuales secundarias masculinas: crecimiento de la &lt;a href="http://blogs.gamefilia.com/files/user-files/525265/blog/mujer%20b.jpg"&gt;barba &lt;/a&gt;y vello púbico, desarrollo del pene y evolución de la voz hacia un tono mas grave”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Secundarias. Características &lt;span style="font-style:italic;"&gt;secundarias.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Testículos. Son cuerpos ovoideos pares que se encuentran suspendidos en el escroto.&lt;br /&gt;”Páncreas. La mayor parte del páncreas está formado por tejido exocrino que libera enzimas en el duodeno. Hay grupos de células endocrinas, los Islotes de Langerhans, distribuidos en todo el tejido que secretan insulina y glucagón”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Glucagón! &lt;br /&gt;Sólo eso me faltaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amanecer me sorprendió dormido frente al teclado de mi computadora. Había pasado la noche prácticamente en vela. Apenas conseguía conciliar el sueño aparecía en el Dark Site practicando sexo oral con un una gallina de Guinea.&lt;br /&gt;Al fin desistí de dormir. Fui hasta la cocina, preparé un termo de café y me senté frente al teclado. Configuré mi explorador para navegar anónimamente y patrullé el mundo del crimen. Me había convertido en un vigilante voluntario, como Batman.&lt;br /&gt;Esto carecía de sentido. Bruno Díaz era un homosexual &lt;a href="http://img190.imageshack.us/i/ricardo20fort16.jpg/sr=1"&gt;multimillonario&lt;/a&gt;. A mí apenas si me quedaban ahorros para afrontar dos meses de alquiler. Después, ya saben: Rolo y su Mágnum.&lt;br /&gt;De algún extraño modo me sentía más cerca del Hombre Araña, lo que no me tranquilizó, en absoluto. Se trata de un superhéroe muy conflictuado a quien todo le sale para el carajo. Sus trastornos glandulares son más que evidentes. Es huérfano y tiene problemas económicos. Y un jefe tiránico y maligno.&lt;br /&gt;Somos casi almas gemelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto me sorprendí preguntándome si también él habría matado a sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto no era justo. No había visto a mi madre en años. Y papá ya estaba muerto cuando golpeó contra la maceta. Si ni siquiera sangró.&lt;br /&gt;Pero la odiosa acusación de Aníbal había revivido en mi interior un adormecido sentimiento de culpabilidad, esa horrible sensación de ser el responsable de la debacle familiar.&lt;br /&gt;¡Y se decía mi amigo!&lt;br /&gt;Durante años vino a tomar la leche a casa. Mientras mamá conservó algún contacto con la realidad, había sentido pena por Aníbal, el hijo de la señora de anteojos oscuros que trabajaba en el centro. Cuando jugábamos a la pelota en la vereda y mamá se asomaba a la puerta para anunciar que la leche estaba lista, siempre buscaba a Aníbal con la mirada y mediante una seña lo invitaba a compartir mi pan con manteca.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mi&lt;/span&gt; pan con manteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vayan a creer que alguna vez sentí celos: Aníbal era mi amigo y de algún modo el cariño que le prodigaba mamá también caía sobre mí. Por ejemplo, cuando estaba Aníbal, había dulce de leche.&lt;br /&gt;¡Quién hubiera dicho que me traicionaría de esta forma! ¡Y con Sara, la esposa de Libermann!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los factores que siempre –hasta que lo vi en televisión– me hicieron sentir más cerca del género humano que Libermann, fue mi amistad con Aníbal. Y ahora venía a descubrir su doblez, su falsedad, su hipocresía. Aníbal había comenzado a venir a casa por la leche. Y siguió haciéndolo luego por Elena. &lt;br /&gt;Me gustaría que la hubiese visto, ya desde chiquita, sentada en las rodillas de papá, preparando el estallido de su sistema cerebro vascular. Ella lo mató, la víbora.&lt;br /&gt;La víbora y Aníbal: tal para cual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había salido del mundo del crimen casi sin darme cuenta, llevado por impulsos interiores. Abría ahora la página de la compañía telefónica. Ni rastros de Aníbal. Sin embargo, tenía teléfono. Él mismo lo había dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí un vahído. Mi cabeza daba vueltas y comencé a caer al vacío. Las luces de los automóviles eran pequeños haces rojizos. El viento hacía zumbar mis oídos. Caía al vacío, planeando en círculos. Miré hacia arriba. Un gordo con una mancha de tierra ensangrentada en la cabeza me miraba acodado en un balcón, con los ojos y la boca muy abiertos. Seguí cayendo mientras una sombra emergía junto al gordo. Tenía una remera ceñida que resaltaba los &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0VK4NA7_zfc/TEYK3zdOBoI/AAAAAAAACvQ/8pN6iAgjVV4/s1600/ma7wpd.jpg"&gt;pectorales &lt;/a&gt;y un bulto en la entrepierna. Parecía Rolo, pero era Aníbal. Lo supe al instante. &lt;br /&gt;Aníbal apoyó el cañón de su Mágnum contra la cabeza del gordo. “¡Iiiiii!”, escuché cuando la cabeza estalló como una ciruela podrida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cuanto tiempo estuve en el piso. Cuando abrí los ojos todavía era de noche. El protector de la pantalla era un enredo de cañerías. Enderecé la silla y me acomodé frente a la computadora. La página de la telefónica seguía abierta. &lt;br /&gt;Busqué Hermosilla. Había varios. Resalté &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Hermosilla, Jorge R. Med” &lt;/span&gt;y conecté el teléfono. Respondió un contestador automático. Dejé un mensaje rogándole que me llamara.&lt;br /&gt;Colgué, pero no volví a la red. Permanecí aguardando la llamada de Hermosilla hasta que me sorprendió la salida del sol. Cuando abrí los ojos lo primero que recordé fue el mensaje de Aníbal en el contestador de Sara Libermann. &lt;br /&gt;Me vino una bronca…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para tranquilizarme, entro en el banco de semillas sensitivas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Silver Pearl&lt;br /&gt;Interior/Invernadero&lt;br /&gt;Ganadora de la Copa Sativa/Indica 96&lt;br /&gt;Madre de la famosa Silver Haze, ahora a la venta como estirpe.&lt;br /&gt;Híbrido formado por Early Pearl, Skunk #1 y Northern Lights. Es más rápida y de sabor más dulce que la Shiva Skunk. De excelente rendimiento en interior e invernadero, exhibe la resina opaca característica de Northern Lights #5 y la dulzura y el amplio cáliz de la Early Pearl/Skunk.&lt;br /&gt;Una de las favoritas de este banco de semillas.&lt;br /&gt;Floración: 45– 50 días.&lt;br /&gt;Altura: 100-125 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 100 gr.&lt;br /&gt;Floración en invernadero: fin de septiembre.&lt;br /&gt;Cosecha en invernadero: 500 gr.&lt;br /&gt;Art No 2303&lt;br /&gt;125 fl.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dulzura y el amplio cáliz...&lt;br /&gt;Siento otro vahído. Las paredes giran a mi alrededor. Mis dedos se cierran con suavidad  en torno al mouse. &lt;br /&gt;Siento en mi cuello la cálida respiración de la señora López Vázquez. Sus labios se entreabren dejando ver una pareja hilera de dientes entre los que asoma la sonrosada y ávida lengua de la oficial Quintana. &lt;br /&gt;Me dejo caer, me dejo caer, hasta que veo al Hombre Araña avanzar hacia mí sosteniendo en sus manos un descomunal instrumento de penetración. &lt;br /&gt;Reacciono a tiempo y con un rápido impulso alcanzo a apagar el cpu.&lt;br /&gt;Clic.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-6896982260019107935?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/6896982260019107935/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/33-sin-noticias-del-doctor-hermosilla.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6896982260019107935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6896982260019107935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/33-sin-noticias-del-doctor-hermosilla.html' title='33. Sin noticias del doctor Hermosilla'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-3424288881857472502</id><published>2011-04-12T19:35:00.004-03:00</published><updated>2011-04-12T19:56:00.629-03:00</updated><title type='text'>32. Con amigos como esos…</title><content type='html'>Ante los gritos horrorizados de Sara, cubrí a mi &lt;a href="http://blogs.rpp.com.pe/hombredefamilia/wp-content/blogs.dir/26/files/2009/06/raton-gripe.jpg"&gt;pequeño amigo&lt;/a&gt; con una mano y lo guardé en su madriguera.&lt;br /&gt;–Por favor, tranquilizate, Sara. Esto es un error.&lt;br /&gt;Avancé hacia ella. Sus chillidos se volvieron completamente anormales. Al fin reaccionó y se metió a la pieza. Quiso cerrar la puerta, pero yo ya estaba cerca y alcancé a apoyar mi hombro. Por más fuerzas que fuera capaz de extraer de su estado de demencia, jamás serían suficientes como para moverme.&lt;br /&gt;Habíamos llegado ahora a un empate técnico. Era momento de desnivelar. Empujé con el hombro.&lt;br /&gt;Sara era una mujer pequeña. Y bonita, aunque esto no tenía la menor relación con lo que estaba sucediendo, como no fuera en lo concerniente a sus más íntimas fantasías. La mayoría de las personas teme más a aquello que más desea, a eso me refiero. &lt;br /&gt;Pero yo no pretendía violar a Sara. Me importaban un comino sus recónditos deseos eróticos.&lt;br /&gt;Cuando empujé la puerta con el hombro ella salió despedida hacia atrás y golpeó contra el placard, pero no crean que perdió el conocimiento. Nada de eso. Gritó más fuerte. No me acusaba de nada específico, limitándose a emitir unos chillidos que sonaban Iiii, iiii, y ponían mi hipófisis al borde del descontrol.&lt;br /&gt;No crean que yo comprendía la naturaleza de sus fantasías, pero no estaba dispuesto a satisfacerla. Ni me parece que pudiera. Su deseo la había llevado a un frenesí imposible de sosegar, ni siquiera por el Hombre Araña. &lt;br /&gt;La idea me dio risa.&lt;br /&gt;–¡Iii! ¡Iiii! –chillaba Sara, aplastada contra la puerta del ropero.&lt;br /&gt;–Calmate –decía yo mientras trataba de imaginar una excusa razonable que justificara mi presencia, y mis carcajadas. Podría argüir que Libermann me había pedido que le llevara unos papeles o le copiara algún archivo. Al fin de cuentas había entrado con sus llaves. Lo de mi &lt;a href="http://fc09.deviantart.net/fs13/i/2007/052/2/9/El_pirulin_by_naKitoARG.jpg"&gt;pirulín&lt;/a&gt; ya sería más difícil de explicar, pero aun de poder hacerlo, todo el mundo acabaría sabiendo que era yo quien enviaba los mensajes.&lt;br /&gt;Ay, carajo.&lt;br /&gt;Llegué junto a Sara y apoyé mis manos en sus brazos. Toda ella era un temblequeante manojo de pasto seco.&lt;br /&gt;–Tranquilizante. No te voy a hacer nada.&lt;br /&gt;Trató de deshacerse de mí dando un paso hacia el costado. La sujeté por los brazos, tan delgados como los de Elena cuando intentaba cubrir su escueto corpiño en la cocina de casa. &lt;br /&gt;La evocación no resultó conveniente. Mi pequeño amiguito empezó a desperezarse y un segundo después ya me había echado sobre Sara tratando de abrir el cierre de su vestido.&lt;br /&gt;Sara me dio un tremendo mordisco en la oreja. Le metí los dedos en los ojos, para que aflojara la presión de sus mandíbulas. Aflojó. Me aparté, apenas, palpando mi herida. Tenía el lóbulo desgarrado.&lt;br /&gt;–Hija de puta. &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_uMS0poaseZY/SQXK45K41LI/AAAAAAAADiY/yqneP9Bg2fs/s400/CANIBAL+TROILO.jpg"&gt;Caníbal&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Alcanzó a soltarse y todavía enceguecida por la histeria, trastabilló hacia la puerta balcón. Me lancé detrás suyo, pero tropecé con la cama, dándole tiempo a quitar la traba y correr la hoja de la puerta. Salió al balcón. Me lancé por la abertura antes de que consiguiera cerrar la hoja, pero tropecé, cayendo entre las macetas. Comencé a incorporarme. Estaba en posición supina cuando miré para arriba. Sara había alzado los brazos sobre su cabeza. Sostenía una de las macetas.&lt;br /&gt;–¡No!&lt;br /&gt;La maceta se partió en mi cabeza.&lt;br /&gt;Volví a ver estrellitas, pero me incorporé con un rugido y le pegué con el hombro en medio del pecho. Retrocedió hasta chocar contra la baranda.&lt;br /&gt;–¡Gordo de mierda!&lt;br /&gt;Era demasiado.&lt;br /&gt;La agarré del cuello con la mano izquierda y metí la derecha entre sus piernas.&lt;br /&gt;Puso cara de asco. Vaya uno a saber qué pensó.&lt;br /&gt;–Tarada –dije una vez que la alcé en el aire.&lt;br /&gt;El “Iiiii” fue haciéndose más débil a medida que su figura se hacía más y más pequeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé hasta la computadora, saqué el disquete y rocié el teclado con solvente en aerosol para eliminar mis huellas. Volví hacia el living, pasando un pañuelo por los picaportes y todos aquellos sitios que pudiera haber tocado. &lt;br /&gt;Estaba limpiando la puerta de entrada cuando me sobresaltó el teléfono. &lt;br /&gt;Quedé paralizado, sin saber qué hacer. Luego recapacité en lo absurdo de mi reacción y proseguí con la limpieza.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Usted se ha comunicado...”&lt;/span&gt; dijo la voz de Sara. &lt;br /&gt;Nueva taquicardia. Me había vuelto un verdadero &lt;a href="http://diariodeungrillo.files.wordpress.com/2009/07/imbecil5.jpg"&gt;imbécil&lt;/a&gt;: Sara estaba despachurrada treinta y pico de metros más abajo. Respiré profundamente tratando de normalizar mi ritmo cardíaco. Entreabrí la puerta de entrada y espié hacia el palier. Estaba a oscuras.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Hola, habla Aníbal. Estoy devolviendo tu llamado.”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Me volví hacia el contestador. La voz tenía un sonido de ultratumba, pero era realmente Aníbal Lequerica, lo reconocí al instante. ¿Qué hacía ahí mi amigo Aníbal, llamando a casa de Libermann?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Yo también me siento preocupado por Lito”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Ese era Libermann, ya saben. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Pirulo es muy peligroso”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;¿Yo? ¿Qué tenía que ver yo?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“No solo quiso violar a la esposa del médico...”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;–¡Mentiras! –grité– ¡Eso fue un invento tuyo!&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“...también mató a su padre”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;–¡Hijo de puta! ¡Mi viejo ya estaba muerto, hijo de puta!&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Bien, luego hablamos. Llamame”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Bien”&lt;/span&gt;. Después de cubrirme de mierda todo lo que se le ocurría decir era “bien”. Claro que lo iba a llamar, pero ¿adónde?, si ni siquiera sabía que había vuelto del extranjero.&lt;br /&gt;“La agenda de Sara”, me dije. Ahí debía figurar el número telefónico de Aníbal. Pero no tuve tiempo de buscarla: el ascensor se había puesto en movimiento.&lt;br /&gt;Salí al palier, cerré la puerta y bajé por las escaleras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-3424288881857472502?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/3424288881857472502/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/32-con-amigos-como-esos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3424288881857472502'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3424288881857472502'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/32-con-amigos-como-esos.html' title='32. Con amigos como esos…'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-5495345948822129123</id><published>2011-04-06T16:01:00.004-03:00</published><updated>2011-04-07T14:18:29.980-03:00</updated><title type='text'>31. Un súbito incremento de las gonadotropinas</title><content type='html'>Pasé toda la mañana diseñando una página Web. Pueden encontrarla en www.geocities.htm/users/inocente/. Quedó bastante bien. &lt;br /&gt;Título:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Yo no violé al inspector Salvides”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Explico la verdad de lo ocurrido, tal como se lo relaté a ustedes, obviando, por inconducente, el detalle de la calcomanía y las pastillas.&lt;br /&gt;Envié un e mail con la dirección de la página a numerosos destinatarios, comenzando por el Jefe. Dispuesto a proclamar mi inocencia a los cuatro vientos, también la dejé en algunos periódicos y en el Ministerio de Interior. Asunto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“A la autoridad que corresponda”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi copiloto dijo que esto estaba muy bien, pues contribuía a crear el Caos Institucional.&lt;br /&gt;Jamás había pretendido nada semejante, pero me cuidé de confesárselo. Me admiran, él y su hermano. Me creen un tipo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;a href="http://www.informereservado.net/imagenes/de_la_rua.jpg"&gt;cool&lt;/a&gt;. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;No pienso revelarles el verdadero origen de mis trastornos de conducta. Podrían atar cabos, sospechar la razón profunda de sus propias motivaciones, esa deformación genética hereditaria que signará sus vidas. No tardará en tener manifestaciones físicas, fácilmente detectables a simple vista, pero hasta entonces prefiero que disfruten de su existencia mientras puedan, sin ataduras ni complejos, libres de un diagnóstico temprano.&lt;br /&gt;Si alguien hubiera sido tan bondadoso conmigo...&lt;br /&gt;Pero no vale la pena pensar en el asunto: sólo lograría aumentar mi resentimiento. Fuera de Johnny y mis sobrinos, no queda nadie en mundo a quien no desee fervientemente aplastar como a una cucaracha. &lt;br /&gt;También está el doctor Hermosilla, claro. &lt;br /&gt;Es un buen hombre. Se preocupó por mi estado de salud. Y me dio tres días de vida. &lt;br /&gt;Pero no hay nadie más. En algún momento, a pesar de su propensión al sadismo, llegué a apreciar al subcomisario Iraola. Éramos de algún modo dos almas gemelas condenadas al cotolengo por culpa de una discapacidad.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Bestia Deforme&lt;/span&gt;, me dijo. &lt;br /&gt;Y rescindió mi contrato.&lt;br /&gt;Pero yo no olvido. No olvido &lt;span style="font-style:italic;"&gt;nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi copiloto vino para contarme que había conseguido entrar a la Policía Federal. Por un momento me desconcertó, pero luego comprendí que se refería a los archivos.&lt;br /&gt;–No hay nada muy interesante –dijo.&lt;br /&gt;Parecía tan decepcionado que le sugerí probar en Documentación Personal. Seguramente se le ocurriría algo divertido para hacer ahí.&lt;br /&gt;Sonrió. Mi figura se agigantaba progresivamente a sus ojos y había adquirido las dimensiones de un Coloso. Sí, yo entendía la verdadera esencia de todo el asunto, el Secreto Profundo de la Vida: la diversión.&lt;br /&gt;Nos chocamos las manos. Luego se puso la campera. Estaba muy ansioso por sentarse frente a la computadora. Abrió la puerta y se volvió.&lt;br /&gt;–¡Qué &lt;a href="http://www.larazon.com.ar/Baron-Baute-mejor-onda_IECIMA20110322_0004_7.jpg"&gt;onda&lt;/a&gt; tenés, tío!&lt;br /&gt;Me sonrojé, qué quieren que les diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche fui hasta la casa de Libermann. Tenía sus llaves ¿recuerdan? De todos modos, por un momento, dudé: ¿me encontraría con Sara o habría salido a uno de sus torneos de backgammon? &lt;br /&gt;Desde la calle resultaba imposible ver si había luz en su piso. Crucé y llamé por el portero eléctrico sin obtener respuesta. Lo hice tres veces más, con el mismo resultado. Saqué el llavero de Libermann. Acerté con la llave al segundo intento. Subí por el ascensor hasta el piso dieciséis, desde donde bajé hasta el quince por las escaleras. No quería correr riesgos.&lt;br /&gt;Por ejemplo: encontrarme &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_PSats15nPCA/TPzKb4xdmqI/AAAAAAAAHug/4OnsU4qQbMs/s1600/rottweiler.jpg"&gt;cara a cara&lt;/a&gt; con Sara al salir del ascensor.  De sólo imaginar lo que podría ocurrir me dolieron los testículos. &lt;br /&gt;Otro riesgo era que el portero eléctrico estuviera averiado. Apoyé la oreja contra la puerta. Ningún ruido. Toqué el timbre y corrí a ocultarme en las escaleras. Dejé pasar un par de minutos. Al fin me decidí y regresé con el llavero en la mano. Esta vez demoré bastante en acertar con las dos llaves correspondientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Para qué querrá tantas llaves un &lt;span style="font-style:italic;"&gt;homeless&lt;/span&gt; como Libermann?&lt;br /&gt;Esto fue un chiste.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Una vez dentro del departamento me dejé caer en un sillón. Tenía una angustiosa necesidad de tomar un whisky, pero me contuve: era preciso dejar la menor cantidad de rastros. Fui hasta el escritorio de Libermann. Comprobé, con alivio, que la computadora seguía ahí. Era esencial para mi plan. &lt;br /&gt;La encendí y coloqué el disquete que llevaba en el bolsillo. Lo abrí. Había trabajado lo suficiente en esa imagen como para no experimentar otra sensación que la indiferencia, pero el enorme miembro del Hombre Araña seguía pareciendo tan amenazante que volví a sentir una extraña inquietud, como un ahogo. Y calores, debidos seguramente a una secreción de gonadotropinas.&lt;br /&gt;Minimicé el archivo y abrí el programa de correo de Libermann. El muy imbécil había decidido reemplazar su nombre por un seudónimo: “Liber”. Le habrá sonado poético, o romántico, o váyase a saber qué. Con esos locos nunca se sabe.&lt;br /&gt;Si bien su dirección electrónica figuraría como remitente en el e mail, no me pareció apropiado que la tarjeta fuera sin firma. Expandí el archivo de la disquetera e introduje una ligera modificación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_mNvhfjwQqc8/SjK8OlRdg1I/AAAAAAAABy0/x36wuwT1IXY/s400/Aubrey-beardsley-lysistrata-04.jpg"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Podrás dejar de quererme, pero olvidarme, jamás”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Borré la firma de Spiderman y escribí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Carlos S. Libermann. Doctor en Filosofía”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Luego volví a su programa de correo, tecleé la contraseña y al cabo de unos segundos ya estaba en el ciberespacio. &lt;br /&gt;Sentí la consiguiente erección. Mi hipófisis producía ahora testosterona a toneladas. &lt;br /&gt;Envié un e mail a la oficial Quintana. Asunto: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Deseo Incontrolable”&lt;/span&gt;. &lt;br /&gt;Y le añadí la tarjeta.&lt;br /&gt;Repetí el procedimiento, cambiando únicamente la dirección de Carola por la del inspector Salvides.&lt;br /&gt;Y me dejé llevar. Ya saben como es eso.&lt;br /&gt;El siguiente e mail lo mandé al Ministerio del Interior, y tuve tiempo de enviar un cuarto a Ernesto Sábato, que había cometido la torpeza de figurar en el buscador Ole. Estaba reflexionando sobre la conveniencia de que también Iraola recibiera su tarjetita cuando escuché la puerta de calle.&lt;br /&gt;¡Otra vez!&lt;br /&gt;¿Es que no podía meterme en la casa de nadie sin que apareciese Iraola a fastidiar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé por qué pensé en Iraola. Carecía de la menor lógica que el subcomisario tuviera las llaves de la casa de Libermann, pero pensé en él. Y en esta oportunidad no tenía un reflector para enceguecerlo, ni somníferos, ni nada. Ni siquiera un miserable rastro de mi erección. Había desaparecido como por encanto, apenas escuché la puerta.&lt;br /&gt;Súbitamente tomé verdadera conciencia de que estaba en la casa de Libermann. No era Iraola quien me sorprendería en tan desairada situación, con mi aterciopelado pirulín fuera de su escondrijo, jadeando sobre el teclado de una computadora ajena. Era alguien muchísimo más peligroso: Sara.&lt;br /&gt;Me refiero a que Iraola podría cubrirme de insultos, dejarme sin trabajo y hasta enviarme a la cárcel, pero jamás, sépase que jamás, hurgaría en mis bolsas tratando de verificar si los testículos están en su sitio.&lt;br /&gt;Desconecté la computadora y apagué la luz casi al mismo tiempo que Sara encendía la del pasillo. Pasó frente al escritorio de Libermann sin dignarse a mirar y entró a la habitación contigua.&lt;br /&gt;Me asomé al pasillo. Si conseguía atravesar los cinco metros que me separaban del living podría luego ir hasta la cocina y escabullirme por la puerta de servicio. Di un paso fuera del escritorio. Y un segundo paso, siempre mirando sobre mi hombro. Y mirando sobre mi hombro fue que la vi salir de la habitación.&lt;br /&gt;El tiempo se detuvo. &lt;br /&gt;La tierra se detuvo. &lt;br /&gt;El universo entero se detuvo, convertido en un inmenso sepulcro. Apenas el sordo rumor del tránsito permitía advertir que todavía había vida allá abajo, en el planeta Tierra.&lt;br /&gt;El rostro de Sara estaba descompuesto. Tenía las piernas abiertas, los hombros alzados y sus brazos colgaban tiesos a sus costados. Un verdadero espantajo. Pero, medio de espaldas, mirando sobre mi hombro, con la pierna derecha en el aire, yo lucía infinitamente peor: un bailarín elefantiásico ejecutando un &lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZgbgbiFTmuo/TJHOh0o_POI/AAAAAAAABJ0/O_nqLMWJy3U/s400/sylvie%2Bguillem-images_goog.jpg"&gt;pas de deux&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Título del ballet: el cisne y el esperpento. &lt;br /&gt;El cisne era yo. Me vino una risa...&lt;br /&gt;Sara salió del estupor y parpadeó. Entonces yo apoyé mi pie en el suelo y me volví hacia ella. Comenzó a gritar.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa mujer? &lt;br /&gt;Ella gritó más fuerte.&lt;br /&gt;–Pero ¿qué mierda pasa?&lt;br /&gt;Miré hacia abajo, hacia el sitio donde se habían clavado los horrorizados ojos de Sara: &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_oJKWZCicfV8/RYp9U4TH6jI/AAAAAAAAADI/gqffdD6_VWE/s400/PENE1.jpg"&gt;mi pequeño amigo &lt;/a&gt;permanecía asomado fuera de su escondite.&lt;br /&gt;¡Qué momento!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-5495345948822129123?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/5495345948822129123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/31-un-subito-incremento-de-las.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5495345948822129123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5495345948822129123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/04/31-un-subito-incremento-de-las.html' title='31. Un súbito incremento de las gonadotropinas'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-2264444810886666062</id><published>2011-03-30T12:11:00.006-03:00</published><updated>2011-03-30T14:01:04.867-03:00</updated><title type='text'>30. Modelando genes</title><content type='html'>Abro la página del Eubios Ethics Institute: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Debido a los rápidos avances en el campo de la genética molecular es en la actualidad posible la aplicación de la terapia genética. Esta consiste, básicamente, en reemplazar por genes correctos aquellos &lt;a href="http://elmundano.files.wordpress.com/2009/06/berlusconi.jpg"&gt;genes defectuosos&lt;/a&gt; que están provocando la enfermedad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Genes correctos por genes defectuosos. Tranquiliza saberlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí los ojos, sobresaltado. La llave del calabozo sonó exactamente igual que la corredera de una automática. Supe que era el fin: me habían dejado más o menos entero, apenas un par de golpes en los riñones cuando me bajaron del patrullero, para este preciso momento de supremo sadismo. Sábato habría finalmente conseguido salir del estupor y ahora me aguardaba en una piecita de los fondos de la comisaría, con un electrodo en cada mano.&lt;br /&gt;Cerré los ojos.&lt;br /&gt;–A ver, Hardy, arriba. El comisario quiere conocerte.&lt;br /&gt;¿Quién era Hardy? Espié a través de las pestañas. El agente estaba de pie en el vano de la puerta, con las manos en la cintura.&lt;br /&gt;–Vamos, gordo, arriba. No te hagás el remolón porque la vas a pasar mal.&lt;br /&gt;Aunque hubiera veinte a mi alrededor siempre sabría quién es el gordo.&lt;br /&gt;Me senté y eché una ojeada al calabozo. No había nadie más fuera de Libermann. Seguía tendido en el asiento, cubierto hasta la nariz con su marchito saco de casimir inglés, tan rígido como una víctima del Vesubio. Sólo sus ojos parecían vivos, agrandados por el terror a la próxima erupción.&lt;br /&gt;–El comisario debe querer reírse con las aventuras de Ernesto Sábato.&lt;br /&gt;–¡Cállese!&lt;br /&gt;La noche anterior yo había informado al oficial de guardia sobre las actividades de su subordinado. No me había tomado en serio. Y comentó el caso con el resto del personal. Ahora este imprudente se disponía a repetir mi declaración a voz en cuello, en presencia de Libermann.&lt;br /&gt;El imprudente avanzó un paso dentro de la celda.&lt;br /&gt;–¿Me vas a pegar?&lt;br /&gt;Carajo, me encontraba en la situación de un &lt;span style="font-style:italic;"&gt;killer &lt;/span&gt;del Far West. Había sentado de una trompada a un policía y ahora todos sus compañeros pretendían desafiarme. Hice un gesto de desconsuelo que bien podría interpretarse como una negativa y me puse de pie.&lt;br /&gt;–Vamos –dije.&lt;br /&gt;El imprudente se interpuso en mi camino.&lt;br /&gt;–¿No me vas a pegar?&lt;br /&gt;–Déjeme pasar.&lt;br /&gt;–Pasá.&lt;br /&gt;Pasé.&lt;br /&gt;–Pirulo...&lt;br /&gt;Me volví hacia Libermann.&lt;br /&gt;–…por favor –dijo– no hagás más cagadas.&lt;br /&gt;Asentí: Libermann tenía razón. Ayudé al imprudente funcionario policial a ponerse de pie.&lt;br /&gt;–Vamos.&lt;br /&gt;–Sí, sí –dijo el imprudente funcionario policial.&lt;br /&gt;Me precedió al despacho del comisario, abriéndome paso.&lt;br /&gt;El comisario era un rubio con pinta de gerente de marketing de una trasnacional. Conversaba con Iraola.&lt;br /&gt;–Los dejo solos –dijo el comisario con una sonrisa. Iraola no sonreía. Yo tampoco.&lt;br /&gt;–¿Qué carajo está haciendo? –escupió Iraola.&lt;br /&gt;Era una pregunta retórica porque sin darme tiempo a que le explicara lo de Sábato me cubrió de insultos. Algunos, como &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“monstruo infame”&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“cerebro de mosca”&lt;/span&gt; o “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;bestia anormal”&lt;/span&gt;, si bien no me resultaron novedosos, tenían al menos el justificativo de la disfunción glandular. Pero &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_e2vg19PMiM4/TGmXnDOhJvI/AAAAAAAAKgY/Pv5nD8daXwo/s400/bush_borracho.jpg"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;"borracho"&lt;/a&gt;, "vicioso"&lt;/span&gt; o &lt;span style="font-style:italic;"&gt;"pederasta"&lt;/span&gt; estaban completamente fuera de lugar. En primer término, porque no era verdad que yo hubiese querido sodomizar al inspector Salvides –¡la versión había llegado hasta los oídos del mismísimo Jefe!– y segundo, porque aun de haber sido el caso –agregué imprudente– Salvides estaba lejos de ser un suave y cándido efebo en condiciones de sucumbir a los ardores de un gordo libidinoso.&lt;br /&gt;Un pequeño microbio recorría los laberintos del cerebro de Iraola devorando hasta la última partícula de cordura, posiblemente un efecto secundario del ácido lisérgico. Interpretó mis palabras como le dio la gana.&lt;br /&gt;–Quiere decir que si Salvides fuera joven...&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;–...y hermoso...&lt;br /&gt;–Eso sería imposible.&lt;br /&gt;–...usted...&lt;br /&gt;La situación me estaba causando gracia. Ya saben como es eso, me dejo llevar.&lt;br /&gt;–Debería también ser lampiño –dije con una sonrisa– y tener pectorales lo suficientemente desarrollados, como para asirse, al estilo Isabel Sarli. Y un &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_d6gjgbHqOKc/SsnRFer3PaI/AAAAAAAAAL0/zKsI4NWduP0/s320/lee-a-mallo.jpg"&gt;culo &lt;/a&gt;como el de mi hermano.&lt;br /&gt;–El de su hermana... –intentó corregir Iraola.&lt;br /&gt;–No, mi hermano está en mejor forma.&lt;br /&gt;Iraola se puso violentamente de pie. Se tambaleó al alzar el bastón por lo que su golpe cayó bastante lejos de mi cabeza, destrozando un bonito portaplumas obtenido por el comisario a cambio de algún acto de corrupción extraoficial.&lt;br /&gt;El comisario abrió la puerta del despacho.&lt;br /&gt;–¿Qué está pasando?&lt;br /&gt;–Rompió el portaplumas.&lt;br /&gt;Señalé los restos del soborno. Un error, pues el siguiente bastonazo de Iraola me acertó en la mano.&lt;br /&gt;–Cálmese –dijo el comisario.&lt;br /&gt;Le había hablado a Iraola, pero Iraola parecía ahora más tranquilo, casi satisfecho se diría. Era yo quien saltaba en el despacho restregando mi mano entre las piernas.&lt;br /&gt;–Mastúrbese ahora –dijo Iraola con resentimiento–. Como si ya no hubiera hecho bastante.&lt;br /&gt;El comisario se volvió hacia mí. Parecía auténticamente horrorizado.&lt;br /&gt;–Eso no es verdad –expliqué– me acaba de pegar con el bastón. Usted lo vio. Además, rompió su portaplumas.&lt;br /&gt;–Yo ya no creo ni en lo que veo ni en lo que escucho. Primero usted con esa historia de que el cabo Galíndez es Ernesto Sábato. Y de que se aparece en la pantalla mientras usted patrulla. ¿Qué carajo puede patrullar un PCBC?&lt;br /&gt;Abrí la boca para responder pero Iraola me silenció.&lt;br /&gt;–¡Chitón! –ordenó– Esa es información reservada. Una palabra y no sale de cárcel por quince años. Está en el contrato –añadió, tratando de amedrentarme.&lt;br /&gt;Lo consiguió.&lt;br /&gt;Al comisario no le gustó mucho la idea de que hubiera información a la cual no podía tener acceso.&lt;br /&gt;–¿Qué patrulla?&lt;br /&gt;–Mis labios están sellados.&lt;br /&gt;–Mejor así –dijo Iraola–. De todos modos, no sé que será de usted después de lo que hizo.&lt;br /&gt;El comisario nos miraba alternativamente, sin comprender muy bien que ocurría. ¿Acaso yo había hecho algo más que pegarle al cabo Galíndez?&lt;br /&gt;–Se quiso coger al inspector Salvides en un velorio –explicó Iraola.&lt;br /&gt;Primero había sido Hilda López Vázquez. Ahora Salvides. No era posible que todo volviera a comenzar una y otra vez. Me eché a reír, una reacción nerviosa típica del hipotiroidismo. Iraola la tomó por jactancia. Ya se sabe: cree el ladrón que todos son de su condición.&lt;br /&gt;–Se acabó. Mañana mismo procederé a anular su contrato.&lt;br /&gt;La rueda del tiempo había dado un giro completo y me encontraba nuevamente en el punto de partida, a un paso de buscar alojamiento en casa de Rolo. Ahora que había descubierto sus secretas inclinaciones sadomasoquistas la perspectiva era menos halagüeña que nunca. No creí que pudiera soportarlo. Cualquier noche a Rolo se le daría por colgarse del arnés para que le azotara su redondo culo de muchachita. O algo peor. Rolo era capaz de cualquier cosa. Lo supe la noche en que me amenazó con el cañón de la Mágnum.&lt;br /&gt;¿Habría limado la mira?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que los agentes consiguieron inmovilizar a Iraola, empeñado en silenciar mis carcajadas a bastonazo limpio, el comisario me envió a la sala de guardia, donde el propio Ernesto Sábato me devolvió mis efectos personales.&lt;br /&gt;–Ya nos volveremos a ver, &lt;a href="http://noumenoides.files.wordpress.com/2009/03/i12181299609603678clownji1.jpg"&gt;gordo de mierda&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;El diagnóstico del doctor López Vázquez ya era de dominio público. Una gravísima falta de ética que denunciaría a la brevedad al Colegio Médico. Pero ahora debía ocuparme de Sábato. Apreté los dientes.&lt;br /&gt;–Como te me vuelvas a aparecer en alguna red voy a venir a buscarte, hijo de puta.&lt;br /&gt;Sábato hizo una sonrisa canchera, pero creo que logré preocuparlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la calle aspiro el fresco aire de la mañana. Los paraísos en flor siguen oliendo a azahar.&lt;br /&gt;¿A mis múltiples padecimientos debo ahora agregar las alucinaciones olfativas?&lt;br /&gt;No puedo dejar de pensar en el momento de llegar a casa para entrar a neurociencia. Pero recuerdo a Hermosilla. Le haré una consulta. Es el único médico en quien confío: no tiene ninguna vinculación con el doctor López Vázquez. Ni con Libermann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito: Libermann quedó detenido, en averiguación de antecedentes.&lt;br /&gt;A propósito bis: tengo su llavero. Ernesto Sábato me lo dio por error.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-2264444810886666062?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/2264444810886666062/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/30-modelando-genes.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2264444810886666062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2264444810886666062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/30-modelando-genes.html' title='30. Modelando genes'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-4713859873174854990</id><published>2011-03-19T09:48:00.003-03:00</published><updated>2011-03-23T15:38:23.275-03:00</updated><title type='text'>29. Cara a cara con Ernesto Sábato</title><content type='html'>Pasé un día en blanco, únicamente interrumpido por una llamada de Johnny. Libermann había telefoneado a la Brigada. Cuando le dijeron que yo estaba de franco pidió hablar con el inspector Meneses. Un tarado lo pasó con Salvides.&lt;br /&gt;–Fue todo medio raro –dijo Johnny– y ahora Salvides está muy deprimido.&lt;br /&gt;Corté con Johnny y llamé a Libermann. Me atendió la empleada doméstica. Libermann no estaba en casa, no podía informarme donde había ido ni a que hora regresaría. Pero me dio un número, para que probara.&lt;br /&gt;Probé. Era el consultorio.&lt;br /&gt;–Por esta semana el doctor ha suspendido todos los turnos –dijo la secretaria. Debía tener una bombachita rosa, con volados, por lo engreída. Me dio una bronca…&lt;br /&gt;–Soy un amigo personal. &lt;br /&gt;Pidió mi nombre y al fin me comunicó con Libermann. Apenas escuchó mi voz Libermann se echó a llorar. Tenía una crisis de nervios. Le propuse encontrarnos y me citó para esa misma tarde en el pequeño bar de la calle Lavalle, donde se había convertido en un personaje muy popular. Cuando llegué firmaba autógrafos a un grupo de marineros griegos. Lo noté muy desmejorado.&lt;br /&gt;–Sara me echó de casa.&lt;br /&gt;Le aconsejé tranquilizarse.&lt;br /&gt;–Si no hubiera ido... –Libermann se sonó la nariz. Había desistido de usar pañuelo y limpió sus dedos en el borde de la mesa. Su caída era más vertiginosa de lo que había previsto. Por un momento me apiadé de él. Luego recordé. Recordé.&lt;br /&gt;–Seguí –dije, seco, duro, indiferente al sufrimiento humano, onda Robert Mitchum.&lt;br /&gt;–Nada de esto habría ocurrido. Quiero decir, si hubiera estado yo para recibir el fax.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mi&lt;/span&gt; fax. El Hombre Araña...&lt;br /&gt;–¿Qué fax? –pregunté, en cambio, aguantando la risa.&lt;br /&gt;Libermann abrió el portafolio y buscó en su interior hasta encontrar el fax.&lt;br /&gt;–Mirá.&lt;br /&gt;Hubo un murmullo en el bar. Una puta descendió del taburete frente a la barra y vino hacia nosotros.&lt;br /&gt;–¿Qué tenés ahí, corazón?&lt;br /&gt;Era una morocha bajita, casi enana, de incongruente &lt;a href="http://www.elracodelcoeter.com/pelucas/4161%20PELUCA%20RIZOS%20ROJA.jpg"&gt;peluca rojiza&lt;/a&gt;. Encaramada en sus zapatos de plataforma debía llegarme a la altura del cinturón, pero no crean que me excité. Ella tampoco me prestó atención. Se acodó en el hombro de Libermann.&lt;br /&gt;–¡Oh la la!&lt;br /&gt;El bolichero, en puntas de pie, trataba de ver desde la barra. Los griegos cuchicheaban entre sí. Libermann, inmune a la realidad, había apoyado el fax sobre la mesa.&lt;br /&gt;–Guardá eso –dije por lo bajo.&lt;br /&gt;–Me llamo Susy –dijo la puta.&lt;br /&gt;–¿Te parece que se puede mandar &lt;span style="font-style:italic;"&gt;esto&lt;/span&gt; a una casa decente? –Libermann alzó la hoja y la mostró a la concurrencia. Agradecí al cielo que fuera escasa.&lt;br /&gt;–¿De quién es? –preguntó Susy.&lt;br /&gt;–De él– dije.&lt;br /&gt;Miró a Libermann con aprobación.&lt;br /&gt;–Y tenías esa pinta de mosquita muerta...&lt;br /&gt;–Sara recibió esto –se lamentó Libermann.&lt;br /&gt;–No sabés cómo la envidio –dijo Susy.&lt;br /&gt;–Por favor, señora –me encrespé–. ¿Podría hacernos el favor de retirarse?&lt;br /&gt;–¿La querés toda para vos, gordito? Ya me parecía que tenías pinta de trolo.&lt;br /&gt;–No es homosexual –dijo Libermann distraídamente–. Tiene un trastorno &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_7QABcMbl9Xo/TGb0nJf0yoI/AAAAAAAABbQ/xAnLG2NYeko/s400/%282009-11-25%29-Marcha-Gay.jpg"&gt;glandular.&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;Me puse de pie. Miré a la mujer desde lo alto. Ella retrocedió a su pesar. Entrecerró los ojos. Enfrentó el pulgar y el índice, apenas separados por una pequeña luz.&lt;br /&gt;–Así chiquita la debés tener.&lt;br /&gt;Sentí que la sangre transformaba mi cara en una remolacha.&lt;br /&gt;–Vámonos –dije.&lt;br /&gt;–No hinchés, Pirulo –dijo Libermann.&lt;br /&gt;–¿Pirulo? –rió la mujer– ¡Pirulo!&lt;br /&gt;El barman también rió. Los griegos cuchicheaban.&lt;br /&gt;–No le bajaron los testículos –comentó Libermann.&lt;br /&gt;Susy dio un paso hacia mí.&lt;br /&gt;–¿Me dejás ver?&lt;br /&gt;Me cubrí la entrepierna con las manos. Desgraciadamente en una de ellas aún sostenía el fax.&lt;br /&gt;–¡Uy, miren lo que sacó! –exclamó Susy.&lt;br /&gt;El barman rió. Los griegos aplaudieron.&lt;br /&gt;–Dejate de joder, Pirulo –protestó Libermann– No es momento de bromas.&lt;br /&gt;–Vamos –insistí.&lt;br /&gt;Sentí en la espalda una corriente de aire. Susy miró hacia la puerta y regresó a la barra con displicencia.&lt;br /&gt;–Sentate –susurró Libermann.&lt;br /&gt;Me negué. No pensaba continuar en ese antro un minuto más. Giré para encarar hacia la puerta y choqué contra un policía.&lt;br /&gt;El policía me miró como si yo fuera una gran montaña de nada. Después bajó la vista hasta la altura de mi cinturón.&lt;br /&gt;–¿Qué es eso?&lt;br /&gt;–Un fax –dije.&lt;br /&gt;Volvió a alzar la vista. Me miró a los ojos. Hizo un amago de sonrisa. Sonreí a mi vez.&lt;br /&gt;–Muy gracioso.&lt;br /&gt;Asentí.&lt;br /&gt;–¿Y tiene documentos el Señor Gracioso?&lt;br /&gt;–El Señor Gracioso está conmigo –dijo Libermann.&lt;br /&gt;–¿Y usted quién es?&lt;br /&gt;–El doctor Libermann.&lt;br /&gt;Libermann trató de incorporarse, sin éxito. Era evidente que no resistía bien el alcohol.&lt;br /&gt;–Bueno –dijo el policía–. Los dos vienen conmigo.&lt;br /&gt;–Federal en comisión –susurré.&lt;br /&gt;–¿Qué dice?&lt;br /&gt;Di un paso hacia el policía y le repetí mis palabras al oído. Se secó la cara con la manga del uniforme.&lt;br /&gt;–¿Tiene identificación?&lt;br /&gt;Se la di.&lt;br /&gt;–PCBC –parecía pensativo, pero no lo estaba: era otro sádico. No demoré en comprobarlo–. ¿Dónde trabaja?&lt;br /&gt;De conocer mi secreto a Libermann le bastaría sumar dos más dos.&lt;br /&gt;–No puedo revelarlo.&lt;br /&gt;El policía asintió.&lt;br /&gt;–Agente secreto.&lt;br /&gt;–Algo así –repuse.&lt;br /&gt;–James Bond.&lt;br /&gt;Me estaba tomando para el churrete.&lt;br /&gt;–Llámeme como guste.&lt;br /&gt;–Sí, James Bond. Apenas lo vi me di cuenta de que era James Bond. Y yo soy Ernesto Sábato.&lt;br /&gt;Mi hipotálamo saltó en la silla turca. Algo ha de haberse roto dentro de mi cabeza porque comencé a ver a través de un velo rojizo.&lt;br /&gt;–¡Hijo de puta!&lt;br /&gt;El bar quedó tan silencioso como si acabaran de detonar una bomba neutrónica.&lt;br /&gt;–Hijo de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mil&lt;/span&gt; putas –insistí.&lt;br /&gt;Escuché un murmullo a mis espaldas.&lt;br /&gt;–Pirulo... –gimió Libermann.&lt;br /&gt;Sábato, por su parte, parecía no comprender y me miraba boquiabierto, sin atinar a nada.&lt;br /&gt;–¿Por qué no te dejás de hinchar las pelotas? ¡Me tenés harto!, ¿sabés?&lt;br /&gt;Sábato fingía sorpresa e inocencia. Eso acabó por sacarme de las casillas. Le tiré una trompada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-4713859873174854990?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/4713859873174854990/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/29-cara-cara-con-ernesto-sabato.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4713859873174854990'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4713859873174854990'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/29-cara-cara-con-ernesto-sabato.html' title='29. Cara a cara con Ernesto Sábato'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7733570112228345611</id><published>2011-03-08T11:38:00.002-03:00</published><updated>2011-03-08T11:55:41.698-03:00</updated><title type='text'>29. Una visita providencial</title><content type='html'>Este sería el momento indicado para tomarme vacaciones, pero apenas si me corresponde un día de franco. Estoy impresionado de lo poco que vale una Madre para la ley laboral. Un día. Artículo 63: fallecimiento de familiar directo.&lt;br /&gt;Mi cuñado y mis sobrinos también podrían considerarse familiares directos. Junto a mis dos hermanos harían cinco días...&lt;br /&gt;Desecho la idea –tendría que perpetrar una masacre– y pido médico, a través de Johnny. No me atrevo a hablar con Salvides. Ni quiero saber de él, pero de todos modos Johnny me informa que no bien llegó se metió en su despacho y no ha vuelto a salir. Miro el reloj: son casi las dos de la tarde.&lt;br /&gt;–Con suerte se habrá muerto –digo.&lt;br /&gt;–Con suerte –reconoce Johnny.&lt;br /&gt;Cuelga. Vuelvo a la cama y duermo hasta las cinco. Me despierta el timbre. Es un hombre bajo, con una gran cabeza, tórax ancho y brazos y piernas tan cortos como arqueados.&lt;br /&gt;–Hermosilla –dice.&lt;br /&gt;Le tiro una trompada.&lt;br /&gt;–El &lt;span style="font-style:italic;"&gt;doctor &lt;/span&gt;Hermosilla –aclara, desde el suelo.&lt;br /&gt;Es correntino o paraguayo y de lejos se ve que tiene trastornos glandulares. Me apiado de él. Lo consuelo. Frunce el ceño y recuerdo a la mujer del colectivo que se apiadó del cartel que yo llevaba en la espalda: “Cerdo capón”. La compasión es el sentimiento más innoble y destructivo que es capaz de albergar el alma humana. Reconozco mi falta de tacto y le pido disculpas. Lo observo con atención: tiene un tic nervioso que le provoca un incesante temblor en los labios. Pobre tipo, pienso, pero esta vez me cuido de hacer cualquier clase de comentario.&lt;br /&gt;–Bueh, hémonos aquí –digo para quebrar el hielo.&lt;br /&gt;El doctor Hermosilla pregunta qué me pasa.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Nada”&lt;/span&gt;, voy a responder, pero recuerdo que es el médico de la policía.&lt;br /&gt;–Murió Mamá.&lt;br /&gt;El doctor asiente.&lt;br /&gt;–Y me bajó la gonadotropina.&lt;br /&gt;Parpadea. Tiene más tics de lo esperado.&lt;br /&gt;–Es un problema de la hipófisis –para aclarar el punto me señalo la cabeza–. La tengo perezosa.&lt;br /&gt;Pregunta si estoy bajo tratamiento. No comprendo. Por alguna razón parece alterado.&lt;br /&gt;–¿Tiene algún diagnóstico?&lt;br /&gt;–Hace muchos años.&lt;br /&gt;–¿Y recuerda qué le dijeron?&lt;br /&gt;–Que era un gordo de mierda.&lt;br /&gt;El rostro de Hermosilla estalla en una sucesión de tics. Su hipófisis debe andar peor que la mía.&lt;br /&gt;–¿Un médico le dijo eso?&lt;br /&gt;–El doctor López Vázquez. ¿Lo conoce?&lt;br /&gt;Hermosilla menea su gran cabeza.&lt;br /&gt;–Y al doctor Libermann ¿Lo conoce?&lt;br /&gt;Frunce el ceño, tratando de hacer memoria.&lt;br /&gt;–Me temo que no.&lt;br /&gt;–¡Pero usted no conoce a nadie, viejo!&lt;br /&gt;Hermosilla mete la mano en el bolsillo del saco. Retrocedo, con los brazos en alto. Estos guaraníes son jodidos. Se comieron a Solís, por ejemplo. Pero no me presta atención y escribe en un recetario.&lt;br /&gt;–¿Dónde cumple servicio?&lt;br /&gt;–En la División Computación. Es todo lo que me está permitido revelarle.&lt;br /&gt;Asiente.&lt;br /&gt;–Le doy tres días –dice&lt;br /&gt;–Es por la hipófisis... ¿Me encuentro muy mal, doctor?&lt;br /&gt;Me estudia con la mirada. ¡Está haciendo un diagnóstico!&lt;br /&gt;–No podría decírselo –miente–. Le aconsejo pedir turno en el Churruca.&lt;br /&gt;Lo acompaño hasta la puerta.&lt;br /&gt;–¿Puedo hacerle una pregunta?&lt;br /&gt;Toma aire. Puedo.&lt;br /&gt;–¿Los trastornos glandulares se deben a una mala combinación genética? Quiero decir –me apresuro a aclarar–, una combinación defectuosa de genes o incluso una combinación normal pero de genes defectuosos ¿puede provocar este tipo de desarreglo? Póngale que uno tiene el hipotálamo torcido...&lt;br /&gt;–Bueno... Hay teorías –Hermosilla se agita. He logrado despertar su interés. Vaya uno a saber cuántas veces habrá pensado si su deforme cuerpo no es sino otra aberración genética– Pero se conoce muy poco al respecto.&lt;br /&gt;Comprendo.&lt;br /&gt;–¿Y puede ser hereditario?&lt;br /&gt;Pienso en mis sobrinos.&lt;br /&gt;–No estoy en condiciones de asegurarlo.&lt;br /&gt;–¡La ciencia está en pañales! –exclamo.&lt;br /&gt;–Sí –admite Hermosilla.&lt;br /&gt;Le palmeo el hombro.&lt;br /&gt;–Usted es un gran médico. Cuídese.&lt;br /&gt;Se mete al ascensor y no vuelvo a verlo, pero me dio tres días de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en neurociencia.com&lt;br /&gt;Increíble: si ustedes cortan longitudinalmente la cabeza de un ser humano en la dirección que va de los frontales al occipucio y luego, venciendo la repugnancia, observan el interior, verán, de fuera hacia adentro, en primer lugar, la caja craneana. Luego, pegadita a ella, ocupando prácticamente toda la superficie, desde la frente hasta la base del cráneo, el neo-cortex. Seguidamente, una sección en forma de medialuna que alberga al sistema lúmbico. Y en el centro de la esfera craneana, asentado sobre la silla turca como Zeus presidiendo el Olimpo, el hipotálamo, en persona.&lt;br /&gt;No los aburriré con detalles: bástenos saber que el hipotálamo tiene tan sorprendente multiplicidad de funciones que podría considerárselo el mismísimo alma humana. &lt;br /&gt;Una de esas funciones es la regulación del sistema endocrinológico.&lt;br /&gt;Un mal funcionamiento endocrinológico puede provocar trastornos en el comportamiento.&lt;br /&gt;Ya lo sabía.&lt;br /&gt;¿Lo sabrán también los médicos del Churruca?&lt;br /&gt;Por las dudas no pediré turno. Podrían no renovarme el contrato y deberé regresar a casa de Rolo, en peores condiciones que nunca.&lt;br /&gt;La relación con mis hermanos se ha deteriorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cementerio, luego de pegarme con la cartera, Elena se alejó del brazo de su marido. Mi copiloto los siguió de cerca. Había recorrido unos pocos metros cuando se dio vuelta y me saludó con la mano. Llevé la mía a la sien derecha e hice la venia. Mi copiloto sonrió. A los muchachos les gusta esa clase de cosas.&lt;br /&gt;Rolo, en cambio, se fue sin una palabra. Un gesto descomedido de su parte: al fin y al cabo yo también acababa de perder a mi madre.&lt;br /&gt;Quedé solo ante la tumba mientras los peones la llenaban de tierra.&lt;br /&gt;–Adiós– dije.&lt;br /&gt;Los tipos continuaron paleando, como si nada.&lt;br /&gt;–En mi país se saluda, carajo.&lt;br /&gt;Alzaron la cabeza a un tiempo. Se veían como rústicos autómatas neanderthalenses.&lt;br /&gt;–Disculpe –dijo uno de ellos–. Pensamos que se despedía de su mamá.&lt;br /&gt;–¿¡De mi mamá!? ¡Ella está muerta!&lt;br /&gt;–Por eso...&lt;br /&gt;Ambos parecían convencidos de la razonabilidad de la insólita respuesta. Me picó la curiosidad.&lt;br /&gt;–¿Ustedes conversan con los muertos?&lt;br /&gt;El que había hablado se enderezó y me miró de mal modo. Tenía dos manos del tamaño de cacerolas de hierro. Y una pala. Comencé a retroceder y luego me di la vuelta y me alejé presuroso hacia la salida en busca de un poco de cordura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé a casa solo, y en subte. En el trayecto me sorprendí pensando en mi sobrino, en la mutua atracción que nos ejercíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo de neurociencia y coloco el disquete número 2 de Caról.&lt;br /&gt;Curiosidad: Iraola tiene varicoceles. Lo descubrí ampliando una imagen.&lt;br /&gt;Me gusta jugar con las imágenes. Se puede hacer casi cualquier cosa con ellas.&lt;br /&gt;Abro otra fotografía. Es una de las últimas que tomé de Johnny, luego de dormir a Iraola. Dejamos al subcomisario en el pasillo y volvimos al estudio de la oficial Quintana. No hacía falta una ampliación para advertir que Johnny tenía una notoria necesidad de terminar el trabajo.&lt;br /&gt;Quedo unos minutos maravillado de la plasticidad del cuerpo humano. Pongo manos a la obra y procedo a eliminar todo rastro de la oficial Quintana. Relleno ahora la superficie. Me demanda más de tres horas de concentrada labor. El Hombre Araña queda de rodillas sobre la roja alfombra del estudio. Apunta poderosamente hacia mí.&lt;br /&gt;Se me alteran las gonadotrofinas y río.&lt;br /&gt;Después me aboco a colocar el texto, con sumo cuidado: es preciso calcular muy bien el espacio, diseñarla de manera que parezca una tarjeta de salutación. Por fin queda lista.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e5/Aubrey-beardsley-lysistrata-04.jpg"&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Podrás dejar de quererme, pero olvidarme jamás.”&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Firmado:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Spiderman”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a reír. Mis ojos están llenos de lágrimas. Moqueo. Parezco Libermann. En adelante tomaré menos, prometo. Me calmo e imprimo varias copias de la tarjeta.&lt;br /&gt;Le envío una a Libermann, por fax.&lt;br /&gt;Voy a la heladera y abro otra botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pregunta para el doctor Hermosilla:&lt;br /&gt;“¿Los trastornos glandulares pueden verse agravados por la ingestión de bebidas alcohólicas?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorpresa: tocan el timbre. Abro la puerta y me encuentro cara a cara con mis sobrinos. Los dos: el copiloto y el mecánico. Nos abrazamos. El mecánico se excusa por no haber ido al velorio.&lt;br /&gt;–Me hace mal –dice.&lt;br /&gt;–Macanas –interviene el copiloto–. Lo que pasa es que anda peleado con los viejos.&lt;br /&gt;Los viejos son la víbora y el escarabajo. Lo miro apreciativamente.&lt;br /&gt;–Jorge me contó del velorio –dice el mecánico. Deduzco que Jorge es el copiloto–. Y me entraron unas ganas locas de verte.&lt;br /&gt;Me sonrojo.&lt;br /&gt;–Le pedimos tu dirección al tío –agrega el piloto.&lt;br /&gt;Esto me desconcierta. ¿Qué tío? Luego recuerdo a Rolo. Me abstengo de revelarles las extrañas costumbres de su tío buen mozo, y asiento, bonachón. Estoy muy contento de la visita, digo. Los convido con una copa y charlamos de generalidades. Intento descubrir qué temas pueden ser de su interés.&lt;br /&gt;–¡La computación!– responden al unísono.&lt;br /&gt;A mi juego me llamaron. Les dicto una breve conferencia sobre las nociones más elementales de la informática. De a poco, comienzo a descubrir que conocen del tema tanto o más que yo. Como para recuperar el ascendiente menciono mi trabajo en la División, pero sin entrar en detalles. Abren los ojos. Intercambian una mirada. Al fin el copiloto se decide.&lt;br /&gt;–¿Sabías que la policía tiene una Brigada Internet?&lt;br /&gt;–¡No! –exclamo, tratando de asimilar el golpe. La existencia de la Brigada ha sido conservada en el más riguroso secreto.&lt;br /&gt;–Lo descubrimos hace un tiempo, navegando.&lt;br /&gt;A partir de ese momento no paran de hablar de la internet. Los escucho pacientemente. Al fin pregunto:&lt;br /&gt;–¿A ustedes les interesaría trabajar en esa Brigada?&lt;br /&gt;–Todo lo contrario –dice el mecánico.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Todo lo contrario”&lt;/span&gt;. Trato de entender qué significa.&lt;br /&gt;–Son unos turros –explica el copiloto.&lt;br /&gt;–Quieren coartar la libertad de información.&lt;br /&gt;–Internet es el único espacio democrático del mundo.&lt;br /&gt;–Cualquiera tiene a derecho a decir lo que le cante.&lt;br /&gt;–Y de acceder a toda la información disponible.&lt;br /&gt;–Es la paradoja del capitalismo.&lt;br /&gt;–El germen de su destrucción.&lt;br /&gt;–No hay Poder.&lt;br /&gt;–El Poder es de todos&lt;br /&gt;–El Poder es de los Usuarios.&lt;br /&gt;Mis ojos iban saltado de uno al otro a medida que desenrollaban su atolondrada proclama subversiva. No puedo creer lo que oigo: mis sobrinos son hackers. Jamás había pasado por mi cabeza que en mi familia pudiera haber un guerrillero electrónico ¡y ahora resulta que hay dos!&lt;br /&gt;Les pregunto si entraron en algún archivo. Vuelven a intercambiar miradas. Ahora es el mecánico quien se anima. En varios, dice.&lt;br /&gt;–¿Y en la Brigada Internet?&lt;br /&gt;–Varias veces. Pero ahí no pasa nada.&lt;br /&gt;Asiento, comprensivo. Soy el tío simpático que entiende todo.&lt;br /&gt;–Preferimos los archivos y bancos de datos.&lt;br /&gt;–Ah –digo.&lt;br /&gt;–Pero hay un tipo que entra siempre a la Brigada.&lt;br /&gt;–Ernesto Sábato –acota el mecánico–. Parece que agarró de punto a un policía medio pelotudo. &lt;br /&gt;Me atraganto. La tos debe haber disminuido la irrigación de mi hipotálamo, porque a continuación me dejo llevar. Y les doy una dirección electrónica. A ver si encuentran algo, digo.&lt;br /&gt;Mis sobrinos se van. Bajo con ellos hasta la calle. Es una tibia noche de primavera y los paraísos en flor perfuman el aire con aroma de azahares.&lt;br /&gt;Eso me pareció muy extraño&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7733570112228345611?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7733570112228345611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/29-una-visita-providencial.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7733570112228345611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7733570112228345611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/03/29-una-visita-providencial.html' title='29. Una visita providencial'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-3681429985852027836</id><published>2011-02-26T09:24:00.003-03:00</published><updated>2011-02-26T09:35:45.074-03:00</updated><title type='text'>28. Una nueva calumnia</title><content type='html'>Como una babosa, o una actriz porno en el tramo final de una larga decadencia, me había deslizado lentamente a lo largo del tronco del árbol hasta quedar desmadejado en el piso, sin fe ni yerba de ayer.&lt;br /&gt;–Levantate gordo –dijo Johnny. Noté preocupación en su voz cuando preguntó–. ¿Qué te pasa, viejo?&lt;br /&gt;Yo estaba destrozado. Y le conté, le conté &lt;span style="font-style:italic;"&gt;todo&lt;/span&gt;. Fue imposible no mencionar a la señora López Vázquez. Y a Deseo.&lt;br /&gt;–No puedo creerlo –repetía Johnny una y otra vez–. No puedo creerlo&lt;br /&gt;Pero lo creía. Y a diferencia de muchos otros no se burló de mí. Apoyó una mano en mi hombro.&lt;br /&gt;–Calculo que te puedo ayudar.&lt;br /&gt;Lo miré como si fuera un ángel. Un Enviado, a eso me refiero.&lt;br /&gt;Sacó una tira de aspirinas del bolsillo.&lt;br /&gt;–Tengo esto.&lt;br /&gt;Lo hubiera sentado de una trompada, pero el que estaba en el suelo era yo.&lt;br /&gt;–Y esto.&lt;br /&gt;Sostenía en la palma de una mano la tira de aspirinas y en la otra una calcomanía del correcaminos.&lt;br /&gt;–Andá a la mierda –dije.&lt;br /&gt;Johnny sacudió la mano derecha. El correcaminos apenas si se movió.&lt;br /&gt;–Una muestra de ácido lisérgico que acabo de recibir de México. Tres dosis. Hay que pasarles la lengua, pero no del lado de la goma.&lt;br /&gt;Me animé un poco. Aún había alguna esperanza, una lucecita al final del túnel. &lt;br /&gt;–Y esto... –Johnny revoleó la tira de aspirinas– Metilenedioxim... &lt;br /&gt;Me incorporé de un salto.&lt;br /&gt;–Dejame ver.&lt;br /&gt;Le arrebaté la tira de aspirinas.&lt;br /&gt;–Dice “aspirinas”.&lt;br /&gt;–Claro, si va a decir “éxtasis”…&lt;br /&gt;–En serio es...&lt;br /&gt;Johnny asintió con un cabeceo.&lt;br /&gt;–Tendría más efecto si la administráramos con alcohol.&lt;br /&gt;Salí como un rayo. A las pocas cuadras encontré un boliche que decía Drugstore. El kioskero por poco se desmaya cuando le pedí un cajón de whisky. Al fin regresé con tres botellas de whisky, dos petacas de coñac y diez litros de caña. Las vacié en un balde junto a la mitad de las tabletas. La otra mitad la distribuí entre los termos de café y el botellón de agua. Nada debía quedar librado al azar.&lt;br /&gt;El brebaje tenía un gusto indefinible, con un dejo a madera e insecticida. Lo endulcé con dos paquetes de azúcar y tomé un par de vasos. Me pareció que estaba listo.&lt;br /&gt;Repartir licor entre los asistentes fue un toque de distinción. Todos lo reconocieron. Lo serví en unas copitas pequeñas que encontré en el office y recorría la sala con una bandeja.&lt;br /&gt;–¿Un licorcito? ¿Un licorcito?&lt;br /&gt;Todo el mundo aceptó al menos una copa. A Salvides le conté ocho. Después me distraje. Carola se había levantado del sillón y se dirigía a la salita donde mamá descansaba ya sin sobresaltos. Rolo había permanecido junto al cajón durante las últimas dos horas. Carola se ubicó a su lado. La hija de puta estaba aplicando las enseñanzas del general Liddlehard. Me había usado y luego usó a mi sobrino para aproximarse a Rolo.&lt;br /&gt;Ya no me cupo duda: debía ayudar a mi sobrino. Yo tenía la calcomanía en el bolsillo y me preguntaba cómo diablos hacer que la lamiera sin despertar sospechas. Ahora estaba solo: era mi oportunidad.&lt;br /&gt;Antes de proceder envié a Johnny con una bandeja con licor y café, a preparar a Carola. Johnny aceptó gustoso y se dirigió a la salita. De camino, Salvides le arrebató un par de copas, pero alcanzó a llegar con la oferta casi completa.&lt;br /&gt;Me desentendí del asunto y me concentré en el próximo paso. Metí la mano en el bolsillo y saqué la calcomanía. Era un poco infantil para mi gusto pero confiaba en que mi sobrino me siguiera la corriente. Yo era el tío excéntrico y divertido que fabricaba aviones en la terraza.&lt;br /&gt;–¿Qué hacé, gordito?&lt;br /&gt;Me di vuelta y me encontré con Marilín, la muñeca inflable.&lt;br /&gt;–Servite –dije poniendo la bandeja entre nosotros.&lt;br /&gt;Marilín alzó una copa. La vació de un trago.&lt;br /&gt;Cuando dijo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Dame Otra &lt;/span&gt;su boca avanzó hacia mí, redonda como una enorme sopapa, pero la bandeja nos mantenía a una distancia aceptable. Además, las copas concentraban la atención de Marilín.&lt;br /&gt;Se echó al conducto una segunda&lt;br /&gt;–Salud –dijo.&lt;br /&gt;Pasó la lengua por el borde de los labios.&lt;br /&gt;–Está riquísimo&lt;br /&gt;Tenía el gusto estragado y las pupilas vidriosas. Deduje que venía de alguna fiesta erótica en un criadero de cerdos.&lt;br /&gt;–Tomá un poco, gordito. Te va a alegrar.&lt;br /&gt;Yo había tomado algo más de un poco, cosa de no quedar fuera de la juerga que se avecinaba, y mantenía el equilibrio a fuerza de moverme lentamente, con las morosas evoluciones de un aerostato. Marilín pretendía acelerar el ritmo.&lt;br /&gt;Señalé hacia la salita&lt;br /&gt;–Mirá, ahí está Rolo.&lt;br /&gt;Marilín hizo un mohín imposible&lt;br /&gt;–Hoy quiero jugar con el hermanito.&lt;br /&gt;–Yo encantado –acerté a decir–. Y Carola también.&lt;br /&gt;Bizqueó tratando de repetir el nombre. No pudo.&lt;br /&gt;Volví a señalar hacia la salita.&lt;br /&gt;–No se despegó de Rolo en toda la noche.&lt;br /&gt;Se volvió furiosa y chocó con Salvides que venía por una nueva dosis.&lt;br /&gt;–Boludo.&lt;br /&gt;–Que boquita –dijo Salvides.&lt;br /&gt;El diminutivo no me pareció apropiado, pero Salvides debía estar ya bastante caliente con tanto éxtasis. Se tambaleó.&lt;br /&gt;–¿Se puede correr?&lt;br /&gt;–Me estoy corriendo –explicó Salvides–. Me estoy corriendo.&lt;br /&gt;Yo no lo dudaba.&lt;br /&gt;Marilín se volvió hacia mí.&lt;br /&gt;–Por favor, hacé algo. Este borracho me molesta.&lt;br /&gt;Salvides trató de componer algún gesto, pero su rostro era una masilla disolviéndose en alcohol. Retrocedió dos pasos y avanzó uno. Apoyaba el índice contra su pecho pero sin conseguir articular palabra. Decidí ir en su auxilio.&lt;br /&gt;–Señorita –dije–. Este señor es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; Superior.&lt;br /&gt;Salvides abrió los brazos. Por fin yo reconocía la realidad.&lt;br /&gt;–Gordito, no sabés cuanto te quiero –exclamó.&lt;br /&gt;–¡Están borrachos los dos!&lt;br /&gt;Marilín empujó a Salvides y se tambaleó rumbo a la salita donde reposaba mamá.&lt;br /&gt;Salvides volvió a la carga, pero yo mantenía la bandeja delante mío, en medio de los dos. Aprovechó para tomarse otra copa. Entonces vio la calcomanía.&lt;br /&gt;–¿Qué tenés ahí?&lt;br /&gt;–Nada –dije–, cosas de mi sobrino.&lt;br /&gt;–Dejame ver, dale.&lt;br /&gt;Alargaba el brazo por sobre la bandeja, girando a mi alrededor, pero yo mantenía la mano alzada, fuera de su alcance.&lt;br /&gt;–¿Oia? ¡Es el correcaminos!&lt;br /&gt;Acepté que, en efecto, lo era.&lt;br /&gt;–¡Que lindo! Prestámela, gordo.&lt;br /&gt;Mas allá alcancé a ver que Rolo torcía el brazo de Marilín y la arrastraba fuera del velatorio. Carola quedó sola junto al féretro de mamá, mirando en mi dirección. Con sorpresa advertí que varios comenzaban a hacer lo mismo mientras Salvides giraba en torno mío, dando saltitos. Cuando comprobó que era mucho más bajo que yo y jamás podría alcanzar la calcomanía, tomó una decisión desesperada. Necesitaba un punto de apoyo y vaya a saber qué lo llevó a pensar que ése bien podría ser la bandeja. Descargó su peso en un extremo, la bandeja se inclinó, las copitas rodaron y golpearon contra el piso un segundo antes que el propio Salvides. Detrás lo hice yo, arrastrado por la bandeja, que no había atinado a soltar.&lt;br /&gt;El círculo se estrechó a mi alrededor. Escuché los gritos de Salvides, aplastado bajo mi peso.&lt;br /&gt;Alguien dijo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Pirulo se está cogiendo a un comisario”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Quise aclarar que era apenas un inspector y que yo no estaba haciendo nada, más que intentar ponerme de pie. Pero resbalé en el licor y volví a caer sobre Salvides.&lt;br /&gt;–¡Socorro! –gritaba Salvides–. ¡Sáquenmelon! &lt;br /&gt;¿Qué melón?&lt;br /&gt;Miré desconcertado hacia el círculo de caras. La boca de Carola era más grande y redonda que la de Marilín. Johnny tenía las manos sobre la cabeza como uno de los monos de la justicia. Mi sobrino aplaudía. Tuve un vahído y todo comenzó a dar vueltas hasta que Rolo me alzó de los pelos de la nuca, me arrastró a lo largo del salón y me arrojó dentro del office.&lt;br /&gt;–No te mato acá mismo por la memoria de mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permanecí en el office hasta la madrugada, cuando los empleados de la pompa fúnebre aprontaron a mamá para su traslado definitivo.&lt;br /&gt;Fui al cementerio en el coche de los parientes lejanos y asistí al sepelio en silencio, flanqueado por mis hermanos. Cuando echaron la primera palada de tierra me embargó la emoción. Palmee los redondos traseros de mis hermanos, tan iguales entre sí.&lt;br /&gt;–Ahora que somos menos –dije– vamos a estar más unidos.&lt;br /&gt;Elena me dio un carterazo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-3681429985852027836?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/3681429985852027836/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/28-una-nueva-calumnia.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3681429985852027836'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3681429985852027836'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/28-una-nueva-calumnia.html' title='28. Una nueva calumnia'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-230585139644384832</id><published>2011-02-19T16:57:00.002-03:00</published><updated>2011-02-19T17:25:43.257-03:00</updated><title type='text'>27. Como Miss Mundo</title><content type='html'>Después de descubrir la identidad del Hombre Araña, despaché a Libermann.&lt;br /&gt;–Mejor que no te vea –dije–. Mi cuñado es un hijo de puta capaz de cualquier cosa.&lt;br /&gt;–Sí, sí, me imagino, pero vamos a tomar algo –rogó.&lt;br /&gt;Tenía los ojos vidriosos. Se veía de lejos que necesitaba &lt;a href="http://blog.growix.com/wp-content/uploads/2010/12/borracho_y_farola.jpg"&gt;una copa&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–¡Lito, por favor! ¡Debo permanecer aquí, junto al cuerpo exánime de mi madre!&lt;br /&gt;Libermann bajó la cabeza, avergonzado, dijo que comprendía y se subió a un taxi, rumbo vaya uno a saber donde. Creo que ya no tenía hogar, ni nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Nemo me impune lacessit. Nemo me impune lacessit&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví al velatorio.&lt;br /&gt;Carola permanecía en el sillón donde la había dejado, pero ya no en compañía del bancario sino de mi joven copiloto. Elena había recuperado a su esposo y lo arrinconaba contra el office. Su boca de serpiente escupía insultos y recriminaciones, pero ahora era su hijo quien parecía a punto de caer en las garras de la &lt;a href="http://c3.ac-images.myspacecdn.com/images01/34/l_7229304065ca8a786da1e1a904b2e1ea.jpg"&gt;perdición&lt;/a&gt;. El muchacho conversaba animadamente con Carola. El bancario, sorprendido en plena lujuria por su joven hijo, le habría explicado que Carola era amiga mía. Era lo lógico. Se entiende que no iba a decirle: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Tomátelas, nene, que quiero llevarme a este bomboncito hasta un rincón oscuro para hacerle esto y lo otro”.&lt;/span&gt; Esa no sería una reacción propia de un padre normal, aunque mi cuñado no es un padre normal sino un hijo de puta capaz de partirle a uno la clavícula con un caño de plomo. Pero Elena estaba demasiado cerca como para correr el riesgo de que el nene le fuera con el cuento. Sí, le había presentado a Carola diciéndole &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Es una amiga de tu tío”&lt;/span&gt;. Y ahora conversaban animadamente.&lt;br /&gt;Se me paró el corazón. Se me heló la sangre. Se me encogieron las partes (esto es una consecuencia de la contracción de los vasos sanguíneos, pero nunca pude evitar que fuera acompañada de la sensación de estar volviéndome &lt;a href="http://lawarradelosmundos.com/wp-content/uploads/2009/07/microdingo042.jpg"&gt;muy pequeñito&lt;/a&gt;): había un único tema posible de conversación entre Carola y mi sobrino: yo. Y para el muchacho, yo era un recuerdo imborrable, pero circunscrito a una única experiencia vital: su temprano paso por la aviación deportiva.&lt;br /&gt;Carola llevó las manos a su boca, reprimiendo una carcajada. Ya no me cupo duda: hablaban de mí.&lt;br /&gt;Carajo. &lt;br /&gt;Miré con más atención a mi sobrino. Parecía capaz de cualquier cosa. Cualquiera es capaz de cualquier cosa junto a la oficial Quintana –¡si lo sabré yo!–, pero había algo en su actitud que me resultó familiar. Sus rodillas se encontraban a pocos centímetros de las de Carola, las redondas rodillas de Carola de las que ni él ni yo podíamos sacar los ojos. Entonces comprendí, claro que comprendí.&lt;br /&gt;La imagen de la fiesta de casamiento se formó gradualmente en mi cabeza: la señora López Vázquez y yo en medio del salón. Volví a escuchar sus gritos, su primer chillido cuando le atrapé el pezón, llevé su mano a mi entrepierna y vi la sorpresa en sus ojos. Y el temor, cuando empezó a retroceder arrastrándome por la pista.&lt;br /&gt;Ululaba como la sirena de una autobomba.&lt;br /&gt;Todos se apartaron a nuestro paso y cuando caímos sobre el embaldosado formaron un círculo a nuestro alrededor. Hasta que Rolo rompió el encantamiento para alzarme de los pelos y arrojarme a la calle, cubierto de vergüenza, pero demasiado tarde para evitar que mis padres iniciaran su lento recorrido hacia la apoplejía y la locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi las rodillas de mi sobrino rozar las de la oficial Quintana. Era la fuerza de la sangre, la carga genética contenida en cada una de las células, las mías y las suyas, ambos con la misma defectuosa combinación cromosomática, programada por una Razón Misteriosa para provocar el desastre.&lt;br /&gt;Y lo amé. Amé a mi sobrino en ese instante. Amé lo que había mío en él y, por primera vez, me amé a mí mismo. Toda la vida me había visto con los ojos de los demás. Ahora, por fin, tenía la oportunidad de reconocerme en otro, con mis propios ojos.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Bendito seas, Señor”,&lt;/span&gt; me dije –recuerden que me había vuelto creyente–. Y a continuación pensé: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Este chico va a necesitar &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;mucha&lt;/span&gt; ayuda”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Yo había contado con los mozos que me atiborraron de cerveza, y el ambiente propicio de una fiesta, y los escotes, las minifaldas y los mamelones desnudos de la señora López Vázquez revelándose a través de la tela de su vestido de satén, o seda. Mi copiloto, en cambio, debía llevar a cabo su hazaña en un velorio. Porque lo suyo sería una hazaña. Superaría al viejo y querido Capitán Deseo: tocar las tetas de la esposa de un médico no sería nada comparado a la violación de una oficial de policía en el velorio de la abuela loca.&lt;br /&gt;Cada generación prevalece sobre su predecesora. Los alumnos superan a los maestros. En eso radica el progreso de la Humanidad. Pero si cada época no albergara al menos un réprobo capaz de traicionar a sus contemporáneos transmitiendo el fuego de la verdad a los inexpertos, el progreso sería imposible. Y ese era yo, Prometeo, el maldito de los dioses, el partero de la historia, el tío cómplice y divertido.&lt;br /&gt;Justo en ese momento Johnny entró al velatorio. Su llegada resultaba tan oportuna que me pareció predestinado a formar parte del Plan. Tanto era así que no tuve necesidad de llamarlo: en cuanto me vio, solo en medio del salón, vino hacia mí, exactamente como lo había hecho mi cuñado, como si lo atrajese con una piola. Mi mente era poderosa, irradiaba una fuerza magnética irresistible. Los objetos y las personas se movían a &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; alrededor obedeciendo a &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; voluntad.&lt;br /&gt;Me estrechó la mano.&lt;br /&gt;Sus palabras me desconcertaron.&lt;br /&gt;–Lo siento –dijo.&lt;br /&gt;Lo increpé&lt;br /&gt;–¿No vas a ayudarme?&lt;br /&gt;Ahora el desconcertado era él.&lt;br /&gt;–Te daba el pésame. Tu mamá...&lt;br /&gt;Mi mamá, cierto. Me rehice y le expliqué El Plan.&lt;br /&gt;–Con una gotita de LSD en el café... –sugerí.&lt;br /&gt;Las pupilas de Johnny brillaron.&lt;br /&gt;–Estás loco.&lt;br /&gt;No hice caso de sus palabras. Sus ojos decían lo contrario. Y los ojos son el reflejo del alma, ya es sabido.&lt;br /&gt;–Vamos a terminar en cana –argumentó– Y saltará lo del Hombre Araña. Imaginate.&lt;br /&gt;Yo acompañaba sus palabras con impacientes cabeceos de negativa.&lt;br /&gt;–Vos y yo en un calabozo, a merced de Iraola –insistió Johnny–. Y Salvides. Imaginate.&lt;br /&gt;Ahora asentí.&lt;br /&gt;–¿Eso es lo que querés? –se horrorizó–. ¡Iraola te va a hacer mierda!&lt;br /&gt;–Libermann estuvo acá –dije–. Identificó al Hombre Araña.&lt;br /&gt;Johnny sufrió una lipotimia. Se apoyó en mi hombro. Tuve que tranquilizarlo explicándole que Libermann había abandonado el velatorio mucho antes de su llegada y que de ningún modo podía haberlo reconocido. Su nerviosismo me decepcionó: lo hacía un espíritu abierto, más propenso al riesgo y la aventura. Debió darse cuenta de mi desencanto, pues sus objeciones comenzaron a hacerse más débiles. Y se volvió menos reticente. Pero había una dificultad insalvable.&lt;br /&gt;–No tengo lisérgico.&lt;br /&gt;–¡No tenés lisérgico! –chillé.&lt;br /&gt;Me rogó que bajara la voz. “Por amor de Dios y tu puta madre”, dijo, tal vez sin tomar debida conciencia de que ella descansaba eternamente a un par de pasos. Lo perdoné ¿qué otra cosa? Pero lo del ácido era más serio.&lt;br /&gt;–¡No puedo creer que seas tan incompetente! –exclamé.&lt;br /&gt;Johnny me preguntó si me había vuelto loco o estaba borracho. Yo había tomado algunas ginebras, pero su insinuación me fastidió. Le hice un piquete de ojos.&lt;br /&gt;Johnny retrocedió, tapándose la cara.&lt;br /&gt;–¡Ay, ay, ay! –gritaba.&lt;br /&gt;Chocó contra Salvides, que acababa de llegar y se acercaba a saludarme. Esa noche todos se acercaban a saludarme, como a Miss Mundo.&lt;br /&gt;Advirtiendo que El Plan estaba a punto de irse al carajo, me arrojé sobre Johnny. Pero Johnny se había apoyado contra Salvides diciendo “Ay, ay, ay” y en el apuro por abrazarlo, pasé mis manos por detrás de la espalda de Salvides. Johnny quedó aplastado entre los dos.&lt;br /&gt;–Ay ay ay –decía.&lt;br /&gt;–Suelte, suelte –decía a su vez Salvides.&lt;br /&gt;–No te pongás así –decía yo–. Era muy anciana.&lt;br /&gt;Al fin Salvides logró zafarse y quedé abrazando a Johnny, una vez más, en medio de un círculo de mirones.&lt;br /&gt;–Quería mucho a mamá –expliqué mientras lo llevaba hacia la calle.&lt;br /&gt;Hubo un murmullo y rostros cariacontecidos.&lt;br /&gt;En la calle, Johnny se quejó de que le había sacado un ojo. Lo revisé, al principio con alguna aversión, pero no vi nada anormal, fuera del iris un poco enrojecido. Sobreviviría.&lt;br /&gt;Johnny dijo que yo era un enfermo. Admití que eso era posible pero que jamás volviera a tildarme de borracho. Dijo que en ningún momento me había llamado borracho. Repuse que eso no era verdad y que lamentaba no haber tenido un grabador para registrar sus hirientes palabras. No había pretendido ser hiriente, argumentó, aunque admitía haberse comportado con cierta rudeza, habida cuenta del penoso trance por el que yo estaba transitando. Lo tomé como una disculpa y volví sobre el tema del ácido. Johnny explicó que yo era un maravilloso ser humano pero que a veces actuaba como un idiota: no había ninguna razón para llevar ácido lisérgico a un velorio. Expuse mis dudas. Todo se haría más llevadero, argumenté. Admitió la posibilidad y prometió pensarlo. Tal vez distribuiría algunas dosis en el próximo velatorio pero en éste no había nada que hacer al respecto. Definitivamente, sentenció.&lt;br /&gt;Me recosté contra un árbol y me dejé deslizar hasta quedar sentado en el pequeño cuadrilátero de tierra. El Plan se había ido al diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;www.respuestasaladepresion.com&lt;br /&gt;Hay un pequeño grupo de personas que no responden a los antidepresivos usados más comúnmente y para las cuales los inhibidores de monoaminoxidasa son el mejor tratamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inhibidores de monoaminoxidas. ¿Harán descuento por cantidad?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-230585139644384832?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/230585139644384832/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/36-como-miss-mundo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/230585139644384832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/230585139644384832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/36-como-miss-mundo.html' title='27. Como Miss Mundo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-6421565131500090794</id><published>2011-02-07T16:52:00.001-03:00</published><updated>2011-02-07T17:04:47.965-03:00</updated><title type='text'>26. La despedida de mamá</title><content type='html'>Página de afrodisíacos de la encantadora doctora Zubar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;En el lejano oriente muchas partes del cuerpo del tigre son consideradas poderosos afrodisíacos, incluidos colmillos, sebo, hígado y, especialmente, pene, que los mamíferos, lamentablemente, poseen uno solo. &lt;br /&gt;Un tazón de sopa de pene de tigre puede costar 350 dólares en Taiwan y 400 en Corea del Sur. Y tendrá maravillosos efectos: al igual que el propio tigre usted podrá hacer el amor en forma ininterrumpida ¡por casi 15 segundos!&lt;br /&gt;Los bigotes del tigre son usados como afrodisíaco en Indonesia, pero en Malasia el mismo preparado es tenido por un veneno muy poderoso.&lt;br /&gt;Recuerden, empero, que todas las especies de tigres se encuentran en peligro de extinción. ¿Por qué entonces no triturar espinas de puercoespín como sustituto de los bigotes del tigre? Al fin y al cabo, las espinas son mucho más rígidas y erectas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;En el velorio de mamá, una compungida Carola apenas si se separó de mi lado para ir al tocador. También quiso acercarse a Rolo, pero Rolo estaba muy ocupado velando a su verdadera madre como para fijarse en sustitutos y no le prestó atención. Carola volvió a mi lado y me tomó la mano. Pasamos más de una hora tomados de la mano. Y dormité en su hombro. Y dormitó en mi hombro. Esto se prestó a murmuraciones.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Pirulo tiene novia”. “Miralo al gordo”. “¿No era que a ése no le habían bajado los testículos?”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Todos cuchicheaban. Y el bancario no nos sacaba los ojos de encima. Tampoco mi hermana. Su mirada iba de Carola al bancario y del bancario a Carola. Los años habían causando estragos en las facciones de Elena, deformadas como arcilla fresca. Tenía grandes ojeras y las mejillas, derramadas hasta la altura de la mandíbula, le conferían un inconfundible aire a bull dog con hidrofobia. También enseñaba los colmillos. Eso era cuando sorprendía al bancario hipnotizado por las piernas de Carola.&lt;br /&gt;El bancario había engordado de caderas y tenía más cara de imbécil que nunca, pero en líneas generales se veía mejor conservado que Elena. Las sienes canosas le daban respetabilidad y el bigote, ennegrecido a fuerza de rimel, una cierta apostura.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Nemo me impune lacessit, nemo me impune lacessit.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Me puse de pie&lt;br /&gt;–Vení que te presento.&lt;br /&gt;Carola debía dormitar, pues miró sobresaltada a su alrededor. Al mismo tiempo hice una seña a mi cuñado. Comprendió al instante y se echó a andar en nuestra dirección como si yo lo jalase con una piola. Carola se incorporó con un desperezo felino. Podría decir que casi llegué a escuchar el corazón de mi cuñado golpeando dentro de su pecho.&lt;br /&gt;Tumba retumba, tumba retumba.&lt;br /&gt;Hice las presentaciones. Carola no sabía muy bien qué era lo que estaba ocurriendo– aún seguía medio adormilada– y dejó que el bancario la besara en la mejilla. Aprovechando que no la soltaba pedí permiso para ausentarme.&lt;br /&gt;–Necesito unos segundos de recogimiento –dije.&lt;br /&gt;El bancario se sobresaltó, aun sin advertir que, más allá, en el centro del salón, Elena miraba hacia nosotros exhibiendo toda su ferocidad.&lt;br /&gt;Pasé junto a ella haciéndome el desentendido y salí a la calle. Justo a tiempo.&lt;br /&gt;Verán –y presten atención a lo que les digo–, si estamos movidos por una buena causa, a veces obtenemos la justa recompensa. Vengarme de los agravios era una buena causa. Y merecía la justa recompensa. Lo descubrí en ese instante, en cuanto salí a la calle y vi a Libermann bajar de un taxi en la puerta del velatorio: de haberme quedado en la sala un minuto más, Libermann me hubiera sorprendido junto a &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Caról, la amante del Hombre Araña&lt;/span&gt;. Me iba a resultar arduo darle alguna explicación medianamente satisfactoria.&lt;br /&gt;En su infinita misericordia Dios había decidido brindarme Su protección. Después de haberme encerrado para siempre en un envase defectuoso, sin atractivos ni gracia, ni siquiera una patética simpatía, con mi vocecita de perro pequinés y un aterciopelado pirulín de preescolar, para luego arrojarme indefenso dentro de una familia de crápulas, por fin el Gran Dios se acordaba de mí. Todo, absolutamente todo era parte de Su plan. Tuve esa revelación. Yo era Su instrumento y ejecutaba Su partitura.&lt;br /&gt;Libermann me abrazó.&lt;br /&gt;–Pirulo, hermano.&lt;br /&gt;Apestaba a alcohol. E ignoraba lo que esa clase de parentesco podía significar para él.&lt;br /&gt;–Gracias por venir –dije. Una frase de circunstancia.&lt;br /&gt;Libermann también se puso obvio.&lt;br /&gt;–Mi pésame.&lt;br /&gt;Quedamos en silencio unos segundos, mirando el tránsito. Algo debía hacer, aunque no tenía idea qué. Dios estaba de mi lado, pero no podía confiarme. Por el asunto del libre albedrío y todo eso. Cada uno es libre de cavarse la propia tumba en el infierno. Yo no quiero esa clase de libertad, me dije, yo quiero Ayuda.&lt;br /&gt;Fíjense en la debilidad del alma humana que, tres minutos después de revelada, ya había comenzado a abjurar de mi Fe.&lt;br /&gt;Me rehice. Dios no me perdonaría si volvía a dudar de Él. Dejemos que las cosas sigan su curso. ¿Qué podía pasarme? ¿Qué &lt;span style="font-style:italic;"&gt;más&lt;/span&gt; podía pasarme?&lt;br /&gt;Sentí que debía dejarme llevar, lo que no me tranquilizó en absoluto. Eso mismo me había dicho la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No sé bailar –balbucee sin poder apartar la vista de su escote mientras ella tiraba de mi brazo para arrastrarme a la pista.&lt;br /&gt;–Escuchá la música, querido –dijo dulcemente la señora López Vázquez– Dejate llevar&lt;br /&gt;Hice caso de su consejo. Y vean ustedes cómo terminó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi problema ahora era que Libermann seguía en tren pelotudo.&lt;br /&gt;–Quiero ver a tu madre –dijo–. ¿Venís?&lt;br /&gt;Miré hacia el interior del velatorio donde me acechaba la desgracia. La oficial Quintana era integrante efectiva de la Fuerza. Debía llevar un arma en su cartera. Si Libermann abría la boca yo no tendría ni siquiera la oportunidad de un juicio justo.&lt;br /&gt;Sacudí la cabeza. Era un consuelo saber que todavía la conservaba sobre los hombros, intacta.&lt;br /&gt;–Prefiero recordarla viva.&lt;br /&gt;Libermann pareció dudar. Pero el morbo pudo más.&lt;br /&gt;–Será apenas un momento. Ya vengo.&lt;br /&gt;Permanecí junto a la puerta del velatorio, a la expectativa, por así decirlo. En cuanto escuchara los gritos, saldría corriendo.&lt;br /&gt;Pasaron varios minutos en los que recibí los pésames de perfectos desconocidos sin significación alguna para mí. Yo, en cambio, era para ellos una parte importante del pasado, una nota de color en sus tristes vidas, una leyenda. Todos me recordaban.&lt;br /&gt;Un muchacho de unos 17 años se detuvo frente a mí. Su rostro no me dijo nada, como no lo dice casi ningún rostro adolescente. Todo está por resolverse. Es un campo de batalla en el que la madre y el padre luchan por prevalecer, donde todavía permanece el niño que fue y el adulto que no acaba de ser.&lt;br /&gt;Ese nunca fue mi caso: luzco tan mofletudo y atontado como en mi primera fotografía.&lt;br /&gt;El muchacho me sonrió.&lt;br /&gt;–¡Tío, que alegría verte! Perdón –agregó, recordando el velorio.&lt;br /&gt;El pobre debía hacer enormes esfuerzos para sentir alguna tristeza por la muerte de su abuela loca. Lo estreché en un abrazo, sin poder determinar si era el copiloto o el mecánico. Habían pasado tantos años...&lt;br /&gt;–¡Te acordás cómo volábamos!&lt;br /&gt;El copiloto. Y su admiración era sincera. Mis ojos se llenaron de lágrimas.&lt;br /&gt;–Está bien, tío. Es mejor así. La pobre estaba muy mal.&lt;br /&gt;–Sí, sí. –Le seguí la corriente. Era muy joven para comprender lo que sus palabras habían significado para mí.&lt;br /&gt;Le di unas palmadas afectuosas en el hombro.&lt;br /&gt;–Después nos vemos. Ahora andá a saludar a tu mamá.&lt;br /&gt;Lo vi entrar al velatorio, preguntándome como un muchacho tan bueno podía ser el fruto de la unión de una víbora con un escarabajo. Sí, era una prueba viviente de la existencia de Dios. Y Dios estaba del lado de los justos, de los santos y los inocentes. Por ejemplo, hacía ya un rato que Libermann había entrado al velatorio y no se había producido ningún tumulto. Salió un momento después, pálido como un cadáver albino. ¿Tanto lo había afectado la muerte de mamá? Si él jamás la había visto...&lt;br /&gt;Se apoyó contra mí.&lt;br /&gt;–¿Qué te pasa, Lito? Reaccioná.&lt;br /&gt;Lo zamarreaba con excesiva violencia, pero Libermann no protestó.&lt;br /&gt;–Ahí adentro...&lt;br /&gt;¿Qué había pasado? ¿Tan desfigurada estaba mi madre?&lt;br /&gt;–... vi al Hombre Araña.&lt;br /&gt;–¡No!&lt;br /&gt;Libermann asintió.&lt;br /&gt;–No puede ser –dije–. ¿Estás seguro?&lt;br /&gt;–Y también está la amante, Caról. ¿Crees que podría no reconocerla?&lt;br /&gt;Difícilmente, pensé, pero me dejé llevar:&lt;br /&gt;–¿Vestida?&lt;br /&gt;–Y claro que vestida –exclamó Libermann luego de un sobresalto. ¿Cómo querés que esté?&lt;br /&gt;Me alcé de hombros. A buen entendedor…&lt;br /&gt;–Y el Hombre Araña –pregunté, como para cambiar de tema– ¿vino de incógnito o con el traje?&lt;br /&gt;Libermann retrocedió.&lt;br /&gt;–¿Te volviste loco? ¿Cómo va a venir vestido de Hombre Araña?&lt;br /&gt;–El loco sos vos. ¿Cómo sabés que es él?&lt;br /&gt;A esta altura ustedes comprenderán que yo intentaba proteger a Johnny. No lo había visto en el velorio pero era posible que hubiera entrado sin que yo lo advirtiera.&lt;br /&gt;–Estoy seguro –insistió Libermann.&lt;br /&gt;–¿Te vieron?&lt;br /&gt;–Creo que no.&lt;br /&gt;–Mejor así. Ahora mostrame quienes son, pero con disimulo.&lt;br /&gt;Nos asomamos a la sala. Espié por encima de la cabeza de Libermann.&lt;br /&gt;–¿Ves ahí, en el rincón?&lt;br /&gt;Señaló a Carola.&lt;br /&gt;–¿Es ella? –pregunté.&lt;br /&gt;–Sí, sí.&lt;br /&gt;–¿Y el Hombre Araña?&lt;br /&gt;–El que está al lado, de pantalón azul.&lt;br /&gt;–¡No puede ser..!&lt;br /&gt;Arrastré a Libermann a la calle.&lt;br /&gt;–¿Estás seguro de haber hecho una identificación &lt;span style="font-style:italic;"&gt;positiva&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;Libermann se aterró.&lt;br /&gt;–¿Me vas a llevar con el juez? Mirá que me prometiste...&lt;br /&gt;–Lo prometido es deuda –lo tranquilicé–. Pero quiero saber si estás completamente seguro.&lt;br /&gt;–Completamente –repuso Libermann.&lt;br /&gt;Me apoyé contra la pared y me llevé las manos a la cara.&lt;br /&gt;–Esto es terrible.&lt;br /&gt;Libermann me miraba intrigado.&lt;br /&gt;–¡No puedo creer tamaña felonía! –exageré.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa, Pirulo? Acaso...&lt;br /&gt;Asentí.&lt;br /&gt;–¡Lo conocés! –exclamó–. ¿Quién es?&lt;br /&gt;Lo miré a los ojos.&lt;br /&gt;–¿Quién es? –insistió Libermann.&lt;br /&gt;–Mi cuñado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-6421565131500090794?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/6421565131500090794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/26-la-despedida-de-mama.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6421565131500090794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6421565131500090794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/02/26-la-despedida-de-mama.html' title='26. La despedida de mamá'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-8415628201937820729</id><published>2011-01-27T10:34:00.000-03:00</published><updated>2011-01-27T10:37:27.585-03:00</updated><title type='text'>25. Un giro inesperado</title><content type='html'>Conseguí abrir otro de los archivos de la oficial Quintana, un informe sobre los integrantes de la patrulla, de unos meses atrás. Es una muchacha perspicaz: comienza mostrando preocupación por el equilibrio emocional de Salvides. Lo tilda además de mojigato y obtuso. Bien por Carola.&lt;br /&gt;Esta chica cada día me gusta más, pero quisiera saber para quién trabaja. Dudo que sea para Iraola, que está en condiciones de apreciar por sí mismo lo que ocurre en la Brigada, aunque últimamente casi no viene a patrullar. Y sigue con una sonrisa tan deslucida que da pena verlo. Si hasta me siento culpable por haberlo involucrado en el caso Libermann. Lo hice sin pensar, llevado vaya uno a saber por qué oscuros sentimientos. O presentimientos.&lt;br /&gt;Verán, no puedo quitarme de la cabeza la idea de que el subcomisario tiene algo que ver con la foto de Rolo que encontré en los archivos de Carola. Porque es Rolo, tiene que serlo. Estoy seguro. La abro todos los días y la reviso minuciosamente tratando de encontrar algún detalle que me confirme su identidad, pero no puedo apartar mis ojos de su redondo culo de muchachita, tan parecido al de Elena. Y siento vahídos. Antes de caer al precipicio.&lt;br /&gt;A veces me rebelo contra mi presentimiento. No puedo creer que mi hermano, mi propio hermano, mi idolatrado hermano, el hijo de puta que desguazó mi avión y lo arrojó pieza por pieza a la calle para después prenderle fuego, sea el sadomasoquista que se deja fotografiar colgado de un gancho mientras es azotado por una rubia de largas piernas oculta tras una máscara de Batman para que miles de enfermos mentales tengan vahídos por culpa de su culo de muchachita y caigan al precipicio, y todo eso. En fin, que mamá volvería a morir si supiera qué hago mientras miro la fotografía de Rolo, porque es Rolo, tiene que serlo. Estoy seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvidé mencionarlo: mamá murió. El propio Rolo vino a avisarme. No llevaba la máscara de cuero y tenía el trasero cuidadosamente oculto por un pulcro pantalón de franela gris. Me desconcertó un poco, porque el pantalón era holgado y probablemente había olvidado meter el pañuelo dentro del calzoncillo pues se veía plano como un maniquí de tienda. Cuando lo descubrí en mi espejo retrovisor izquierdo me pareció un perfecto desconocido, lo que de por sí resultaba muy extraño: en nuestra sección está vedada la entrada a cualquier persona ajena a la Brigada, fuera de Iraola y el Jefe, naturalmente. Pero no existe nada capaz de detener a Rolo cuando se propone algo. Y esta vez se proponía algo: darme la mala noticia.&lt;br /&gt;Antes, se cruzó con la oficial Quintana. La vi en mi retrovisor derecho salir de su despacho. Vestía uniforme y, aunque se había quitado la chaqueta, sus pechos seguían teniendo una forma perturbadora. Llevaba el pelo recogido en un rodete y estaba muy maquillada, tal como prescribe el reglamento.&lt;br /&gt;Desapareció de mi retrovisor derecho y se corporizó en el izquierdo, junto a Rolo, que hizo una inclinación de cabeza y le dirigió una de esas sonrisas deslumbrantes que estremecían a mamá. Carola se ruborizó, bajó los párpados y siguió su camino.&lt;br /&gt;Rolo vino hacia mí. Apoyó una mano en mi hombro.&lt;br /&gt;–Murió mamá.&lt;br /&gt;Sus ojos se llenaron de lágrimas. Supongo que mamá debió haber significado mucho para él. Su congoja me entristeció, realmente. Lo vi de pronto convertido en un niño, con el rubio mechón cayéndole sobre la frente, consentido por mamá. Y eché un sollozo.&lt;br /&gt;Rolo me apretó el cuello, a su manera viril y sadomasoquista.&lt;br /&gt;–Yo sé que vos también la querías mucho –dijo.&lt;br /&gt;–Sí –mentí. O creí hacerlo: me encontraba atrapado en un culebrón venezolano y me costaba discernir con claridad.&lt;br /&gt;Como hermano mayor, Rolo se sintió en la obligación de consolarme.&lt;br /&gt;–También sé que en el fondo de su corazón acabó por perdonarte.&lt;br /&gt;Me cubrí la cara con las manos.&lt;br /&gt;–¡Pobre mamá! –exclamé.&lt;br /&gt;Mi cabeza cayó sobre el teclado de la computadora. Un guionista demente me dictaba los próximos pasos porque a continuación me puse de pie.&lt;br /&gt;–¡No puede haber muerto!&lt;br /&gt;–Calmate –dijo Rolo.&lt;br /&gt;–¡No!&lt;br /&gt;Me desembaracé de su abrazo, levanté el teclado en el aire y lo estrellé contra el monitor. Hubo un chisporroteo.&lt;br /&gt;–¿Qué hice, Dios mío?&lt;br /&gt;–Rompiste la computadora –sugirió Rolo.&lt;br /&gt;Me tiré de los pelos.&lt;br /&gt;–¡Maté a mi madre!&lt;br /&gt;Giré en redondo. Todos los integrantes de la brigada se habían vuelto hacia mí. Salvides, asomado a la puerta de su despacho, tenía una mueca de horror. Más atrás alcancé a ver el rostro de la oficial Quintana. Ella fue, de ahí en más, mi único público.&lt;br /&gt;Me dejé caer de rodillas y abrí los brazos en cruz.&lt;br /&gt;–¡Maté a mi madre!&lt;br /&gt;Comencé a arrastrarme hacia el centro del salón.&lt;br /&gt;–¿Por qué no habré muerto yo, al nacer? ¿Por qué nací, Dios, por qué?&lt;br /&gt;Los patrulleros convergieron a mi alrededor, menos Salvides, que continuaba petrificado en la puerta del despacho.&lt;br /&gt;–Soy una babosa que no merece vivir – insistí, rodeado de un bosque de pantalones. A lo lejos, Salvides asentía con pesados cabeceos. Unos metros más adelante, algo alejadas del resto, pero avanzando en mi dirección, alcancé a distinguir las piernas enfundadas en las oscuras medias de nailon. Tuve un vahído.&lt;br /&gt;–Tragedia y tristeza, es todo lo que he provocado en la vida.&lt;br /&gt;La oficial Quintana, al fin y al cabo la única de los presentes que contaba con algo cercano al instinto maternal, apoyó una mano en mi cabeza.&lt;br /&gt;–Tranquilizate –dijo.&lt;br /&gt;Se hincó a mi lado. Su falda subió hacia la mitad del muslo. Me asomé al precipicio y apoyé la cabeza en su regazo.&lt;br /&gt;–Tranquilo.&lt;br /&gt;Pasaba suavemente la mano por mi pelo, consolándome, como a su pequeño bebé.&lt;br /&gt;Me hizo muy feliz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-8415628201937820729?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/8415628201937820729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/01/25-un-giro-inesperado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8415628201937820729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8415628201937820729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/01/25-un-giro-inesperado.html' title='25. Un giro inesperado'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-1514268470866983108</id><published>2011-01-15T16:35:00.003-03:00</published><updated>2011-01-15T17:42:12.638-03:00</updated><title type='text'>24. Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.</title><content type='html'>Me aburría frente al televisor, comiendo &lt;a href="http://blog.espol.edu.ec/nathalie/files/2009/06/perros_salchicha-300x294.jpg"&gt;salchichas&lt;/a&gt;, mientras miraba un programa de juegos para computadora seguro de ser el único televidente mayor de doce años. Sin saber cómo me encontré pensando en Iraola.&lt;br /&gt;Reapareció hoy, y tras un desmañado saludo se sentó a patrullar. Él también luce alicaído y, me pareció, algo melancólico. En un momento dado me puse de pie y pasé detrás suyo para servirme un café. Navegaba en el Foro Bizarro.&lt;br /&gt;Un foro es un lugar donde se dejan y encuentran anuncios de cualquier clase, aunque la temática está de alguna manera sugerida por los administradores, ya desde el mismo nombre. Me vino curiosidad por saber qué hacía Iraola en el Foro Bizarro, pero el hacker Esteban había tomado franco compensatorio. Debía arreglármelas por mi cuenta.&lt;br /&gt;Volví a mi escritorio con el café, interrumpí las imágenes del banco de semillas que me llegaban desde Geocities y entré a &lt;a href="http://sphotos.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc4/hs159.snc4/37291_1369442920346_1359921386_30967880_3908057_n.jpg"&gt;Mundo Bizarro&lt;/a&gt;. Como no es algo que haga habitualmente el proceso fue lento. Para cuando llegué, Iraola había suspendido su patrullaje y conversaba con Salvides. De todos modos busqué su anuncio, pero es un sitio demasiado concurrido. Y extravagante.&lt;br /&gt;Imaginen un mensaje en una botella. Imaginen un océano cubierto de botellas, todas con su correspondiente mensaje dentro. Las etiquetas dan alguna pista sobre el contenido, pero ustedes están rodeados. Por donde miren hay botellas. Es necesario abrir prácticamente todas para encontrar lo que están buscando. Imaginen que tampoco saben lo que están buscando.&lt;br /&gt;Cuando Iraola se fue, con un saludo tan desvaído como el de su llegada, yo seguía abriendo mensajes en el Foro Bizarro. Se hizo la hora de salida y no había encontrado nada que pudiera atribuir, con alguna certeza, al subcomisario. &lt;br /&gt;Volví a Geocities. Pasen y vean:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Shiva Skunk&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Interior/Invernadero&lt;br /&gt;Ganadora de la Copa Mostly Indica&lt;br /&gt;Esta cruza entre Skunk #1 y Northern Ligths #5 es una de las variedades más confiables. Excelente productora, con un alto vigor híbrido, trabaja soberbiamente en interior tanto como en invernadero. En gusto y potencia es similar al Skunk #1, de dulce sabor, pero con mucha más resina y mayor producción. Lo máximo para principiantes y expertos. Durante la Copa Cannabis 94, Shiva Skunk obtuvo una de las altas calificaciones en la categoría Sativa/Indica, justo detrás de la Silver Pearl.&lt;br /&gt;Floración: 45-55 días.&lt;br /&gt;Altura: 125 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 125 gr.&lt;br /&gt;Finalización en invernadero: Octubre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cosecha en invernadero: 500 gr.&lt;br /&gt;Art No: 228&lt;br /&gt;120 fl.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Apagué el buscador y me fui directo a casa. De camino compré el paquete de salchichas que estaba devorando mientras miraba en televisión un programa sobre juegos para computadora y me sorprendí pensando en Iraola.&lt;br /&gt;El subcomisario seguía casi en la superficie de mi mente cuando me levanté y fui hacia mi computadora. Abrí el disquete con las nuevas fotos de Carola. Elegí la última que tomamos antes de irnos, luego de depositar junto a ella, pero en posición invertida, el cuerpo de Iraola personificando al Hombre Araña. El detalle fue obra de Johnny. Intenté disuadirlo –un mal sueño de Carola y el subcomisario despertaría subcomisaria– pero no hubo caso.&lt;br /&gt;Mandé la foto a Libermann con un mensaje: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Te voy a morder todo. Caról.&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Entonces comprendí que también Libermann había estado todo el tiempo en mi mente. Y Sara. Sobre todo Sara.&lt;br /&gt;Me puse una camisa limpia y salí la calle. Todavía no eran las 22. Alcancé a tomar el último subte y en media hora estuve frente a la casa de los Libermann.&lt;br /&gt;¿Y ahora qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía formulándome esa misma pregunta, cuarenta minutos después, cuando un coche se detuvo en la esquina, con las luces de posición encendidas. Me oculté en un zaguán. Al cabo de un rato escuché el zumbido de un motor que se alejaba y el taconeo de pasos femeninos acercándose. Me asomé con cuidado. Era Sara. Venía de la esquina. Iba a salirle al paso cuando por el rabillo advertí los faros del automóvil que doblaba en la bocacalle. Avanzó en dirección opuesta a la de Sara y cuando pasó a su lado le hizo un guiño de luces. Del conductor apenas pude ver una silueta oscura recortándose contra la débil luz de la calle. Sara le sonrió y saludó con la mano. Entonces me vio, al borde de la acera, a punto de cruzar la calle. Su rostro cambió de expresión y aceleró el paso. La intercepté antes de que llegara a su puerta.&lt;br /&gt;–Sara...&lt;br /&gt;–No tengo nada que hablar con usted –dijo Sara.&lt;br /&gt;Quiso esquivarme por la izquierda. Di un paso lateral y quedamos de nuevo frente a frente. Luego pretendió pasar por mi derecha.&lt;br /&gt;–Hop –dije volviendo a interceptarla.&lt;br /&gt;–Córrase.&lt;br /&gt;Hice un &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Th11a6eZodc/SZKdl38GIKI/AAAAAAAAAZc/6HPJCihxYEw/s400/Imagen015.jpg"&gt;conejito&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–Parece que te fue bien en el backgammon.&lt;br /&gt;Entornó los párpados y respondió en tren cocorita:&lt;br /&gt;–¿Qué dice?&lt;br /&gt;–Por lo menos ganaste un punto –agregué con mi sonrisa de fantasía.&lt;br /&gt;Sara me tiró un cachetazo que hábilmente bloqueé con el canto de la mano.&lt;br /&gt;–Cerdo.&lt;br /&gt;–Puta.&lt;br /&gt;Me acertó un puntapié en la espinilla. Me arrojé sobre ella y la aplasté contra la pared. El dulce aroma de su pelo me transportó veinte años atrás, hasta mi inolvidable noche con la señora López Vázquez. Le rodee el talle con un brazo al tiempo que deslizaba mis dedos a lo largo de sus vértebras. Su mano descendió hasta mi pierna. Me aparté un poquito para dejarla pasar. Tuve un vahído: la mano de Sara recorría ahora la cara interna de mi muslo. Me aparté más y la miré a los ojos. Estaban vidriosos. Y &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_VSL7Mt6_Ft8/TBskMP8RmMI/AAAAAAAACoQ/ZuM4HAx3Yus/s1600/christopher-lee-dracula.jpg"&gt;sonreía &lt;/a&gt;de una manera extraña. Sacó la lengua mientras se concentraba en la jugada. Su mano acarició fugazmente mi pirulín aterciopelado y siguió hacia atrás. Yo comencé a caer en el precipicio.&lt;br /&gt;–No era verdad –dijo.&lt;br /&gt;La miré intrigado.&lt;br /&gt;–Que no te habían bajado los testículos.&lt;br /&gt;Y cerró el puño.&lt;br /&gt;¡Ay!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sara es una mujer pequeña, de contextura frágil y delicada, pero me levantó en el aire. Como lo oyen. Las puntas de mis pies apenas si rozaban el piso. Y veía estrellitas de colores, una multitud de estrellitas girando a mi alrededor. Muchas estrellitas.&lt;br /&gt;Como si yo fuera un muñeco de estopa, me llevó hacia un costado, aflojó la presión y caí de rodillas. Ahí nomás me pegó un carterazo y quedé desparramado en el umbral. Seguía viendo estrellas, pero ya eran más pálidas. Se ocultaban cada tanto detrás de pequeñas nubes deshilachadas.&lt;br /&gt;Permanecí tendido un buen rato, aguardando a que mis testículos descendieran desde mi garganta. Que yo sepa. jamás los había tenido tan arriba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-1514268470866983108?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/1514268470866983108/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/01/24-nunca-faltan-encontrones-cuando-un.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/1514268470866983108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/1514268470866983108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2011/01/24-nunca-faltan-encontrones-cuando-un.html' title='24. Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-5712772381620454893</id><published>2010-12-16T12:29:00.000-03:00</published><updated>2010-12-16T12:34:20.224-03:00</updated><title type='text'>23. Violación en la Bombonera</title><content type='html'>Entro en paranoia.com&lt;br /&gt;Gato drogadicta en Ámsterdam. Su nombre es Karel y vive en los alrededores de la casa de Peter. La casa de Peter es una especie de barco anclado en un canal de Ámsterdam, que viene a ser como Venecia, pero llena de holandeses y putas. Peter, claro, es un delincuente que la va de Virgilio y nos pasea por el Jardín Holandés del Cáñamo. Lo primero que hace es mostrarnos su casa flotante, cuatro veces más grande que la mía, que ni siquiera flota. El crimen paga, al menos más que el Estado.&lt;br /&gt;En el rincón superior izquierdo de la página, Peter nos presenta a la gato Karel. Ama el cáñamo, dice Peter. Intuyo un caso de prostitución y droga, mujeres desnudas y orgías polimorfas. Me sube la testosterona y busco la imagen de Karel.&lt;br /&gt;Se trata, sus rasgos fisonómicos lo demuestran sin sombra de duda, de un verdadero gato. El asunto carece por completo de sentido. Quedo desconcertado. Guardo la página.&lt;br /&gt;Es una mañana tranquila, con pocos ilícitos. Me aburro. Salgo de la internet. Abro de mi archivo la página de Peter y trabajo en ella. A los veinte minutos convertí al Gato Karel en La Cerda Salvides. Copio el archivo a un disquete y lo llevo hasta el escritorio de Esteban&lt;br /&gt;–¿Podés meter esto en la computadora de Salvides? –pregunto.&lt;br /&gt;–Seguro –dice Esteban.&lt;br /&gt;Regreso a mi escritorio antes que del despacho asome el rostro atormentado de Salvides.&lt;br /&gt;Cu-cú. Cu-cú&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esteban tiene a Salvides al borde del descontrol nervioso. Por supuesto, el inspector no sabe quién le descalabra los archivos, pero sospecha que se trata de uno de nosotros.&lt;br /&gt;Esteban es peligroso. Y pasea por más computadoras de las que confiesa. Tal vez hasta en la mía, por lo que he tomado la precaución de dejar una zona de fácil acceso rodeando el resto de una muy estudiada línea de defensas. Nada es suficiente para detener a Esteban pero al menos sabré si consiguió ingresar a mis archivos.&lt;br /&gt;Todo esto me da una idea. Brillante, dirá Johnny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día transcurre sin mayores incidencias. Me doy una vuelta por la red boquense. La encuentro más reposada que la platea de Ferro. Ni señales de Beto Beep. Le pregunto la hora a una barrabrava de Quito. Las 3,17 PM responde. Charlamos. Está conectada a la red desde una computadora de la embajada argentina. Tiene 17 dulces años y una mirada triste, dice. Añora los apretujones en la popular de la Bombonera. Le pido que se describa. Jeans, zapatillas, una corta remera verde que le deja la cintura al aire y una cinta azul y oro sujetándole el pelo a la altura de la nuca. Se quita la cinta y agita la melena, larga hasta los hombros.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Te vi&lt;/span&gt;, escribo, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;estás frente a mí, a unos seis escalones de distancia&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Le doy una descripción de Rolo. Llevo el torso desnudo, bañado en sudor. Pero huelo a Au de Cologne Blumenthal. Tengo una caja de tetrabrick.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Convidame&lt;/span&gt;”, dice.&lt;br /&gt;Me abro paso en la multitud y llego a su lado.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Gol!!!&lt;/span&gt;, grito. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Gol de Boca!!!&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Saltamos abrazados.&lt;br /&gt;“¿&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No tenés &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;algo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;?”, pregunta después con un mohín encantador.&lt;br /&gt;Saco una colilla del bolsillo derecho de mi jean. Muy arrugada, pues mi jean es excesivamente estrecho.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ya me di cuenta&lt;/span&gt;”, dice con intención.&lt;br /&gt;Reímos. Y fumamos, una pitada cada uno. Hasta que se mete Reiphnol.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Conviden, che!!&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Carajo, Reiphnol se instaló junto a ella y la toma de la cintura. Le alcanzo el pucho. Da una pitada profunda y me lo devuelve. Al hacerlo se inclina hacia mí y pasa el brazo derecho frente a la chica mientras su mano izquierda desciende por la nalga.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cuidado con lo que hacés”&lt;/span&gt;, le advierto.&lt;br /&gt;Reiphnol ha metido la mano dentro del pantalón de la chica, que no atina a reaccionar. Un secuaz suyo me sujeta los brazos por detrás. Pesa 120 kilos y se me parece vagamente, pero en versión basta. De un culazo podría hacerlo aterrizar de cabeza en medio de la calle Brandsen, pero en ese momento soy Rolo y recuerdo a tiempo mi redondo trasero de muchachita. Preventivamente, aprieto los cachetes y aguanto a pie firme la embestida del gordo. En tanto, Reiphnol ha desprendido el botón del jean de la chica, que no opone resistencia. Está paralizada de terror.&lt;br /&gt;Agarro al gordo de la muñeca y lo lanzo por sobre mi hombro. Cae a la primera bandeja, pero se resiste a morir. De todos modos le hago notar que está muy dolorido y queda fuera de la pelea. Me vuelvo hacia la chica. Reiphnol la sujeta por detrás con el brazo izquierdo y hurga con la mano derecha debajo de la camiseta.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No lleva corpiño”&lt;/span&gt;, dice.&lt;br /&gt;Le tiro una trompada. Reiphnol la esquiva, suelta a la chica y me pega en las costillas. Me doblo en dos. Varios energúmenos saltan sobre mí. La chica se lanza escaleras abajo, medio en cueros. Reiphnol la persigue enarbolando la remera verde. Dejo fuera de acción a uno de mis agresores mediante un certero codazo en la nariz. Otro pretende aferrarme de las partes, pero las llevo envueltas en un pañuelo y zafo. Le aplico un violento puñetazo en la sien y lo dejo seco.&lt;br /&gt;En tanto, la chica desaparece en la boca de un túnel.&lt;br /&gt;“¡&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡No, ahí no!!&lt;/span&gt;”, grito.&lt;br /&gt;Pero ya es tarde: se acaba de meter en los baños. Catorce o quince vergas se vuelven hacia ella. Se detiene en seco e intenta retroceder, pero Reiphnol la sujeta una vez más por la cintura.&lt;br /&gt;Me libro de la patota y me lanzo en su persecución. Los energúmenos ya comenzaron a quitarle los pantalones. La escucho gritar:&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡No, no! ¡No es lo que ustedes creen!&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Pero ellos no creen nada y se encuentran en posición, prestos a consumar.&lt;br /&gt;Corro como un enloquecido. Alguien me sujeta de la camisa. Giro para aplicarle un derechazo y me encuentro frente a frente con un cabo de la Guardia de Infantería. Miro a mi alrededor. Toda la tribuna se ha poblado de policías. Los hinchas huyen en todas direcciones. Dejo fuera de acción al cabo mediante un certero puntapié y reanudo la persecución, pero un grupo de agentes me cierra el camino. Dentro del túnel la chica grita. La echaron boca abajo entre los orines y se disponen a penetrarla, Reiphnol el primero.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Socorro, Estigarribia, socorro!!!&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;¡Sábato!&lt;br /&gt;La sorpresa me paraliza y los agentes aprovechan para prenderme, dándome de paso algunos bastonazos.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Deténganlo!!!&lt;/span&gt;”, escucho por los parlantes de La Voz del Estadio.&lt;br /&gt;Miro hacia arriba. En la cabina de transmisión, a la diestra de Macaya Márquez, Salvides comanda las operaciones.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No, digo, a mí no”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Salvides sonríe.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡¡¡Se están cogiendo a Ernesto Sábato en el túnel!!!&lt;/span&gt;”, grito.&lt;br /&gt;Es inútil. Salvides sonríe. Al fin, por los parlantes, escucho su voz:&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Está detenido, Mayonesa&lt;/span&gt;.”&lt;br /&gt;Me debato con furia, pero Salvides me rodeó con un escuadrón completo de la Guardia de Infantería.&lt;br /&gt;Macaya emite una juiciosa reflexión acerca del bochornoso espectáculo que acabo de dar mientras la Voz del Estadio ahoga los gritos desesperados de Sábato.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Si su piloto no es Acuamar, no es impermeable le puedo asegurar&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que hacer algo con estos fasos que me trae Johnny.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-5712772381620454893?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/5712772381620454893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/12/23-violacion-en-la-bombonera.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5712772381620454893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5712772381620454893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/12/23-violacion-en-la-bombonera.html' title='23. Violación en la Bombonera'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-8422137267467195333</id><published>2010-12-05T17:47:00.002-03:00</published><updated>2010-12-06T08:47:59.244-03:00</updated><title type='text'>22. Una agresión injustificada</title><content type='html'>Entro en cybersex.com: &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Daddy fucks babysitter. Mother joins them.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Un espectáculo muy edificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaría saber qué hicieron con el niño. O los niños. La historia no especifica de cuantos se trata. Y la chica puede ser tanto babysitter como bioquímica, mientras parezca puta. Lleva una &lt;a href="http://www.sattlers.org/mickey/culture/clothing/kilts/images/2005-02-charles-in-kilt-1.jpg"&gt;falda escocesa&lt;/a&gt; muy corta y medias tres cuartos, que no se quita en toda la sesión, ni aun cuando “mother” se les une en la cocina.&lt;br /&gt;Daddy ha depositado el culo de la babysitter sobre la mesa. Detrás se ve a mother que observa la escena. Acaba de regresar de la calle. Lleva traje sastre negro, sombrero tirolés haciendo juego y un prendedor dorado en la solapa. Trae una bolsa de compras, con paquetes envueltos como para regalo. Deja caer la bolsa: asombro. Luego mira por encima de los &lt;a href="http://www.ifondos.net/wp-content/uploads/2008/09/wearing_glasses_1024x768-227305.jpeg"&gt;anteojos&lt;/a&gt;: interés.&lt;br /&gt;Todo muy trivial hasta que se quita el traje sastre. No lleva ropa interior a excepción de un liguero negro que me arrastra hacia el borde del precipicio. En la siguiente imagen ya está junto a la mesa. Daddy, sorprendido in fraganti, parece decir “¡Oh!”. La babysitter finge temor. Mother separa a daddy de la chiquilina y se tiende sobre ella.&lt;br /&gt;El culo de mother enmarcado en las tiritas traseras del liguero me provoca un vahído. Mi cabeza da vueltas. La babysitter está de espaldas en la mesa, con las piernas colgando. Mother sobre ella. Sus pies firmemente asentados en los zapatos de taco aguja. Daddy se introduce en mother por retaguardia y yo comienzo a caer. Me precipito en el abismo, girando en círculos. Por el retrovisor derecho veo a Johnny. Se ha vuelto hacia mí. Lleva el dedo índice a la sien y me mira inquisitivamente. Guardo mi pirulín aterciopelado y recobro la compostura, justo a tiempo. Salvides se asoma a la puerta de su despacho.&lt;br /&gt;Cu cú. &lt;a href="http://l.yimg.com/img.tv.yahoo.com/tv/us/img/site/48/00/0000034800_20061021014801.jpg"&gt;Cu cú&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó Carola, muy maquillada y de anteojos oscuros. En evidente que su día femenino resultó atroz.&lt;br /&gt;El chiste corre por la sección, entre risitas, y llega hasta Salvides por medio del hacker Esteban. Esteban entra a la computadora de Salvides con la familiaridad de quien recorre el living de su propia casa. El inspector se levanta de un salto y se asoma a la puerta del despacho.&lt;br /&gt;–Cu cú –digo en falsete.&lt;br /&gt;Salvides se vuelve hacia mí. Nuestras miradas se encuentran en mi retrovisor izquierdo, pero guarda silencio y regresa a su cueva.&lt;br /&gt;También Carola permanece en su despacho, con el estómago destrozado por las aspirinas. Hubiera querido estar ahí cuando abrió los ojos y se encontró con el Hombre Araña.&lt;br /&gt;¿Cuál habrá sido su reacción?&lt;br /&gt;Ahora que lo pienso dejamos la Browning sobre el escritorio, junto al mouse.&lt;br /&gt;Pobre Iraola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada día me parezco más a mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vive. Hablo de mi madre. De Iraola seguimos sin tener noticias. Posiblemente todavía yace en la alfombra de la oficial Quintana, con un agujero en la frente, un paro cardiaco o una horrible mutilación. No había contemplado antes esta posibilidad. De sólo pensarlo me vienen escalofríos. Y como un vahído.&lt;br /&gt;–El efecto del ácido no puede durar más de unas horas –me comentó Johnny cuando Salvides atribuyó la ausencia de Carola a la histeria femenina. Luego recordamos el jugo de naranja. Tal vez eso explique por qué se reintegró recién el miércoles. Si es que ese fantasma maquillado que se arrastró hasta su despacho es la verdadera oficial Quintana. Y si en efecto se reintegró y no navega sin ayuda de la internet con los ojos perdidos en el racimo de dátiles.&lt;br /&gt;Johnny no lo sabe con certeza pero sospecha que el abuso de alucinógenos puede dejar secuelas permanentes, como quedar atrapado en una pesadilla.&lt;br /&gt;Igual que mamá.&lt;br /&gt;Vive. Eso dicen los médicos. Cada tanto se acuerda de mí, informa Rolo sin que yo le pregunte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a ver a mi madre desde la mañana del sepelio de papá. A Elena sí, una vez. Me cerró la puerta en las narices, como quien dice. Después salió el bancario. El bancario había vuelto con Elena. Y ahora vivían en &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; casa, con &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; madre.&lt;br /&gt;–¡Es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; madre! –le grité a la cara.&lt;br /&gt;El bancario sonrió. Y levantó el brazo. Recién entonces vi el caño de plomo. Alcancé a mover la cabeza y me dio de lleno en el hombro.&lt;br /&gt;–Hace tanto que quería sacarme el gusto... –suspiró.&lt;br /&gt;Yo estaba en el suelo, rodeado de estrellitas multicolores. Después, un vecino me llevó al hospital.&lt;br /&gt;–Rotura de clavícula –dictaminó el médico–. ¿Con qué se pegó?&lt;br /&gt;–Yo no me pegué. ¿O se cree que estoy loco?&lt;br /&gt;–Humm –dijo el médico.&lt;br /&gt;Mi vecino &lt;a href="http://www.blogodisea.com/wp-content/uploads/2009/03/risa-reir.jpg"&gt;reía&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–Esto no quedará así.&lt;br /&gt;–No –dijo el médico–. Vamos a enyesarlo.&lt;br /&gt;Convertido en un jugador de fútbol americano me presenté en la comisaría. Llevaba al vecino de testigo.&lt;br /&gt;–Vengo a hacer una denuncia por lesiones –dije.&lt;br /&gt;El escribiente levantó la cabeza de sus papeles y retrocedió.&lt;br /&gt;–¿A quién le pegó?&lt;br /&gt;–A &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mí&lt;/span&gt; me pegaron. Mi cuñado, con un caño de plomo.&lt;br /&gt;Mi vecino lanzó una risita.&lt;br /&gt;–¿Dónde?&lt;br /&gt;–En el hombro ¿Dónde va a ser?&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Dónde ocurrió?&lt;/span&gt; –dijo el policía apretando los dientes.&lt;br /&gt;A mi lado, el vecino se había atragantado, pero igualmente sostuve la mirada del policía.&lt;br /&gt;–En la puerta de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;mi&lt;/span&gt; casa. Él es testigo.&lt;br /&gt;Los ojos del policía se despegaron de mala gana de los míos y se volvieron hacia mi sonriente vecino.&lt;br /&gt;–¿Qué pasó?&lt;br /&gt;–Salí a la calle y lo vi a Pirulo sentado en la vereda.&lt;br /&gt;–¿Quién es Pirulo? –preguntó el policía.&lt;br /&gt;Sentí que el calor trepaba por mi cuello en dirección a las mejillas.&lt;br /&gt;Mi vecino arqueó el pulgar y lo apuntó hacia mí.&lt;br /&gt;–Ah –dijo el policía con cara de “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;debí darme cuenta”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;A esa altura yo había comenzado a hamacar mi peso de una pierna a la otra. Y me picaba el hombro, debajo del yeso. Pero estaba decidido a consumar la venganza. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Nemo me impune lacessit, nemo me impune lacessit&lt;/span&gt;, repetía para mis adentros. Lo había leído en un cuento muy edificante: el héroe que empareda al hijo de puta de su amigo Libermann. O Aníbal.&lt;br /&gt;–¿Qué dice? –preguntó el policía.&lt;br /&gt;–Nada –yo había perdido decididamente la compostura– Tarareaba una canción.&lt;br /&gt;–Lo viene haciendo desde que salimos del hospital –aclaró mi vecino sin necesidad: nadie le había preguntado nada.&lt;br /&gt;–A usted nadie le preguntó nada –protesté.&lt;br /&gt;–¡Cállese! –escupió el policía–. Aquí el único que dice quien puede hablar y quien no, soy yo.&lt;br /&gt;Todavía vivía en casa de Rolo y ni soñaba con llegar a ser un PCBC. Por poco hago valer mis derechos ciudadanos, pero había empezado a dolerme el hombro y me sentía muy desdichado. Guardé silencio.&lt;br /&gt;–Dígame qué pasó.&lt;br /&gt;–Cuando escuché los gritos salí a la calle y encontré a Pirulo sentado en la vereda.&lt;br /&gt;–¿Qué gritos?&lt;br /&gt;El vecino volvió a apuntarme con el pulgar.&lt;br /&gt;–¿Por qué gritaba?&lt;br /&gt;–¡Porque mi cuñado acababa de partirme la clavícula con un caño de plomo!&lt;br /&gt;–¡A mi no me grite!&lt;br /&gt;–¡Yo no le grito!&lt;br /&gt;–¡Qué son esos gritos! –me desmintió el cabo Trieste, saliendo de la sala de guardia.&lt;br /&gt;Durante años el cabo Trieste había dirigido el tránsito en Avenida La Plata y Vernet. Me reconoció al instante.&lt;br /&gt;–Pirulo... –murmuró. Se volvió hacia el escribiente– ¿Por qué lo trajeron?&lt;br /&gt;–A mí nadie me...&lt;br /&gt;–Acá este señor –ese era mi vecino– lo encontró gritando en la vereda.&lt;br /&gt;Mi vecino asintió. Trieste también.&lt;br /&gt;–Borracho, seguro. O mariconeando con José María.&lt;br /&gt;El escribiente retrocedió otro paso. Tenía los ojos muy abiertos. Había oído hablar de José María.&lt;br /&gt;–Y ahora, volá –dijo Trieste–. Y agradecé que tu hermano es policía...&lt;br /&gt;Luego se volvió hacia el escribiente.&lt;br /&gt;–El único normal de la familia –dijo–. El viejo estaba en el Borda, la vieja con delirium tremens, la hermana es una puta. Todo por culpa de éste.&lt;br /&gt;Mientras salía alcancé a escuchar al escribiente:&lt;br /&gt;–¿Qué hizo?&lt;br /&gt;No quise enterarme de la versión policial de la fiesta de casamiento de mi hermana y caminé hasta la casa de Rolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entro a los Osos Mimosos de Boedo.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hola, soy Trieste&lt;/span&gt; –escribo–. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Quién tiene una cosa durita toda para mí?”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Varios se ofrecen. Los cito en el bar Dos Avenidas, donde el cabo acostumbra tomar una copa al finalizar su turno de servicio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-8422137267467195333?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/8422137267467195333/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/12/22-una-agresion-injustificada.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8422137267467195333'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8422137267467195333'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/12/22-una-agresion-injustificada.html' title='22. Una agresión injustificada'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7659906979422097692</id><published>2010-11-29T09:24:00.001-03:00</published><updated>2010-11-29T13:13:52.733-03:00</updated><title type='text'>21. Socialismo sexual</title><content type='html'>De www.paranoia.com: &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Guía mundial de sexo.&lt;br /&gt;Reporte desde Maastricht&lt;br /&gt;La agencia de noticias alemana DPA informa que la doctora Cecil Aan de Stegge, directora de la Clínica Psiquiátrica de Maastricht, negoció un 40% de descuento para sus pacientes más antiguos en el burdel Club d’Amour. Ella había consultado a la policía por la dirección de un buen establecimiento. Asimismo, la manager del Club d’Amour se había desempeñado anteriormente como enfermera en un hospital psiquiátrico. Una auténtica madama especializada.&lt;br /&gt;La señora Aan de Stegge, quien es también miembro de la Asociación de Cuidados Psiquiátricos de los Países Bajos, explicó que sus pacientes son de escasos recursos y no pueden afrontar los precios habituales de establecimientos de ese tipo. Ella pretende romper el tabú que rodea al sexo y las instituciones, pues esto lleva a que las pacientes femeninas sean permanentemente víctimas de acoso sexual.&lt;br /&gt;Muchas enfermeras acompañan ahora a los pacientes al burdel.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Averiguación: Costo del tratamiento en la Clínica Psiquiátrica de Maastricht. ¿La doctora Aan hará descuentos especiales para personal civil  de bajos recursos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uf.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos días que la oficial Quintana no se presenta a tomar servicio. Solicitó una licencia pretextando Razones Femeninas.&lt;br /&gt;Por Razones Femeninas puede entenderse casi cualquier cosa. El cuerpo de policía ha sido integrado exclusivamente por hombres durante tantos años que existe una disposición de excesiva condescendencia hacia el personal femenino. Las mujeres siguen siendo una razonable minoría. No sé qué pasará en el futuro, pero por ahora son tratadas como objetos delicados. O hermanitas menores. Se les disculpa todo, hasta los berrinches.&lt;br /&gt;Nadie se extraña de que la oficial Carola Quintana tenga un berrinche y decida no prestar servicio.&lt;br /&gt;Iraola tampoco dio señales de vida, pero el subcomisario merodea en la Brigada muy ocasionalmente, una vez a la semana, a lo sumo, dos. Aquí, al menos, nadie se ha percatado de su ausencia. De todos modos, Johnny hizo correr la voz de que ambos se encuentran en Río de Janeiro, de fin de semana largo.&lt;br /&gt;Circulan algunas bromas sobre la cantidad de ostras que se ve obligado a consumir Iraola para mantenerse activo. Y las más variadas especulaciones sobre el uso que da a su bastón.&lt;br /&gt;Chanzas de oficina, producto del buen humor y la sana camaradería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Libermann no volví a tener noticias. Luego de ser expulsados de la confitería nos refugiamos en un bar de la calle Tucumán. Durante el día ha de ser el típico comedero de oficinistas apurados, pero desde el atardecer comienza a poblarse de la cochambrosa fauna del micro centro. Putas retiradas o en condición de merecerlo, marineros estonios, algún inmigrante  recién llegado, borrachos solitarios de mirada vidriosa y músculos resecos. En fin, no desentonábamos.&lt;br /&gt;A esa altura Libermann tenía un aire a general soviético con el pecho cubierto de condecoraciones, pero nadie pareció impresionado.&lt;br /&gt;El problema fue el whisky. Libermann hizo un gesto de asco y lo escupió sobre la mesa. Yo no me atreví a probarlo sospechando que alguien había orinado dentro de la botella. Pedimos una cerveza, que es lo primero que a uno se le ocurre en esos casos. Estaba tibia, así que apelamos a una botella de vino blanco. Y un plato de queso para llenar el estómago.&lt;br /&gt;Libermann sacó de su portafolio las copias de los mensajes de Caról. También había impreso una de las fotografías. Produjo sensación en el boliche. Los marineros sacaron las carteras de sus bolsillos. “Dólar, dólar” decían mostrando los billetes. Todos querían conocer a la oficial Quintana. Libermann no les prestó atención. Mientras la foto circulaba de mano en mano pensé si Johnny y yo no estaríamos desperdiciando un buen negocio.&lt;br /&gt;Una de las putas ponderó el armamento del Hombre Araña. Agradecí mentalmente que Libermann no hubiera impreso una foto con mi blanca retaguardia asomando por los agujeros del traje.&lt;br /&gt;Libermann estaba tan absorbido por sus preocupaciones que estampó distraídamente su autógrafo al pie de la foto. El dueño del bar la colocó en un ángulo del espejo, detrás de la barra.&lt;br /&gt;Después nos fuimos. Le saqué a Libermann unos pesos. Para los detectives privados, dije, y lo metí dentro de un taxi.&lt;br /&gt;Mas tarde, Johnny me informó que había llegado bien, aunque resbaló en el umbral del edificio, donde quedó tendido unos minutos provocando la lógica consternación de Johnny.&lt;br /&gt;–No queríamos a acabar tan rápido con él ¿verdad? –dijo Johnny.&lt;br /&gt;Nos había seguido toda la noche. Y después marchó detrás de Libermann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aníbal tenía esa misma costumbre: seguir a la gente. A veces era a un extraño, elegido al azar. Otras, a Rolo. O a mí. Pero yo difícilmente me aventuraba más allá de Avenida La Plata y Vernet.&lt;br /&gt;Un día seguimos a Libermann, los dos. Libermann era fácil, dijo Aníbal. Andaba siempre abstraído, como calculando mentalmente raíces cúbicas de cifras de cinco dígitos. Pero hasta él podría percatarse de mi presencia, por lo que Aníbal me hizo colocar un gorro de visera y los anteojos negros de su madre.&lt;br /&gt;La madre de Aníbal era la única mujer del barrio que usaba anteojos oscuros. Y echarpes de seda. Trabajaba en el centro, de secretaria. El padre de Aníbal había sido abogado, pero estaba preso. Por estrangular a su esposa con una cuerda de piano, nos informó Rolo.&lt;br /&gt;La esposa del abogado no era la mamá de Aníbal, sino una señora de clase alta, con departamento en avenida Santa Fe, estola y piano de cola. De haber usado la estola el padre de Aníbal podría haber fingido un accidente, pero arrancó un extremo de la cuerda del piano, lo pasó alrededor del cuello de su esposa y la arrojó por la ventana. La mujer quedó balanceándose a pocos centímetros del suelo, frente a una tienda de ropa masculina: “Casa Mujica, prestigia su elegancia.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolo contó la historia durante la cena. Hacía unos meses había ingresado a la escuela de policía y se interesaba por toda clase de crímenes. Nos deleitaba por las noches con nuevos y emocionantes relatos.&lt;br /&gt;–No hablés con la boca llena –quiso decir papá en su media lengua. Desde el tercer ACV tenía paralizada la mitad derecha del cuerpo. Sostenía la cuchara con la mano izquierda. En el trayecto desde el plato a su boca perdía gran parte del contenido. El resto le caía por la barbilla a través de la mueca despectiva. Había adelgazado muchísimo, posiblemente por hambre. Mamá no se daba cuenta de nada y nosotros éramos casi niños. Creíamos que la delgadez de papá era una secuela –y lo era, pero de un modo indirecto– de su enfermedad. &lt;br /&gt;Pienso que más de una vez sus balbuceos tenían por objeto pedir comida. O un cambio de dieta. Pero desde el tercer ACV no le entendíamos una palabra. Su reprimenda pasó desapercibida y Rolo prosiguió narrándonos la historia con la boca llena de milanesas. Cuando terminó, mamá, con un raro sentido de la oportunidad, dijo:&lt;br /&gt;–¡Pobre señora...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camuflado con el gorro de visera y los anteojos de carey, estilo Gina Lollobrigida, aceché a Libermann en la esquina de su casa. Aníbal había descubierto que salía todos los martes y jueves a la misma hora rumbo a Avenida La Plata. Pasó cerca de nosotros, sin vernos. Caminaba, como ya dije, abstraído, acariciando las paredes con la punta de los dedos, a lo largo de toda la cuadra. Tenía siempre las manos sucias, ahora podía ver por qué.&lt;br /&gt;Cruzó Avenida La Plata sin mirar a los costados y se detuvo en la parada del 65. Trepamos detrás suyo en el colectivo. Estaba lo bastante lleno como para ocultarnos de su vista. Aunque yo sobrepasaba en más de media cabeza a la mayoría de los pasajeros, ese sería un inconveniente fácil de subsanar.&lt;br /&gt;Libermann fue hacia el fondo.&lt;br /&gt;–Vamos –dijo Aníbal– pero con cuidado. Mejor agachate&lt;br /&gt;Imagínense. Mi desplazamiento sigiloso en el interior de un colectivo atestado produjo el efecto de una pelota de básquet rodando por una pista de bolos. Cuando una pobre mujer cayó a los pies de Libermann, éste se dio vuelta y me vio, en cuclillas, en el centro mismo de la tremolina.&lt;br /&gt;Hice un conejito.&lt;br /&gt;–¿Qué hacés acá? ¿Y con esa cosa? –preguntó Libermann con disgusto. La cosa eran los anteojos de la madre de Aníbal.&lt;br /&gt;–Viajo.&lt;br /&gt;Sin decir palabra volvió a mirar al frente, hacia la nada, hacia sus imposibles cálculos matemáticos.&lt;br /&gt;En cuanto pude, bajé del colectivo, rojo de vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me despreció.&lt;br /&gt;Ahora soy su amigo, su mejor amigo, su único amigo.&lt;br /&gt;Su tabla de salvación, como quien dice.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7659906979422097692?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7659906979422097692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/21-socialismo-sexual.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7659906979422097692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7659906979422097692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/21-socialismo-sexual.html' title='21. Socialismo sexual'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-2402257845173011902</id><published>2010-11-21T19:58:00.001-03:00</published><updated>2010-11-21T20:29:09.901-03:00</updated><title type='text'>20. Su mejor amigo</title><content type='html'>Nueva receta de la doctora Zúbar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Desde hace centenares de años las raíces de la &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Rhodiola rosea L.&lt;/span&gt; poseen fama de ser un poderoso estimulante, lo que las ha convertido en un ingrediente muy utilizado para diversas pociones de amor, también conocidas como “&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;privorotnoye zelje”&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomo nota: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Privorotnoye zelje”, “Privorotnoye zelje”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El legendario príncipe ucraniano Danila Galitsky (siglo XVIII), quien poseía una considerable reputación debida a sus notables &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Eh1SeB3lJKk/TLJ9VoyHnBI/AAAAAAAAAnQ/mDPDpkOdNdo/s1600/10CachoCastana_jpg.jpg"&gt;hazañas sexuales&lt;/a&gt;, solía decir que obtuvo su vigor de “&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;la raíz dorada de los Cárpatos”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La raíz es mayormente utilizada bajo la forma de una bebida alcohólica llamada “&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;nastojka”&lt;/span&gt;. Las raíces frescas son mezcladas con un 40 % de vodka y conservadas por lo menos durante una semana en un lugar oscuro.&lt;br /&gt;Una cucharadita de nastojka luego del desayuno, almuerzo y cena provoca, al cabo de 2 o 3 semanas, &lt;a href="http://media.argentina.indymedia.org/uploads/2008/09/bush_borracho.jpg"&gt;extraordinarios efectos&lt;/a&gt; tanto en hombres como en mujeres.&lt;br /&gt;Recientemente fue aprobada oficialmente como medicamento ucraniano. Su uso y aplicaciones son semejantes al del ginsén.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Extraordinarios efectos&lt;/span&gt;. Me gusta eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Libermann me llamó por teléfono. Le había dado el número de la Brigada, no el de mi casa. Muy poca gente conoce el número de mi casa. Menos aún la dirección. No figuro en la guía, ya saben, por razones de seguridad. Presenté la solicitud a la compañía de teléfonos apenas se creó la Brigada. En papel membrete de la Policía Federal, con la firma del Jefe. Impresiona, si usted ignora que todo lo que entra y sale de la Institución lleva Su firma. Es una formalidad: el Jefe firma cualquier papel que le lleven sus asistentes. Pero únicamente ellos. No puede ir cualquiera hasta su puerta y decirle: “Jefe, firme acá”. Los papeles le llegan por la vía orgánico-administrativa, a eso me refiero. Luego de hacer un largo periplo escalafonario. El puntapié inicial lo da el jefe inmediato. En mi caso, Salvides.&lt;br /&gt;Ceremonial no había alcanzado a retirar los arreglos florales dispuestos para la inauguración de las computadoras cuando ya Salvides tenía mi solicitud sobre el escritorio. Era su primer acto como jefe de Brigada y estudió el papel con detenimiento. No era para tanto: tres líneas solicitando a la compañía de teléfonos que me eliminara del listado público de abonados. Abultaba más el encabezamiento que el texto propiamente dicho.&lt;br /&gt;–¿Usted quiere que su número no figure en la guía?&lt;br /&gt;Eso, precisamente, decía la nota. Por las dudas se la pedí y le eché un vistazo.&lt;br /&gt;–Sí –dije–. Está escrita en español.&lt;br /&gt;El rostro de Salvides se tiñó de &lt;a href="http://www.testblog.net/gallery2/d/5912-1/joker.jpg"&gt;morado&lt;/a&gt;. Me arrebató el papel y le estampó su firma.&lt;br /&gt;Desde ese momento supe que nuestra relación no sería todo lo cordial que es deseable esperar, pero mi número no figura en guía.&lt;br /&gt;Y Libermann se vio obligado a llamarme a la Brigada. Atendió Johnny.&lt;br /&gt;–Ché, Gordo –gritó cubriendo el micrófono con una mano. Lo miré por el retrovisor izquierdo mientras continuaba patrullando paranoia.com–. Acá hay uno que pregunta por vos. O por el comisario Meneses.&lt;br /&gt;Carcajadas generales.&lt;br /&gt;Le arrebaté el auricular.&lt;br /&gt;–Es Libermann –susurré.&lt;br /&gt;–Oh –dijo Johnny.&lt;br /&gt;Era Libermann. Sonaba desesperado.&lt;br /&gt;–Tenés que ayudarme, Pirulo. Me escribió el Hombre Araña.&lt;br /&gt;–Mejor lo hablamos personalmente.&lt;br /&gt;–Sí.&lt;br /&gt;–Pero no en tu casa.&lt;br /&gt;–¡No! ¡En mi casa no!&lt;br /&gt;Eso acababa de decirle. Otro con el mismo síndrome que Salvides. Debía tratarse de un virus.&lt;br /&gt;–¿Te sentís bien?&lt;br /&gt;Para nada. Estaba dispuesto hasta a hablar con Meneses. Le dije que no se lo recomendaba y nos citamos para esa misma tarde en una confitería de la calle Florida.&lt;br /&gt;Fuimos con Johnny, aunque por separado. Insistió en conocer a Libermann: al fin de cuentas era nuestro objetivo número uno. Supongo que acepté más que nada para que no me mareara con lo de los objetivos y los pájaros. Además, me daba cierta seguridad. Libermann podía estar tendiéndome una trampa. Aparecer con Sara, por ejemplo.&lt;br /&gt;Llegué a la cita temprano, con tiempo suficiente para tomar un whisky a solas. Necesitaba darme valor, prepararme para lo que pudiese ocurrir. Me encontraba en plena operación y no precisamente a cubierto, en el anonimato del ciberespacio.&lt;br /&gt;Me tranquilizó ver entrar a Johnny, casi al mismo tiempo que Libermann. Johnny se detuvo en la puerta y echó una mirada general al salón. Libermann caminó directamente hacia mí, tropezando en el camino con un mozo, y se sentó a la mesa. Traía un portafolio. Johnny, un libro. Lo acababa de comprar. Se ubicó en una mesa a mis espaldas.&lt;br /&gt;–Esto es terrible –dijo Libermann.&lt;br /&gt;Estaba agitado. Tenía flojo el nudo de la corbata, desprendido el primer botón de la camisa y el moco en su solapa parecía el escudo de una extraña cofradía.&lt;br /&gt;–¿Tomás algo?&lt;br /&gt;Me miró con desconcierto. Después asintió.&lt;br /&gt;–Un whisky.&lt;br /&gt;Yo ya había liquidado el mío y pedí dos. Es sabido que los gastos corren por cuenta del cliente.&lt;br /&gt;–Esto es terrible –insistió Libermann.&lt;br /&gt;No iba a facilitarle las cosas.&lt;br /&gt;–Antes que nada –dije– tenés que decidir si esto...&lt;br /&gt;–Es terrible.&lt;br /&gt;Hice un movimiento circular con la mano.&lt;br /&gt;–Me refiero a esto, entre nosotros.&lt;br /&gt;Libermann me miró expectante.&lt;br /&gt;–¿Preferís que sea oficial o... extraoficial?&lt;br /&gt;Preguntó qué diferencia había.&lt;br /&gt;–Muy simple. Si es oficial debo dar parte al juez.&lt;br /&gt;–¡Al juez!&lt;br /&gt;Sí, había un virus.&lt;br /&gt;–Soy un auxiliar de la Justicia –afirmé con empaque de escribano público.&lt;br /&gt;El rostro descompuesto de Libermann era un espejo de su mente. Por su mente cruzaban las horribles consecuencias de su paso por el juzgado, el acoso periodístico, el escarnio de sus colegas, el divorcio, la soledad, la locura, la muerte. Y al final, en La Tablada, en el sector del cementerio destinado a las putas y los macrós, una sola persona despidiendo sus restos, su viejo amigo de juventud, yo, Pirulo.&lt;br /&gt;–Extraoficial –dijo Libermann.&lt;br /&gt;Asentí.&lt;br /&gt;–Bien, vamos al grano.&lt;br /&gt;Libermann abrió la boca, seguramente para decir lo terrible que era todo, cuando una sombra se materializó junto a la mesa.&lt;br /&gt;–El doctor Libermann, presumo...&lt;br /&gt;Y sin darle tiempo a responder, Johnny le alcanzó el libro.&lt;br /&gt;–¿Tendrá inconveniente en dedicarlo? Es para mi novia, ¿sabe? Una gran admiradora suya.&lt;br /&gt;Libermann tomó el libro, aturdido. Era su novela histórica sobre la máquina de coser. Lo abrió en la primera página. En la solapa había una fotografía suya, en su consabida pose de Pedante.&lt;br /&gt;–Este hombre es un genio –evidentemente Johnny se dirigía a mí, pero no me animé a mirarlo a la cara.&lt;br /&gt;Libermann ya tenía en su mano una estilográfica con capuchón dorado.&lt;br /&gt;–¿Para quién...?&lt;br /&gt;–Ponga “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Para Carola, con amor”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Me atraganté. Libermann vaciló.&lt;br /&gt;–No me parece correcto...&lt;br /&gt;–Por mí, no se haga problemas –dijo Johnny–. No soy celoso, en realidad.&lt;br /&gt;Libermann parpadeaba, todavía indeciso.&lt;br /&gt;–Si lo fuera, imagínese –Johnny volvía a dirigirse a mí–. Carola admira tanto al doctor...&lt;br /&gt;Libermann apoyó por fin la pluma, que inició un pomposo recorrido sobre la hoja, en tanto Johnny seguía con su parloteo.&lt;br /&gt;–Ella ya tiene este libro, pero muy manoseado ¿sabe? Lo lleva todo el tiempo consigo, hasta cuando va al baño. Y se queda &lt;span style="font-style:italic;"&gt;horas&lt;/span&gt; ahí.&lt;br /&gt;Los anteojos de Libermann estaban empañados de transpiración. Estampó su firma y le alcanzó el volumen a Johnny.&lt;br /&gt;–Me parece que se masturba –dijo Johnny.&lt;br /&gt;Comencé a toser. De todos modos escuché a Libermann preguntar débilmente:&lt;br /&gt;–¿Quién...?&lt;br /&gt;–Mi novia. ¿Quién va a ser? Y voy a confesarle algo, doctor.&lt;br /&gt;Libermann boqueaba.&lt;br /&gt;–Estaba muy preocupado por eso –dijo Johnny con voz aterciopelada–. Pero ahora, que lo conocí a usted, en persona, la comprendo perfectamente. En su lugar, yo haría lo mismo&lt;br /&gt;Se inclinó sobre Libermann y le &lt;a href="http://files.nireblog.com/blogs1/ansiolitica/files/breznev-honecker.jpg"&gt;besó &lt;/a&gt;la mejilla.&lt;br /&gt;–Adiós.&lt;br /&gt;Lo vi alejarse con paso elástico rumbo a la puerta mientras Libermann se restregaba el pómulo.&lt;br /&gt;–¡Me mojó! ¡El hijo de puta me mojó con la lengua!&lt;br /&gt;Aclaré mi garganta.&lt;br /&gt;–Es el problema de ser popular. Bien, volvamos a lo nuestro.&lt;br /&gt;Libermann asintió.&lt;br /&gt;–¿Otro whisky? –pregunté.&lt;br /&gt;Nuevo asentimiento.&lt;br /&gt;–Algo raro pasa con vos.&lt;br /&gt;Libermann continuaba dando cabezazos como un boxeador al borde del knock out.&lt;br /&gt;–Es terrible –dijo al fin–. Me escribió el Hombre Araña. Me parece que averiguó lo que pasa entre su mujer y yo. Ya sabés, las fotos.&lt;br /&gt;–¡Ah! Con las que te hacés la paja.&lt;br /&gt;Libermann miró a los costados.&lt;br /&gt;–Bajá la voz, Pirulo.&lt;br /&gt;Bajé la voz.&lt;br /&gt;–¿Es la de internet?&lt;br /&gt;–Sí, pero hace un tiempo empezó a mandarme e mails. A mí, personalmente. Y con fotos. ¡No sabés qué fotos!&lt;br /&gt;No, yo no sabía.&lt;br /&gt;–Dedicadas. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;With my love…&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Libermann se detuvo. Tenía los ojos muy abiertos.&lt;br /&gt;–...&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Caról&lt;/span&gt;... ¡El tipo del autógrafo!&lt;br /&gt;Se puso de pie.&lt;br /&gt;Miré a mis espaldas. Libermann me había contagiado su nerviosismo. Desde ya, Johnny había desaparecido hacía rato. Y por la puerta de calle.&lt;br /&gt;–¡Era el Hombre Araña! –exclamó.&lt;br /&gt;Logré tranquilizarlo. Y pedí dos nuevos whiskys que el mozo trajo con reticencia.&lt;br /&gt;–El Hombre Araña es un actor porno.&lt;br /&gt;El mozo me miró de reojo.&lt;br /&gt;–¿Y no viste lo que hizo? –chilló Libermann–. ¡Me chupó toda la cara! Aunque no sé –agregó pensativo–. No tenía un culo como el del Hombre Araña.&lt;br /&gt;El mozo fue hacia la barra e intercambió algunas palabras con el cajero. El cajero no nos sacaba la vista de encima.&lt;br /&gt;Sugerí que sería mejor irnos.&lt;br /&gt;–¡No a mi casa! –Libermann seguía chillando–. Sara no te puede ni ver. Te culpa de todo lo que me está pasando.&lt;br /&gt;Me llevé las manos al pecho.&lt;br /&gt;–¡¿A mí?!&lt;br /&gt;–Disculpala Pirulo, ella no sabe lo de Caról.&lt;br /&gt;Bueno, siendo así debía mostrarme magnánimo.&lt;br /&gt;–Tranquilizate. Yo te voy a ayudar.&lt;br /&gt;Libermann comenzó a &lt;a href="http://nuestromedio.mx/data/nuestromedio/imagenes/articulos/20100814/blogs/nocion_errante/20100814-nostalgia-en-tres-tiempos-reir-llorando-01.png"&gt;moquear&lt;/a&gt;. Se arrepentía de haberse burlado siempre de mí, que yo no era un gordo imbécil de genes defectuosos, sino su amigo. Su mejor amigo. Su único amigo.&lt;br /&gt;Casi me emocionó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-2402257845173011902?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/2402257845173011902/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/20-su-mejor-amigo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2402257845173011902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2402257845173011902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/20-su-mejor-amigo.html' title='20. Su mejor amigo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-4489772507337351521</id><published>2010-11-11T20:21:00.003-03:00</published><updated>2010-11-14T17:07:02.686-03:00</updated><title type='text'>19. La Fase Uno en marcha: un leve toque de genialidad</title><content type='html'>Vean un ejemplo de los maravillosos afrodisíacos ucranianos de la doctora Zúbar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La ruda o &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Ruta graveaolens L.&lt;/span&gt;, es el afrodisíaco femenino más popular. Existen numerosas canciones y ritmos folclóricos ucranianos que aluden a su capacidad de enamorar a los hombres. Es lo máximo en pociones de amor. A fin de ser amadas las mujeres ucranianas &lt;a href="http://parroquiaicm.files.wordpress.com/2010/01/alcohol-mujer.jpg"&gt;beben&lt;/a&gt; una poción de ruta-nastojka.&lt;br /&gt;De acuerdo a la leyenda las brujas atraían a los muchachos adolescentes hacia los campos florecidos de ruda. Su penetrante aroma poseía a los &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_LJcSBR6qjKA/R_Qejup2K8I/AAAAAAAAAss/y9PO-q-ogy4/s320/garmaz.jpg"&gt;jóvenes &lt;/a&gt;haciéndolos presa fácil de sus deseos.&lt;br /&gt;Aún hoy, las mujeres experimentadas citan a sus amantes cerca de plantas de ruda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;“Tengo ruda en mi jardín y yo misma he comprobado sus efectos”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, dice, juguetona, la doctora Zubar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cambié en el descanso de la escalera.&lt;br /&gt;–Sacate el calzoncillo –dijo Johnny cuando comenzaba a colocarme las ajustadas calzas del Hombre Araña.&lt;br /&gt;Las implicancias serían espantosas.&lt;br /&gt;–El agujerito...&lt;br /&gt;Johnny se acomodó el antifaz. Llevaba sombrero de fieltro, capa y una malla enteriza negra con una enorme zeta en medio del pecho.&lt;br /&gt;–Hay que sorprenderla –explicó con fastidio– de manera que no pueda reaccionar.&lt;br /&gt;Todos los oficiales de policía conocen al menos algunos rudimentos de defensa personal. El primer impulso de Carola sería lanzar una patada exactamente donde colgaría, inerme, mi pirulín aterciopelado.&lt;br /&gt;–Quedás tan ridículo con ese traje que va a creerte una alucinación –Johnny sacó la hipodérmica del bolso. La blandió como un florete–. Vamos, apurate.&lt;br /&gt;Me apuré.&lt;br /&gt;–¿Cómo estoy?&lt;br /&gt;No era coquetería: me resulta imposible ver más abajo de mi abdomen.&lt;br /&gt;–Perfecto. Acordate: sin darle tiempo a nada, le saltás encima para inmovilizarla. Treinta segundos serán suficientes.&lt;br /&gt;El sedante tenía efecto inmediato, explicó.&lt;br /&gt;Trepé el último tramo de la escalera seguido de cerca por Johnny. Cada tanto me daba un empujoncito en las partes de mis nalgas que dejaban expuestas los orificios practicados en la parte trasera del traje.&lt;br /&gt;Me volví hacia él.&lt;br /&gt;–¿Qué hacés, boludo?&lt;br /&gt;–Vamos, no hay tiempo que perder –repuso Johnny. Bajó la vista hacia mi entrepierna– No va a poder reaccionar –rió–. Te lo aseguro.&lt;br /&gt;Carajo.&lt;br /&gt;Seguí subiendo la escalera y llegué hasta la puerta. Escuchamos unos minutos: ningún sonido proveniente del interior. Con suerte, Carola no estaba en casa. Tal vez ni siquiera había llegado. Podíamos sacar el disquete y retirarnos tranquilamente, como si nada hubiese sucedido.&lt;br /&gt;Coloqué la llave en la cerradura y abrí la puerta. No había acabado de asomar la cabeza dentro del departamento cuando ya veía su cartera sobre la mesa del comedor.&lt;br /&gt;–Trae mala suerte –murmuré por sobre mi hombro.&lt;br /&gt;Johnny no me escuchó. O se hizo el desentendido.&lt;br /&gt;–La cartera –expliqué–, da mala suerte ponerla sobre la mesa.&lt;br /&gt;–Vamos –dijo Johnny. Y me dio una nueva palmadita en el culo.&lt;br /&gt;Cruzamos el comedor en silencio. La alfombra amortiguaba nuestros pasos. Me asomé al pasillo. Había luz en el escritorio.&lt;br /&gt;–Está ahí –susurré.&lt;br /&gt;–Vamos –me urgió Johnny con otra palmada. Se estaba poniendo denso.&lt;br /&gt;Reiniciamos la marcha. Al llegar a la puerta de la habitación pude ver que la luz provenía de una lámpara de escritorio. La oficial Quintana, sentada frente a la computadora, me daba la espalda. No hizo ningún movimiento. En la pantalla se veía la imagen de una mujer desnuda: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Caról&lt;/span&gt;, la amante del Hombre Araña. Sus manos parecían muy pequeñas en comparación al miembro del superhéroe que asomaba a través de la abertura del traje.&lt;br /&gt;¡Había abierto el disquete!&lt;br /&gt;No hice ruido, lo juro. Tampoco Johnny. Pero algo –la intuición de una presencia extraña, ondas que emiten los cuerpos, aura de las almas– la hizo volverse.&lt;br /&gt;Supongo que de todos modos la hubiésemos confundido. No es habitual encontrarse cara a cara dentro de la propia casa con el Hombre Araña con el pirulín afuera, acompañado de un Zorro con un bolso de lona azul en una mano y una hipodérmica en la otra. Pero la oficial Quintana no acababa de reaccionar frente a su propia imagen en la pantalla y se limitó a mirarme con expresión atontada. Hasta que bajó la vista. Y frunció el ceño: yo no era el verdadero Hombre Araña.&lt;br /&gt;Me arrojé sobre ella y la derribé, con silla incluida, antes que alcanzara a manotear la Browning, a un costado del teclado. La aplasté con todo mi peso hasta que Johnny encontró la vena.&lt;br /&gt;Estaba orgulloso de mi actuación. Johnny también.&lt;br /&gt;–Bravo –dijo. Y me dio otra palmada.&lt;br /&gt;Antes de que consiguiera reaccionar, añadió:&lt;br /&gt;–Y ahora, manos a la obra.&lt;br /&gt;¿Qué obra?&lt;br /&gt;Seguí la dirección de su mirada. La oficial Quintana dormía en la alfombra. &lt;br /&gt;Mientras Johnny le quitaba las ropas, envié un mensaje de correo a Libermann, adjuntando la última foto que nos quedaba. Pero no podía apartar mi mente de Carola.&lt;br /&gt;–Dejale el liguero.&lt;br /&gt;Johnny aceptó complacido mi sugerencia. Ahora atornillaba la cámara en lo alto del trípode.&lt;br /&gt;La oficial Quintana dormía vestida únicamente con un liguero azul sobre la roja alfombra de su dormitorio.&lt;br /&gt;Ay.&lt;br /&gt;–Vamos a hacer primero algunas tomas tuyas, aprovechando que estás listo.&lt;br /&gt;Yo todavía llevaba el traje de Hombre Araña.&lt;br /&gt;Me tendí sobre Carola, adoptando las más variadas poses, según las directivas de Johnny. Era el director de cámaras y debía obedecer sus instrucciones, pero me amoscó un poco el que siempre pretendiera tener mi culo en primer plano. Dejé de prestarle atención y pronto descubrí, bajo mis manos, las agradables formas de la oficial Quintana. Al cabo de un rato, caía en el precipicio.&lt;br /&gt;–¡Corten! –dijo Johnny a mis espaldas. Luego agregó–: Estuviste fantástico, gordo.&lt;br /&gt;Me separé con renuencia de Carola.&lt;br /&gt;–¡Te gustó! –exclamó Johnny– Bueno, un poquito...&lt;br /&gt;Siguió riendo mientras yo trataba de cubrir mis partes. Después preguntó, seriamente:&lt;br /&gt;–¿Querés hacer un par de tomas más? Ya sabés...&lt;br /&gt;–Jamás. Soy un caballero.&lt;br /&gt;Se alzó de hombros.&lt;br /&gt;–Entonces me toca a mí. Sacate las pilchas.&lt;br /&gt;Se acercó a Carola y le abrió un párpado.&lt;br /&gt;–Está demasiado dormida. Esperemos a que se espabile un poco.&lt;br /&gt;–Nos puede reconocer –protesté–. O algo peor.&lt;br /&gt;Algo peor era que alcanzara a llegar a la Browning.&lt;br /&gt;–No te preocupés, Johnny sabe lo que hace. Tengo un poco de ácido en el bolso.&lt;br /&gt;¿Planeaba desfigurarla? Yo no podía permitir eso. Además, Robin no nos aceptaría en su home page y tendríamos que enviar las fotos a Bizarre Sex.&lt;br /&gt;–¡Me matás gordo! ¡Sos más divertido que Curly!&lt;br /&gt;Johnny era desconcertante. Yo pretendía impedir que hiciera una atrocidad y él estallaba en carcajadas. Su única preocupación parecía ser que el anestésico combinado con el ácido no resultara fatal.&lt;br /&gt;–No podemos permitir eso –dijo.&lt;br /&gt;No, por supuesto.&lt;br /&gt;–Dentro de poco la vamos a tener &lt;a href="http://carlosprieto.net/wp-content/uploads/2009/11/299.-Mano-293x300.jpg"&gt;comiendo de la mano&lt;/a&gt;. ¿Te imaginás cuando sea la jefa de la Brigada?&lt;br /&gt;Le recordé que mi relación con la oficial Quintana no era precisamente formidable. Johnny opinaba que eso carecía de importancia. Dijo algo del vínculo amo-esclavo.&lt;br /&gt;–No te olvidés de Libermann –le recordé.&lt;br /&gt;Asintió.&lt;br /&gt;–Sí, ya sé. Es nuestro objetivo número uno.&lt;br /&gt;Eso estaba bien. Me hubiera gustado saber quién era el número dos, pero ya me había mareado lo suficiente con el asunto de los tres pájaros.&lt;br /&gt;Johnny buscaba en su bolso. Sacó un pequeño gotero y lo agitó ante mis ojos.&lt;br /&gt;–Con un poquito de esto puedo hacer que la fiesta del ternero tipo en Saliqueló parezca el carnaval de Río.&lt;br /&gt;A eso es a lo que yo llamaría Magia.&lt;br /&gt;Disolvió una gota de ácido en una botella de jugo de naranja, echó un poco de jugo en un vaso y se lo dio a beber a la oficial Quintana. Antes, había vuelto a guardar la botella en la heladera.&lt;br /&gt;–No vamos a desperdiciar –dijo.&lt;br /&gt;Me quité las ropas de Hombre Araña y se las alcancé. Johnny se colocó el traje. Tenía una tremenda erección. Hablo de Johnny. Traté de mirar hacia otro lado, pero debía tomar las fotos.&lt;br /&gt;Johnny se encaramó sobre la oficial Quintana. Procedió a darle ligeros cachetazos para que despertara. Carola comenzó a mover los labios. Johnny avanzó, de rodillas, un par de trancos.&lt;br /&gt;–Dale –dijo.&lt;br /&gt;Oprimí el obturador, una y otra vez. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cuantas más fotos saques, mejor&lt;/span&gt;”, había dicho Johnny. Luego haríamos una selección.&lt;br /&gt;Estaba tan concentrado que no escuché la puerta de calle.&lt;br /&gt;–Carooola –canturreó desde el living el subcomisario Iraola.&lt;br /&gt;Johnny se desprendió de un salto, provocando una queja de la oficial Quintana.&lt;br /&gt;–¿Estás ahí? –el tono del subcomisario era insólitamente aniñado.&lt;br /&gt;Apagué los focos y apunté el equipo de fotografía hacia la puerta.&lt;br /&gt;Iraola se asomó con una sonrisa tonta.&lt;br /&gt;–¡Sorpresa! –exclamó una décima de segundo antes que yo disparara el flash.&lt;br /&gt;Retrocedió hasta la pared del pasillo cubriéndose los ojos con una mano mientras con la otra buscaba en su sobaquera. &lt;br /&gt;–¡Quieto! –gritó Johnny– Le estoy apuntando.&lt;br /&gt;Pueden imaginar con qué. Iraola no: seguía deslumbrado por el fogonazo y levantó los brazos por sobre su cabeza.&lt;br /&gt;Johnny lo obligó a colocarse contra la pared, con las piernas separadas. Luego de quitarle la Browning, lo palpó de armas, toqueteándolo innecesariamente. Encendí los focos y registré la escena para los anales del abuso de autoridad.&lt;br /&gt;Todavía debíamos finalizar la sesión. Resultaba evidente con sólo echarle una ojeada a Johnny, que, entre otras cosas, manipulaba la hipodérmica. En treinta segundos el subcomisario se había derrumbado inconsciente y Johnny saltaba sobre la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Una vez que Johnny recuperó el aliento, procedimos a borrar las pistas, operación que llevó impresa la huella de mi genio.&lt;br /&gt;Verán: primero dimos de beber a Iraola medio frasco de jugo de naranja, una dosis suficiente para alucinar a la reina de Inglaterra. Luego Johnny propuso tender al subcomisario junto a la oficial Quintana. Y fue ahí cuando apareció mi toque:&lt;br /&gt;–¿Y si lo vestimos de Hombre Araña?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-4489772507337351521?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/4489772507337351521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/19-la-fase-uno-en-marcha-un-leve-toque.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4489772507337351521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4489772507337351521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/19-la-fase-uno-en-marcha-un-leve-toque.html' title='19. La Fase Uno en marcha: un leve toque de genialidad'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-5133014260040568492</id><published>2010-11-01T18:12:00.004-03:00</published><updated>2010-11-01T18:22:55.706-03:00</updated><title type='text'>18. Para matar tres pájaros de un tiro</title><content type='html'>Entré en el “Banco de semillas sensitivas”. Pasen y vean también ustedes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Big Bud&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Interior&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ganadora de la copa Mostly Indica&lt;br /&gt;Lo mejor en pureza y vigor híbrido. La planta sorprende aun a los agricultores más experimentados. Yemas colosales, excelente resina, gusto y poder. Algo variable, aproximadamente una de cada cuatro hembras será una productora poderosa, con más larga floración y mayores beneficios.&lt;br /&gt;Floración: 50-65 días.&lt;br /&gt;Altura: 110-150 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 150 gr.&lt;br /&gt;Art. No 335.&lt;br /&gt;160 fl&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hembras con la floración más larga. ¿Qué me cuentan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las llaves funcionan.&lt;br /&gt;A las dos de la tarde entré al departamento de la oficial Quintana. El portero dormía la siesta y había poco movimiento de vecinos. Me había retirado del trabajo, luego de verificar que la oficial continuaba en su puesto. Fingí una indisposición estomacal. No me costó mucho: tomé un buen vaso de bicarbonato e irrumpí en el despacho de Salvides sin tocar a la puerta.&lt;br /&gt;–¿Y ahora qué quiere? –preguntó el inspector con su proverbial don de gentes.&lt;br /&gt;Eructé.&lt;br /&gt;–Me siento mal –dije–. Creo que voy a vomitar.&lt;br /&gt;Nuevo eructo, esta vez más sonoro y prolongado.&lt;br /&gt;Salvides miró a su alrededor, aterrado, buscando váyase a saber qué. Un impermeable, o un traje de neoprene. El pobre ignora mi drama con la tiroides y cree que tengo el estómago atiborrado de ravioles. A la altura de mi tercer eructo ya me había dado el día libre. Y una recomendación: té de boldo y a la cama.&lt;br /&gt;Guiñé un ojo a Johnny y al salir me dirigí directamente al departamento de la oficial Quintana. Tenía tiempo de sobra, pero era preferible terminar cuanto antes.&lt;br /&gt;Como ya dije, entré sin dificultad, si exceptuamos los dos pisos que tuve que subir por la escalera. Hice varios altos para recuperar el aliento, en los que recordé sin benevolencia a la madre de Johnny. Y a la hermana, si acaso tenía alguna.&lt;br /&gt;Abrí la puerta del departamento y me derrumbé en un sillón. &lt;br /&gt;Diez minutos después todavía respiraba con dificultad, pero mi visión se había recuperado lo suficiente como para observar a mi alrededor. Lo primero que me llamó la atención fue el color de las paredes: naranja, rosa carmesí, lila. No había una igual al resto, pero todas combinaban entre sí, provocando una agradable sensación de calidez. La alfombra era gruesa, mullida y resultaba difícil dominar el impulso de tenderse en ella, en lo posible desnudo. No habría riesgos: la ventana daba a una antigua playa de estacionamiento en la que crecían rozagantes gomeros. Uno de ellos estaba tan cerca que casi era posible acariciarlo.&lt;br /&gt;Me excité, qué quieren que les diga.&lt;br /&gt;Casi sin pensarlo, me quité las ropas, me tendí en la alfombra y retocé una media hora larga, en la que no dejé de pensar en la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Una vez más distendido, me puse de pie y avancé por el pasillo. A la izquierda, se abría una habitación con una ventana a la misma vista y una cama de dos plazas. A la derecha estaba el baño y, mas allá, un cuarto pequeño donde el objeto central era la PC. La encendí y me senté al teclado. Fue coser y cantar: en menos de diez minutos la fotografía de Carol que llevaba en un disquete había salido disparada al ciberespacio rumbo al centro del cerebro de Libermann.&lt;br /&gt;Después me aboqué a revisar los archivos.&lt;br /&gt;La carpeta “Patrulla” me llamó inmediatamente la atención. No era para menos: estamos todos ahí, desde Salvides hasta Esteban, el más bisoño de los PCBC, un hacker arrepentido a quien se le conmutó una improbable pena por descubrir la existencia de la Brigada a cambio de una colaboración activa en la lucha contra el crimen. Hay un archivo para cada uno donde la oficial Quintana asienta rigurosamente cualquier novedad.&lt;br /&gt;No pueden creer lo que dice de mí. No tengo estómago para repetir lo que esa mala puta dice de mí.&lt;br /&gt;Por un momento sentí el impulso de borrar sus archivos, romper su computadora y prender fuego al departamento, pero recapacité: Carola debía conservar copias de seguridad. La solución era mucho más simple: alterar el contenido. Me disponía a poner manos a la obra cuando sonó el teléfono.&lt;br /&gt;Dos llamadas y se detuvo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Atención.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de unos segundos sonó nuevamente, una sola vez: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Rajá&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Era la clave que habíamos combinado con Johnny: Carola había salido de la oficina.&lt;br /&gt;Cerré los archivos y apagué el equipo. Me vestí rápidamente, bajé las escaleras a toda velocidad, abrochándome los pantalones, y tomé un taxi. Llegué a mi casa, todavía agitado, con el corazón en la boca. Me desmayé en el living.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, Johnny me explicó todo:&lt;br /&gt;–La oficial Quintana es una espía de Iraola.&lt;br /&gt;Me impactó la seguridad con que formuló la grave acusación, aunque pensándolo bien, surgía del más elemental sentido común. No me había atrevido ni en sueños a considerar semejante posibilidad. Soy un tipo carente de maldad a quien llena de desconsuelo descubrir las bajezas a que es capaz de llegar el alma humana. Por ejemplo, que Iraola hubiera puesto una arpía para espiarme, a mí, al numen de la Brigada Internet, al muchachito de la película, era un golpe demasiado duro para mi autoestima.&lt;br /&gt;Johnny dijo que no era únicamente yo, sino que todos los patrulleros estábamos bajo vigilancia, incluido Salvides.&lt;br /&gt;Johnny resultaba incapaz de entender mi decepción: yo siempre había creído ser el hombre de confianza de Iraola, su &lt;span style="font-style:italic;"&gt;partner,&lt;/span&gt; su compañero de patrulla. No es cierto que sintiera celos de Carola: por mí, Iraola podía llevarse esa puta a Montevideo cuantas veces le viniera en gana. Y arrancarle el liguero con los dientes. O lo que fuera.&lt;br /&gt;–Es una magnífica oportunidad –aseguró Johnny, sacándome de mi reconcomida ensoñación– de matar tres pájaros con un solo tiro.&lt;br /&gt;Así dicho, sonaba fenómeno.&lt;br /&gt;–Primero –el pulgar de Johnny se alzó ante mis ojos, atrayéndome como una serpiente a un inocente ratoncito–, estuviste muy bien en no borrar los archivos. Indudablemente, Carola hace copias de seguridad. Pero podemos alterarlos. De eso me ocupo yo.&lt;br /&gt;Conservaba su pulgar alzado. Deduje que hablábamos todavía del primer pájaro.&lt;br /&gt;–Modifico el disquete y la próxima vez que entrés a su casa reemplazás los archivos. No se va a dar cuenta de nada.&lt;br /&gt;¿Qué próxima vez?&lt;br /&gt;–Mañana, cuando le mandemos otra foto a Libermann.&lt;br /&gt;Ese era el segundo pájaro, pero Johnny continuaba levantando un solo dedo.&lt;br /&gt;–Dos pájaros. Levantá otro dedo.&lt;br /&gt;Meneó la cabeza con aire de desconsuelo, pero alzó el índice.&lt;br /&gt;–Dos: mandamos otra foto a Libermann.&lt;br /&gt;–Quisiera saber cual es el tercer pájaro.&lt;br /&gt;Johnny me estudió en silencio un minuto largo. Mis manos comenzaron a transpirar. ¿Había dicho algo malo?&lt;br /&gt;Al fin habló:&lt;br /&gt;–Sos increíble.&lt;br /&gt;No pude evitar un sonrojo de satisfacción.&lt;br /&gt;–Continuemos –dijo Johnny.&lt;br /&gt;Sí, continuemos, continuemos.&lt;br /&gt;–Recapitulando...&lt;br /&gt;–¿Recapitulamos o continuamos?&lt;br /&gt;Johnny no me prestó atención.&lt;br /&gt;–Uno, modifico los archivos que guardaste en el disquete.&lt;br /&gt;Alcé un dedo y asentí.&lt;br /&gt;–Dos, mandás una nueva foto a Libermann.&lt;br /&gt;Alcé otro dedo. Íbamos bien.&lt;br /&gt;–Tres, reemplazás los archivos de Caról por los que voy a modificar en el disquete.&lt;br /&gt;Alcé el tercer dedo. Había algo mal: tenía tres dedos pero veía apenas dos pájaros.&lt;br /&gt;Johnny preguntó por qué no me metía los dedos en culo.&lt;br /&gt;¿Era simple curiosidad o se trataba de una sugerencia?&lt;br /&gt;–Dejate de joder, gordo. Hablemos en serio.&lt;br /&gt;Eso hacía, pero me cuidé de aclararlo. Siempre es preferible ser tomado por bromista.&lt;br /&gt;–Ahora dame el disquete.&lt;br /&gt;El disquete, sí, el disquete con los archivos y la foto de Caról y el Hombre Araña.&lt;br /&gt;Johnny tendió su mano sobre la mesa, con la palma hacia arriba.&lt;br /&gt;–¿Y el disquete?&lt;br /&gt;Me palpé los bolsillos. Sonreí, sospecho que un poco pálido.&lt;br /&gt;Johnny se echó hacia atrás y cerró los ojos.&lt;br /&gt;–Dejaste el disquete en la computadora de Caról...&lt;br /&gt;Adopté la postura Meditación Trascendental. Manos cruzadas sobre el abdomen, ojos cerrados, graves cabeceos de asentimiento.&lt;br /&gt;–¿Por qué sos tan autodestructivo?&lt;br /&gt;Una pregunta retórica. Argumenté:&lt;br /&gt;–Fue un olvido.&lt;br /&gt;–Sí –aceptó Johnny–. Es común en vos. Seguramente jugarías a la ruleta rusa con una pistola automática.&lt;br /&gt;Johnny tiene sentido del humor, ya lo dije. Traté de aguantar la risa. Imposible.&lt;br /&gt;La panza de Johnny también se sacudía.&lt;br /&gt;Pedimos otra cerveza. Estábamos en un pequeño bar americano, sobre la calle Venezuela. Según había podido comprobar, luego de un vistazo superficial a la carpeta “Patrulla”, la oficial Quintana había detectado nuestros encuentros en el Ebro. Se limitaba a asentarlos, secamente, sin comentarios, pero el mero registro en el dossier los volvía sospechosos.&lt;br /&gt;Johnny vació el vaso de un trago.&lt;br /&gt;–Vamos a tener que movernos rápido.&lt;br /&gt;El problema era hacia donde. En cualquiera de los rumbos posibles se abría un precipicio.&lt;br /&gt;Propuse una línea de acción contemplativa, citando un antiguo refrán árabe: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Si estás hundido hasta el cuello en un mar de mierda, no hagas olas&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;–¿Qué pueden saber los árabes del mar? –dijo Johnny.&lt;br /&gt;Quedé confundido, pensando. Al fin, olvidé a los árabes y volví a la realidad, por así decirlo. De abrir el disquete, y si lograba sobrevivir al shock, era posible que la oficial Quintana no nos reconociera, aunque en ese sentido Johnny corría menos riesgos que yo. Pero sabría que alguien había usado su computadora y nuestro plan de escarmentar a Libermann fracasaría antes de empezar.&lt;br /&gt;Libermann. Por un momento me había olvidado de él. Y de Sara.&lt;br /&gt;–Hay una solución –aseguró Johnny–: acelerar los tiempos. Sorprender a Caról antes de que alcance a reaccionar.&lt;br /&gt;Sonaba estupendo, hasta que Johnny esbozó su plan. Y media hora después regresó con un bolso que contenía los elementos necesarios para la Fase Uno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-5133014260040568492?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/5133014260040568492/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/18-para-matar-tres-pajaros-de-un-tiro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5133014260040568492'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/5133014260040568492'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/11/18-para-matar-tres-pajaros-de-un-tiro.html' title='18. Para matar tres pájaros de un tiro'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-8729758545529442464</id><published>2010-10-23T20:39:00.007-03:00</published><updated>2010-10-24T12:47:25.087-03:00</updated><title type='text'>17. El secreto de Japón</title><content type='html'>Margo, la de Canarias, es una ninfómana polimorfa indiscriminada, no me cabe ya ninguna duda. Volví a encontrarla mientras patrullaba una red coreana encubierto como Aikiro Tanaka, ingeniero japonés de la Toyota Co. &lt;br /&gt;La Toyota Motor Corporation o, más sencillamente, Toyota Jidosha Kabushiki-gaisha, es una empresa multinacional japonesa, lo que constituye una flagrante contradicción en los términos. Pero eso carece de importancia. Lo que viene al caso es que los japoneses, tanto los multinacionales como los simplemente japoneses, son grandes importadores de materia prima, que a su vez vuelven a exportar ya elaborada, con mucho valor agregado. Ese es el secreto de su prosperidad.&lt;br /&gt;Por ejemplo, toman una famélica cultivadora de arroz de cualquiera de sus satélites del Extremo Oriente y en un chasquear de dedos la convierten en diosa de asian.sex.&lt;br /&gt;En general son menores, niñas apenas púberes.&lt;br /&gt;Entregar las hijas mujeres a los señores poderosos es una milenaria costumbre oriental. O ahogarlas de pequeñas.&lt;br /&gt;Los tiempos modernos han traído algunos cambios benéficos. Y las niñas son ahora profesionales del sexo, fabriqueras o –convenientemente desguazadas– productoras de piezas de recambio.&lt;br /&gt;Ya saben, yo sigo tras la pista de los traficantes de órganos. Es mi Acción Altruista del año. Pero no confío en la oficial Quintana, en especial desde que se exhibe en pelotas en la Home Page de Robin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un chiste, claro. Aunque cada vez que abro esa página no dejo de impresionarme.&lt;br /&gt;Parece mentira, tan modosita. Una mosquita muerta.&lt;br /&gt;Atrapada en la tela del Hombre Araña.&lt;br /&gt;Otro chiste. &lt;br /&gt;Me río, mucho. No puedo parar, hasta que por los retrovisores advierto que todos los patrulleros giraron en sus asientos y me miran con curiosidad.&lt;br /&gt;Salvides se asoma a la puerta del despacho.&lt;br /&gt;Cu-cú. Cu-cú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como les decía, patrullaba Corea cuando tropecé con Margo. No bien la vi parlotear en grupo recordé nuestro encuentro en el salón privado de la red Ole y se me endurecieron los pezones. Como lo oyen. Pero me recobré al punto: mi cobertura era Aikiro Tanaka. A los ingenieros japoneses no se les endurecen los pezones, por si quieren saberlo.&lt;br /&gt;Entré en la conversación.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sayonara, soy Aikiro. Me pueden decir que hora es ahí???&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente Marga respondió que las seis, pero en Canarias, lo que en Corea podía significar cualquier cosa. Carecía de importancia. Quiero decir: ¿qué utilidad puede tener para un japonés saber la hora de Canarias?&lt;br /&gt;Pero de diálogos idiotas están abonadas las Grandes Pasiones.&lt;br /&gt;Hubo una especie de flechazo, la combinación química de los bytes de que les hablaba anteriormente. Y fuimos al cuarto privado. Y consumamos.&lt;br /&gt;Después fumamos. Yo, un enorme Romeo y Julieta Churchill del mejor tabaco dominicano. Ella, marihuana. Era un ilícito, ya saben: tenencia de drogas. Ese es el ilícito. El consumo, en cambio, está permitido. Ustedes se preguntarán: ¿cómo consumir sin antes haber tenido? Misterio legislativo.&lt;br /&gt;Me abstuve de reportar a Margo, ya que andaba detrás de peces más gordos. Terminamos de fumar y salimos del cuarto privado, pero Margo no tardó en volver, esta vez acompañada de Rocky, un rosarino semianalfabeto, lleno de faltas de ortografía. Y Braulio, un brasilero fálico.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Menage a trois.&lt;/span&gt; No es un ilícito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de días después todavía me ardía la cara por el cachetazo de Sara. Bastó que yo mencionara el nombre de Aníbal para que saltara como un resorte.&lt;br /&gt;Aníbal Lequerica. La última vez que lo vi, antes de irse al extranjero, fue cuando la novia de Rolo, el propio Aníbal, y yo vomitamos en seguidilla, aunque en orden inverso, sobre la alfombra del departamento de Rolo. Aníbal y yo, exactamente debajo de la mesa de comedor. La chica, de pie, todavía junto a la puerta.&lt;br /&gt;Rolo avanzó hacia ella con el Mágnum en ristre. Vi como se tensaban los músculos de su espalda y temí lo peor.&lt;br /&gt;–¡Limalamira!&lt;br /&gt;Me apuntó con el Magnum.&lt;br /&gt;–Vos– dijo.&lt;br /&gt;Mis esfínteres estaban a un tris de una vergonzosa dilatación.&lt;br /&gt;–Te vas inmediatamente de acá. No quiero volver a ver tu horrible cara de cerdo –Así, como lo oyen. Luego añadió–: Y te llevás a ese delincuente antes que le vuele la cabeza de un tiro.&lt;br /&gt;El delincuente era Aníbal, que chapoteaba debajo de la mesa.&lt;br /&gt;Rolo echó los hombros hacia adelante o lo que fuera que hiciese para endurecer sus pectorales. Parecían una coraza debajo de su estrecha remera de algodón. Luego giró hacía la chica, estremecida por el llanto contra la puerta de entrada.&lt;br /&gt;–¿Te sentís bien? –preguntó en un tono extrañamente dulce.&lt;br /&gt;La chica meneó la cabeza.&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;Y se estrechó contra él.&lt;br /&gt;–Esos cerdos... –dijo con su vocecita de pájaro.&lt;br /&gt;A mis espaldas escuché una nueva gargantada de Aníbal.&lt;br /&gt;Las mejillas de la chica se inflaron. Sus ojos, bañados en lágrimas, parecían a punto de saltar de las órbitas. La blanca y estrecha remera de Rolo quedó rociada de chizitos, maníes y verdes trozos de aceituna que en conjunto, y desde mi ángulo visual, tenían la encantadora apariencia de una ensalada Waldorf.&lt;br /&gt;Esa fue la última vez que vi a Aníbal. Nunca más había sabido de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La indignada reacción de Sara al oír el nombre de Aníbal me llamó la atención. ¿Qué vínculo podía unirlos? ¿Acaso había regresado y visitaba a los Libermann? Me vino una furia...&lt;br /&gt;Me sentí traicionado, ya saben. Aníbal había sido mi gran amigo, mejor amigo, el único ser viviente en toda la superficie del planeta que me había dado pelota. Y ahora prefería a Libermann. Aunque... –no pude evitar sonreír, no pude– tal vez su vínculo no fuera precisamente con la rama masculina del matrimonio Libermann...&lt;br /&gt;Me sonreí para mis adentros, con discreción, modoso y circunspecto como buen patrullero, pero ¿cómo averiguar la verdad?&lt;br /&gt;De nada valdría interrogar a Sara. No era cuestión de ponerla sobre aviso. Todavía no tenía planes concretos respecto a ella, pero eso era cuestión de tiempo. Mi imaginación vuela y, casi sin proponérselo, se remonta hacia las inconmensurables alturas de la genialidad.&lt;br /&gt;La risa había dejado de ser discreta y me hacía temblar la panza. Ya no pude contenerme:&lt;br /&gt;–¡Aníbal viejo y peludo nomás!&lt;br /&gt;Miré por los espejos retrovisores. Todos los patrulleros se habían vuelto hacia mí. Salvides volvió a asomarse a la puerta del despacho.&lt;br /&gt;–¿Qué carajo pasa acá?&lt;br /&gt;Hice una seña con la mano, dando a entender que había sido apenas un intrascendente exabrupto y entré a paranoia.com.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-8729758545529442464?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/8729758545529442464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/17-el-secreto-de-japon.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8729758545529442464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8729758545529442464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/17-el-secreto-de-japon.html' title='17. El secreto de Japón'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-57317875493582523</id><published>2010-10-16T20:06:00.001-03:00</published><updated>2010-10-17T20:29:52.594-03:00</updated><title type='text'>16. Una agresión injustificada</title><content type='html'>Entro al banco de semillas sensitivas emplazado estratégicamente en el reino de Holanda. A Salvides le puede dar un ataque: los narcoagricultores publicitan abiertamente sus productos en la web, ofreciendo gran variedad de semillas. Pasen y vean:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Índica hawaiana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Interior&lt;br /&gt;Ganadora de la Copa Pure Indica 1994.&lt;br /&gt;¡Aloha! ¡Disfrute de la excitación tropical!&lt;br /&gt;Hemos cruzado la selecta Dama Hawaiana con nuestra Northern Lights. El resultado es una variedad potente, de fresco aroma y alto rendimiento, ampliamente compensatorio de un período de floración algo prolongado. Para muchos, fue LA sorpresa en la Copa Cannabis 94.&lt;br /&gt;Floración: 60-65 días.&lt;br /&gt;Altura: 120 150 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 125 gr.&lt;br /&gt;Art. No: 2308.&lt;br /&gt;125 fl.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Aloha, aloha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escalar hasta el piso de Libermann estaba lejos de mis aspiraciones, por lo que me apersoné en su domicilio de un modo más convencional.&lt;br /&gt;Una vez recuperada de la sorpresa –yo había llegado sin avisar–, Sara me franqueó la entrada no sin reprenderme, juguetona.&lt;br /&gt;–A ver si se controlan un poco, chicos, porque el otro día Lito parecía un trapo de piso.&lt;br /&gt;Lito –Libermann para ustedes– estaba en su estudio, enfrascado en sus misteriosas actividades filosóficas. Se mostró dubitativo. Tenía alguna idea de que yo había ido de visita la semana anterior, pero, evidentemente, no conseguía recordar gran cosa.&lt;br /&gt;–Esta es una visita oficial –le dije por lo bajo.&lt;br /&gt;Parpadeó sorprendido.&lt;br /&gt;–Por lo de las amenazas –agregué.&lt;br /&gt;–¡Ah! Cierto que eras policía. ¿Sabés? Tengo esa noche completamente en blanco. Espero que no hayamos hecho ninguna cagada.&lt;br /&gt;Ninguna, si exceptuábamos la botella de whisky que Libermann había tirado por la ventana.&lt;br /&gt;–Pero algo de las amenazas hablamos, sí, de eso me acuerdo.&lt;br /&gt;–Es un asunto muy serio –dije, sombrío–. Lo reporté a superioridad. El comisario Meneses opina que será conveniente ponerte una custodia.&lt;br /&gt;La idea no le gustó. A nadie le gusta. Pero que las autoridades policiales lo tomaran en cuenta pareció devolverle la confianza en sí mismo. Lo que no encajaba era el nombre de Meneses. Lo dije sin pensar, llevado por mi compulsión a las bromas.&lt;br /&gt;–Pensé que Meneses había muerto…&lt;br /&gt;–Hace años –repuse–. Y octogenario. Este es el sobrino, mi superior inmediato.&lt;br /&gt;Debía dejar de decir boludeces o todo el plan de Johnny acabaría por irse al tacho. Pero no es fácil, no es fácil.&lt;br /&gt;–La misma &lt;a href="http://www.diariodecuyo.com.ar/imagenes/2008/06/RECREO/25garmaz1ch.jpg"&gt;recia estampa&lt;/a&gt; del tío –proseguí– aunque en versión “delicada”.&lt;br /&gt;Libermann entrecerró los ojos.&lt;br /&gt;–Eso es una contradicción...&lt;br /&gt;Bajé la voz:&lt;br /&gt;–Es gay. El fin de semana pasado se fue a Montevideo con el inspector Salvides. Meneses usa liguero azul debajo del uniforme. Salvides se lo arranca con los dientes.&lt;br /&gt;En ese momento Sara entró a la habitación trayendo una bandeja con queso y gaseosas.&lt;br /&gt;–Disculpame querida –dijo Libermann–. Cambié de idea: ¿podrías servirme un whisky?&lt;br /&gt;–¡Que sean dos!&lt;br /&gt;Sara fingió enojarse, pero era evidente que estaba encantada de que su esposo tuviera por fin un amiguito de juegos.&lt;br /&gt;Libermann se mostró molesto.&lt;br /&gt;–Me habías dicho que ésta era una visita oficial...&lt;br /&gt;–Bueno, tratándose de un viejo amigo bien puedo hacer una excepción. Supongo que no se te ocurrirá irle con el cuento a Meneses.&lt;br /&gt;No, a Libermann no se le ocurriría.&lt;br /&gt;Sara regresó con el whisky. Me encantaba verla apoyar la bandeja en la mesita ratona. Se volvió hacia mí, sorprendiéndome con la vista clavada en la parte posterior de sus &lt;a href="http://www.fisioculturismo.es/images/KevinLevroneRonnieColeman-culturismo-entrenamientos-piernas.jpg"&gt;muslos&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–¿Se va a quedar a cenar?&lt;br /&gt;Eché una mirada fugaz al contrariado Libermann.&lt;br /&gt;–No sé si debería...&lt;br /&gt;–Sí, por favor –rogó–. Lito, decíle al señor Pirulo que se quede.&lt;br /&gt;–Eeeee –dijo Libermann.&lt;br /&gt;Sara hizo un puchero.&lt;br /&gt;–No me va a despreciar así... Además, me gustaría que me contara de su trabajo. ¡Debe ser apasionante!&lt;br /&gt;¿Mi trabajo? ¿Qué le habría dicho Libermann? Ruborizado, me sonrió con timidez.&lt;br /&gt;–No es para tanto. –Intenté salir del paso, a ciegas–. Tan rutinario como cualquier otro.&lt;br /&gt;–Qué modesto es usted. Desde el primer momento que lo vi me dije “Este es un &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KsWuHdEmaiI/S7kc59veYfI/AAAAAAAAACI/U_UIKHHpQn8/s320/007Martin_Caparros_260.jpg"&gt;hombre modesto&lt;/a&gt;”. ¿No es cierto, Lito?&lt;br /&gt;Libermann asintió, mientras llenaba su segundo vaso de whisky. Yo no había alcanzado a probar el mío.&lt;br /&gt;Sara se plantó ante mí con los brazos en jarra. Pude observar al trasluz la bonita forma de sus piernas.&lt;br /&gt;–¡Pero mire usted: llamar rutinario al trabajo de un &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_0cT-P4soVao/S6vihxCFMfI/AAAAAAAAGB4/Ph28gshAfmM/s1600/LUTWAFFE-PILOTO-PILOT-AVIACION+ALEMANIA-COLECCION+DE+CASCOS-HELMET+COLLECTION.jpg"&gt;piloto de pruebas&lt;/a&gt;!&lt;br /&gt;Aprovechando que había quedado con la boca abierta me zampé el whisky de un trago.&lt;br /&gt;–¡Yo no dije “de pruebas”! –se sobresaltó Libermann.&lt;br /&gt;Sara no le prestó atención.&lt;br /&gt;–Y además, fabricante de aviones.&lt;br /&gt;–Tampoco dije eso –Lo de Libermann ya era un gemido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡El hijo de puta le había hablado de Deseo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a caer en tirabuzón dentro de un pozo. En el fondo me aguardaba un sonriente gordo de voz finita, hipófisis perezosa y testículos esquivos.&lt;br /&gt;–Ocurrió una sola vez –me defendí, sin mucha convicción–. Cosas de chicos.&lt;br /&gt;Libermann se hundía más y más en el sillón mientras iba acabando con el whisky.&lt;br /&gt;–Seguramente también eran cosas de chicos las que le hacían a Lito.&lt;br /&gt;–Estaba borracho, Pirulo... –se disculpó Libermann.&lt;br /&gt;–Sí, borracho –Sara había aproximado su rostro a menos de diez centímetros del mío. Sus ojos lanzaban descargas eléctricas. En cualquier momento asomaría por su boca una lengua de fuego. Bajé la vista, aterrado, y descubrí su escote. No llevaba corpiño–. Era un médico prestigioso, y un filósofo, y escritor. Y desde que usted vino, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;señor&lt;/span&gt; Pirulo, no ha pasado un día en que no se emborrache.&lt;br /&gt;Tuve un vahído. Al fondo del pozo, se abría un precipicio. Así como lo oyen. Me abracé al gordo de tiroides perezosa y me asomé al precipicio.&lt;br /&gt;–¿Qué hace, idiota? –chilló Sara.&lt;br /&gt;Lo que yo había hecho era atrapar uno de sus pechos a través de la suave tela del vestido, de satén, o seda.&lt;br /&gt;Retrocedió un paso para apartarse de mí, aprovechando mi proverbial dificultad para ponerme de pie con rapidez.&lt;br /&gt;–¿Cómo se atreve, cerdo inmundo, después de todo lo que ha hecho para arruinar nuestra vida?&lt;br /&gt;Era imposible que supieran lo de las amenazas. ¿Qué más había hecho yo?&lt;br /&gt;Sara parecía adivinar mis pensamientos.&lt;br /&gt;–Destruyó la infancia de Lito.&lt;br /&gt;Libermann sollozaba en el sillón.&lt;br /&gt;–¡Siempre lo defendí!&lt;br /&gt;–Claro, como esa vez que lo orinó en el baño.&lt;br /&gt;Ya había conseguido ponerme de pie.&lt;br /&gt;–Ese no fui yo, sino Aníbal Lequerica.&lt;br /&gt;La boca de Sara se torció en una mueca de asco.&lt;br /&gt;–¡Cómo se atreve! –dijo antes de darme la bofetada.&lt;br /&gt;Nunca pensé que una mujer tan chiquita pudiera pegar tan fuerte.&lt;br /&gt;No me quedé a cenar.&lt;br /&gt;Y esa misma noche, apenas llegué a mi casa, llamé a Johnny.&lt;br /&gt;–Cuando quieras –dije–. Destruyamos a ese pedante hijo de puta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-57317875493582523?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/57317875493582523/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/16-una-agresion-injustificada.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/57317875493582523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/57317875493582523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/16-una-agresion-injustificada.html' title='16. Una agresión injustificada'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7029123416392988189</id><published>2010-10-11T22:18:00.002-03:00</published><updated>2010-10-11T22:25:13.125-03:00</updated><title type='text'>15. Las excitantes recetas de Ann</title><content type='html'>En vivo y en directo de Anne´s Page For Human Health:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Numerosos preparados de origen animal, con poco o nulo valor nutritivo, han sido frecuentemente utilizados como afrodisíacos.&lt;br /&gt;De acuerdo a una receta medieval las h&lt;a href="http://www.todo-argentina.net/biografias/Personajes/imagenes/rojas.gif"&gt;ormigas negras&lt;/a&gt; deshidratadas deben mezclarse con aceite de oliva inmediatamente antes de su consumo.&lt;br /&gt;Los lagartos, por su parte, eran muy apreciados en la Edad Media tanto por árabes como por los europeos meridionales. La fórmula más sencilla consiste en secar un lagarto y triturarlo hasta que quede convertido en polvo. Se lo vierte luego en un recipiente con vino blanco dulce. Servir frappé.&lt;br /&gt;Un lagarto oriundo de algunas islas mediterráneas, el Sticus officinalis, era en el siglo XVIII un afrodisíaco tan popular que llegaba a consumirse habitualmente en sitios tan remotos como Suecia y Dinamarca.&lt;br /&gt;En muchos países del lejano oriente la sangre de serpiente es utilizada para provocar sufrimiento en los individuos de sexo masculino.&lt;br /&gt;En “El jardín perfumado” se sugiere que embadurnando el pene y la vulva con la bilis de un chacal hará a dichas partes más vigorosas para el coito. El mismo resultado puede obtenerse con la leche de burra.&lt;br /&gt;Las sanguijuelas pueden ser utilizadas para aumentar el tamaño del miembro viril. Se colocan dentro de una botella que debe ser conservada en el calor de un estercolero hasta que las sanguijuelas se han convertido en una masa homogénea. Utilizar entonces como linimento, untando repetidamente el miembro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;¡Ay!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johnny insistió en que derivara a la oficial Quintana el caso de los traficantes de niños.&lt;br /&gt;–No hace falta que le informes, ni a ella ni a Salvides –dijo–. Basta con contactarse con los traficantes y enviarles su dirección electrónica. La de Caról –agregó al ver la incomprensión pintada en mi rostro–. Como si fueras ella.&lt;br /&gt;–Como si fuera ella...&lt;br /&gt;Después de mi velada con Libermann esa clase de asociación no me causaba ninguna gracia, mucho menos viniendo de Johnny. Pero tenía razón: bajo ningún punto de vista podía continuar con el caso. Ni dejar escapar a los delincuentes. ¿Qué importaba si el crédito por mi investigación se lo llevaba una tilinga tetona como la oficial Quintana? Lo primordial era desbaratar la red de traficantes de niños.&lt;br /&gt;Me sentí un desdichado superhéroe anónimo que, sobreponiéndose a la injuria y el desdén de sus conciudadanos, renueva cada noche su perpetuo combate contra el mal: el Hombre Araña...&lt;br /&gt;La idea me hizo gracia. También a Johnny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta Johnny: tiene sentido del humor. Por poco se cae de la silla cuando le conté de Libermann. Y en un momento me miró con ojos brillantes, agrandados de admiración.&lt;br /&gt;–¡Sí! –exclamó–. ¡Sí, sí, sí!&lt;br /&gt;Después se secó las lágrimas y me estudió detenidamente.&lt;br /&gt;–Sos un genio –dijo.&lt;br /&gt;No era para tanto, pero de todos modos hice un mohín de modestia seguido de un conejito. Yo apenas había sugerido que, además de los traficantes de niños, podíamos derivar a la oficial Quintana también el “Caso Libermann”.&lt;br /&gt;Me moría por ver la cara de Libermann en el momento de encontrar en su correo electrónico un mensaje del Hombre Araña. Y una foto. Pero existía un inconveniente.&lt;br /&gt;–Apenas si me quedan una o dos –dijo Johnny. Naturalmente, pensábamos en fotografías fuera de catálogo, las que Johnny había reservado para su uso personal– Si el tipo quiere más, tendremos que tomar medidas extremas.&lt;br /&gt;Eso podía significar cualquier cosa, ninguna buena. Me mantuve en silencio. Johnny no:&lt;br /&gt;–Una nueva sesión...&lt;br /&gt;Me vino un vahído, pero no del estilo “borde de precipicio”, sino exactamente como si Rolo volviera a encañonarme con la Magnum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre otras armas antirreglamentarias, Rolo tenía una Magnum. Lo supe la noche que entró a su casa con una de sus novias mientras Aníbal yo vomitábamos en la alfombra del comedor.&lt;br /&gt;La Magnum es una cosa enorme, de tamaño aproximado a una verga de &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fiYXDNr0qIg/R8eBJRCYWAI/AAAAAAAAAK4/3gEA0eDObp4/s320/mister_ed_talking_horse.jpg"&gt;caballo&lt;/a&gt;, pero más dura.&lt;br /&gt;Si les parece una comparación fuera de lo común, es porque no conocen a Rolo lo suficiente como para tomar en serio sus amenazas más extravagantes.&lt;br /&gt;Apenas entró al departamento, dejó a su paralizada novia en el vano de la puerta y se dirigió a la cocina, de donde volvió con un trapo en la mano izquierda y la Mágnum en la derecha. Yo continuaba de hinojos, aliviando mi estómago, y lo veía a través de un velo de lágrimas. Rolo era una figura fantasmal desplazándose en un paisaje brumoso. Llegó a mi lado y apoyó el extremo del enorme y cromado cañón contra mi nariz.&lt;br /&gt;–Cerdo hijo de puta –masculló.&lt;br /&gt;Rolo siempre masculla, como si las palabras subieran hasta su boca dentro de una pastosa envoltura de mierda. Pero esa vez masculló más que de costumbre&lt;br /&gt;–No vas a arruinar mi vida como arruinaste la de todos los demás –Se refería a los miembros de nuestro pequeño grupo familiar, claro–. Yo te voy a reventar.&lt;br /&gt;Me puse de rodillas, lo que sólo desde una posición supina puede verse como un progreso, y abrí la boca para decir algo. No podría precisar qué, seguramente una excusa de circunstancias, pero Rolo no me dio tiempo a nada e introdujo el cañón del arma en mi boca hasta que la mira me raspó la garganta.&lt;br /&gt;–Te lo voy a meter en el culo –siguió mascullando Rolo–. Y cuando apriete el gatillo vas a explotar como una morcilla podrida.&lt;br /&gt;Extrajo el cañón con violencia, arrancándome un trozo de diente con la maldita mira, justo a tiempo para que yo hiciera un nuevo lanzamiento. Una especie de pantagruélico Gruuaaap. Y Aníbal –recuerden que Aníbal dormía debajo de la mesa de comedor– despertó de pronto y también hizo Gruuaaap.&lt;br /&gt;Rolo miraba desconcertado, sin decidirse a quien de los dos sodomizar primero con su cromada verga de acero, cuando en el vano de la puerta su novia se cubrió la boca con una mano, se dobló en dos, y sin decir “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;agua va”&lt;/span&gt; derramó en el piso una ración doble de chizitos, maníes y palitos salados nadando en un líquido muy parecido a la cerveza.&lt;br /&gt;El rostro de Rolo perdió todo vestigio de color. Tenía los ojos muy abiertos, mirando hacia ninguna parte. Su boca era un desagradable tajo morado. Giró lentamente hacia la chica. El muy bruto era capaz de cumplir su amenaza, comenzando por ella.&lt;br /&gt;–¡Limalamira! –grité.&lt;br /&gt;Rolo me miró intrigado.&lt;br /&gt;–¿Qué?&lt;br /&gt;–Que limes la mira, por favor.&lt;br /&gt;Era un chiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me consiguió trabajo en la división Computación. Y me prestó dinero para alquilar un departamento, donde fui a parar con el televisor, mi computadora y el helecho Mariano, para aquel entonces mis únicos bienes personales.&lt;br /&gt;El avión había pasado a mejor vida un año atrás, en una soleada mañana de septiembre. No bien regresamos de sepultar a papá, Rolo buscó en el cuarto de herramientas hasta encontrar una barreta. Después subió a la terraza.&lt;br /&gt;No tuve ánimos para impedírselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una nueva sesión fotográfica con la oficial Quintana me provocaba tanto pavor como la Magnum de Rolo. O más. Lo peor era que Johnny ya la daba por inevitable.&lt;br /&gt;Me hizo la ve de la victoria, como Churchill prometiendo sangre, sudor y lágrimas.&lt;br /&gt;–Dos, Gordo, nada más que dos fotos, es todo lo que tengo. Tu amigo no se va a conformar con eso.&lt;br /&gt;“Mi amigo” era Libermann y “eso” eran las fotos que le enviaríamos por correo electrónico. Para ser más precisos, desde la computadora particular de la oficial Quintana. Johnny había hecho copias de las llaves de su casa.&lt;br /&gt;–Ya entré el sábado pasado –dijo– cuando se fue a Montevideo con Iraola.&lt;br /&gt;–¿Iraola?&lt;br /&gt;Evidentemente, no era esa la parte substancial de la confidencia, pero me había tomado de sorpresa.&lt;br /&gt;–No te hagás el boludo –protestó Johnny– que lo sabe hasta el diariero de la esquina.&lt;br /&gt;Soy siempre el último en enterarme de todo.&lt;br /&gt;(No debo volver a decir esto. Suena muy poco profesional).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuché el plan de Johnny como en un sueño, sin conseguir librarme de la imagen de Iraola babeándose sobre el liguero de la &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ThDlH9D6ys8/SNMMOnLWMPI/AAAAAAAAAcw/kWO70RMMx7E/s400/196397884_img.jpg"&gt;oficial Quintana&lt;/a&gt; en un cuarto de hotel de Montevideo. No era una visión muy estimulante, entre otras cosas, porque sabía que también el subcomisario Iraola tenía su propia Magnum antirreglamentaria.&lt;br /&gt;Volví a sentir vahídos. Johnny hablaba de cómo enviaríamos una a una las nuevas fotografías de Caról hasta enloquecer a Libermann por completo.&lt;br /&gt;–Y una noche –llegó a decir– cuando Sara esté en uno de sus torneos de backgammon vos podrías aparecer en su balcón vestido de Hombre Araña.&lt;br /&gt;–Vive en un piso 15 –objeté.&lt;br /&gt;Johnny sacudió la mano apartando el humo de un hipotético cigarrillo.&lt;br /&gt;–Psss. Para vos eso va a ser una pavada.&lt;br /&gt;¿Johnny estará tan loco como para creer que realmente soy el Hombre Araña?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7029123416392988189?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7029123416392988189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/15-las-excitantes-recetas-de-ann.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7029123416392988189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7029123416392988189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/10/15-las-excitantes-recetas-de-ann.html' title='15. Las excitantes recetas de Ann'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-6818472230688021383</id><published>2010-09-28T00:50:00.004-03:00</published><updated>2010-09-29T10:54:56.694-03:00</updated><title type='text'>14. ¡Libermann confiesa!</title><content type='html'>Conocí a Margo en la red Olé. Es lesbiana. Casi de inmediato se estableció entre nosotros un campo magnético. Como lo oyen.&lt;br /&gt;Debo aclarar que también en la red Olé tengo cierto parecido a Amelita Vargas, aunque no chateo con el  alias de “&lt;a href="http://www.isoldes-liebestod.info/Isolde_Jpg_Ordner/Q-T/Rysanek_Salome1.jpg"&gt;Salomé&lt;/a&gt;”. En la red Olé soy “Abril”.&lt;br /&gt;Cuando se chatea se establece como una química entre los bytes. Ya saben, el campo magnético. Eso pasó con Margo. Me cayó bien de entrada. Es de las Canarias, islas paradisíacas en el Atlántico, frente al África.&lt;br /&gt;Le pregunté si era negra. Dijo que no, pero que estaba muy bronceada. Completamente. Toma sol desnuda, eso hace. También chatea desnuda.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tengo un encantador &lt;a href="http://www.mujerestic.com/wp-content/uploads/animal-bizco.jpg"&gt;pomponcito&lt;/a&gt; rubio&lt;/span&gt; –escribió.&lt;br /&gt;La imaginé haciendo &lt;a href="http://www.luigikeynes.com/wp-content/uploads/2009/09/george-bush.jpg"&gt;pucheros.&lt;/a&gt; La única manera de decir “pomponcito” es haciendo pucheros.&lt;br /&gt;Le pedí que me lo repitiera.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Pomponcito, pomponcito&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ahh!!!&lt;/span&gt; –repuse.&lt;br /&gt;Advirtiendo mi excitación, Margo ordenó:&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Quítate la falda!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Obedecí de inmediato. Margo me pidió que le describiera mis bragas, que vienen a ser las bombachas de las gallegas esas. Hice una pormenorizada reseña de la ropa interior de la oficial Quintana.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Quítatelas!!!&lt;/span&gt;– ordenó Margo ya al borde del descontrol erótico.&lt;br /&gt;Si Salvides me sorprendía chateando en bolas le venía un infarto, pero igualmente me desprendí de la pequeña tanga azul marino con vivos rosados.&lt;br /&gt;–P&lt;span style="font-style:italic;"&gt;omponcito, pomponcito&lt;/span&gt;– susurró mi amante lésbica.&lt;br /&gt;–&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ahhhh!!&lt;/span&gt;– gemí, excitada hasta el delirio en mi papel de Abril.&lt;br /&gt;–A&lt;span style="font-style:italic;"&gt;hhhh.... &lt;/span&gt;–gimoteó a su vez Margo, a cada instante más excitada.&lt;br /&gt;Después nos tocamos las tetas, y todo eso, obviando mi pirulín aterciopelado, del que como agente encubierta, obviamente carezco.&lt;br /&gt;De todos modos cuando salí de la red pude comprobar que lo hacía con una pequeña erección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvamos a mi audaz incursión en casa de Libermann. Sara nos había dejado solos ¿recuerdan? Tomábamos whisky como dos viejos amigos celebrando el reencuentro. &lt;br /&gt;A medida que descendía el nivel del líquido en la botella, subía el etílico en los torrentes sanguíneos y Libermann fue resignándose a la evidencia: no existía una sola persona en toda la inconmensurable infinitud del universo, ni siquiera él, capaz de librarse del pasado. &lt;br /&gt;Para mi eso no constituye ninguna novedad: lo supe desde los 15 años, pero hasta la verdad más evidente puede olvidarse gracias a dos títulos universitarios, dinero a paladas y una esposa dulce y sexy.&lt;br /&gt;En dos horas Libermann había retrocedido 20 años. Se sonó la nariz con su recobrada torpeza y el moco quedó adherido a su camisa, a la altura del pecho.&lt;br /&gt;–Me amenazan –dijo.&lt;br /&gt;Adopté una actitud policíaca, con el torso inclinando hacia delante. El hombro izquierdo más bajo que el derecho.&lt;br /&gt;–¿Quién?&lt;br /&gt;Volvió a sonarse la nariz. Una vez más y su camisa obtendría un estampado hawaiano.&lt;br /&gt;–Algún compañero del colegio.&lt;br /&gt;Para ser filósofo no era ningún tonto. Necesitaba confundirlo un poco: bastaba sumar dos más dos para relacionar las amenazas con mi sorpresiva reaparición.&lt;br /&gt;–¿Lo sabés positivamente o sólo lo imaginás?&lt;br /&gt;Me miró con todo el desprecio que su soberbia y su borrachera le permitieron.&lt;br /&gt;–¿Cómo que si lo imagino? –se encrespó. Evidentemente tiene mala bebida– Si lo supongo, querrás decir.&lt;br /&gt;Asentí con un cabeceo.&lt;br /&gt;–Eso. ¿Lo sabés positivamente o lo suponés?&lt;br /&gt;–No tengo dato alguno pero tampoco lo supongo: lo deduzco –concluyó, en un nuevo arrebato de pedantería.&lt;br /&gt;–Y esas amenazas ¿son telefónicas?&lt;br /&gt;Meneó la cabeza y miró la computadora con aversión.&lt;br /&gt;–Cada vez que abro el E mail encuentro una amenaza, o insultos.&lt;br /&gt;–¿El qué?&lt;br /&gt;–El correo electrónico –aclaró.&lt;br /&gt;Permanecí con mi mejor cara de nada.&lt;br /&gt;–¿Conservás alguna de las cartas? Es importante, pues podríamos encontrar huellas dactilares.&lt;br /&gt;Libermann siguió desparramando secreciones nasales a izquierda y derecha.&lt;br /&gt;–No, no, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;correo electrónico&lt;/span&gt;. Internet, ¿entendés?&lt;br /&gt;No, yo no entendía. Continuaba liquidando haberes con una calculadora a manija.&lt;br /&gt;Libermann fue hacia la computadora. Oprimió una tecla adoptando la pose de Liberace frente al piano.&lt;br /&gt;En su monitor de cristal líquido, el protector de pantalla desapareció como por encanto.&lt;br /&gt;–¡Oh! –dije.&lt;br /&gt;–Esto no es nada –aseguró Libermann, dándose aires de importancia.&lt;br /&gt;Realmente, había vuelto a ser un idiota.&lt;br /&gt;Pronto entramos a su programa de correo. Una de las carpetas me estaba destinada ¿qué les parece? Decía: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Amenazas&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;No es un nickname que alguna vez haya utilizado, pero no necesité mucho para deducir que era el que en ese momento me correspondía.&lt;br /&gt;Con alguna sorpresa comprobé que Libermann guardaba todos mis mensajes. Probablemente los estuviera analizando. No llegaría a nada: podían haber sido enviados por cualquiera de sus treinta y siete ex condiscípulos.&lt;br /&gt;Abrió uno o dos, al azar.&lt;br /&gt;–Son todos más o menos iguales –dijo–. No tienen mucha imaginación y demuestran un alto grado de inmadurez. Tal vez de psicosis o hasta de retardo mental.&lt;br /&gt;Me apresuré a servirme más whisky y volví a llenar su vaso.&lt;br /&gt;–Puede ser un chico... o un loco al borde del descontrol –aventuré&lt;br /&gt;No pude determinar si Libermann estaba muy asustado, sorprendido o solamente borracho.&lt;br /&gt;–¡Es uno de mis compañeros de colegio! –exclamó.&lt;br /&gt;Me aclaré la garganta.&lt;br /&gt;–También son los míos.&lt;br /&gt;Se aferró de mis solapas. Quería saber si yo también había recibido amenazas.&lt;br /&gt;Lo aparté suavemente pero con bastante repugnancia: seguro me había llenado el saco de moco.&lt;br /&gt;–No –respondí–. Pero yo no tengo computadora.&lt;br /&gt;Me alcanzó su vaso vacío. La botella estaba en la misma situación y Libermann se tambaleó hasta el comedor. Al cabo de un rato volvió con otro cubo con hielo y una nueva botella. Me apuntó con un dedo:&lt;br /&gt;–¿En serio no estás conectado a internet?&lt;br /&gt;–Y no tengo la más puta idea de cómo funciona.&lt;br /&gt;Se sentó frente al teclado. Tomé nota de su contraseña: “sésamo”. En algún momento podría serme útil.&lt;br /&gt;Mientras esperábamos, volví a llenar los vasos.&lt;br /&gt;–Vamos a navegar un rato –dijo.&lt;br /&gt;Recordé el estúpido chascarrillo de Salvides.&lt;br /&gt;–¿No llevamos salvavidas?&lt;br /&gt;Libermann me echó una mirada similar a la que Johnny y yo dirigíamos a Salvides y no me respondió: además de ignorante, yo era un completo imbécil. A esa altura ya lo tenía completamente despistado. Podía darme un lujo.&lt;br /&gt;–¿Por qué no te fijás si recibiste algún mensaje?&lt;br /&gt;Había uno, estaba en condiciones de garantizarlo. Escueto y muy conveniente. A veces pienso si no tendré poderes extrasensoriales. Decía: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cornudo&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Libermann se echó maquinalmente hacia atrás. Los ojos y la boca, muy abiertos, le daban el vago aire de un pálido  muñeco de trapo.&lt;br /&gt;–¡Pero este hijo de puta! –exclamó al fin– ¡Lo voy a denunciar a la policía!&lt;br /&gt;Carraspeé.&lt;br /&gt;–Ya lo hiciste.&lt;br /&gt;Me miró intrigado.&lt;br /&gt;–Vos...&lt;br /&gt;Asentí. Y para que no le cupiera ninguna duda me abrí el saco dejando ver la culata del 38. Lo había llevado conmigo como prevención: cabía la posibilidad de que Libermann hubiera descubierto al autor de las amenazas.&lt;br /&gt;Adopté la postura policíaca de hombros echados hacia adelante.&lt;br /&gt;–Empecemos por el principio...&lt;br /&gt;Libermann vació el vaso de un trago. El whisky debía andar todavía a la altura de su esófago cuando disparé:&lt;br /&gt;–¿Cómo te llevás con tu mujer?&lt;br /&gt;Sobresalto.&lt;br /&gt;–No pensarás que ella...&lt;br /&gt;–No debemos descartar ninguna posibilidad –lo interrumpí– Además, no estoy diciendo que tu mujer esté &lt;span style="font-style:italic;"&gt;directamente&lt;/span&gt; involucrada: puede haber &lt;span style="font-style:italic;"&gt;alguien&lt;/span&gt; más.&lt;br /&gt;No se tranquilizó, en absoluto.&lt;span style="font-style:italic;"&gt; Ambos &lt;/span&gt;habíamos visto a su esposa esa noche, acudir muy elegante, maquillada y bonita al torneo de backgammon. Pero Libermann se resistía.&lt;br /&gt;–No es ella –casi sollozó–, soy yo.&lt;br /&gt;–¿Tenés una mina? Esa puede ser una pista más importante –Libermann negaba con cabeceos desconsolados–. ¿Es casada? ¿Divorciada?&lt;br /&gt;–No, no.&lt;br /&gt;Le serví más whisky y lo miré a los ojos.&lt;br /&gt;–¿Es un hombre?&lt;br /&gt;Libermann dio un salto en su silla. Si seguía sobresaltándolo pronto un infarto de miocardio me dejaría sin víctima. Le pregunté, del modo más suave posible, si le gustaban las mujeres.&lt;br /&gt;–Demasiado –repuso con el desaliento de quien confirma un diagnóstico fatal–. Ese es mi problema.&lt;br /&gt;Nuevo silencio y más whisky.&lt;br /&gt;–Quiero mucho a Sara –dijo al cabo–. Es una buena esposa, dulce, limpia, ordenada&lt;br /&gt;Con esos criterios no sería muy popular en la Red Feminista. &lt;br /&gt;Libermann se ruborizó: &lt;br /&gt;–Y nos llevamos bien en la cama... cuando lo hacemos.&lt;br /&gt;–Bueno –expliqué en tren consolador y con aires de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KsWuHdEmaiI/S7kc59veYfI/AAAAAAAAACI/U_UIKHHpQn8/s320/007Martin_Caparros_260.jpg"&gt;connaisseur&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;–, las esposas no siempre tienen ganas...&lt;br /&gt;–¡No es ella, Pirulo! ¡Soy yo! ¡Es que me masturbo por lo menos tres veces al día!&lt;br /&gt;El temblor comenzó por mi vientre, subió a través de la tráquea, se convirtió en nudo a la altura de mi garganta, llenó mis ojos de lágrimas y finalmente estalló en mi garganta en una carcajada incontenible.&lt;br /&gt;Libermann estaba demasiado borracho para ofenderse realmente, pero de algún modo yo había herido su amor propio.&lt;br /&gt;–¿Te reís?&lt;br /&gt;Yo no reía. Me &lt;span style="font-style:italic;"&gt;moría&lt;/span&gt; de risa.&lt;br /&gt;–Ya vas a ver –dijo.&lt;br /&gt;Abrió una dirección de internet. En cuanto comenzaron a bajar las imágenes reconocí la home page de Robin.&lt;br /&gt;–Ya vas a ver –insistió, abriendo páginas a velocidad pasmosa. &lt;br /&gt;Y vi.&lt;br /&gt;Vi mis redondas y lechosas nalgas asomando por los agujeros del traje de Hombre Araña y, a continuación, una seguidilla de imágenes donde la pantalla era enteramente ocupada por la oficial Quintana y una mínima, pero imprescindible y también impresionante porción de la anatomía de Johnny.&lt;br /&gt;–Esa mina me mata –confesó Libermann–. Tiene un lomo fenomenal. Y me vuelve loco ese liguero azul marino. ¡Y el corpiño¡ ¿Vos viste lo bien que le queda ese corpiño! Y eso no es todo, porque si mirás bien, te darás cuenta de que está más fuerte desnuda que en ropa interior. Eso es extraordinario. ¿Cómo querés que no me masturbe a cada rato, Pirulo? Decime, ¿cómo puede hacer un hombre normal para no volverse loco con esa mina?&lt;br /&gt;No le contesté, ni falta que hacía: la oficial Quintana ya me había vuelto loco a mí, y mucho antes que a Libermann, y eso que Libermann nunca había escuchado el sonido de los tacos de la oficial Quintana recorriendo el espacio que separaba su despacho del de Salvides. No dije nada, aunque de todas maneras Libermann no me habría escuchado. Apenas si se detuvo lo suficiente como para aspirar una bocanada de aire y llenar su vaso casi hasta el tope. &lt;br /&gt;–Pero lo peor, y tendré que analizar eso muy seriamente –agregó luego de echarse al buche un nuevo trago de whisky–, son las fantasías que me despierta el culo del Hombre Araña.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-6818472230688021383?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/6818472230688021383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/14-libermann-confiesa.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6818472230688021383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/6818472230688021383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/14-libermann-confiesa.html' title='14. ¡Libermann confiesa!'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-224423060905603216</id><published>2010-09-21T22:37:00.002-03:00</published><updated>2010-09-22T01:15:59.023-03:00</updated><title type='text'>13. Una dulce mujercita y dos viejos amigos</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Black Domina&lt;br /&gt;Índica de alta pureza con bractéolos que te pondrá de rodillas y rogando por más. Esta áspera e irresistible dama sencillamente chorrea esa resina pegajosa por la que muchos hombres parecen sentir una fatal atracción&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bractéolos con resina pegajosa. Mmm.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Advertencia: ha tenido efectos devastadores en más de uno, dejando a los afectados aparentemente abatidos, con una &lt;a href="http://fotos.imagenesdeposito.com/imagenes/s/sonrisa_de_buey-2598.jpg"&gt;extraña sonrisa&lt;/a&gt; en los labios.&lt;br /&gt;Floración: 50 días.&lt;br /&gt;Altura: 100/130 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 90-120 gr.&lt;br /&gt;Art No 2305&lt;br /&gt;250 fl.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectos devastadores. Eso es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para tranquilizarme, entro en www.neurociencia.com&lt;br /&gt;Posiblemente el título los engañe tanto como a mí. Es el de una página Web dedicada a las enfermedades mentales, sí señor.&lt;br /&gt;Siempre creí que la enfermedad mental era otra cosa, como que uno se ponía &lt;a href="http://bligoo.com/media/users/1/98006/images/MARGARET.jpg"&gt;loco&lt;/a&gt; de repente, por un problema grave o una impresión muy fuerte. El caso de mamá, por ejemplo. Tuvo varias emociones de cierta intensidad, además de mi &lt;span style="font-style:italic;"&gt;tete a tete &lt;/span&gt;con la señora López Vázquez sobre el piso de la pista de baile, pero calculo que su mayor conmoción fue cuando por primera vez papá decidió hacer su truco de magia. Ya saben, lo del mantel.&lt;br /&gt;Eso ocurrió antes de que yo naciera. Para cuando lo practicó en casa de los López Vázquez ya mamá veía las cosas con cierta resignación.&lt;br /&gt;Luego de su primera experiencia con la magia, vine yo. Todo yo, no sólo el incidente en la fiesta de casamiento de Elena. Y Rolo adquirió la costumbre de envolver su verga con un pañuelo. La entrepierna de Rolo atraía irresistiblemente. Era imposible apartar los ojos de la protuberancia y en más de una oportunidad pensé si mamá no se habría sentido al borde de un precipicio cada vez que Rolo se paseaba mostrando los bíceps, con su estrecha remera de algodón, sus jeans apretados y el pañuelo y todo eso.&lt;br /&gt;Muy fuerte para una madre.&lt;br /&gt;También estaba lo de Elena y el ACV de papá. Mamá siempre supo lo que papá hacía en la cocina cada vez que Elena regresaba de sus trasnochadas. De ahí su empecinamiento en dejarlo al sol, junto a los malvones, aun en los días más tórridos del verano.&lt;br /&gt;En fin, habían ocurrido los suficientes accidentes en la vida de mamá como para que pudiéramos explicarnos su locura en forma medianamente satisfactoria.&lt;br /&gt;Ahora me vengo a enterar de que no fue así: era un problema genético.&lt;br /&gt;Eso dice neurociencia.com.&lt;br /&gt;Parece ser que algunas personas pueden pasar por las más horribles experiencias sin que se les mueva un pelo de la salud mental. Otras, en cambio, caen en la enajenación más extrema por un quítame de ahí esas pajas. Los primeros poseen genes en perfectas condiciones. Los otros, los tienen defectuosos.&lt;br /&gt;Ahí está el secreto, en los genes defectuosos.&lt;br /&gt;No supe si sentir alivio o preocupación. Cualquiera puede tener los genes defectuosos. ¿Cómo saberlo? Un gen es una cosita de nada, más pequeño que un piojo. Imposible determinar si es bizco, o sordo, o padece un defecto todavía más severo. Pero al menos neurociencia.com nada dice de las hormonas defectuosas, así que me puedo considerar a salvo de la locura. O, al menos, tan en riesgo como cualquiera de ustedes.&lt;br /&gt;www. neurociencia.com . Recomiendo esa página.&lt;br /&gt;Dejarán de sentir esa injustificada responsabilidad por la locura de sus padres. O de sus hijos. Gozar de una buena conformación genética lo es todo.&lt;br /&gt;Y es obra del azar.&lt;br /&gt;Les aseguro que hay mayores posibilidades de acertar un número a la lotería que de tener los genes en orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy harto de ilícitos sexuales y no sé de qué modo seguir en el caso de los traficantes de niños. Pero de cualquier forma, como todos los días, debo poner en marcha el buscador y salir de patrulla.&lt;br /&gt;Uno no sabe con qué habrá de encontrarse.&lt;br /&gt;No es justo.&lt;br /&gt;Cualquier patrullero convencional puede tener un día liviano. Es más, suelen tenerlos. Los seres humanos de carne y hueso no cometen crímenes todo el tiempo, sin detenerse jamás, y en plena vía pública. Como bien dice el subcomisario Iraola: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No todos los ciudadanos son delincuentes”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Pero en la internet ocurre precisamente lo contrario. Y en mayor medida en mi área de trabajo: Delitos Sexuales.&lt;br /&gt;Al principio despiertan curiosidad. Y excitación, para qué negarlo. Pero al cabo del tiempo se vuelven tediosos y comienzan a dejar un regusto repugnante, de empalagosa saciedad.&lt;br /&gt;Preferiría patrullar Drogas Peligrosas. Envidio a Johnny. Para él todo es sencillo: le apasiona su trabajo. Se infiltró hasta tal punto en las redes de narcotraficantes que es imposible vender una pastilla de éxtasis en toda la costa atlántica sin que Johnny haya tenido alguna participación en el episodio.&lt;br /&gt;Ha organizado numerosas redes con un esquema similar al de cualquier empresa de venta directa. Le dicen Técnica de Management y Comercialización. Lo aprendió en la UADE.&lt;br /&gt;Esteban, que patrulla Movimientos Subversivos le llamaría Organización Celular.&lt;br /&gt;Consiste en la formación de equipos de vendedores coordinados por un responsable de sector que a su vez participa de un equipo coordinado por un responsable de área. Las áreas pueden ser geográficas o de producto.&lt;br /&gt;Las áreas de producto también se coordinan en un área geográfica. Después están las regiones, que son equipos de coordinación de áreas geográficas. Y las divisiones, que agrupan a las áreas de productos.&lt;br /&gt;Es una pirámide compleja, multidimensional. En la cúspide está Johnny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo volver urgentemente a neurociencia.com. Tal vez encuentre algo que explique el extraño comportamiento de Libermann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me presenté en casa de Libermann a eso de las 7 de la tarde. Tiene un amplio departamento en Belgrano, con una hermosa vista, decorado con buen gusto y sobriedad, como corresponde a un médico. O a un filósofo. O a un psiquiatra.&lt;br /&gt;La señora Libermann, Sara, es una mujer menuda –el mismo Libermann no sobrepasa el metro sesenta–, vestida con sencillez, bonita, pero de una belleza, me pareció en un primer momento, algo intrascendente, como si la hubieran sumergido una y otra vez en agua lavandina. Cuando estreché su mano creí estrujar un pequeño manojo de pasto seco. En fin, que no tuve ni un asomo de vértigo, ni el menor amago de erección, y conseguí comportarme con bastante comedimiento. Hasta la hice reír en un par de ocasiones, de manera que una hora después, cuando Libermann metió la llave en la cerradura, su mujercita y yo nos habíamos convertido en viejos amigos.&lt;br /&gt;Ella trotó a recibirlo, con infantiles saltitos de felicidad.&lt;br /&gt;–Te tengo una sorpresa –dijo luego de besar a Libermann en la mejilla. Fue un beso casto, más fraternal que amoroso. Tomé nota.&lt;br /&gt;Libermann traía de la calle la sonrisa convencional y desvaída de un médico de guardia o de un filósofo escéptico. O de un psiquiatra en Disneylandia. No mejoró cuando me vio arrellanado en su sillón Chesterfield. Pero no me había reconocido y se dejó conducir por su dulce mujercita a lo largo del living.&lt;br /&gt;–Mirá quien está acá –dijo ella.&lt;br /&gt;–¿Quién?&lt;br /&gt;Libermann todavía sonreía.&lt;br /&gt;–Tu amigo de la infancia.&lt;br /&gt;Esto debió hacerle sospechar. Me pareció que su paso se hacía más vacilante.&lt;br /&gt;Permanecí en su sillón, apoyando los pies en &lt;span style="font-style:italic;"&gt;su&lt;/span&gt; mesa ratona, bebiéndome &lt;span style="font-style:italic;"&gt;su &lt;/span&gt;whisky. Sentía la cara tirante de tanto sonreír.&lt;br /&gt;Libermann también sonreía, pero de un modo forzado. Llegó hasta mí. No quité los pies de la mesa y continué sonriendo.&lt;br /&gt;Él ya había dejado de hacerlo y su rostro perdía el color. Quedó unos segundos boquiabierto.&lt;br /&gt;–¿Pirulo...? –preguntó al fin.&lt;br /&gt;Me puse de pie de un salto y lo estreché en un abrazo. Libermann tenía un aire a maniquí de tienda. Su esposa se secó una lágrima con un pañuelo. Le hice un conejito.&lt;br /&gt;–Esto es tan emocionante –suspiró.&lt;br /&gt;–Sí, mucho –suspiré a mi vez.&lt;br /&gt;Libermann no dijo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estudio de Libermann era aproximadamente del tamaño de todo mi departamento, si le sumamos el baño, el palier y el hueco de la escalera. En un extremo, de espaldas a una puerta balcón con vista al este, había un escritorio de dos metros y medio por uno veinte. La butaca era giratoria y treinta centímetros más alta que las dos incómodas sillas destinadas a los pacientes, o a los alumnos, las visitas, o a quienquiera que Libermann pretendiese impresionar. Probablemente, su tímida mujercita.&lt;br /&gt;Apenas me hizo pasar llegué hasta la ventana, desde donde admiré durante unos minutos la silueta del Monumental recortándose contra la bruma del río. Después me senté en la butaca.&lt;br /&gt;Libermann parecía todavía más pequeño, de pie junto al escritorio. Volvió a ensayar su sonrisa forzada.&lt;br /&gt;–¿Por qué no nos ubicamos acá? –dijo–. Estaremos más cómodos.&lt;br /&gt;Me levanté de la butaca y fui hacia los sillones. Había tres, uno de dos cuerpos, rodeando a una bonita mesa hexagonal.&lt;br /&gt;Para que acaben de formarse una idea del tamaño de esa habitación les diré que había también dos bibliotecas de pared a pared, enteramente ocupadas por libros, un atril de pintor con un retrato al óleo del propio Libermann, en pose de &lt;a href="http://www.elargentino.com/Files/download.aspx?Id=30304.jpg&amp;Width=480"&gt;Pedante&lt;/a&gt;, con el índice en la mejilla, enmarcado con una pesada moldura barroca, y un rincón destinado a una computadora con mucha mayor cantidad de accesorios de los que un aficionado pudiera necesitar.&lt;br /&gt;Libermann parecía no saber qué hacer con sus manos. Ni con ninguna parte de su cuerpo. Aunque sospecho que su principal duda era qué hacer conmigo. Yo había descendido desde mi metro noventa y siete casi hasta su estatura, apoltronándome en uno de los sillones. Libermann me dirigió una mueca –su sonrisa era cada vez más artificial– y colocó un CD en su computadora. Luego volvió al sillón.&lt;br /&gt;La música comenzó a salir de los parlantes.&lt;br /&gt;–¿Vivaldi?&lt;br /&gt;Hizo otra mueca.&lt;br /&gt;–Mozart.&lt;br /&gt;Asentí, como si supiera algo del asunto. En cualquier otra oportunidad me hubiera limitado a escuchar en silencio, absteniéndome de meter la pata, pero necesitaba que recuperara parte de su confianza en sí mismo.&lt;br /&gt;–Es una maravilla –dije pensativo– que esa cosa pueda pasar música.&lt;br /&gt;Al escucharme llamar &lt;span style="font-style:italic;"&gt;cosa &lt;/span&gt;a su computadora tuvo un ligero sobresalto.&lt;br /&gt;–En realidad posee aplicaciones sorprendentes... –Se detuvo a mitad de la frase y me miró frunciendo el ceño–. ¿Vos no habías estudiado computación?&lt;br /&gt;Me llevé la mano al pecho, sorprendido.&lt;br /&gt;–¿Yo?&lt;br /&gt;–Alguien me dijo...&lt;br /&gt;Sonreí con tristeza.&lt;br /&gt;–No, no. –Aguardé unos segundos–. Soy policía.&lt;br /&gt;Nuevo sobresalto de Libermann. Ocurre con frecuencia. Todo el mundo se siente culpable de algún misterioso delito.&lt;br /&gt;–Tareas administrativas –añadí para tranquilizarlo–. Liquidación de haberes, esa clase de cosas.&lt;br /&gt;–Pensé que eso estaría computarizado...&lt;br /&gt;La entrada de Sara me sacó del apuro. Traía una bandeja con dos vasos, un balde de hielo, una botella de escocés y platitos con queso y salchichas. Sentí que me venía el vahído: se había cambiado de ropas. Llevaba un vestido negro, con un amplio escote, una gargantilla muy ceñida al cuello, pulsera haciendo juego y una fina cadenita de oro alrededor del tobillo izquierdo. Cuando se inclinó para apoyar la bandeja en la mesita hexagonal su vestido se elevó dejando ver la parte posterior de sus &lt;a href="http://www.carniceriaslina.com/imagenes/productos/muslos_pollo.jpg"&gt;muslos&lt;/a&gt;, enfundados en oscuras medias de nailon.&lt;br /&gt;Yo estaba decididamente asomado al precipicio.&lt;br /&gt;–Les dejé unos sandwiches de pavita, preparados en la heladera&lt;br /&gt;–¿Salís? –preguntó Libermann con voz trémula.&lt;br /&gt;–El torneo de backgammon, acordate.&lt;br /&gt;Libermann asintió.&lt;br /&gt;Sara vino hacia mí.&lt;br /&gt;–Fue un gusto conocer un viejo amigo de mi marido.&lt;br /&gt;Me puse de pie, le estreché la mano (ya no me pareció un manojo de pasto) y le besé la mejilla. Todos éramos ya Viejos Amigos.&lt;br /&gt;–Bueno, chicos –dijo desde la puerta–, tienen toda la casa para ustedes. Diviértanse.&lt;br /&gt;Libermann permaneció en silencio. Parecía abstraído. Al menos, pensé, había perdido el hilo de la conversación y no me vería obligado a explicar por qué, en el tercer milenio, la Policía Federal aún no había computarizado la liquidación de haberes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-224423060905603216?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/224423060905603216/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/13-una-dulce-mujercita-y-dos-viejos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/224423060905603216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/224423060905603216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/13-una-dulce-mujercita-y-dos-viejos.html' title='13. Una dulce mujercita y dos viejos amigos'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-4654176537580956947</id><published>2010-09-12T19:18:00.002-03:00</published><updated>2010-09-12T19:55:27.977-03:00</updated><title type='text'>12. Más plantitas para tu invernadero</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Northern Ligths&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Interior&lt;br /&gt;Ganadora de la copa Pure Indica años 88, 89 y 90&lt;br /&gt;Lo máximo en variedades de interior. A través de una reproducción cuidadosamente seleccionada ha sido posible obtener una de las más poderosas plantas del mundo. Su adaptación a interiores es excelente dando como resultado especimenes pequeños y rechonchos de gran productividad.&lt;br /&gt;Floración: 45-50 días.&lt;br /&gt;Altura: 100/125 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 125 gr.&lt;br /&gt;Art No: 235.&lt;br /&gt;200 fl.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;“Pequeños y rechonchos”. Me en-canta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Afrodisíacos Ucranianos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La medicina tradicional ucraniana no contiene abundantes recetas afrodisíacas o “privorotnoye zelje” (poción de amor). Supuestamente, los ucranianos machos poseen gran vigor sexual. De igual modo, las hembras parecen siempre interesadas y bien dispuestas.&lt;br /&gt;Así, el propósito de las pociones de amor de este fogoso pueblo no es incrementar la potencia sexual sino atraer a un individuo en particular.&lt;br /&gt;Por lo general han sido utilizadas por las mujeres para llamar la atención de algún miembro específico del sexo opuesto.&lt;br /&gt;Otro propósito puede ser el de incrementar la fertilidad.&lt;br /&gt;Existe, además, un pequeño grupo de recetas aptas para curar casos de impotencia, más que nada indicadas para los ancianos.&lt;br /&gt;El cáñamo (Cannabis sativa) es una planta muy popular en Ucrania y posee numerosas aplicaciones medicinales. Como afrodisíaco, la creencia popular sostiene que el preparado más poderoso es la propia semilla, rostisada y salteada. De todos modos éstas deben ser sólo utilizadas por los hombres.&lt;br /&gt;Antiguamente era costumbre en las cenas de boda alimentar al novio con semillas de cáñamo rostisadas. Las semillas podían ser servidas como ingrediente de un pan especial o de una bebida.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hago inmediatamente un pedido al Banco de Semillas Sensi. La respuesta no tarda en llegar:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“No enviamos semillas fuera de la Comunidad Europea”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Chauvinistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novedades im-por-tan-tísimas: picaron los traficantes. En páginas amarillas alguien respondió al anuncio de la indigente madre de familia numerosa que solicitaba chapas de zinc.&lt;br /&gt;Me ofrecen chapas, desde luego. También yerba, azúcar, leche en polvo y una bolsa de fideos. Además de una revisación médica gratuita para mis pequeños hijos. Quieren saber edades, sexo y, en lo posible, recibir algunas fotografías.&lt;br /&gt;Trato de salir del paso y ganar tiempo mediante un ingenioso ardid: respondo que lo último resultaría harto difícil, puesto que mi existencia transcurre dentro de la zona de Necesidades Básicas Insatisfechas. Lógicamente, carezco de dinero para gastar en fruslerías. Pero hablaría con mi vecina.&lt;br /&gt;Advierto a tiempo un ligero error en mi razonamiento, y añado: es ella, mi vecina, quien, amable y desinteresadamente, me permite usar su computadora para mendigar en la internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johnny siguió mi relato, asintiendo de tanto en tanto. Cuando terminé, me miró unos minutos en silencio. Y exclamó:&lt;br /&gt;–¡Brillante, Gordo!&lt;br /&gt;No era para tanto. De todos modos hice un conejito y comenté:&lt;br /&gt;–Brillante es una cualidad de la superficie. Lo mío es &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Z8fs_upME-8/THdAVYkU0cI/AAAAAAAAH5o/imcltiyr-24/S1600-R/lanata22.JPG"&gt;simplemente genial&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Exageraba, desde luego. Si bien era cierto que había conseguido salir del apuro, ahora no tenía la menor idea de cómo seguir. Era una locura informar a Salvides –yo había vuelto a operar sin su consentimiento– y no me sentía muy seguro de la conveniencia de recurrir a Iraola. Desde que Salvides me acusó de &lt;a href="http://www.primerahora.com/XStatic/primerahora/images/espanol/090324nina-flowers-2.jpg"&gt;travesti cibernético,&lt;/a&gt; Iraola apenas si me había dirigido la palabra las pocas veces que vino a patrullar.&lt;br /&gt;–Tenés que derivar el caso a Caról.&lt;br /&gt;Para Johnny el nombre de la oficial Quintana era, definitivamente, Caról. De seguro había colgado las fotografías en la pared de su cuarto y las admiraba cada noche, antes de dormir. O se entretenía a solas, por la mañana. Como Libermann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Libermann, ¿recuerdan?&lt;br /&gt;El compañero de colegio que me había reemplazado en mi papel estelar de puching ball y tacho de residuos. De no haber sido por él, ni siquiera el rumor de que había violado a la señora López Vázquez a la vista de los novios, doscientos invitados, seis mozos y el propio doctor López Vázquez, habría sido suficiente para librarme de los golpes, los bollitos de papel y las escupidas que recibía indiscriminadamente mientras me desplazaba por la adolescencia.&lt;br /&gt;A Libermann le fue peor, pues Aníbal llegó a orinarlo. Como lo oyen.&lt;br /&gt;Ocurrió en el baño, durante un recreo. Libermann, Aníbal y yo meábamos en línea, y en ese orden, frente a los mingitorios. De pronto, Aníbal giró hacia Libermann. Libermann, sorprendido, dio un salto, aplastándose contra la pared como un condenado a fusilamiento. A espaldas de Aníbal, yo no alcanzaba a ver que ocurría, pero no hacía falta ser muy imaginativo para sospecharlo. Me pareció excesivo, qué quieren que les diga.&lt;br /&gt;La indignación inundó mis ojos de lágrimas. Como lo oyen. Siempre tuve muy desarrollado el instinto de la justicia.&lt;br /&gt;–¡Basta! –grité–. ¡No seas hijo de puta!&lt;br /&gt;Y empujé a Aníbal.&lt;br /&gt;Nunca pude controlar mi fuerza. Ni de niño ni menos todavía de adolescente. Tampoco ahora. Soy un obeso superbebé.&lt;br /&gt;Aníbal salió despedido hacia adelante y chocó contra Libermann.&lt;br /&gt;Entonces, sí, Libermann comenzó a gritar.&lt;br /&gt;Después dijo que su pantalón meado había sido un accidente... provocado por mí.&lt;br /&gt;Fue un asunto de solidaridad corporativa: Aníbal era el mejor alumno de la clase, seguido de Libermann. Yo venía mucho más atrás, en el último pelotón, pugnando por evitar el descenso. &lt;br /&gt;Pero Libermann también tuvo otras razones, más oscuras: no estaba protegiendo a Aníbal, se protegía a sí mismo. Es algo relacionado con el efecto destructivo de la compasión. De alguna manera, yo hice a Libermann en el baño lo mismo que aquella buena y entrometida mujer había logrado conmigo en el colectivo: transformar una humillación privada en un acontecimiento público. Es decir, evidente e irremediable.&lt;br /&gt;Libermann jamás me perdonó. Y comencé a recibir su desprecio casi con mayor rigor que ningún otro ser humano en toda la faz del planeta. Y eso es mucho decir: en lo peor de una paliza, cuando su portafolio ya había salido volando a través de la ventana, sus anteojos estaban astillados, su rostro cubierto de moretones y algún grandote apoyaba la rodilla en su pecho, los ojos y la boca ensangrentada de Libermann sólo exhibían desprecio.&lt;br /&gt;Tenía un rictus parecido al de mi padre, luego del primer ACV.&lt;br /&gt;Cuando los otros días descubrí su dirección electrónica en una cartilla de medicina pre paga me vino como un vahído. Sin pensar, llevado por el vértigo del momento, le escribí un e mail:&lt;br /&gt;“¡¡¡Te vamos a romper la trompa, boludo de mierda!!!”&lt;br /&gt;Había caído en las garras del pasado, como Mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré la dirección del hogar conyugal de los Libermann de la manera más simple: en la guía de teléfonos. Ustedes preguntarán: “¿Por qué tan súbito interés?”&lt;br /&gt;No fue súbito.&lt;br /&gt;A su humilde y falsamente modesto modo, Libermann se había convertido en un hombre famoso. Tal vez ya lo era antes, para ciertos círculos de intelectuales, putos y pedantes, pero cuando lo vi en un programa de televisión por cable sentí un vahído.&lt;br /&gt;Al principio me costó reconocerlo, y si me quedé viendo el programa fue luego de preguntarme “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Quién carajo es este pelotudo para que le hagan un reportaje?&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;El tipo iba a presentar una novela histórica sobre la invención de la máquina de coser, o algo así. La había escrito mientras trabajaba en una tesis filosófica. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;En los descansos entre capítulo y capítulo&lt;/span&gt;”, explicó con falsa modestia.&lt;br /&gt;Calculo que si no me hubiera pasado de copas habría cambiado de canal, pero cuando estoy bebido suelo pelear con la televisión. Es una especie de sesión sadomasoquista que llevo a cabo cada noche: ella me agrede y yo la insulto. Además, me había picado la curiosidad. Deformación profesional.&lt;br /&gt;Aunque PCBC, soy, de todas maneras, un policía.&lt;br /&gt;Y la curiosidad era esta: ¿Quién carajo era ese pelotudo para que le hicieran un reportaje?&lt;br /&gt;Lo reconocí un instante después, en cuanto apoyó el índice de la mano derecha en su mejilla, dándose aires de importancia.&lt;br /&gt;–¡Libermann! –grité–. ¡Es Libermann!&lt;br /&gt;Nadie me escuchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivo solo en casa, con un pequeño helecho. Responde al nombre de &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_i2CyIlN192w/SmjygmWOIaI/AAAAAAAAAYI/-yUOi_hKjZg/s400/MarianoGrondona.jpg"&gt;Mariano&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;En realidad no responde a nada, en absoluto, pero de algún modo me hace compañía. En mi experiencia personal, Mariano es lo más parecido a una madre que he podido conseguir.&lt;br /&gt;Fue un chiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los chistes son mi debilidad. Por lo general me impiden sostener durante un lapso más o menos prolongado cualquier conversación convencional. Me asaltan a frecuencia inusitada.&lt;br /&gt;Siempre fui una Máquina de Pensar Pelotudeces. Eso decía Aníbal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que vi a Aníbal, me traía a Mariano y una noticia: viajaba al extranjero. No dijo dónde. No pude sonsacárselo, ni siquiera con la ayuda de algunas botellas de vino. Y si finalmente conseguí hacerlo, no lo recuerdo. Lo único que tengo presente de nuestro último encuentro, además del helecho y la noticia, fue que en el momento en que Rolo abrió la puerta del departamento yo vomitaba sobre la alfombra.&lt;br /&gt;Venía con una novia. Tampoco recuerdo su nombre.&lt;br /&gt;Después de eso Rolo me consiguió trabajo en la División Computación. Un horizonte nuevo se abría frente a mí, pleno de misterio y aventura.&lt;br /&gt;Y pude mudarme.&lt;br /&gt;Con el televisor, mi computadora y Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver a Libermann en televisión y tener un estallido de furia fue todo uno. Fuera del asombroso parecido a &lt;a href="http://www.coloradanmagazine.org/wp-content/uploads/2010/02/Kissinger.jpg"&gt;Henry Kissinger&lt;/a&gt; que había adquirido con la edad, y de la limpieza general de su aspecto, la sonrisa despectiva, las cejas alzadas y el índice apoyado en la mejilla lo revelaban como el mismo &lt;a href="http://www.elargentino.com/Files/download.aspx?Id=30304.jpg&amp;Width=480"&gt;pedante &lt;/a&gt;de siempre.&lt;br /&gt;Fíjense que, además de médico, era psiquiatra, filósofo y novelista. Lo único que le faltaba era un postgrado de latin lover. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tengo en mis manos tu vida, tu destino, tu imaginación y tu mente&lt;/span&gt;” parecía querer decir el currículum de Libermann.&lt;br /&gt;Me apiadé de él. El pobre infeliz pretendía huir de su pasado, sobreponerse a las humillaciones recibidas, manipulando a los demás.&lt;br /&gt;Se trataba, sin ninguna duda, de una revancha. Podía apostar a que jamás había regresado a Boedo. Después de repudiar la azulgrana ahora se había hecho &lt;a href="http://www.aquilanoticia.com/images/1166_d2.jpg"&gt;hincha de River&lt;/a&gt;. Un hombre sin pasado y sin recuerdos. ¿Acaso podía contar alguna anécdota graciosa en la que él mismo no fuera el hazmerreír?&lt;br /&gt;¿Podía?&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;En el colegio había un gordo boludo al que no le habían bajado los testículos. Ja, ja, ja. Construyó un avión en la terraza. Ja, ja, ja&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Me vino una furia...&lt;br /&gt;Al día siguiente le mandé el e mail.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-4654176537580956947?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/4654176537580956947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/12-mas-plantitas-para-tu-invernadero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4654176537580956947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4654176537580956947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/12-mas-plantitas-para-tu-invernadero.html' title='12. Más plantitas para tu invernadero'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-294720915838891026</id><published>2010-09-06T18:37:00.002-03:00</published><updated>2010-09-06T18:48:01.976-03:00</updated><title type='text'>11. No hay nada como un amigo</title><content type='html'>Hice contacto con Ernesto Sábato. Maneja un taxi los sábados a la noche. Es un trabajo muy angustiante, asegura.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;De pronto ocurren hechos que me destrozan&lt;/span&gt; –escribió Sábato–, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;que me sumen en un dolor tan intenso que me imposibilita para cualquier tipo de tarea. Por ejemplo, conocí a Elaida&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elaida es yemenita, lo que al modo de ver de Sábato, no tiene por qué sorprender a nadie. Mucho menos a un hombre de mundo como yo.&lt;br /&gt;Esta no es la red boquense y va de suyo que no finjo ser Mayonesa, el barrabrava de Lugano, sino José Alfredo Fonseca Estigarribia, un hacendado paraguayo. Vivo en Asunción. Desde ya, esto mataría de un infarto a Salvides, pero Salvides jamás inspecciona los patrullajes. Se encierra en su pequeña torre de cristal a leer a Liddlehard. Probablemente navegue a escondidas visitando las páginas de turismo o conectado a Interpol, pero jamás chatea. Es un burócrata de escritorio.&lt;br /&gt;Elaida fue la primera pasajera que subió al taxi de Ernesto Sábato. Provenía de Yemen, un pequeño país en la península arábiga con una de las rentas per cápita más altas del mundo. Eso dice la correspondiente página Web, aunque no me siento muy inclinado a dar crédito a todo lo que se anuncia en internet. Sábato tampoco, en especial luego de conocer a Elaida. Cualquiera que hubiese leído la página de Yemen creería que se trataba de una potentada.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No tengo un centavo&lt;/span&gt;”, reveló Elaida.&lt;br /&gt;Llevaban casi dos horas de viaje.&lt;br /&gt;Hasta ese momento la noche había sido lo bastante perturbadora como para angustiar a Sábato. Imprevistamente se encontró escuchando cómo tendida en una playa del Yemén bajo el dulce y melancólico sol del atardecer, ella iba sintiendo un calor que le venía como de adentro y de abajo.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Ves?&lt;/span&gt;”, dijo Elaida.&lt;br /&gt;Sábato se rehusó a mirar. Era su primer día de trabajo en la compañía de taxis y si giraba en el asiento podría chocar. Por otra parte, ignoraba si Elaida era una simple pasajera o un señuelo de alguna cámara sorpresa.&lt;br /&gt;En fin, que no se volvió hacia ella aunque no dejaba de observarla por el espejo retrovisor, en especial cuando aseguró que estaba a punto de llegar al clímax, arrebatada por el recuerdo del tórrido sol del golfo pérsico, y la fina y blanca y suave arena y el simún que se mete debajo de las faldas de las mujeres y provoca estragos, como un torbellino, dijo Elaida, como el aliento abrasador de un amante latino.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Me encantan los latinos, ¿sabés?&lt;/span&gt;– susurró en la nuca de Sábato– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;porque los árabes hacen el amor como dios manda sólo en ocasionas muy especiales y las más de las veces practican la sodomía sin distinción de especie, sexo, edad o parentesco. Y lo peor es que algunos te quieren circuncidar”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿¡Cómo circuncidar!?&lt;/span&gt; –exclamó Sábato–. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿¡Sos un hombre!?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Cuando consiguió dejar de reír, ella le explicó, en detalle, lo que esos energúmenos del desierto hacen a las mujeres. No pueden permitir que lleguen con el clítoris intacto hasta esa edad donde comienzan a arder de deseo y buscan desenfrenadamente el placer ocasionando numerosos accidentes de tránsito, exactamente iguales al que Sábato estuvo a punto de provocar cuando vomitó a través de la ventanilla. El vidrio estaba cerrado.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No pude evitarlo&lt;/span&gt; –me explicó Sábato–. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Aunque cueste creerlo, fue el Pirulo que llevo adentro”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Carajo.&lt;br /&gt;Apagué la computadora sin cerrar los programas y permanecí algunos minutos con la mirada perdida en la pantalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomábamos con Johnny un café en el Ebro luego del turno de servicio. Me sentí obligado a agradecerle su gesto de apoyo cuando yo debía soportar los espumarajos de baba y  saliva que echaba la boca de Salvídes cuando coloqué los espejos retrovisores a los lados de mi escritorio.&lt;br /&gt;Johnny se alzó de hombros.&lt;br /&gt;–Es lo menos que podía hacer por un amigo –dijo.&lt;br /&gt;Una vez recuperado de la sorpresa, me emocioné tanto que me dieron ganas de abrazarlo.&lt;br /&gt;No hay nada mejor que un amigo ni existe nada más reconfortante que la verdadera amistad. Se compone de afecto, respeto y lealtad. Y humor. Los amigos deben hacerse bromas, de tanto en tanto. Aníbal no cesaba de repetírmelo cada vez que yo le reprochaba su costumbre de pegarme carteles en la espalda. Un día se enojó.&lt;br /&gt;–Tomátelas Pirulo –dijo antes de volverse hacia la ventana.&lt;br /&gt;Yo me había acercado a su mesa en el café, desde donde Aníbal balconeaba a las chicas que salían del liceo de la mitad de cuadra. Sostenía en mi mano su último cartelito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            “Sociedad Rural Argentina. Gran campeón cerdo Yorkshire.&lt;br /&gt;                                     Categoría capón”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una señora me lo acababa de dar en el colectivo, luego de despegarlo de mi espalda.&lt;br /&gt;–Sírvase, joven –bajó la vista al acercarme el papel. Luego agregó, en voz demasiado alta y sin dirigirse a nadie en particular: –¡No sé cómo los muchachos de hoy día pueden ser tan crueles!&lt;br /&gt;Los ojos de todos los pasajeros se dirigieron hacia la mujer, tratando de averiguar qué ocurría.&lt;br /&gt;Indudablemente, se sentía orgullosa de su buena acción.&lt;br /&gt;–¿A ustedes les parece justo –prosiguió, al advertir que se había conseguido atraer el interés general– burlarse de la deformación ajena?&lt;br /&gt;Los más avispados comenzaron a mirarme con curiosidad.&lt;br /&gt;–Por más que sea tan gordo no deberían decirle “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Cerdo Yorkshire”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Detecté varias sonrisas y empecé a retroceder.&lt;br /&gt;–Y ponerle carteles en la espalda. Muestre, joven, muestre.&lt;br /&gt;Yo corría por el pasillo. Llegué junto al chofer.&lt;br /&gt;–Pare acá –supliqué–. Por favor.&lt;br /&gt;El chofer me miró por el espejo.&lt;br /&gt;–En la parada.&lt;br /&gt;Faltaba una cuadra. No demoró ni medio minuto en recorrerla, pero me pareció una eternidad. La indignada señora había comenzado a explicar lo de “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;capón&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Llegué hasta el café con el cartelito temblando en mi mano.&lt;br /&gt;–Tomátelas, Pirulo –Aníbal se volvió hacia la ventana con fastidio–. Sos un pelotudo y un desagradecido. ¿No te das cuenta que los pongo para hacerte más popular? Si no fuera por mí, nadie te daría ni cinco de bola. Y ahora, rajá.&lt;br /&gt;No volvió a hablarme hasta una semana después, cuando le pedí disculpas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dieron ganas de abrazar a Johnny: uno siempre necesita alguien en quien confiar y, aunque me metía en problemas con demasiada frecuencia, había demostrado ser un amigo. Primero, su guiño de apoyo mientras los gritos de Salvides me perforaban los tímpanos. Y después el comentario, deslizado al pasar, restándose importancia: “Es lo menos que podía hacer”.&lt;br /&gt;Luego agregó:&lt;br /&gt;–La verdad, gordo, sos el tipo más divertido que conozco.&lt;br /&gt;De mi garganta brotó un cloqueo parecido al de un pavo.&lt;br /&gt;–No es para tanto.&lt;br /&gt;–¿Qué no? Eso de los espejos estuvo genial.&lt;br /&gt;Johnny me miró con sorpresa cuando dije:&lt;br /&gt;–Bueno, pero vos tuviste algo que ver en el asunto.&lt;br /&gt;Era la pura verdad. Acababa de convencer a Milan, el serbio, de que, casas más, casas menos, yo era igualito a Amelita Vargas y había comenzado a preguntarle si no había tenido oportunidad de conocer una mujer parecida, en Bosnia por ejemplo.&lt;br /&gt;Me explico: esos balcánicos se habían consagrado a un curioso proceso de depuración étnica. No querían que nadie que luciese diferente viviera en sus vecindarios. Para conseguirlo pergeñaron un método incongruente: violar a todas las hembras de sus odiados vecinos. El resultado será paradójico: en unos años resultará imposible saber si un tipo es serbio, bosnio, herzegovino o paraguayo.&lt;br /&gt;Love is all you need.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el acelerado proceso de mestizaje que llamaban “depuración étnica”, habían perpetrado actos de un salvajismo estremecedor.&lt;br /&gt;El momento era de extrema tensión: yo podía estar chateando con un criminal de guerra, con el mismísimo Carnicero de Bosnia.&lt;br /&gt;Entonces Johnny reventó una bolsa de papel a mis espaldas.&lt;br /&gt;¡Bum!&lt;br /&gt;Demoraron más de diez minutos en reanimarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estallido de la bolsita de papel acabó por disipar mis dudas y coloqué, por fin, los espejos retrovisores. Pero algo que ver también tuvo la oficial Quintana: cada vez que escuchaba su taconeo al cruzar el salón para ir de su despacho al de Salvides, adivinaba que había venido de uniforme, con sus medias oscuras y el liguero azul.&lt;br /&gt;Es azul. Así lo prescribe el reglamento. Tiene una presilla, a la altura del muslo derecho para sujetar un arma de emergencia. Lo sé. Yo mismo se lo quité, vestido de Hombre Araña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿La oficial Quintana tendría alguna noción de lo que había ocurrido en su despacho?&lt;br /&gt;No conseguía sacarme la idea de la cabeza: no puede existir ninguna pastilla, ningún polvo, ningún ácido en toda la faz de la tierra capaz de anular completamente la conciencia de una persona. En algún lugar, pequeño, invisible hasta para un microscopio, la mente de la oficial Quintana debía &lt;span style="font-style:italic;"&gt;saber&lt;/span&gt;. Y en el momento menos pensado, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;recordaría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;En lo mejor de un patrullaje miraba la pantalla y creía verla aproximarse a mis espaldas, en puntas de pie, empuñando un cortapapeles.&lt;br /&gt;Como podrán apreciar, había un sinnúmero de razones para justificar los retrovisores. Pero no podía revelar ninguna de ellas a Salvides. Así que me limité a explicarle lo de Amelita Vargas.&lt;br /&gt;–¡Travesti cibernético! –escupió Salvides con desprecio.&lt;br /&gt;Mas tarde, luego de recibir el informe de Salvides, el subcomisario Iraola me miró, pensativo. No hizo ningún comentario, pero en ese momento supe que algo se había roto entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a mi casa, me saqué los zapatos, la camisa y los pantalones. Abrí una cerveza y una vez instalado cómodamente ante la computadora, revisé algunos archivos de Carola.&lt;br /&gt;Así se llama la oficial Quintana. Carola. Carola Quintana. Me gusta.&lt;br /&gt;De todos modos, a los fines artísticos, la bautizamos Carol. Se pronuncia acentuando la “o”: Caról. Yo hubiera conservado el original pero Johnny insistió en que Carola sonaba a maestra jardinera: jamás podría ser el nombre de la amante del Hombre Araña.&lt;br /&gt;No es &lt;span style="font-style:italic;"&gt;exactamente &lt;/span&gt;la amante. La historia es más compleja, más elaborada. Johnny tenía la idea general del argumento. En la cabeza, me dijo, pero quería que improvisáramos. Pues bien, improvisamos. Variaciones sobre una idea, como en el jazz.&lt;br /&gt;spidersexxx.&lt;br /&gt;Es un confuso video y una secuencia de cuarenta imágenes. Las pueden ver gratuitamente en el rubro Aficionados de la Robin’s Home Page.&lt;br /&gt;Robin quedó encantada con las fotos. Y quiere contratarme. Supongo que planea agregar una nueva sección: “Spiderman and me”.&lt;br /&gt;Suena tentador, pero debería trasladarme hasta California, con todo lo que eso implica.&lt;br /&gt;Cuando se lo comenté, Johnny se amoscó.&lt;br /&gt;–No serás tan hijo de puta de renunciar. Hice todo esto por vos.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Todo esto&lt;/span&gt;” era la secuencia de cuarenta fotografías. Y el video.&lt;br /&gt;Johnny se mostró decididamente ofensivo. A su modo de ver, la sección que Robin planea abrir conmigo es abnormal Sex.&lt;br /&gt;Lo acusé de envidioso.&lt;br /&gt;Me estudió en silencio.&lt;br /&gt;–¡Vos estás &lt;span style="font-style:italic;"&gt;de veras&lt;/span&gt; enfermo! –exclamó con entusiasmo al cabo de un rato.&lt;br /&gt;No supe cómo reaccionar. Él parecía &lt;span style="font-style:italic;"&gt;de veras&lt;/span&gt; entusiasmado. Además, yo exageraba mis méritos pues Johnny había sido mi doble en las escenas de sexo propiamente dicho: todos primeros planos de Caról, con una mínima, pero esencial, participación del Hombre Araña.&lt;br /&gt;Mi papel consistió en derramarme en distintas posturas sobre la oficial Quintana.&lt;br /&gt;Para Johnny, tuve una intervención &lt;span style="font-style:italic;"&gt;decorativa&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;La idea me hizo gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Spidersexxx fue una operación de carácter defensivo. Ni Johnny ni yo pensamos alguna vez, seriamente, en convertirnos en estrellas porno. Tampoco la oficial Quintana. &lt;br /&gt;Luego del enojoso incidente provocado por la torta de Bob, la oficial Quintana había dejado de dirigirme la palabra. Podía darme cuenta de que en cuanto se le presentase la oportunidad –por ejemplo, cuando Salvides saliera por la puerta de Virrey Cevallos dentro de un chaleco de fuerza– yo lo haría inmediatamente después, como un borracho expulsado de un bar.&lt;br /&gt;Ahora podía estar tranquilo, dijo Johnny. Las posibilidades que tenía Carola de convertirse en jefa de la Brigada eran más bien remotas.&lt;br /&gt;–Si ninguno de los patrulleros entra a la página de casualidad, nos ocuparemos nosotros de guiar la investigación.&lt;br /&gt;–Sólo si fuera estrictamente necesario –acoté.&lt;br /&gt;Johnny se alzó de hombros. Se siente seguro: si mientras esté de servicio conserva los pantalones puestos, será imposible identificarlo mediante un identikit. No creo que pueda decirse lo mismo de mí. En ningún momento me quité la máscara, pero hay algo definitivamente familiar en ese Hombre Araña.&lt;br /&gt;Por otra parte, no quería destruir la carrera de Carola.&lt;br /&gt;–Ya veremos –dijo Johnny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los descansos que hacíamos durante la sesión de fotografías, para reponer el aire o administrar a Carola una nueva dosis –tarea que quedaban bajo la exclusiva responsabilidad de Johnny–, yo me entretenía copiando los archivos de su computadora.&lt;br /&gt;Tengo los CD en casa. Los estoy revisando de a poco. Los archivos están protegidos, pero con un poco de ingenio y paciencia, es posible abrirlos.&lt;br /&gt;Lo hice con dos este fin de semana. Y puedo decir una sola cosa: ¡qué horror!&lt;br /&gt;Mi hermano, mi héroe, mi ídolo... cayó de su pedestal.&lt;br /&gt;No podría decir que Rolo era un ejemplo para mí, porque jamás hubiera podido seguir sus pasos. Hasta el fatídico fin de semana Rolo era un semidiós, ahora...&lt;br /&gt;Verán, encontré una foto suya en los archivos de la oficial Quintana. Se lo ve de espaldas, con una capucha de cuero en la cabeza y los brazos sujetos a un gancho mediante una cadena. Pero tiene que ser Rolo: reconozco su redondo culo de muchachita, los hombros poderosos y los antebrazos velludos.&lt;br /&gt;No comprendo qué hace en la computadora de Carola. Bueno, eso es evidente a simple vista: se deja azotar por una rubia de largas piernas disfrazada de Gatúbela. Pero no tendría que estar ahí, ni en el disco rígido ni en semejante postura.&lt;br /&gt;También fue una sorpresa averiguar algunas costumbres de la oficial Quintana. Pasea en el Dark Site. Es un sitio de perversiones desmedidas, territorio del subcomisario Iraola. Por un momento se me ocurrió que tal vez chateen entre sí, sin advertirlo. La idea me hizo gracia.&lt;br /&gt;La foto de Rolo se la podría haber enviado el propio subcomisario, desde la computadora contigua a la mía, mientras todo el mundo cree que en su pequeño despacho la oficial Quintana persigue abusadores de niños y protege a las mujeres golpeadas.&lt;br /&gt;Pero no entiendo el papel de Rolo en todo esto. Porque es Rolo, tiene que serlo.&lt;br /&gt;Qué horror.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-294720915838891026?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/294720915838891026/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/11-no-hay-nada-como-un-amigo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/294720915838891026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/294720915838891026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/09/11-no-hay-nada-como-un-amigo.html' title='11. No hay nada como un amigo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-3982741831418218435</id><published>2010-08-29T17:22:00.001-03:00</published><updated>2010-08-29T17:57:14.587-03:00</updated><title type='text'>10. El estúpido asunto de los espejos retrovisores</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Jack Herer&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Ganadora de la Copa Cannabis 1995&lt;br /&gt;Híbrido múltiple, resultado de largos años de selección combinando tres de las más fuertes variedades conocidas. A pesar de ser a menudo presionados por cultivadores obsesivos a fin de que divulguemos los detalles de su pedigree, mucho tememos que, al igual que ocurre con la fórmula de la Coca Cola, la composición de esta variedad permanecerá en riguroso secreto.&lt;br /&gt;Floración: 50/70 días.&lt;br /&gt;Altura: 150/180 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: 125 gr.&lt;br /&gt;Art No 2310.&lt;br /&gt;275 fl.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la página de semillas sensitivas y volví a los Osos Mimosos de Boedo movido por la curiosidad: tal vez encontrara algún conocido.&lt;br /&gt;No hay ninguno, al menos en las fotografías. Entré al foro y aguardé un rato, escuchando en silencio. Ni de los apodos ni de la conversación pude extraer alguna referencia útil. La conversación era un cotilleo insufrible sobre medidas de bíceps, precio de superbikes, largo de penes y lugares donde comprar ropas de cuero. Cada tanto alguno se echaba un eructo, pero en general todos parecían sujetos delicados y extremadamente amables. Creo que no son osos propiamente dichos ni, mucho menos, de Boedo. Aunque el barrio ha cambiado mucho desde la instalación de un supermercado en el viejo Gasómetro, más bien parecían preferir Santa Fe y Uriburu a merodear por Maza y Chiclana.&lt;br /&gt;Desde ya, nadie utilizaría el sobrenombre de su juventud. Yo tampoco. De hecho entré finalmente en el parloteo bajo el alias de “Rolo”. Tal vez picara algún viejo conocido. Rolo no es un oso. Conserva una excelente silueta, además de un redondo &lt;a href="http://blogygrana.com/wp-content/uploads/2009/04/culo4gif.jpeg"&gt;culo de muchachita&lt;/a&gt;, pero en el barrio bien podrían suponer que engordó. Tiene el pecho lampiño, pero de sus antebrazos velludos es posible concluir que lo afeita, para resaltar sus pectorales.&lt;br /&gt;Rolo tenía al menos un admirador, no muy secreto. Cuando pasaba por Avenida La Plata y Vernet, José María, permanentemente de pie bajo el toldo de la tienda de doña Porota, su desdichada madre, lo devoraba con una mirada húmeda.&lt;br /&gt;Doña Porota vivía en el cuarto piso de un edificio sobre Vernet. José María atendía en la escalera. Los muchachos del café cobraban para procurarle un poco de satisfacción. Todos andaban escasos de dinero y el sábado a la noche hacían cola en la escalera. &lt;br /&gt;Como lo oyen. &lt;br /&gt;José María era una fuente de ingresos tan buena como cualquier otra y contribuía a mantener la virtud de las novias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José María hubiera dejado en la ruina a doña Porota con tal de llevarse, por una vez, a mi hermano a su escalera. Pero Rolo jamás se dignó a mirarlo.&lt;br /&gt;Yo sí, aunque a hurtadillas. No quería que José María me sorprendiera. Él también me echaba frecuentes &lt;a href="http://www.studiolum.com/wang/prague/josef-sudek.jpg"&gt;miradas&lt;/a&gt;, llenas de rencor, como si yo fuese un potencial competidor. Ignoro por qué. En primer lugar, no creía dar el tipo físico. Mi único punto de referencia al respecto era el propio José María, también pasado de peso, pero en pequeño. Aunque increíblemente velludo. Podría muy bien formar parte de los Osos Mimosos, categoría koala.&lt;br /&gt;Tenía largos pelos en el tórax que asomaban del cuello de su &lt;a href="http://globbos.com/wp-content/uploads/2009/11/business-chimp.jpg"&gt;camisa&lt;/a&gt;. Pero afeitaba dos veces al día una barba que crecía cerrada alrededor de la gran boca húmeda. También sus ojos estaban permanentemente humedecidos. La mayoría de las veces por una paliza. Sucedía con frecuencia y le llovían desde las más diversas partes. En eso nos parecíamos bastante, aunque a mí los recolectores de residuos jamás me arrojaron dentro del camión.&lt;br /&gt;Después de su excursión en el camión recolector José María regresó del Bajo Flores sin un centavo y cubierto de basura. Un patrullero lo remitió a la comisaría, donde continuaron pegándole, dentro y fuera del calabozo. También en el baño. Y algunos agentes lo llevaron a la escalera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay golpes tan fuertes en la vida... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibí el mío con la destrucción de Deseo. De algún modo significó el fin de mi adolescencia. Tenía algo más de 25 años, pero nadie parecía sorprenderse de que madurara tan lentamente. Por lo de los testículos, ya saben.&lt;br /&gt;A medida que lo desguazaba, Rolo iba arrojando los pedazos de Deseo al medio de la calle. Los vecinos se congregaron alrededor de la pila. Cada tanto alguien gritaba “¡Guarda!”. Y todos debían apartarse rápidamente para no ser aplastados por una rueda, un trozo de fuselaje, el alerón de cola o la hélice de madera que yo había pulido y barnizado con tanto esmero.&lt;br /&gt;Parecía que, allá arriba, Rolo no acabaría jamás.&lt;br /&gt;Mis sobrinos y yo mirábamos el magnicidio desde el zaguán, sollozando abrazados.&lt;br /&gt;Qué horror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decido seguir la pista de los traficantes de niños por mi propia cuenta, sin informar a Salvides ni, mucho menos, a la oficial Quintana. Coloco un anuncio en amarillas.com:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Madre soltera de cinco hermosos niños necesita yerba, azúcar, fideos, leche en polvo y una docena de chapas galvanizadas”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Un señuelo perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito de Salvides: hizo crisis. Fue el estúpido asunto de los espejos retrovisores. Resolví colocarlos –uno a cada lado del escritorio– luego de una broma que me gastó Johnny mientras yo patrullaba una red chilena que descubrí hace poco.&lt;br /&gt;Antes de continuar, déjenme decirles que no hay nada ilegal en eso pues internet no reconoce fronteras. Uno puede ingresar donde le plazca y desde cualquier lugar. Es una enorme autopista informática de libre circulación en la que el tránsito va simultáneamente en varias direcciones.&lt;br /&gt;Dicho así, parece un poco caótico. Sin embargo, funciona. Es lo que trataba de explicarle a Salvides, pero el inspector se cierra y no quiere entender. A su modo de ver, nosotros no podemos operar más allá de la General Paz sin la correspondiente autorización judicial. Además, estaba obsesionado por los espejos retrovisores de mi patrulla. No veía qué relación podían tener con la red chilena. Las venas de su frente parecían a punto de reventar y golpeaba el escritorio con el puño.&lt;br /&gt;–¿Qué carajo tienen que ver los chilenos con esto?&lt;br /&gt;Ya saben, los espejos.&lt;br /&gt;Yo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;trataba&lt;/span&gt; de explicarle, pero el inspector me impedía hablar. Y me bañaba en &lt;a href="http://www.eblog.com.ar/wp-content/uploads/splash.jpg"&gt;saliva&lt;/a&gt;. Imagínense. Un asco.&lt;br /&gt;La verdad era bien sencilla: yo chateaba en la red chilena, y digo “chilena” porque es chilena, pero eso no impide que participen usuarios de otras partes, en general hispanoparlantes. Aunque a la sazón me encontraba en el cuarto privado con un estudiante serbio. Aprendía español.&lt;br /&gt;Salvides guiñó los ojos, como un chimpancé frente a una cafetera express.&lt;br /&gt;–¿Qué cuarto privado?&lt;br /&gt;–La sala de interrogatorios –aclaré, en su jerga.&lt;br /&gt;Esto pareció calmarlo un poco. De todos modos insistió, y de muy mal modo, que seguía sin ver alguna relación entre una cosa y la otra.&lt;br /&gt;Yo tampoco. La única relación entre que el serbio estudiara español y la sala de interrogatorios era yo. Sosteníamos un flirteo virtual, cosas que pasan mientras se chatea.&lt;br /&gt;Antes de que piensen mal me apresuraré a aclarar que en esa red soy “Salomé”, una estudiante interesada en la historia del Imperio Austro-Húngaro, una afición como cualquier otra. Fue muy conveniente para hacer contacto con el serbio, aunque sospecho que Milan (así se llama) también ha leído al general Liddlehard, pues en realidad le importa un comino del Imperio Austro Húngaro y únicamente quiere conocer chicas.&lt;br /&gt;Le gustan morenas y pequeñitas, con carnes bien distribuidas y gruesos labios rellenos de grasa abdominal. Quería saber cómo me veía yo. Le di una descripción aproximada de &lt;a href="http://lareinadelmambo.com/pb/wp_6ef907af/images/img6965482794e0b0f77.JPG"&gt;Amelita Vargas&lt;/a&gt;, La reina del mambo.&lt;br /&gt;–¡¿Amelita Vargas?!&lt;br /&gt;¿Ya dije que Salvides tiene la costumbre de repetir mis palabras, pero en forma de pregunta?&lt;br /&gt;Algunos de mis compañeros rieron. Son tan jóvenes: creen que cuando Amelita Vargas filmaba en Artistas Argentinos Asociados, fuera del estudio merodeaban los dinosaurios. De todas maneras, si alguien ríe a mis espaldas, generalmente lo hace de mí. Lo sospecho desde mi niñez, cuando Aníbal pegaba carteles en mi guardapolvo.&lt;br /&gt;Miré por el retrovisor. Mis ojos se cruzaron con los de Johnny. Sonrió y me hizo una seña de OK. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;“Vas bien”&lt;/span&gt;, parecía querer decir.&lt;br /&gt;Podía ir bien, pero si Salvides hacía el ACV –tenía todos los síntomas– terminaría muy mal, convertido en un PCBV. Y viviendo nuevamente en casa de Rolo, donde fui a parar luego de la muerte de papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No puedo con él –había dicho Elena luego de sonarse la nariz–. Además, si mamá vuelve a verlo, no sé qué puede llegar a pasar.&lt;br /&gt;¿Qué podía pasar? Nada. Mi madre había quedado definitivamente atrapada en el pasado y, si todavía resultaba capaz de hacerse cargo de algunas tareas hogareñas, era más por un reflejo pavloviano luego de tantos años de rutina que por una cabal comprensión de la realidad. Ni se había enterado de la muerte de papá, y siguió bañándolo, perfumándolo y poniendo su cuerpo junto a los malvones hasta que salió eyectado de la mecedora.&lt;br /&gt;Luego de eso, lo echó de menos. Las tareas de mantenimiento conyugal le llenaban varias horas del día y de algún modo le permitían regresar de la fiesta de casamiento. Ahora en cambio, parecía condenada a revivir una y otra vez Aquella Noche.&lt;br /&gt;–¡Pobre señora! –fue todo lo que se le escuchó decir cuando vio a papá en el patio, con la cabeza hundida en el macetero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-3982741831418218435?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/3982741831418218435/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/10-el-estupido-asunto-de-los-espejos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3982741831418218435'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3982741831418218435'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/10-el-estupido-asunto-de-los-espejos.html' title='10. El estúpido asunto de los espejos retrovisores'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-8642240417428057310</id><published>2010-08-24T17:15:00.005-03:00</published><updated>2010-08-24T17:44:54.015-03:00</updated><title type='text'>9. El hombre araña</title><content type='html'>Peligro en la red: incesto en California. Padre, hija y un vibrador. Título: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Un poco más, daddy&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay veces en que estoy a punto de pedir un cambio a un área menos traumática de la internet. Terrorismo. O Drogas Peligrosas, la especialidad de Johnny. Pero el subcomisario Iraola insiste en que soy el más indicado para patrullar &lt;a href="http://byfiles.storage.live.com/y1pMWdwkWHu_WOlIMJahUAO0qgD1rP29FwmSSCA4XvfqxBr6aqyiZ3fUOwbmuD1NX7iLU6-UzLl7j0"&gt;ilícitos sexuales.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;–Son los peores crímenes –dice–. En especial, si hay menores involucrados.&lt;br /&gt;Es verdad, pero cuando aparece involucrado un menor debo elevar el caso a la oficial Quintana. Esa es su área: menores en riesgo y mujeres golpeadas. Hay miles de mujeres golpeadas en el planeta. Y hombres, aunque sospecho que ahí merodea Iraola.&lt;br /&gt;La chica de “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Un poco más, daddy&lt;/span&gt;” está en riesgo. Por dos dólares puedo comprobar hasta que punto. Y por ocho más existe la posibilidad de dar algunas órdenes.&lt;br /&gt;Me hubiera gustado pedir que usara el vibrador con su amado daddy, pero habría tenido una discusión con &lt;a href="http://estaticos03.cache.el-mundo.net/elmundo/imagenes/2008/07/21/1216654488_0.jpg"&gt;Salvides.&lt;/a&gt; Parece que la plata saliera de su bolsillo y no de los fondos reservados del Ministerio.&lt;br /&gt;Tendré que derivar “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Un poco más, daddy&lt;/span&gt;” a la oficial Quintana. Es abuso de menores y prostitución.&lt;br /&gt;La oficial Quintana ha descollado en la lucha contra la prostitución infantil. Hace poco descubrió un caso en Sidney y recibió una felicitación del Consejo del Menor. No comprendo por qué el Consejo del Menor de aquí y no el de Sidney. Tampoco comprendo el significado del enigmático mensaje del presidente del Consejo: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Meterse con la prostitución es meterse con la vida&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me tenés que dar una mano –había dicho Johnny, ¿recuerdan?&lt;br /&gt;La ayuda que requería era de orden práctico. Pero me revelaría su naturaleza recién cuando terminara nuestro turno de servicio.&lt;br /&gt;–¿Es un asunto particular?&lt;br /&gt;–Más o menos.&lt;br /&gt;Al cumplirse la hora, Salvides salió de su despacho y &lt;a href="http://spc.fotolog.com/photo/28/36/58/protoplasmicgirl/1235820597036_f.jpg"&gt;nos miró con curiosidad&lt;/a&gt;. Todos los detectives habían apagado los motores de búsqueda y cubrían sus equipos con las fundas de nailon. Algunos ya hacían cola frente al reloj, mientras Johhny y yo continuábamos de patrulla.&lt;br /&gt;Salvides pareció a punto de decirnos algo, pero lo pensó mejor: podría obtener una respuesta. Se alzó de hombros e hizo un gesto vago con el índice apuntando hacia su sien. Ya saben.&lt;br /&gt;Algunos de los muchachos ensayaron risitas de compromiso y de a poco fueron abandonando la oficina.&lt;br /&gt;Johnny se puso de pie.&lt;br /&gt;–Vamos.&lt;br /&gt;Lo seguí hasta el privado de la oficial Quintana. Recién entonces advertí que no la había visto salir con los demás. Me pareció que tampoco había abandonado su despacho en toda la tarde. Si bien yo patrullaba contra la pared, de espaldas al salón, cuando la oficial lo atravesaba para dirigirse hacia lo de Salvides sentía el penetrante aroma del Parfum Dalí Edition Special. Y si había venido de uniforme, el repicar de sus largos tacos en el mosaico, que me provocaba inevitablemente una ligera excitación. Pero esa tarde había transcurrido calma y monótona como pocas.&lt;br /&gt;Johnny abrió la puerta del despacho. La oficial Quintana estudiaba el racimo de dátiles.&lt;br /&gt;–Vamos –me urgió Johnny.&lt;br /&gt;Yo permanecía paralizado en el vano de la puerta. Para obligarme a entrar hubiera sido preciso un shock eléctrico.&lt;br /&gt;–¿Qué esperás, boludo?&lt;br /&gt;Comencé a retroceder.&lt;br /&gt;Johnny meneó la cabeza con fastidio, de dos zancadas llegó hasta la butaca de la oficial y la hizo girar. Las manos de Quintana yacían laxas en su regazo. Tenía los ojos entreabiertos.&lt;br /&gt;–¿Está muerta?&lt;br /&gt;Johnny no respondió. Se había alejado unos pasos de la oficial y la observaba con &lt;a href="http://www.mujerestic.com/wp-content/uploads/animal-bizco.jpg"&gt;ojo crítico&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–Vamos a tener que hacer algo con esa cara.&lt;br /&gt;Supuse que hablaba en plural mayestático, pero Johnny no parecía ver las cosas del mismo modo.&lt;br /&gt;–A ver, Gordo, dame una mano.&lt;br /&gt;“Gordo” es en la Brigada mi nickname más corriente. Muestra muy poca originalidad y parece un poco abusivo, pero así y todo lo prefiero a Pirulo. Hace mucho que dejé de ser Pirulo, aunque suelo comportarme como tal en demasiadas ocasiones. Esta prometía ser una de ellas.&lt;br /&gt;Continué retrocediendo al tiempo que meneaba la cabeza.&lt;br /&gt;Johnny me paralizó con su índice.&lt;br /&gt;–Me metí en esto por vos.&lt;br /&gt;Eso no era verdad.&lt;br /&gt;–Eso no es verdad –dije. Además, no tenía idea de a qué denominaba “esto”. Y me parece que no quería saberlo.&lt;br /&gt;–Bueno, dejate de joder –protestó Johnny– Pongámonos a laburar antes de que se le pase el efecto.&lt;br /&gt;Observé a la oficial Quintana con mayor detenimiento: Johnny le había dado una de sus pastillas.&lt;br /&gt;–Mientras yo la preparo –prosiguió– vos ponete el traje de Hombre Araña.&lt;br /&gt;Había escuchado mal. O empezaba a tener alucinaciones auditivas. Podían ser síntoma de un tumor cerebral, de una hormona fuera de lugar, de demencia…, aunque también era posible que Johnny hubiera disuelto uno de sus comprimidos en mi café.&lt;br /&gt;Todavía estaba a tiempo de echar a correr hacia la salida, pero Johnny había comenzado a desprender la blusa de la oficial Quintana, revelando un ajustado soutien de reglamentario color azul. La puso de pie, tomándola de las axilas. La oficial se bamboleó a izquierda y derecha. Tenía una sonrisa tonta. Un hilo de saliva rodaba por su barbilla. Y sus brazos colgaron fláccidos a los costados cuando Johnny la libró del soutien. Volví a sentirme al borde de un precipicio.&lt;br /&gt;Ya no era dueño de mí.&lt;br /&gt;Con el discernimiento de un autómata me dirigí al escritorio de Johnny, abrí su bolso y saqué el traje de Hombre Araña.&lt;br /&gt;Eso me hizo reaccionar.&lt;br /&gt;–¡Yo no me puedo poner esto!&lt;br /&gt;Era una protesta polivalente, pero Johnny pretendió comprender sólo uno de sus significados.&lt;br /&gt;–Es tela elástica –gritó desde el despacho–. Lycra, o algo por el estilo.&lt;br /&gt;Resulta increíble la resistencia y ductilidad de esos tejidos sintéticos. Mi cuerpo fue haciendo presión sobre los puntos, pero estos, lejos de deshacerse, parecían querer regresar a su conformación original. Al cabo de un rato conseguí meterme dentro del traje, pero en cierto sentido acabé adaptándome a su forma.&lt;br /&gt;El resultado era bastante aceptable y podría haber dicho que magnífico, de no ser por la bragueta que, lejos de pasar desapercibida, se abría en un enorme tajo por el que pendía mi tímido pirulín aterciopelado. Mis nalgas, por su parte, asomaban como bochas de helado de crema a través de dos orificios circulares practicados en la parte trasera del pantalón.&lt;br /&gt;–¡No me puedo poner esto!&lt;br /&gt;Johnny se asomó a la puerta.&lt;br /&gt;–Ya lo tenés puesto. Además, te queda muy bien.&lt;br /&gt;¿Sí? Busqué un espejo, pero no había ninguno a mano. Siempre tuve la intención de colocar un par de retrovisores en los laterales de mi escritorio, pero había pospuesto una y otra vez el asunto desanimado ante la perspectiva de una nueva discusión con Salvides. Ahora lamentaba haber sido tan pusilánime.&lt;br /&gt;Me observé como pude en el vidrio de una de las ventanas. La borrosa figura del superhéroe irradiaba &lt;a href="http://www.juliangallo.com.ar/wp-content/uploads/2006/07/lanata.jpg"&gt;gallardía&lt;/a&gt; y virilidad.&lt;br /&gt;Me coloqué la máscara, saqué pecho y con paso elástico me dirigí al despacho de la oficial Quintana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-8642240417428057310?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/8642240417428057310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/9-el-hombre-arana.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8642240417428057310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8642240417428057310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/9-el-hombre-arana.html' title='9. El hombre araña'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-2514656327830563484</id><published>2010-08-14T18:46:00.010-03:00</published><updated>2010-08-16T19:40:54.182-03:00</updated><title type='text'>8. El desagradable incidente del bancario</title><content type='html'>En paranoia.com la Finnish Cannabis Association anuncia un banco de semillas para el jardinero moderno. Les paso una muestra de su catálogo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Shiva Shanti&lt;br /&gt;Planta de interior.&lt;br /&gt;Esta semilla afgana, con su penetrante aroma, es uno de los mejores productos de la colección debido a su alto rendimiento y sabor placentero.&lt;br /&gt;Floración: 50-55 días.&lt;br /&gt;Altura: 100/ 130 cm.&lt;br /&gt;Cosecha: aprox. 125 gr.&lt;br /&gt;Art No: 226&lt;br /&gt;60 florines.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No es eso, ganso!!!&lt;/span&gt;” –había gritado Beto Beep. ¿Recuerdan? Estábamos en almaboquense hablando de los implantes sebáceos.&lt;br /&gt;Lo llamé a sosiego advirtiéndole que si volvía a levantarme la voz lo iba a tirar de la segunda bandeja de La Bombonera.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Me dejé llevar&lt;/span&gt;”, se disculpó. Le había ocurrido algo horrible y se sentía muy perturbado.&lt;br /&gt;Un poco de chacota no viene mal:&lt;br /&gt;“¿Tu novia se hizo hincha de River?”&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Peor&lt;/span&gt;”, repuso. “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Me persigue el Mossad&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Me pareció extraño que el servicio de inteligencia israelí persiguiera a un barrabrava de Boca. ¿Tendría algo que ver con el apriete al Primer Ministro?&lt;br /&gt;“¿Por qué el Mossad?”&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Lo mismo me preguntó Aníbal&lt;/span&gt;” escribió Beto.&lt;br /&gt;Tomaban una copa en un stripbar, Beto Beep y su amigo Aníbal. Me pareció una agradable casualidad –yo también tuve un amigo Aníbal– pero guardé silencio y lo dejé seguir.&lt;br /&gt;Beto escribió: “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Por qué el Mossad?, preguntó Aníbal distraído por las prótesis mamarias de una bailarina tailandesa que llevaba en el resto de su cuerpo los inconfundibles rastros de la desnutrición infantil&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Convine con él en que debía resultar un espectáculo chocante, una especie de monstruosidad artificial fruto de la afiebrada fantasía de un cerebro humano.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La naturaleza, por sí sola&lt;/span&gt;, confirmó Beto Beep, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;es incapaz de producir algo así, ni con el auxilio de la talidomida”.&lt;br /&gt;“Entonces&lt;/span&gt;– prosiguió– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;y esto sí fue una estúpida y muy inconveniente asociación de ideas, recordé a la actriz que se había hecho extraer un centímetro cúbico de grasa del abdomen para ensancharse los labios. La insensata los creía ahora más sexy”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Sentí que se me revolvían las tripas. No podía seguir leyendo, pero Beto Beep tecleaba como un desaforado.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Quién puede encontrar sexy un moco pegajoso, blando, que se desgrana entre los dedos como una torreja de seso? Pues la desdichada así parecía creerlo, y lo reveló muy ufana delante de las cámaras de televisión mientras el director hacía un primer plano de su implante sebáceo piadosamente cubierto con una capa de carmín, y sentí que se me revolvían las tripas y volví a vomitar, esta vez sobre el pantalón de Aníbal que quedó regado de modernos labios femeninos como si acabara de salir de una orgía con un lote de modelos publicitarias.&lt;br /&gt;–¡Pirulo y la puta que te parió! –me gritó Anibal&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo “Pirulo”? &lt;br /&gt;Tuve un vahído: el precipicio se abría a mis pies. Pero Beto Beep no iba a detenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Aníbal saltó hacia atrás, su taburete golpeó la rodilla de un ejecutivo que se solazaba con el whisky del final del día, y lo tomó desprevenido, abocado a la seducción de una señorita que parecía moldeada por un cirujano lascivo con el excedente sebáceo de un hipopótamo. El whisky se derramó en su escote y ella seguramente pensó que sus tetas se derretirían pues de otro modo jamás hubiera hecho lo que hizo, esto es, mover los brazos en molinete y golpear con el derecho la bandeja que una camarera transportaba por el atestado salón con las precauciones del caso y que salió despedido en una pobre imitación del apolo equis ii&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;“¿Qué apolo?”, atiné a preguntar.&lt;br /&gt;Beto Beep no me prestó atención:&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Lo peor del caso&lt;/span&gt; –escribió– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;fue que Aníbal tenía razón: Pirulo estaba de vuelta&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo trataba de recuperar el aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué te pasa? –me preguntó el subcomisario Iraola, circunstancialmente de patrulla a mi lado.&lt;br /&gt;–Nada –repuse, y salí de la red dejando a Beto Beep con la letra en la boca, por así decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Welcome&lt;/span&gt;”, dice Kenny Zalewski, desde la Kenny Zalewski´s Home Page “&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Please, come in&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;Entro.&lt;br /&gt;Encuentro la lista de los cuatro mil seiscientos trece compact disk que Kenny tiene en su discoteca.&lt;br /&gt;Hay locos para rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a Beto Beep volví a pensar en mi amigo Aníbal. Había dejado de verlo al terminar el secundario. En aquel entonces Aníbal todavía vivía en el barrio, pero estudiaba en la facultad. Cultivaba un círculo diferente de amistades, a eso me refiero. Pero reapareció sorpresivamente una mañana luego del regreso de Elena, que lo recibió en la puerta con su mejor expresión de &lt;a href="http://estaticos02.cache.el-mundo.net/elmundo/imagenes/2009/03/13/1236933394_extras_ladillos_1_0.jpg"&gt;hembra contrariada&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–¿Qué querés?&lt;br /&gt;Es una proeza decirlo con las comisuras de la boca vueltas hacia abajo, pero Aníbal no pareció impresionado.&lt;br /&gt;–Ver a tu hermano.&lt;br /&gt;Eso era evidente, hasta para papá. ¿Qué otra cosa podía estar haciendo Aníbal en mi casa?&lt;br /&gt;Desde ya, nadie conocía las razones que algunos años atrás lo habían llevado a visitarme con tanta asiduidad. Porque hubo una época en que Aníbal venía casi todos los días. Se sentaba en mi cama y hojeaba una revista cualquiera. Ninguna en especial, aunque sus opciones se limitaban a &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mecánica Popular&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;a href="http://miultimavoluntad.com/wp-content/uploads/2009/06/lupin_numero_1_guillermo_guerrero_tierra_Freak_Tierrafreak.com.ar.png"&gt;Las aventuras de Lúpin&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;, el pequeño piloto de biplanos. Era una combinación explosiva que acabaría por provocar estragos en mi discernimiento, pero jamás hizo mella en la sólida personalidad de Aníbal.&lt;br /&gt;Aníbal hojeaba las revistas mientras yo me paseaba nerviosamente por el cuarto tratando de imaginar algún modo de entretenerlo. O sacando temas de conversación para que no se aburriera. Pero el tedio era un concepto desconocido para Aníbal. Gozaba de mi amistad y compañía en riguroso silencio, un par de horas por día, de cinco a siete. A las siete se tendía en el piso, boca abajo, con un ojo pegado al pequeño orificio desde el que era posible tener una visión bastante completa de Elena en el momento de darse su baño vespertino.&lt;br /&gt;También le enviaba anónimas esquelas de amor. O poemas de Benedetti, firmados por su &lt;a href="http://www.elortiba.org/graph/benedetti06.jpg"&gt;autor&lt;/a&gt;. Todo esto debía confundir a Elena, quien ya noviaba con el bancario y había fijado fecha. 27 de Octubre. ¿Cómo olvidarlo?&lt;br /&gt;El bancario era un buen partido. Tenía un trabajo seguro y un futuro de estabilidad y moderada prosperidad. Y un Fiat 600, en el que pretendía manosear a Elena más de la cuenta mientras tomaban guindados en Pampa y Alcorta.&lt;br /&gt;Demás está aclarar que jamás estuve presente: lo supe por Aníbal. Los acechaba emboscado detrás de un árbol, con una gomera. Y sobresaltaba al bancario arrojando piedritas contra el Fiat. Esto y la molesta palanca de cambios habían facilitado las intenciones de Elena: mantener incólume el entusiasmo del bancario hasta el último día, de manera de poder arrastrarlo, convenientemente asido, al tálamo nupcial.&lt;br /&gt;Todo induce a sospechar que ni siquiera en la noche de bodas el desgraciado tuvo su oportunidad. En la fiesta, mientras Rolo me arrastraba de los pelos hacia la calle, pude ver a Elena, petrificada detrás de la gigantesca torta de casamiento, con la boca muy abierta, enseñando los dientes. Se le había corrido el rimel. Mi hermana se había convertido en un mandril.&lt;br /&gt;Aníbal debió haber dejado que las cosas siguieran su curso, sin intervenir. Dentro de un Fiat 600 el comercio sexual entre dos seres humanos de tamaño normal está condenado a un irremediable fracaso. Lo reconoció apenas nos retiramos de la fiesta, mientras orinábamos el automóvil del doctor López Vázquez.&lt;br /&gt;De todos modos, Aníbal siguió con sus visitas luego del casamiento de Elena, aunque se hicieron cada vez más esporádicas. Y ya no se tendía en el piso a las siete de la tarde: hojeaba melancólicamente los &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mecánica Popular &lt;/span&gt;por no más de media hora y luego se iba sin que tuviéramos ocasión de intercambiar una palabra.&lt;br /&gt;Pronto dejó de venir, aunque luego de una prolongada ausencia, regresó dos veces más. La primera, en ocasión del ACV definitivo de papá, “A ver como estaba el viejo”.&lt;br /&gt;Lo llevé hasta el patio.&lt;br /&gt;–Está muy gracioso –dijo.&lt;br /&gt;Y lo hizo por segunda vez unos años más tarde, cuando mi hermana se reintegró al hogar familiar con sus dos hijos y el lavarropas automático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ann’s Page for Human Health.&lt;br /&gt;Sexuality.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veamos que cositas se le ocurren a la señorita Ann.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Haz que una mujer se rinda&lt;br /&gt;Si un hombre pretende que una mujer sucumba a sus deseos puede preparar una mezcla de polvos de Estramonio blanco (Datura stramonium), ¡extremadamente tóxico!), pimienta larga (Piper longum) y pimienta negra.&lt;br /&gt;Combinarla con miel y embadurnar el pene antes de la penetración.&lt;br /&gt;Debe hacerse notar que los alcaloides del estramonio serán reabsorbidos a través de la mucosa del pene y la vagina, pudiendo causar un severo envenenamiento.&lt;br /&gt;Alternativamente, y menos riesgoso, un ungüento para obtener el mismo propósito puede incluir ingredientes tales como las flores arrojadas en un cuerpo humano antes de ser cremado y los restos de un aguilucho que haya muerto por causas naturales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Opto por la primera fórmula, aunque prescindiendo del estramonio. Me unto, al principio con aversión. Contrariamente a lo esperado, no arde, pero a medida que pasan las horas provoca un poco de incomodidad. Y comezón. Y me obliga a andar como si mis testículos fueran del tamaño del dirigible Hindenburg.&lt;br /&gt;Transcurren las horas sin novedad hasta que, por fin, escucho a mis espaldas el taconeo de la oficial Quintana. Me pongo de pie y voy hacia ella. La intercepto en mitad del salón. Me mira. Hago una reverencia. Adelante, digo. Ella continúa su camino y se mete al despacho de Salvides. Permanezco merodeando. Cuando sale vuelvo a interceptarla. ¿Qué te pasa?, pregunta de mal modo. Respondo con un &lt;a href="http://picture-photo.net/wp-content/uploads/2009/11/wet-in-the-rain-when-the-prince-charles1.jpg"&gt;conejito&lt;/a&gt;. Menea la cabeza y sigue su camino.&lt;br /&gt;Volvemos a encontrarnos a la hora de salida, con el mismo resultado.&lt;br /&gt;Evidentemente, sin el estramonio el ungüento pierde eficacia. Pero ¿estoy dispuesto a llegar hasta el envenenamiento por un poco de atención y amabilidad?&lt;br /&gt;Decido consultar a Ann por métodos menos peligrosos. Y sencillos que encontrar un aguilucho muerto de causas naturales. Pero mis ojos se cierran. Una fuerza irresistible me succiona hacia ese punto oscuro donde el universo se da vuelta como una media. Ya lo estoy atravesando y veo luz. Del otro lado me aguarda la oficial Quintana con su conjunto de ropa interior azul marino. Hace un conejito.&lt;br /&gt;Mientras floto hacia ella siento una dureza entre las piernas. Mi mano desciende.&lt;br /&gt;–¡Gordo!&lt;br /&gt;Me doy vuelta. Es Johnny.&lt;br /&gt;–¿Te volviste loco?&lt;br /&gt;–La testosterona –digo mientras oculto apresuradamente mi pirulín aterciopelado.&lt;br /&gt;Me vuelvo hacia la pantalla. Está cubierta por el protector: un gallo sobre fondo azul. En letras blancas dice: Al servicio de la comunidad.&lt;br /&gt;Oprimo una tecla. El protector desaparece. ¿Puede alguien explicarme qué hago en la red de &lt;a href="http://www.espermadigital.com.ar/img/banco/imagine.jpg"&gt;Osos Mimosos&lt;/a&gt; de Boedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gordo de la página principal, sumergido en el agua hasta la mitad del muslo, es una horrible masa de pelos. Resulta casi imposible distinguir su pubis de su cuello, de cuarenta centímetros de diámetro, lo menos.&lt;br /&gt;No entiendo quién puede sentirse excitado ante semejante bestia. Yo, al menos, muestro formas más delicadas, aunque mi cuerpo lampiño y mis flojas tetillas han de resultar desagradables para esos extravagantes gays de Boedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boedo es el barrio de mi juventud, ya lo saben. Pueden preguntar por mí a cualquiera de los viejos vecinos. Pirulo, el gordo del avión.&lt;br /&gt;La fogata de Rolo en la vereda fue muy popular. Los restos de Deseo ardieron una tarde y una noche enteras. A la mañana siguiente, si alguno revolvía las cenizas, volvía a brotar el fuego.&lt;br /&gt;Vinieron a visitarla desde más allá de la cancha de San Lorenzo. Betty Desartis y su esposo farmacéutico, entre otros.&lt;br /&gt;Pero la historia del avión era conocida desde mucho antes. Por boca de Betty. La divulgó con cuanto chismoso se cruzara en su camino. El farmacéutico reía tontamente. Jamás se preguntó cómo Betty sabía de mi pequeño secreto.&lt;br /&gt;El farmacéutico Desartis vendía hipnóticos sin receta. Rolo lo averiguó al interrogar a la hija de la profesora de piano y a su amiga. Una comisión policial las había rescatado desde lo alto de un camión recolector de residuos. Era uno de esos viejos camiones abiertos donde dos recolectores arrojaban las bolsas y vaciaban los tachos. Un tercero, encaramado en lo alto, los compactaba con las plantas de los pies.&lt;br /&gt;La hija de la profesora de piano y su amiga habían aceptado la invitación de aquellos patanes, oriundos del Bajo Flores. Y retozaban semihundidas en la basura.&lt;br /&gt;El camión, detenido en Senillosa y Bonifacio, llamó la atención del patrullero policial. No había recolectores ni chofer. Estaban todos arriba, con las dos drogadictas.&lt;br /&gt;El esposo de Betty les había vendido unas cápsulas para morigerar los efectos de la oligofrenia severa. Rolo lo golpeó un poco, en la trastienda de la farmacia. Hasta que Betty se abrazó a él solicitando clemencia.&lt;br /&gt;El farmacéutico sonrió tontamente con la boca partida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo alivio. Mientras mi cuerpo se niega a continuar su camino, mi mente insiste en hundirse más y más en el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, sos vos –dijo mi hermana cuando vio a Aníbal de pie en el umbral con una amplia sonrisa iluminando su rostro. Hablo de la sonrisa y el rostro de Aníbal. En los escasos momentos en que Elena fingía sonreír daba la impresión de estar haciendo un ACV. Como papá, cuando mi insensata madre le daba la sopa.&lt;br /&gt;Aníbal dijo que venía a visitarme y subió a mi cuarto, en la terraza. Le mostré el avión.&lt;br /&gt;Regresó varias veces. Estaba tan feliz de haber recobrado su amistad que hasta le enseñé a volar.&lt;br /&gt;Poco a poco, el tiempo que transcurría entre el sonido del timbre y la aparición de Aníbal ante mi cuarto fue haciéndose más prolongado. La distancia a recorrer no era tanta: dos metros de zaguán, un pequeño hall y quince metros de patio. Al final del patio, la escalera con el letrero de advertencia. Aníbal no podía tomarlo en serio. La razón de sus demoras debía ser otra.&lt;br /&gt;Comencé a vigilarlo. En cuanto escuchaba el timbre me asomaba al patio. Mamá mantenía el toldo ligeramente abierto para que el sol diera de lleno sobre papá y los malvones. Los malvones estaban contra la pared. Papá frente a ellos, a unos dos metros de distancia. Su visión del universo consistía en una mata de hojas, un rojo ramillete de flores y una pared descascarada. Me hubiera gustado saber qué conclusiones sacaba de una perspectiva tan propicia a la meditación, pero se había convertido en un hombre extremadamente parco. En fin, que no podía estar entreteniendo a Aníbal con su conversación.&lt;br /&gt;A través de las rajaduras del toldo a veces alcanzaba a ver a alguno de mis sobrinos en el triciclo. Y una vez descubrí a Aníbal en el momento de tomar un mate que le alcanzaba la mano de Elena.&lt;br /&gt;Esa tarde se demoraba demasiado. Yo iba y venía de un extremo a otro de la terraza, asomado al alfeizar, escrutando por los agujeros del toldo, sin ver nada más que la coronilla de papá y la fugaz aparición de uno de mis sobrinos. Decidí bajar por la escalera, subrepticiamente.&lt;br /&gt;Al llegar a la altura del cartel los sorprendí intercambiando un beso. Mi primera reacción fue ocultarme tras la baranda. Cuando volví a asomar la cabeza, habían desaparecido.&lt;br /&gt;Recorrí con la vista las puertas entreabiertas de las habitaciones. Era imposible que estuvieran en alguna de ellas, con mis sobrinos merodeando en el patio.&lt;br /&gt;Trepé a toda carrera hasta mi cuarto y me eché en el piso.&lt;br /&gt;Elena se sacudía a horcajadas de Aníbal. Sentado sobre la tapa del inodoro con los pantalones arrollados a los tobillos, Aníbal recitaba un poema de Benedetti. Levantó la vista y me guiñó un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El carácter de Elena cambió del día a la noche y todo entre nosotros comenzó a ir bien, hasta que ocurrió lo que podríamos denominar “El Incidente del Bancario”.&lt;br /&gt;Verán: su encuentro con el aeroplano y la nueva relación con Aníbal facilitaron mucho las cosas para que entre Elena y yo se estableciera un breve armisticio. También contribuyó el anafe que instalé en mi piecita, donde me cocía huevos y hervía salchichas. Por las noches hacía frecuentes incursiones a la heladera, para equilibrar la dieta. Provocaba estragos, pero Elena no me decía una palabra. Las pocas veces que me crucé con ella, apartaba la vista y proseguía con sus tareas, como si sintiera temor.&lt;br /&gt;Después de una semana ya bajaba a la hora de merienda, a tomar la leche con mis sobrinos.&lt;br /&gt;Y decidí mostrarme un poquito excéntrico.&lt;br /&gt;Compré una gorra con orejeras, botas de cuero y tomé prestadas del taller mecánico vecino un par de antiparras de soldador. No veía absolutamente nada, pero por lo general las llevaba en la frente. Me las colocaba sobre los ojos una vez instalado en la carlinga y con el motor del aeroplano en marcha.&lt;br /&gt;Mis sobrinos perdieron rápidamente la timidez y subían a la terraza, a verme volar.&lt;br /&gt;Ese era el momento que Aníbal y Elena aprovechaban para retozar en el dormitorio. A veces los aullidos de Elena, a pocos metros de papá, llegaban hasta arriba. Pero papá mostraba un olímpico desinterés por todo cuando sucediera a sus espaldas y mamá siempre creyó que los gritos provenían de la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;Yo encendía el motor y llevaba a volar a mis sobrinos. Me veía como un cupido aerotransportado.&lt;br /&gt;Instruí a mis sobrinos para que me llamaran “Capitán”. Se cuadraban para &lt;a href="http://www.libreopinion.com/members/leondegrelle/degrelle65.jpg"&gt;saludarme&lt;/a&gt; cuando bajaba las escaleras. Supongo que fue esto lo que acabó de sacar de quicio a Elena, aunque la visita del bancario tuvo algo que ver.&lt;br /&gt;Tomaban mate con Elena, en el patio. Papá era testigo de sus cuchicheos, pero podían contar con su discreción. Los niños habían formado junto a la escalera: era la hora de la merienda y sabían que el Capitán Deseo no tardaría en bajar, como todas las tardes. Su silencio debió advertir a Elena que algo trascendente estaba por ocurrir, pero las desavenencias conyugales suelen ser muy absorbentes.&lt;br /&gt;Yo había decidido impresionar al bancario y completé mi uniforme con una bufanda blanca, guantes y campera de cuero con cuello de piel. Además, me había colocado las antiparras sobre los ojos. Mientras pude aferrarme a la baranda, todo fue bien, pero una vez en el patio avancé a ciegas, como un Golem retardado. Hasta que tropecé con el triciclo.&lt;br /&gt;Hice un &lt;span style="font-style:italic;"&gt;looping&lt;/span&gt;, con los brazos extendidos y los ojos irracionalmente cerrados. Al caer, golpeé el extremo de la mecedora de papá. Papá salió eyectado hacia proa y dio dos graciosas volteretas antes de aterrizar contra los malvones.&lt;br /&gt;Había tan poca sangre que pensé si no estaría muerto desde mucho antes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-2514656327830563484?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/2514656327830563484/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/8-el-desagradable-incidente-del.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2514656327830563484'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2514656327830563484'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/8-el-desagradable-incidente-del.html' title='8. El desagradable incidente del bancario'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-2233920334220455647</id><published>2010-08-08T14:43:00.059-03:00</published><updated>2010-08-08T20:05:50.107-03:00</updated><title type='text'>7. Un aeroplano llamado Deseo</title><content type='html'>Novedades en la red boquense. Siguiendo instrucciones del subcomisario Iraola, llevé al sospechoso Beto Beep a la sala de interrogatorios. Le pregunté por su nombre electrónico.&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las medidas de seguridad&lt;/span&gt; –repuso Beto Beep– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;son el secreto de mi supervivencia&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Lo alenté a seguir: “Epa!!”&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Al salir de los ascensores&lt;/span&gt; –prosiguió– &lt;span style="font-style:italic;"&gt;siempre miro en sentido contrario al que me dirijo. Y jamás me siento en un bar dando la espalda a la puerta de entrada. Elijo por lo general una mesa al fondo, cerca de los baños, en la medida en que éstos cuenten al menos con una claraboya por donde, llegado el caso, deslizarme con facilidad. No hay muchos, y los he relevado a todos y cada tanto destino un par de días a verificar que no se hayan producido desagradables modificaciones que pudieran dejarme encerrado dentro de un pequeño cubículo a merced de... de quien sea. Es un secreto. Y no calienta. Lo importante es contar con la posibilidad, saber que está ahí, La Vía de Escape&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;Después se escabulló del cuarto de interrogatorios. Y de la red&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltaban menos de cinco minutos para que finalizara nuestro turno de servicio cuando Johnny me llamó a su escritorio.&lt;br /&gt;–Haceme gamba –dijo.&lt;br /&gt;Soy una especie de hermano mayor.&lt;br /&gt;La idea me provoca vahídos: no puedo librarme de la última imagen que tuve de Rolo al abandonar su departamento, de su erecto culo de &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_b2ilU8mY3zQ/RiSPDOxKbbI/AAAAAAAAAEE/VXBaxgVQB5o/s400/rajoy3.jpg"&gt;gallego&lt;/a&gt;, como decía Betty Desartis, la única novia que no obtuvo por medio de un catálogo, sino tras un procedimiento en la farmacia. Era una morena alta y exuberante con una boca tan grande como la de Marilín, pero extendida en forma horizontal. Una especie de buzón para grandes sugerencias.&lt;br /&gt;Sus labios morados, siempre &lt;a href="http://www.tu-pc.com/fondos/media/2313.JPG"&gt;entreabiertos&lt;/a&gt;, también me atraían como un precipicio.&lt;br /&gt;Es el habitual efecto que las novias de Rolo ejercen en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Betty palmeaba con demasiada frecuencia el trasero de Rolo.&lt;br /&gt;Mi hermano fruncía el ceño y trababa los brazos, para sacar bíceps. Supongo que ya en ese entonces era consciente de que su culo era demasiado redondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolo cumplía servicio en una comisaría. Era su primer destino y se paseaba orgulloso con la Browning al cinto. La mano abierta, a cinco centímetros de la cartuchera, elongando los dedos.&lt;br /&gt;Varias veces lo sorprendí mientras &lt;a href="http://i41.tinypic.com/2lnkccx.jpg"&gt;practicaba&lt;/a&gt; frente a un espejo.&lt;br /&gt;Solía trepar de un salto a los colectivos en marcha. Se instalaba en el estribo, junto al chofer, dándole lata mientras vigilaba de soslayo a los pasajeros. Por supuesto, no pagaba boleto. Y cuando apareció en casa con Betty Desartis, la esposa del farmacéutico, mi admiración ya no tuvo límites. Como les dije, era una morena morrocotuda, casi de mi tamaño, aunque bastante mejor formada.&lt;br /&gt;Papá yacía en el estado de gracia en que permaneció durante sus últimos años y mamá se había convertido en un junco seco, apenas agitado por las pesadillas. Elena, por su parte, ya había formado su propio, sórdido hogar con un verdadero bancario –creo que íntimamente siempre deseó que fuera otro médico de incógnito– de manera que apenas quedaba yo como único miembro de la familia en condiciones de dar testimonio de las proezas de Rolo.&lt;br /&gt;De alguna manera esto significó una frustración para él.&lt;br /&gt;Entró una tarde a casa llevando a Betty del brazo, saludaron a los restos de &lt;a href="http://www.thesharkguys.com/wp-content/uploads/2009/02/curly.jpg"&gt;papá&lt;/a&gt; –como siempre que había buen tiempo, en el patio frente a los malvones–, pasaron junto a mamá, absorta en sus recuerdos, y fueron directamente a mi habitación, en la piecita de la terraza.&lt;br /&gt;Yo construía un aeroplano, siguiendo concienzudamente las instrucciones de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mecánica Popular&lt;/span&gt;. Había conseguido el motor de una cortadora de césped al que era necesario poner en marcha mediante una piola. No constituía ningún obstáculo, a excepción del peso.&lt;br /&gt;Jamás pensé en el mío propio como un impedimento para levantar vuelo, supongo que debido a mi condición de piloto.&lt;br /&gt;No figuraba en los planos, a eso me refiero.&lt;br /&gt;Con todo, el mayor inconveniente sería sacar el aparato de la terraza. No había pensado en ese detalle cuando comencé y luego fue demasiado tarde.&lt;br /&gt;Sospecho que si M&lt;span style="font-style:italic;"&gt;ecánica Popular&lt;/span&gt; hubiera traído los planos de un helicóptero la situación habría sido menos embarazosa. Pero Rolo tuvo su cuota de responsabilidad.&lt;br /&gt;Naturalmente, no tenía la menor idea de lo que yo &lt;a href="http://www.maperipe.es/images/otras/perra-hinchable.jpg"&gt;hacía&lt;/a&gt; en mi tiempo libre. Ni jamás subía a la terraza. Pero resultó poco observador para ser policía: de haber mirado alguna vez hacia arriba antes de entrar a casa hubiera visto una de las alas del aeroplano; asomaba poco más de dos metros de la línea de edificación y era el comentario en boga entre los vecinos.&lt;br /&gt;El extremo del otro ala llegaba hasta la puerta misma de mi pieza, de manera que me veía obligado a pasar en cuclillas cada vez que quería bajar a la cocina.&lt;br /&gt;Lo que decididamente no alcanzo a comprender, ni siquiera hoy, con la perspectiva que otorga el tiempo transcurrido, es que Rolo no haya escuchado el motor.&lt;br /&gt;Lo había puesto en marcha una vez más para probar la cuerda a resorte adosada a la hélice. Giraba manualmente las paletas en el sentido inverso a las agujas del reloj, unas seis vueltas, comprimiendo la cuerda. Al soltar la hélice, ésta, impulsada por la cuerda, volvía a su posición habitual. En el trayecto movía el pistón las veces suficientes como para que el motor se pusiera en marcha.&lt;br /&gt;Había resuelto el problema de la piola de tan ingeniosa manera que no me cansaba de repetir la operación varias veces al día.&lt;br /&gt;Ya en la carlinga y con el motor en ralenti, probaba el funcionamiento de los alerones cuando vi la morena &lt;a href="http://www.sorprendete.net/wp-content/uploads/2008/09/cabeza-tatuada.jpg"&gt;cabeza &lt;/a&gt;de Betty surgir del hueco de la escalera. De a poco fue emergiendo el resto de su cuerpo. Era una alegoría tan perfecta del nacimiento de Venus que caí en &lt;a href="http://images.wikia.com/inciclopedia/images/5/5a/Zombie_hamsters6.jpg"&gt;éxtasis&lt;/a&gt;, casi como papá.&lt;br /&gt;Betty no me había visto: miraba hacia atrás, en dirección a Rolo quien seguramente había metido la mano entre sus piernas. Mi hermano siempre fue muy propenso a esa clase de exteriorizaciones.&lt;br /&gt;Betty dijo algo, o simplemente rió –yo podía escuchar bien poco, ensordecido por el motor–, giró la cabeza y quedó petrificada. Rolo chocó contra sus piernas, pero ni aun así Betty alcanzó a reaccionar.&lt;br /&gt;Yo tampoco conseguía hacerlo. No continuaba extasiado ni mucho menos –el encantamiento había desaparecido de inmediato–, pero en la ofuscación y el apuro me atoré en la carlinga, un poco estrecha para mis caderas.&lt;br /&gt;Rolo vio el avión recién después de salir de entre las piernas de Betty. Nunca olvidaré su &lt;a href="http://www.referenciadigital.com/wp-content/uploads/2010/06/De_la_Rua_telam_2.jpg"&gt;expresión&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Llevé la punta de mis dedos hasta mi sien derecha y le hice un saludo, una informal venia de piloto.&lt;br /&gt;Creo que un buen final hubiese sido levantar vuelo y perderme para siempre en la azul inmensidad del firmamento. Pero la azotea era muy angosta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente bauticé el avión. En el extremo delantero del fuselaje, entre la carlinga y la hélice, en bonitas letras azules con ribetes granate, escribí: “Deseo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevo contacto con Beto Beep. Está perturbado por una moderna técnica de cirugía estética. Consiste en agrandar los labios de las mujeres inyectándoles grasa extraída de su propio abdomen. La idea es repugnante&lt;br /&gt;Quiero decir: ¿alguno de ustedes se detuvo a pensar en un trozo de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;grasa&lt;/span&gt;, en la sensación de besar y hacer el amor a un quiste sebáceo? ¿Pueden encontrar sexy un moco que se desgrana entre los dedos como una torreja de seso?&lt;br /&gt;La tarde anterior Beto Beep había seguido el tema en un programa de televisión; eso me dijo. Hasta que el director de cámara tomó un primer plano del implante de una modelo publicitaria, enteramente cubierto de carmín. A Beto le pareció que los &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fs2PgqYXNP0/SMYwUL_8pUI/AAAAAAAAAK0/EQdw5q35LCI/s400/1220452127093_arguineguin_5.jpeg"&gt;labios&lt;/a&gt; de la modelo reventarían como pústulas. Se le revolvieron las tripas y vomitó antes de llegar al baño. Ahora se sentía muy mal.&lt;br /&gt;Le recomendé un té de boldo.&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No es eso, &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_y4bFdFrS7Ws/R1oFCtyTNNI/AAAAAAAAC-M/6wuW7a59nGA/s400/CaraDeGanso.jpg"&gt;ganso&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;", escribió.&lt;br /&gt;Estuve a punto de protestar, escandalizado por su lenguaje, pero recordé a tiempo que me encontraba en la red boquense, en una conversación de rutina entre barrabravas. Uno no puede pretender que un barrabrava hable con los giros de una condesa austriaca del siglo XVIII.&lt;br /&gt;El lenguaje es importante. Existe un código universalmente reconocido en cualquier red. Colocar tres signos de admiración al final de una frase, por ejemplo, significa que estamos gritando, algo muy mal visto en la mayoría de las redes, pero habitual en almaboquense.com. Todo el mundo grita, exactamente igual que en la red de &lt;a href="http://www.espermadigital.com.ar/img/banco/imagine.jpg"&gt;Osos Mimosos.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los Osos Mimosos de Boedo son una cofradía de homosexuales gordos e hirsutos que hacen del desaliño una cuestión de amor propio. No revisten mayor peligrosidad, al menos en mi experiencia, aunque es justo reconocer que no los investigué personalmente. Mi especialidad es la pedofilia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rectifico: mi especialidad es la &lt;span style="font-style:italic;"&gt;persecución&lt;/span&gt; de pedófilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco, encubierto de &lt;a href="http://www.agencianova.com/data/fotos2/49581_travesti.jpg"&gt;niña de diez años&lt;/a&gt;, deambulaba al azar por las redes a la pesca de algún depravado. Picó un tal Juanjo. Decía estar cursando quinto grado y pronto me invitó al cuarto privado. Su primera pregunta fue desconcertante: “¿&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tenés pelitos&lt;/span&gt;?”. Después me manoseó.&lt;br /&gt;Antes de salir del cuarto hicimos una cita. Si “Juanjo” me hubiera dado una dirección de Lima, Barcelona o Vladivostok, el procedimiento habría sido engorroso, pero por fortuna propuso encontrarnos en una plaza de Vicente López, ligeramente fuera de nuestra jurisdicción operacional, pero no tan lejos como para que no pudiéramos actuar directamente.&lt;br /&gt;Una comisión mixta compuesta por un oficial, un sargento ametralladorista y dos agentes de la policía bonaerense, más tres integrantes femeninas de la Federal –entre quienes se encontraba la legendaria oficial Sallese, más conocida por el apelativo de “&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_06QXj0PRwDY/SS_mAijliQI/AAAAAAAABNg/fI5SHUsUEOE/s400/enana.jpg"&gt;La enana Rosario&lt;/a&gt;”–, se distribuyeron en la plaza y aprehendieron a “Juanjo” en cuanto se sentó junto a la oficial Sallese.&lt;br /&gt;–¿Tenés pelitos? –preguntó Juanjo.&lt;br /&gt;–Tengo –repuso la oficial Sallese, al tiempo que colocaba un par de esposas en las muñecas del depravado.&lt;br /&gt;Su nombre era Juan José Bellomo y, en efecto, cursaba el quinto grado en una escuela primaria de San Isidro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Me tenés que hacer gamba –había dicho Johnny, cinco minutos antes de finalizar el turno de servicio.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Adoro&lt;/span&gt; la complicidad. Me hace sentir seguro. Es el reconfortante efecto de sabernos necesarios, algo que me ocurrió pocas veces. Mamá, por ejemplo, jamás necesitó de mí, ni siquiera en sus últimos años. Con el tiempo había ido perdiendo peso, y fuerzas, como suele ocurrir, pero papá fue galantemente acompañando el proceso mediante su propia consunción. Ya no era su cerebro, sino todo su cuerpo el que parecía relleno de estopa: pesaba menos que una pluma. Como lo oyen.&lt;br /&gt;Mamá no tenía inconvenientes en llevarlo de un lado a otro de la casa. Era una compañía para ella. Y lo mantenía razonablemente limpio, a pesar de la dieta líquida.&lt;br /&gt;Lo sentaba a la mesa con nosotros a la hora de la cena. Comíamos en silencio. Papá ya no era un buen interlocutor y desde hacía unos años mamá se había encerrado en un largo mutismo, apenas roto por un ocasional “¡Pobre señora...!”.&lt;br /&gt;Ya saben, estaba un poco ida.&lt;br /&gt;Pensé que no resistiría mucho más y llegaría al fin el día de volverme necesario. Fíjense que mamá ni siquiera me permitía correr a mi padre cuando el sol ya no daba contra los malvones. Pero cuando llegó el momento recurrió a Elena.&lt;br /&gt;Esa, al menos, fue la versión de Elena. Yo nunca pude enterarme de los entretelones: nadie se dignaba a explicarme nada.&lt;br /&gt;Un domingo a la mañana Elena se presentó con un taxiflet. La escuché desde la terraza, donde realizaba algunas tareas de mantenimiento en Deseo. Me asomé al antepecho y la vi bajar de la camioneta. Pensé que venía a llevarse algo, pero no: se traía. A ella misma, sus dos hijos, tres valijas, algunas cajas con juguetes y el lavarropas automático. Al bancario lo había dejado en su casa. El bancario dijo que jamás aceptaría vivir bajo el mismo techo que un tipo como yo.&lt;br /&gt;Yo hubiera podido argumentar que vivía &lt;span style="font-style:italic;"&gt;sobre&lt;/span&gt; el techo, en la piecita de la terraza, pero no valía la pena. Además, el pobre tenía razones para estar resentido: había arruinado su fiesta de bodas, el momento de mayor felicidad conyugal. De ahí en más su matrimonio fue pura declinación. &lt;br /&gt;Imagínense.&lt;br /&gt;De todas maneras no creí, ni por un instante, que el bancario hubiera dicho algo como “vivir bajo el mismo techo”. Esas eran palabras de Elena. Pueden practicar, repitiéndolas, hasta que logren pronunciarlas con las comisuras de la boca vueltas hacia abajo. A mí no me sale.&lt;br /&gt;No habían pasado diez años desde que Elena provocara el primer ACV de papá y todavía conservaba una silueta atractiva. Pero su rostro era una &lt;a href="http://i38.tinypic.com/k3nq6s.jpg"&gt;máscara ritual&lt;/a&gt;, si es que en algún lugar del mundo se practica algo parecido a un culto a la insatisfacción.&lt;br /&gt;Posiblemente el bancario nunca consiguió palparle el vientre con la destreza del doctor López Vázquez.&lt;br /&gt;Otro chiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasaba las horas en el cuartito de la terraza pensando en esa clase de chistes. Elena no conseguía comprender por qué bajaba las escaleras siempre &lt;a href="http://dreamers.com/actiontales/gamma/At/image001.jpg"&gt;sonriente&lt;/a&gt;. Y cuando la observaba con expresión divertida, se salía de las casillas.&lt;br /&gt;–¿Qué te pasa? ¿Tengo monos en la cara?&lt;br /&gt;–¿Monos? –Fingía estudiar su rostro con detenimiento–. No, me parece que no.&lt;br /&gt;Al cabo de un tiempo la convivencia se volvió intolerable, pero todo se compuso mágicamente cuando decidió usar la terraza para colgar la ropa.&lt;br /&gt;–No hay otro lugar –dijo.&lt;br /&gt;Mentiras: estaba el patio. Además, la ropa entretenía a papá, eso le dije. Era como colocarle uno de esos móviles que adornan las piezas de los bebés.&lt;br /&gt;–¡No te atrevas a nombrar a papá! –chilló Elena.&lt;br /&gt;Eso sí era desconcertante, pero no pude reaccionar de una manera normal. En su presencia me venía una especie de regresión.&lt;br /&gt;–¡Papá, papá, papá! –grité desafiante. Si hasta le saqué la lengua.&lt;br /&gt;Alzó la escoba. Le llevo casi cuarenta centímetros de altura y algo más de sesenta kilos, pero comencé a retroceder. Y trepé corriendo las escaleras. Me acertó con algunos escobazos antes de que consiguiera encerrarme en la pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su regreso Elena no había vuelto a subir a la terraza. En el descanso de la escalera yo había colocado un cartel de advertencia: “Warning”, en grandes letras rojas. Y debajo: “Segundo Territorio Libre de América”.&lt;br /&gt;El primero era&lt;a href="http://image.hotdog.hu/_data/members3/327/659327/images/cuba%20golding%20jr.jpg"&gt; Cuba&lt;/a&gt;, ya saben.&lt;br /&gt;Una vez que pasé ágilmente debajo del ala de Deseo y me encerré en la pieza, Elena tocó ese objeto que se interponía en su camino del mismo modo que lo haría un ciego, varias veces, tratando de comprender qué era lo que tenía delante. Luego giró la cabeza, lo recorrió con la mirada, lentamente. Cuando sus ojos llegaron al fuselaje, se aplastó contra la pared.&lt;br /&gt;La escoba había caído a sus pies, y permaneció tirada varios minutos, hasta que Elena se rehizo, la alzó del suelo, y bajó al patio.&lt;br /&gt;Lo que más me llamó la atención fue el silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-2233920334220455647?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/2233920334220455647/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/7-un-aeroplano-llamado-deseo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2233920334220455647'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2233920334220455647'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/7-un-aeroplano-llamado-deseo.html' title='7. Un aeroplano llamado Deseo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7920317316960643964</id><published>2010-08-03T23:40:00.027-03:00</published><updated>2010-08-06T13:36:57.098-03:00</updated><title type='text'>6. La tanga de Elena y el primer ACV de papá</title><content type='html'>Ilícito en Bangkok. En &lt;a href="http://www.resistenciadigital.com.ar/galeria/albums/imagenes/fondos/normal_mao.jpg"&gt;asiansex.com&lt;/a&gt;, una banda de traficantes ofrece un listado de niños para recreación sexual alternativa. Hay un esbozo de ejemplo de muestra y prometen catálogo, pero resulta imposible avanzar mucho más allá sin hacerse socio. Se trata de un procedimiento sencillo: usted les envía su número de tarjeta de crédito y una orden de pago por 9,95 dólares. A cambio, goza de libre acceso a toda la información ofrecida, que es mucha. Y atroz.&lt;br /&gt;Lo llamo a Salvides. Está escandalizado.&lt;br /&gt;–¡Pero si serán hijos de puta! –exclama.&lt;br /&gt;Este hombre me desconcierta.&lt;br /&gt;–¿Qué esperaba? Son delincuentes.&lt;br /&gt;–Sí. Hacen mucha alharaca con internet pero para entrar a cualquier sitio interesante hay que ponerse como un otario.&lt;br /&gt;Odia internet.&lt;br /&gt;De todos modos, autoriza el pago. Y entro.&lt;br /&gt;Sin comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo creer que durante todos estos años Rolo haya pensado que yo realmente violé a la señora López Vázquez sobre la pista de baile. Él estaba presente y tuvo que ver lo que pasó. Sin embargo, creyó en la versión de Aníbal.&lt;br /&gt;La versión de Aníbal llegó a ser la Versión Oficial del Barrio. Se trata de un magnífico ejemplo del efecto del rumor sobre las mentalidades simples y retorcidas, como la de Rolo. O la de Salvides. Son de esa clase de gente que no puede con la realidad. Por eso hacen caso a versiones, y recurren a los informantes.&lt;br /&gt;Un informante es un criminal que delata a sus colegas.&lt;br /&gt;No debe pensarse que sus motivos tengan relación alguna con el amor a la ley, el orden y la seguridad pública. Nada más alejado de los móviles de un informante. Como todo vendedor, el informante le dará a usted algo únicamente a cambio de un estipendio. O un favor.&lt;br /&gt;La mentalidad criminal es &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_gw2pcmFxe5k/SaIzBYBcArI/AAAAAAAABcE/f8_FMdXCq2U/s400/chaleco.jpg"&gt;retorcida&lt;/a&gt;, pero compleja. Policías como Rolo o Salvides, capaces de dar más crédito a lo que les dicen que a lo que ven con sus propios ojos, son juguetes en manos de las mafias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iraola se da cuenta de las limitaciones de Salvides. Me escuchó en silencio mientras patrullábamos, asintiendo de tanto en tanto, con grandes cabezadas. Otro en su lugar me hubiera echado una monserga sobre las jerarquías, la línea de comando y todo eso. Iraola, no. Es amplio, comprensivo, descontracturado. Sin embargo, no sospecha que Salvides se encuentra al borde del descontrol nervioso. Dejé esa parte del informe para otra oportunidad, para cuando hayamos decidido qué hacer con la oficial Quintana. Prefiero estar en manos de un psicótico desacreditado que en las de una histérica decidida a destruirme.&lt;br /&gt;Tampoco le informé sobre la exportación de niños. Quintana no me había dado la menor oportunidad de ponerla al tanto y no quería que Iraola la llamara para levantarla en peso. Podría salir a la luz lo de la torta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo terminó el tumulto?&lt;br /&gt;Iraola se refería a la trifulca en la red boquense. Llegó un momento en que la red se había transformado en un saloon del oeste. Todos peleaban contra todos, partiendo cabezas a botellazos y deshaciendo sillas de utilería.&lt;br /&gt;–Escribí: “Maradooo...”. Santo remedio.&lt;br /&gt;Iraola apartó la vista de la pantalla y me miró con aprobación.&lt;br /&gt;–Beto Beep es suyo –dijo–. Sígalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la noche dormí como un lirón. Pero antes, incentivado por el recuerdo de la Versión Oficial, volví a tener fantasías con la señora López Vázquez. La idea de que pretendía quitar mi mano de su sexo para gozar plenamente de mi &lt;a href="http://farm1.static.flickr.com/55/155163492_63232f24f3.jpg?v=1148863531"&gt;pirulín&lt;/a&gt; aterciopelado me provocó una pequeña erección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilícito en sexcom. Archivos de &lt;a href="http://www.microcaos.net/wp-content/imgpost/sexu/sexu2.jpg"&gt;bestialismo&lt;/a&gt;. Dos mujeres y un pony, perros, gansos y una serpiente pitón.&lt;br /&gt;Para entrar a la página hubiera debido pedir autorización a Salvides, pero ya no soporto sus escenas. Es deprimente trabajar bajo las órdenes de un tipo al que uno se ve permanentemente obligado a consolar pues el mundo resulta demasiado para él.&lt;br /&gt;Le dejaré el caso a Iraola. Puede disponer a su antojo de la partida presupuestaria de la brigada y calculo que el tema será de su interés. El otro día miré por sobre su hombro: patrullaba Dark Site Story, un club de sadomasoquistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No les conté cómo terminó el asunto, la otra noche, en casa de Rolo.&lt;br /&gt;Imagínense.&lt;br /&gt;Marilín seguía el infamante monólogo de mi hermano con creciente interés. Sus ojos extremadamente abiertos le daban ahora la apariencia de &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_bq5y6mrPKKw/STcD6B_qaxI/AAAAAAAAAMY/w3AYUG9XDiI/s400/bete.jpg"&gt;muñeca inflable&lt;/a&gt; a punto de estallar.&lt;br /&gt;–¿En serio se cogió a esa pobre médica en el casamiento de tu hermana...?&lt;br /&gt;Su boca seguía siendo una roja y húmeda O.&lt;br /&gt;–No era médica –farfullé, como hacen los criminales. Farfullan.&lt;br /&gt;Rolo me arrojó contra la pared y se volvió hacia ella con el aire desafiante y atormentado de un alumno del Actor’s Studio.&lt;br /&gt;–No sabés qué vergüenza...&lt;br /&gt;Marilín lo abrazó. Me pareció que Rolo había empezado a lagrimear pero no pude prestar mucha atención. Por sobre su hombro Marilín me echaba una larga y pensativa mirada. Después, su cabeza &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_rAMy-sxubxc/Sf8mrintueI/AAAAAAAAMlA/cbwODnvr1RA/s400/cabezota+sin+cabeza.jpg"&gt;desapareció&lt;/a&gt; lentamente y sus manos bajaron por la espalda de Rolo hasta posarse en sus redondas nalgas de muchachita.&lt;br /&gt;Nunca antes había advertido hasta que punto el culo de mi hermano se parecía al de una vedette.&lt;br /&gt;Me puse de pie como pude, me acomodé las ropas y salí del departamento.&lt;br /&gt;–Chau, gordito –escuché decir a Marilín mientras cerraba la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trata únicamente de Rolo: todos los policías operativos imitan a Marlon Brando, menos Iraola. Es cierto que ya no es operativo, pero no creo que haya cambiado tanto desde que le volaron la rótula. Cojea, claro, pero yo me refería a la apariencia general de los policías operativos, esa expresión de indolencia, los modales bruscos y distraídos, la postura del cuerpo, con los hombros cargados, como si se dispusieran a sacar un cross. Iraola, en cambio, parece un muñequito con defectos de fabricación. Su cabeza tiene la forma de una sandía aplanada. En la parte plana algún gracioso le dibujó una cara. En síntesis, nada que ver con un sex symbol. Ni siquiera aquí, donde tipos que deben ponerse en puntas de pie para levantarse una cuarta del suelo pasan por irresistibles fornicadores.&lt;br /&gt;Por “aquí” no debe entenderse la Brigada, ni la División Computación, ni siquiera el cuerpo de la gloriosa Policía Federal Argentina, sino el inmenso magma que intento proteger del delito y que desde siempre se extendió, amenazante, más allá del café de mi juventud. Eso que se llama “La sociedad”. Tiene un poco del café, pero también algo de la escuela, y del barrio y el hogar. Lo peor de cada uno, en sobredosis.&lt;br /&gt;Yo ya lo había adivinado cuando me aventuraba hasta Avenida La Plata y Vernet y desde el camión playo del verdulero, donde viajaba la hinchada de San Lorenzo, me descubrían mirando revistas en el kiosco.&lt;br /&gt;–¡Pirulo...! –llamaba uno.&lt;br /&gt;Al principio me volvía sonriente hacia el camión para agitar &lt;a href="http://www.tododenuncias.com/files/images/84.jpg"&gt;mi mano en alto&lt;/a&gt;, como las estrellas de Hollywood.&lt;br /&gt;–¡Se la come! –coreaba la barra.&lt;br /&gt;Con el tiempo dejé de saludar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mientras mi cuerpo sigue su camino mi mente se hunde más y más en el pasado”&lt;br /&gt;Lo escribió Flaubert, en una carta dirigida a su mamá.&lt;br /&gt;Yo no podría hacerlo. Primero, porque mi madre jamás abriría una carta mía. Segundo, en mi pasado, en nuestro pasado, estaba la señora López Vázquez, tirada en el piso de la pista de baile.&lt;br /&gt;Mamá soñaba con eso. Y despertaba por las noches chillando como la propia señora López Vázquez.&lt;br /&gt;Nunca tuve oportunidad de decirle: “Mamá, soy apenas un niño de pubis sonrosado. Jamás podría hacer daño a la señora López Vázquez”.&lt;br /&gt;Ya no era su bebé. Había dejado de serlo a los diez años, cuando subí a la balanza en la farmacia de Asamblea y Senillosa y pesé setenta kilos.&lt;br /&gt;Mamá volcó todo su amor en Rolo, que, como primogénito, recibía también una cuota del amor paterno. Una parte pequeña, en realidad, pues a medida que pasaban los años papá se obsesionó más y más con Elena y llegó a hacerle escenas de celos, como un verdadero novio.&lt;br /&gt;De buenas a primera, sin que papá ni yo supiéramos cómo había llegado a ocurrir, mi hermana se volvió muy sexy. Eso decían en el café. Los comentarios de los muchachos me llenaban de orgullo y, de una manera casi mágica, Elena me contagiaba su popularidad, que iba incrementándose al mismo ritmo que la medida de su busto.&lt;br /&gt;Papá se daba cuenta, porque no era ningún tonto ni estaba loco, que eso del Borda no pasaba de ser un chiste estúpido. Y rumiaba sus celos con una botella de tinto, bebida en solitario, acodado a la mesa de la cocina.&lt;br /&gt;Una noche le arrancó el vestido. Como lo oyen. Decía que era inmoral. Elena quedó todavía más inmoral, con sus delgados brazos apenas cubriendo una pequeña porción de sus pechos. Los brazos de Elena eran del grosor de mis muñecas.&lt;br /&gt;Yo estaba presente de casualidad: había ido a la cocina para hacerme un sándwich de mortadela. Imaginen el estado de obnubilación de papá que ni siquiera pudo esperar unos minutos, hasta que yo acabara con el sándwich, para representar Su Gran Escena.&lt;br /&gt;Creo que los dos mirábamos con la misma expresión estúpida la escueta tanga turquesa que Elena no encontraba modo de cubrir, porque tenía las tetas al aire y apenas dos brazos del grosor de mis muñecas y papá agitaba en el aire su vestido inmoral.&lt;br /&gt;El pobre jamás había llegado a imaginar lo que encontraría debajo.&lt;br /&gt;Fue su primer accidente cerebro vascular.&lt;br /&gt;ACV, así lo llaman. Una sigla a la que acabamos por acostumbrarnos.&lt;br /&gt;Comenzó como “Papá tuvo un ACV”. Con el tiempo, de tanto hablar con los médicos adoptamos su jerga y acabó siendo “Papá hizo otro ACV”, como si el pobre &lt;a href="http://blogs.cadenaser.com/photos/uncategorized/2007/03/22/aznar_azores.jpg"&gt;cretino&lt;/a&gt; hubiera tenido alguna responsabilidad en el asunto.&lt;br /&gt;No era así. El primero lo provocó la tanga turquesa de Elena. El segundo, mi inolvidable show con la señora López Vázquez. Luego de eso, comenzó a fabricar acevés en serie para reemplazarme, definitivamente, como Monstruosidad Familiar.&lt;br /&gt;Hasta el momento en que papá quedó convertido en una marioneta babeante, yo fui el Accidente de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche del primer ACV, mientras esperábamos al médico y mi hermana practicaba una incestuosa respiración artificial en la mueca despectiva que desde entonces mi padre llevaría en la boca, fui a mi cuarto con el vestido de Elena. Me planté frente al espejo y lo coloqué delante de mi cuerpo. Apenas me llegaba al ombligo. Lo juro.&lt;br /&gt;De no haber sido por la rápida llegada de los médicos hubiera pensado en él como El Arma Homicida.&lt;br /&gt;También estaba la &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_i5z71SHga4I/S48GL40lzkI/AAAAAAAAAJw/eTSL36MMKMI/s320/Sumo-Tanga-35088.jpg"&gt;tanga&lt;/a&gt;, claro.&lt;br /&gt;Es curioso tener que llegar a la edad adulta para comprender cuanto se parecían los culos de mis hermanos.&lt;br /&gt;Qué horror&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7920317316960643964?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7920317316960643964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/6-la-tanga-de-elena-y-el-primer-acv-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7920317316960643964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7920317316960643964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/08/6-la-tanga-de-elena-y-el-primer-acv-de.html' title='6. La tanga de Elena y el primer ACV de papá'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-8146078477485092172</id><published>2010-07-30T19:02:00.015-03:00</published><updated>2010-07-31T12:46:25.756-03:00</updated><title type='text'>5. Crisis nerviosa del inspector Salvides. Primeros síntomas</title><content type='html'>Ilícito en el foro de discusión de &lt;a href="http://www.amarillas.com"&gt;amarillas.com&lt;/a&gt;. Se requieren niños de hasta ocho años para satisfacer demanda de importantes clientes del exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oficial Quintana seguía una pista de traficantes de niños. Lo explicó en la Reunión Semanal de Evaluación.&lt;br /&gt;–Hay algo más que un negocio de adopción ilegal –dijo.&lt;br /&gt;Salvides la miró con su habitual &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HzNXdX6RD8c/SRK7ftHnBJI/AAAAAAAABAU/s1PjjZxQ5r0/s320/humano+bizco+ben+turpin.jpg"&gt;expresión atontada&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;–Son traficantes de órganos –explicó Quintana.&lt;br /&gt;El rostro de Salvides se contrajo como una pasa de uva en vinagre. Es un hombre simple cuyo mayor contacto con el crimen tuvo lugar en una marcha de protesta de estudiantes de Historia del Arte.&lt;br /&gt;–¿Qué dice? –balbuceó.&lt;br /&gt;Parecía creer que la oficial Quintana era la autora del horrible ilícito. La oficial se revolvió incomoda y alisó su falda. Entre paréntesis, ésta se había subido unos centímetros por encima de las &lt;a href="http://www.sattlers.org/mickey/culture/clothing/kilts/images/2005-02-charles-in-kilt-1.jpg"&gt;rodillas&lt;/a&gt; y todos lanzamos un suspiro de decepción.&lt;br /&gt;–Es una cuestión de mercado –intervino Johnny.&lt;br /&gt;Salvides tartamudeó:&lt;br /&gt;–No me diga que...&lt;br /&gt;Aparté dolorosamente la vista de las rodillas de la oficial Quintana y la volví hacia Salvides. La aclaración de Johnny aludía a la ley de la oferta y la demanda: si existe un tipo lo bastante rico como para pagar enormes sumas de dinero por algo que requiera en forma urgente, siempre va a aparecer algún otro que consiga el modo de procurárselo.&lt;br /&gt;Ese era el “mercado” del que hablaba Johnny: nada que ver con la dantesca imagen que cruzó por la mente del inspector Salvides. Lo supe en el mismo instante en que no pudo terminar la frase y sus ojitos comenzaron a saltar de uno a otro buscando una rectificación o un consuelo, algo así como que había comprendido mal, o sufría alucinaciones y el mundo no era la inmensa bola de mierda que es, sino una Creación del Señor.&lt;br /&gt;Podría asegurar que lo comprendí antes de que el propio inspector acabara de tomar conciencia de la disparatada idea que cruzaba por su mente.&lt;br /&gt;Y comencé a reír.&lt;br /&gt;Y ya no pude dejar de hacerlo, puesto que cuando lograba controlarme un segundo, el suficiente como para entrever a través de las lágrimas el rostro desorientado de Salvides, volvía a estallar en carcajadas, doblado en dos sobre la butaca. Hasta que Johnny me llevó al baño, tratando a su vez de contener su propia hilaridad, me mojó la cara (entre carcajadas) y me dio una pastilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: Hablar con Iraola. El inspector Salvides no está, definitivamente, a la altura de sus responsabilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marqué el lugar donde solicitaban niños para exportación y fui hasta el escritorio de la oficial Quintana. Tiene un pequeño privado en el lado opuesto del salón, con vista al patio donde crecen centenarias palmeras, colmadas de dátiles y gorriones. Yo, en cambio, patrullo frente a una pared. Por eso soy eficiente.&lt;br /&gt;La oficial Quintana miraba distraídamente un racimo de dátiles.&lt;br /&gt;–Tengo una pista –dije.&lt;br /&gt;La oficial saltó en el asiento.&lt;br /&gt;¿Saben? Sueno como un &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HWNPRhspi1w/RoH-Xbt688I/AAAAAAAAACA/PIRKOGeRTfg/s320/ELwood.jpg"&gt;perro pekinés&lt;/a&gt; pidiendo una golosina. Por más que me empeñe, fracaso irremisiblemente en todos mis esfuerzos por lograr un tono de voz más recio.&lt;br /&gt;–De la venta de chicos –agregué.&lt;br /&gt;–¿Por qué no avisás antes de hablar?&lt;br /&gt;Era una sugerencia extravagante que se prestaba para una disquisición de imprevisibles consecuencias, como las que atormentan a Salvides, pero la expresión de la oficial Quintana era de pocos, o más bien, ningún amigo. No supe qué decir y señalé la pantalla de la computadora.&lt;br /&gt;–Tengo una pista.&lt;br /&gt;–Me pareció haber escuchado algo así, hace un segundo.&lt;br /&gt;Hice un conejito.&lt;br /&gt;Me explico: consiste en arrugar la nariz de manera graciosa y entrecerrar los ojos. Lo practico varias veces al día delante de un espejo desde que se lo vi hacer a un &lt;a href="http://www.seprin.com/menu/jorge_lanata1.jpg"&gt;periodista&lt;/a&gt; de televisión.&lt;br /&gt;La oficial Quintana no se conmovió.&lt;br /&gt;–Pero también pensé –dijo– que alguien había raspado una lata con las uñas.&lt;br /&gt;Se estaba poniendo ingeniosa. Adoro a las mujeres ingeniosas. Hice otro conejito. Me miró intrigada.&lt;br /&gt;–¿Te pasa algo? –Y sin darme tiempo para responder añadió–: No quiero saberlo. Cualquier cosa que necesites decir me la comunicás por escrito. No te quiero escuchar nunca más. Y tratá de mantenerte lo más lejos de mí que te resulte posible. Va a ser lo mejor para vos.&lt;br /&gt;Hay situaciones difíciles, de las que cuesta salir airoso. Y no todos tenemos iguales posibilidades ni los mismos recursos. Rolo, en mi lugar, hubiera tomado a la oficial Quintana de la cintura para estamparle un beso en medio de la boca y de paso hacerle sentir la presencia de su bulto, aunque no estoy seguro de los resultados: sospecho que se lo envuelve en una venda. Una vez le comenté que eso hacían los &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j6QQQOewacQ/TAhbZ0A7jZI/AAAAAAAACJo/76xGLVBOYNM/s1600/ballet+jorge-donn-bolero-bejart-dr.jpg"&gt;bailarines&lt;/a&gt; de ballet y se sonrojó.&lt;br /&gt;Johnny, en cambio, le hubiera suministrado alguna pastilla. Tiene de toda clase y para cada ocasión. Pero ¿qué podía hacer yo?&lt;br /&gt;–¿Algo más? –dije con una sonrisa&lt;br /&gt;La oficial Quintana enrojeció. Había cerrado los puños y tenía los hombros levemente alzados. Hice otro conejito y regresé a mi escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que hablar con Johnny. Es preciso hacer algo con la oficial Quintana, y en forma urgente. En cualquier momento Salvides será encerrado en un psiquiátrico y puede ser ella quien lo reemplace.&lt;br /&gt;La pasaré muy mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Euforia en Tel Aviv. El efecto avalancha sobre el Primer Ministro fue impresionante. El canal estatal israelí dio marcha atrás y repuso Fútbol de Primera.&lt;br /&gt;Tendría que haberme dado cuenta ayer, por la &lt;a href="http://jam-npo.com/blog/wp-content/uploads/2008/07/sandia1.gif"&gt;sonrisa irónica de Macaya Márquez&lt;/a&gt; y el brillo malicioso de sus pupilas. Saboreaba el triunfo, pero sin hacer alharaca, como corresponde a un sportman.&lt;br /&gt;Me sumé a los festejos.&lt;br /&gt;“Boca Juniors es eterno como el agua y el aire”, escribí.&lt;br /&gt;“Y el tetrabrik” –agregó un desubicado.&lt;br /&gt;Un tal “Reiphnol” opinó que de todas maneras debíamos visitar al Primer Ministro y pegarle una apretada.&lt;br /&gt;Supuse que en Israel eso sería considerado un ilícito. No me preocupó tanto la salud del Primer Ministro como verme envuelto –y por mi intermedio la Policía Federal Argentina– en un incidente internacional.&lt;br /&gt;Mientras meditaba sobre la conveniencia de debilitar a la número 12 lanzándola sobre el ejército israelí, en un sector de la popular empezaron las trompadas. Volví rápidamente hacia atrás. Envalentonados por el triunfo, los barrabravas de Tel Aviv habían pedido una avalancha sobre el Hamas para detener una ola de atentados terroristas. Ahí empezó la bronca.&lt;br /&gt;“Para su información –escribía un tal Beto Beep– esta es una red boquense. Como su nombre claramente lo indica sirve para tratar asuntos futbolísticos, en especial, los que atañen al glorioso Boca Juniors. Les estaríamos todos muy agradecidos si tuvieran a bien canalizar sus justos reclamos a través de la Red Sionista”.&lt;br /&gt;Un provocador. Y, tal como había sospechado, carecía de nombre electrónico. Utilizaba un alias: Beto Beep.&lt;br /&gt;Me explico: un nombre electrónico y un alias vienen a significar casi lo mismo en lo que se refiere a ocultar la identidad. Si bien es posible rastrear un nombre electrónico difícilmente un servidor se avenga a brindarnos información, mucho más si se encuentra en Nueva Delhi, o Moscú. Por eso se cometen tantos ilícitos en Internet. Y no damos abasto: es como patrullar Los Ángeles durante un disturbio racial. Pero cuando uno se toma el trabajo de configurar el programa para que no aparezca el nombre electrónico, tal como hacemos en la Brigada, es porque pretende actuar no en forma anónima sino directamente clandestina.&lt;br /&gt;Por más vueltas que le di al asunto, encontré dos posibles razones para explicar las precauciones de Beto Beep: se disponía a cometer un ilícito o era un colega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aclaro para evitar malentendidos: un colega es otro policía en operaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iraola asintió, en silencio, con grandes cabezadas, sin apartar la vista de la pantalla. Aproveché que había venido de patrulla para informarle en forma directa, sin pasar por el filtro de la obtusa mentalidad de Salvides. Salvides habría argumentado que el provocador podía ser un hincha de River, por ejemplo. O de Atlanta. “¿Acaso usted no es de San Lorenzo?”. &lt;br /&gt;Tiene el modo de pensar, ramplón y retorcido a la vez, de mi hermano Rolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día, después de sacarme de encima de Marilín, Rolo me zamarreó un buen rato tirando de los pelos de mi nuca. Tengo mucha sensibilidad en los pelos de la nuca. Y en el cuello. Si usted me toca imprevistamente el cuello puedo sobresaltarme y lanzar por los aires cualquier cosa que tenga en mi mano.&lt;br /&gt;Ya me pasó, hace unos años.&lt;br /&gt;Estábamos en el café, con un grupo de amigos. Amigos del café, se entiende. Que no son exactamente los amigos del barrio, ni los de la escuela. La gente se mueve en distintos círculos y en forma simultánea, y en cada uno adopta un rol y hasta una personalidad diferente. Menos yo. En todas partes siempre fui Pirulo. Por culpa de Aníbal. Era amigo del barrio, del café y de la escuela. Y hasta venía a mi casa a tomar la leche.&lt;br /&gt;Fue Aníbal, justamente, quien en aquella mesa del café no tuvo mejor idea que tocarme el cuello mientras yo llevaba la taza a mis labios. Gritó algo así como ¡Zazam! y me aplicó un falso golpe de karate en la garganta. La taza voló por los aires, caí hacia atrás y derribé la mesa.&lt;br /&gt;–¡Pirulo y la puta que te parió! –gritaron todos, a coro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pirulo nació en el barrio. Y por boca de Aníbal se extendió en la escuela y el café. En casa lo introdujo Rolo. Y lo escupía con desprecio Elena durante nuestras frecuentes peleas. Ser el hermano menor me había convertido en el puching ball de la familia. Mamá tenía únicamente ojos para Rolo, papá había comenzado el consabido romance incestuoso con Elena, y yo permanecía ahí, como un enorme e incómodo testigo de sus perversiones.&lt;br /&gt;–Pirulo, alcanzame la sal –decía papá en las pocas ocasiones en que llegó a dirigirme la palabra luego del diagnóstico del doctor López Vázquez.&lt;br /&gt;Cuando el propio padre se suma a la lapidación, ya todo está perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de sacarme de encima de Marilín, Rolo comenzó a zamarrearme de un lado para otro. El dolor me hacía ver estrellitas de colores y me impedía dar una respuesta satisfactoria a sus requerimientos. De todas maneras, Rolo no hubiera alcanzado a escuchar: su vozarrón de oficial instructor parecía llenar el espacio con una sustancia sólida.&lt;br /&gt;Yo nunca pude gritar. Cualquiera diría que no es así, pero cuando quiero gritar mi voz desaparece.&lt;br /&gt;O supera el umbral auditivo de los humanos.&lt;br /&gt;Un día probaré con un perro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolo se cansó de jugar conmigo a la batidora eléctrica y me arrojó contra una pared, para luego acusarme de haber querido violar a su novia tal como había violado a la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;Abrí los ojos y lo miré sorprendido. Ese había sido el rumor que Aníbal esparció en la escuela: “Pirulo se cogió una mina en la pista de baile”.&lt;br /&gt;Desde ya, Aníbal había visto poco y nada, y durante todo el incidente permaneció en nuestra mesa envuelto en una nube de alcohol. Nos echaron juntos del salón y juntos &lt;a href="http://img141.imageshack.us/img141/1691/miiandoeb2.jpg"&gt;orinamos&lt;/a&gt; sobre el automóvil del doctor López Vázquez, que esta vez exhibía la presuntuosa placa de médico, y juntos llegamos, tambaleando, hasta el café, donde planeábamos seguir la juerga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso que Aníbal nunca creyó seriamente en su versión, pero lanzó el rumor como quien arroja una piedra pequeña por la ladera de un monte, para ver qué podía pasar.&lt;br /&gt;Siempre tuve el tino de desmentirlo, aunque sin mostrar mucha convicción y fingiendo un aire de falsa modestia. Ya en ese entonces percibí que mis compañeros empezaban a mirarme de otra manera, como si al fin y al cabo yo también fuese un ser humano. Pronto comenzaron a invitarme a sus fiestas, se buscaron otro puching ball y pude finalizar el secundario sin mayores sobresaltos.&lt;br /&gt;Las consecuencias negativas de mi nuevo éxito social las sufrió Libermann, mi suplente. Lo siento por él, pero no fue mi culpa. Al fin de cuentas, Libermann venía haciendo precalentamiento al borde de la línea de cal. Y reunía todas las condiciones para haber sido titular, desde el primer día. Si en un principio resulté el elegido, fue debido a que resulta agradable pegarme. Presento una consistencia semejante a la goma espuma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Libermann es médico. Y se casó.&lt;br /&gt;Me gustaría conocer a su esposa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-8146078477485092172?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/8146078477485092172/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/5-crisis-nerviosa-del-inspector.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8146078477485092172'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/8146078477485092172'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/5-crisis-nerviosa-del-inspector.html' title='5. Crisis nerviosa del inspector Salvides. Primeros síntomas'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-1849224126923441296</id><published>2010-07-27T11:29:00.010-03:00</published><updated>2010-07-27T18:25:03.918-03:00</updated><title type='text'>4. Un deja vu en casa de Rolo</title><content type='html'>Disturbios en la Red Boquense. Un grupo de &lt;a href="http://radio.studio92.com/malelemento/files/2009/02/gordas.jpg"&gt;barrabravas&lt;/a&gt; de Tel Aviv solicita solidaridad internacional ante un caso claro de censura de prensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy infiltrado en almaboquense.com desde hace un par de meses, bajo el alias de “Mayonesa”. Hasta el momento, no me contactaron para ningún ilícito, pero pude participar en algunos tumultos. Ahora se estaba planificando una avalancha. Di parte a &lt;a href="http://libertadhumana.files.wordpress.com/2009/06/chancho.jpg"&gt;Salvides.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me miró bizqueando.&lt;br /&gt;–¿Usted viene para decirme que las autoridades de la televisión estatal israelí levantaron la transmisión en directo de Fútbol de Primera?&lt;br /&gt;Eso mismo acababa de decirle.&lt;br /&gt;No entiendo por qué Salvides tiene la costumbre de repetir cada una de mis palabras, pero bajo la forma interrogativa. Ese hombre está mal, muy mal.&lt;br /&gt;–Dígame, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mayonesa&lt;/span&gt; –En eso de llamarme por un alias seguía estrictamente las instrucciones de Iraola, pero me pareció detectar un matiz irónico en su voz–. ¿Qué propone que hagamos al respecto? ¿Sugiere acaso el retiro de embajadores para defender la libertad de expresión de Macaya Márquez?&lt;br /&gt;Macaya Márquez era el conductor del programa censurado por el Estado de Israel, pero yo no había mencionado a Macaya Márquez.&lt;br /&gt;–No se trata de la libertad de expresión, que en todo caso es un problema de Macaya Márquez –repuse, no muy seguro de lo que decía–, sino del derecho a la información de la hinchada de Tel Aviv.&lt;br /&gt;–¿El derecho a la información de la hinchada de Tel Aviv?&lt;br /&gt;Lo hacía de nuevo. ¿Ven lo que les digo?&lt;br /&gt;Asentí.&lt;br /&gt;–Usted se me está volviendo un poquito subversivo, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mayonesa&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;–Me limito a repetir los argumentos de los afectados, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Señor&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Yo también podía mostrarme irónico. Salvides disimuló.&lt;br /&gt;–Bien. ¿Y qué propone que hagamos en favor de los afectados?&lt;br /&gt;Era una pregunta desconcertante.&lt;br /&gt;–¿No se le ocurre nada, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mayonesa&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;–Sólo quería informarle –mi voz salió algo estrangulada–, que la red está al rojo vivo.&lt;br /&gt;–¿La red está al rojo vivo?&lt;br /&gt;¡Otra vez! Era como hablar con un eco.&lt;br /&gt;–Vaya, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Mayonesa&lt;/span&gt;. Siga patrullando.&lt;br /&gt;–Como usted ordene, &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Señor&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un incompetente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La red boquense se vanagloria de ser la mitad más uno de internet. Eso no es verdad, desde luego, pero sus integrantes tienen un alto potencial de violencia. Definitivamente, Salvides no está a la altura de sus responsabilidades. Debo encontrar el modo de sacar el tema cuando Iraola haga su próximo patrullaje.&lt;br /&gt;Por el momento, decidí seguir actuando como Mayonesa y sumarme a la avalancha. No bien me senté frente a mi computadora envié un correo al primer ministro israelí.&lt;br /&gt;“¡¡¡Macaya para todos o para nadie, carajo!!!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oficial Quintana no me dirigió la palabra en todo el día. Ni apartó la vista de la pantalla.&lt;br /&gt;Mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la noche pasé por lo de mi hermano Rolo. Fue su novia quien abrió la puerta.&lt;br /&gt;–¿Qué hacé, gordito?&lt;br /&gt;Ignoro de donde saca sus novias. Probablemente de un catálogo de prostitutas de un puerto tercermundista impreso en papel de estraza. Ésta dice llamarse Marilín. Tiene una enorme y roja boca en forma de O. Es lo más parecido que vi en mi vida a una &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_rsm3za9lSL8/SvkwESZkqtI/AAAAAAAAB6k/ue6GmMKtv0A/s320/Mu%C3%B1eca+inflable+137.jpg"&gt;muñeca inflable&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;Me atrae de una manera extraña, como un precipicio, por lo que trato de mantener entre nosotros una distancia prudencial. Pongamos, unos dos metros. No resulta fácil en lugares cerrados.&lt;br /&gt;–Rolo se está dando un baño.&lt;br /&gt;Me lo dijo echando el aliento casi dentro de mi boca. Huele a alcohol. Y siempre me toca. Debe estar al tanto de la versión familiar.&lt;br /&gt;–Me gustaría ver que tenés ahí.&lt;br /&gt;Cada vez que pretende hurgar en mi entrepierna, junto las rodillas y echo el culo hacia atrás, pero en esa oportunidad no fui lo bastante rápido. Para cuando alcancé a reaccionar, Marilín me sostenía como a un enorme y laxo palito helado.&lt;br /&gt;–Puede aparecer Rolo –dije con la voz más estrangulada que nunca.&lt;br /&gt;–No me digás que le tenés miedo, gordito.&lt;br /&gt;Asentí con frenéticos cabeceos mientras con su mano libre ella tomaba una de las mías y la conducía hasta su sexo.&lt;br /&gt;Mis rodillas se aflojaron. No hay prácticamente nadie que pueda con mi peso, a excepción de una grúa pórtico. Por más esfuerzos que hiciera Marilín por transformarse en una, le faltaba capacidad de tonelaje. La sentí retroceder, aunque sin soltarme, de manera que marché pesadamente detrás suyo, arrastrando los pies. Nada muy diferente al show que brindé en el casamiento de mi hermana Elena, una de las pocas veces que me atreví a salir a una pista de baile. En aquella oportunidad también bajo coacción, pero de carácter moral, porque Hilda López Vázquez era incapaz de una conducta tan zafia como la de Marilín, al menos en público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilda López Vázquez era la esposa del doctor López Vázquez, el médico que en el imaginario familiar había salvado la vida de mi hermana durante nuestras únicas vacaciones en Córdoba, y en cualquier otra parte del planeta. Ambas circunstancias habían hecho del episodio un acontecimiento memorable y del doctor López Vázquez un personaje de leyenda. Mi padre no iba a perder una oportunidad como el casamiento de su hija para presentar a semejante eminencia médica a sus relaciones y lo persiguió sin tregua hasta que fue finalmente Hilda, durante una tumultuosa visita de la familia en pleno, quien dio el resignado okey.&lt;br /&gt;Ahorraré los pormenores de nuestra irrupción en lo de los López Vázquez. Bastaría con mencionar la exhibición de calistenia de Rolo, por iniciativa de mi padre, quien no sabía qué hacer para agradar a los López Vázquez.&lt;br /&gt;Rolo cursaba el último año del secundario y ya mostraba su poderosa musculatura a través de una ceñida remera de algodón, y un notorio bulto en la entrepierna, del que, durante el ejercicio de circunvalación de brazos, Hilda López Vázquez apenas conseguía apartar la vista para vigilar mi acometida sobre la fuente de merengues.&lt;br /&gt;Pero obtuvimos el “sí” tras el truco de magia con que nos deleitó papá.&lt;br /&gt;Cuando lo vimos ponerse de pie y hacer la acostumbrada reverencia, mamá cerró los ojos y Elena se llevó una mano a la boca. Rolo no tuvo reflejo alguno: ya era insensible a cualquier emoción y mostraba sus bíceps, tríceps, gemelos y bultos varios a la azorada dueña de casa. Yo, preventivamente, levanté la fuente de merengues, de manera que cuando papá dijo “Hop” y tiró del extremo del mantel desparramando tazas, tetera, servilletas, un florero con jazmines y las masas secas que mamá había llevado para la ocasión, únicamente los merengues siguieron teniendo alguna utilidad.&lt;br /&gt;Papá comenzó a balbucear disculpas hasta que Hilda López Vázquez dio el ansiado “sí” y todos marchamos felices de regreso a Boedo.&lt;br /&gt;Pero algo había ocurrido dentro de mi alegre cabecita impúber. Un cambio ligero, casi imperceptible, como si me encontrara ante una puerta entornada. Apenas debía empujarla con la punta de los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces tengo la impresión de que cada vez que abro una puerta me encuentro con una torta de crema volando hacia mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, ya en el colectivo, sin sospechar las horribles consecuencias que tendría mi ingreso al complicado mundo de los adultos, comencé a imaginar a la señora López Vázquez en distintas &lt;a href="http://www.todamujeresbella.com/wp-content/uploads/2008/05/iii.jpg"&gt;posturas&lt;/a&gt;, aunque siempre llevando el liguero que había entrevisto en el momento en que la tetera caía en su regazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé de pensar en el liguero recién en el casamiento de Elena. La señora López Vázquez llegó a la fiesta con un escotado vestido de satén. O seda. Era suave al tacto y me parecía palpar directamente su piel y cerré los ojos y la imaginé desnuda en mis brazos. Pero eso ocurrió después, cuando la fiesta estaba en plena animación, y mi padre ya había bailado con Elena, y con mamá y con la señora López Vázquez mientras yo vaciaba todas las botellas de cerveza que los mozos iban dejando en mi mesa, cuando no las arrebataba de la bandeja.&lt;br /&gt;Aunque apenas había cumplido 15 años, ya era una deforme montaña de más de un metro ochenta de altura y 120 kilos de peso. Podría haberme delatado mi voz, que en ese entonces era todavía más atiplada que en la actualidad. Y mi pubis sonrosado, sin asomo de vello. Pero estaba de traje (lo que al margen de cubrir mis partes me otorgaba cierto halo de madurez) y balbuceaba incoherencias, arrastrando las palabras, por lo que los mozos no me trataban como a un niño sino como a un imbécil.&lt;br /&gt;Quiero decir: nadie impidió que un niño –supermedida, pero al fin de cuentas apenas un niño– fuera insensiblemente cayendo en un lamentable estado de obnubilación.&lt;br /&gt;La señora López Vázquez debió haberme visto desde la pista de baile. No puedo precisarlo pues me resultaba difícil enfocar tan lejos. El caso fue que, sin saber cómo, la descubrí frente a mí, inclinada para poner su rostro a la altura del mío, mientras exhibía el interior de su escote.&lt;br /&gt;Ignoro cuales fueron sus palabras. Tampoco recuerdo si obtuvo una respuesta comprensible y sensata, algo así como “Por favor, señora López Vázquez, no me enseñe sus mamelones desnudos que soy apenas un inocente muchacho sin asomo de vello púbico y con un pene finito como un pirulín de frambuesa”.&lt;br /&gt;Desde luego, ni se me pasó por la cabeza hacer semejante confesión. Además, la señora López Vázquez me había aferrado de la muñeca y me arrastraba hacia la pista de baile como a un monigote de papel maché.&lt;br /&gt;Fue todo muy parecido a lo que sucedió anoche con Marilín, con la diferencia de que cuando intervino Rolo la mano izquierda de la señora López Vázquez se apoyaba en mi pecho y no en mi entrepierna. Su mano derecha sí estaba en la misma posición que la de Marilín, y aferrando la mía, pero en su caso para apartarla de su sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pirulo y la puta que te parió!&lt;br /&gt;Rolo apareció desnudo, con una pequeña toalla de mano en la cintura que le dejaba un &lt;a href="http://img.directoalpaladar.com/2008/09/muslos%20de%20pavo%20elaboracion.JPG"&gt;muslo&lt;/a&gt; al aire. Lo miré confundido mientras caía derrumbando a Marilín. Por un momento, me había remontado hacia atrás –hacia la que entonces creí, con infantil optimismo, que sería La Mayor Humillación de mi Vida–, y el cuello de Marilín había comenzado a oler como el de la señora López Vázquez y me pareció que Rolo estaba todavía más fuera de lugar que yo, con esa escueta toalla a la cintura...&lt;br /&gt;Fue bastante lógico que sintiera alguna confusión, porque en el casamiento de Elena había sido también Rolo, aunque convenientemente trajeado, quien, por orden de papá, irrumpió en lo mejor y tirándome  de los pelos de la nuca liberó de mi peso a la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;La señora López Vázquez permaneció un buen rato chillando en el piso ante la atónita mirada del legendario doctor López Vázquez, quien ni siquiera acertó a palparle el vientre en busca de una posible apendicitis.&lt;br /&gt;Fue entonces que formuló su famoso diagnóstico:&lt;br /&gt;–¡Gordo de mierda!&lt;br /&gt;Y papá no volvió a dirigirme la palabra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-1849224126923441296?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/1849224126923441296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/4-un-deja-vu-en-casa-de-rolo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/1849224126923441296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/1849224126923441296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/4-un-deja-vu-en-casa-de-rolo.html' title='4. Un deja vu en casa de Rolo'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-7690498116717406461</id><published>2010-07-22T20:04:00.001-03:00</published><updated>2010-07-22T20:19:14.783-03:00</updated><title type='text'>3. Todo empezó con la torta de Bob</title><content type='html'>Ilícito en geocities.com: diagrama para la construcción de una bomba neutrónica. “Detónela sin miedo –dice–. Su computadora seguirá funcionando pero su suegra desaparecerá como por encanto”&lt;br /&gt;¿Será un chiste?&lt;br /&gt;Nunca estoy seguro. Y esto se ha convertido en un verdadero problema: la mayoría de las cosas me suenan a broma. Tengo un sentido del humor tan desarrollado que a veces pienso si no estará reemplazando a algún otro. Como los ciegos, que acrecientan hasta niveles inimaginables el tacto y el olfato.&lt;br /&gt;Para Johnny, mi sentido faltante es el Sentido Común.&lt;br /&gt;Esa sí es una broma, claro. Y me río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johnny es uno de los patrulleros jóvenes. Su verdadero nombre es Carlos Alberto, pero le decimos Johnny porque ese es el nickname que usa con más frecuencia.&lt;br /&gt;A propósito, Salvides odia que digamos “nickname”.&lt;br /&gt;–¡Alias! –aúlla– ¡Los delincuentes tienen alias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johnny se perforó el lóbulo de la oreja. Y lleva un arito con un diamante. Es auténtico. Mucho me temo que un día de estos un arrebatador lo deje como a Van Gogh.&lt;br /&gt;La primera vez que salió a patrullar con el arito, Salvides tuvo un pico de presión. Le inició un sumario y amenazó con rescindir su contrato.&lt;br /&gt;“Falta grave al decoro”.&lt;br /&gt;Consulté en Legales y, efectivamente, es causal de rescisión. Tuve que interceder ante Iraola.&lt;br /&gt;El subcomisario captó la idea al instante.&lt;br /&gt;–Salvides –dijo con la mal disimulada impaciencia con que un director de teatro puede dirigirse a un actor tartamudo–, estos muchachos son detectives, Salvides. Y están en una operación encubierta. ¿Entiende lo que eso quiere decir?&lt;br /&gt;Salvides parpadeaba, sin atinar a una mínima defensa.&lt;br /&gt;–Quiere decir –prosiguió el subcomisario– que no pueden andar por la internet pegando palazos como si irrumpieran en una manifestación opositora. Su misión es infiltrarse en el mundo del delito. ¿Comprende, Salvides? Pasar de-sa-per-ci-bi-dos.&lt;br /&gt;Con esa compulsión al sadismo que le había adivinado durante nuestro primer tête a tête, Iraola había dejado abierta la puerta del despacho de Salvides, de manera que todos podíamos ver y escuchar lo que ahí sucedía.&lt;br /&gt;Iraola se volvió y nos encañonó con su bastón.&lt;br /&gt;–¡De ahora en más –gritó–, no quiero que ninguno de ustedes parezca, ni remotamente, un policía! No haremos fracasar una operación encubierta por el prurito estético de un pelotudo.&lt;br /&gt;Tuve que dejarme crecer el pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Bob, preparé el pastel de cannabis. Absoluto fracaso.&lt;br /&gt;Bob es un enfermo. O tiene estragado el sentido del gusto. Suele suceder que los adictos únicamente obtengan placer de su compulsión: el resto del mundo les importa un comino. Pero lo de Bob era exagerado y su receta resultó horrible. Con la adecuada cantidad de azúcar y esencia de vainilla podría haber sabido aceptablemente, pero Bob estaba muy ansioso y olvidó los pequeños detalles. Hubo que preparar de apuro un kilo de crema chantilly para disimular el gusto a mierda. Lo curioso es que no podíamos dejar de comer.&lt;br /&gt;Cuando acabamos con la torta teníamos una sed de locos, por lo que también dimos cuenta de mi reserva de vino blanco y de un par de botellas de Grants. Todo esto tuvo la virtud de relajarnos un poco, crear un clima más distendido que el de la oficina, pero no lo suficiente como para que la oficial Quintana se desprendiera el soutien. Íbamos bien encaminados, no crean, aunque en ningún momento mostramos apuro, como si el globo terráqueo hubiera disminuido su velocidad de rotación y todo funcionara en cámara lenta.&lt;br /&gt;Me pareció que Janis Joplin era lo adecuado. Conservo un long play de vinilo, algo rayado por el uso y el maltrato. Contribuyó a “crear un clima”.&lt;br /&gt;Cuando la oficial se libró del holgado sweater que usa durante las misiones operativas, pude comprobar que el efecto perturbador de sus pechos no era provocado por el diseño de la chaqueta policial. También que mis fantasías no estaban descaminadas: el soutien era azul marino.&lt;br /&gt;Tomamos más tragos. Nadie mostraba urgencia ni planeaba saltar ya mismo sobre la oficial Quintana para arrancarle las pocas prendas que le quedaban. Al fin se derrumbó en el sillón, profundamente dormida.&lt;br /&gt;Luego de unos minutos, Johnny y yo intercambiamos una mirada de complicidad. Y empezamos a reír. Todo nos parecía muy divertido. Johnny se puso de pie, se tambaleó hasta el sofá y durante un tiempo que, aun de habérmelo propuesto, en mi estado hubiera sido incapaz de precisar, permaneció observando a la oficial Quintana. Al fin se inclinó sobre ella y pasó las manos debajo de su espalda, buscando la presilla del soutien. La oficial hipó.&lt;br /&gt;Johnny se irguió lentamente y giró hacia mí. Tenía la cara y el torso cubiertos de pedacitos de la torta de Bob nadando en una baba de crema chantilly.&lt;br /&gt;No podíamos parar de reír.&lt;br /&gt;Después dormí a pata suelta, casi desmayado. Cuando desperté, la oficial Quintana había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Johnny planea darle un par de comprimidos del éxtasis que compró a un productor de Boston, Massachussets. Le ofrecieron la representación local. Está trabajando en eso.&lt;br /&gt;–Hay que desacartonarla un poco –dijo–. Esto es ideal.&lt;br /&gt;Puede ser, pero habrá que planificar muy bien el asunto. No creo que la oficial Quintana acepte una nueva invitación para tomar el té en mi casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-7690498116717406461?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/7690498116717406461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/3-todo-empezo-con-la-torta-de-bob.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7690498116717406461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/7690498116717406461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/3-todo-empezo-con-la-torta-de-bob.html' title='3. Todo empezó con la torta de Bob'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-4319201275588558057</id><published>2010-07-17T19:00:00.006-03:00</published><updated>2010-07-18T15:27:38.859-03:00</updated><title type='text'>2. La creación de la Brigada Internet</title><content type='html'>Ilícito en activeworlds.com: sorprendí a seis usuarios cocinando una torta con cannabis. No me pareció que entrar preguntando la hora daría resultados positivos. Escuché en silencio y tomé nota.&lt;br /&gt;En la jerga de &lt;a href="http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/70/0027030B.jpg"&gt;Salvides&lt;/a&gt; “tomar nota” equivale a guardar la información en el disco rígido.&lt;br /&gt;El chef era un tal Bob. Y, como Salvides, resultó un imbécil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rolo no es el único policía que va armado. También la oficial Quintana lleva un arma. En su cartera, junto a un revoltijo de cosméticos y disquetes. Y en muy pocas ocasiones viste uniforme. Es una pena.&lt;br /&gt;¿Sabían que la chaqueta del uniforme de la policía femenina fue diseñada para realzar el busto? Lo juro.&lt;br /&gt;Hay algo raro, definitivamente erótico en ese uniforme. Y no concierne sólo la chaqueta, sino al conjunto, comenzando por las medias, de nailon azul.&lt;br /&gt;Me gustaría saber si son enterizas, hasta la cintura o si la oficial Quintana usa liguero. Lo imagino también azul.&lt;br /&gt;Desde ya, la página web de la institución no dice nada al respecto. La hacemos acá, en la Brigada, como “tarea pasiva”. Pero la fiscaliza Salvides. Y después el subcomisario Iraola. Y así sucesivamente, hasta llegar al Jefe.&lt;br /&gt;En la policía hay jefaturas casi para cualquier cosa, pero un único Jefe.&lt;br /&gt;Iraola también es jefe, pero en minúsculas, de la División Computación, un destino rutinario, casi diría que insoportablemente aburrido para un tipo como él. Pero cuando le destrozaron la rodilla derecha de un escopetazo la opción era clara: computación o retiro.&lt;br /&gt;Es un chiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iraola cojea de la pierna derecha y hace bromas de doble sentido al respecto. En especial con los nuevos. Y con las chicas. Las chicas fingen sonrojarse, echan una risita y se tapan la boca, pero todas piensan que Iraola es un pelotudo.&lt;br /&gt;Así es la juventud. Cruel.&lt;br /&gt;Todos los integrantes de la Brigada son jóvenes, casi adolescentes. Excepto yo. Y Salvides, que anda por los treinta. Le llevo más de cinco años, pero debo tratarlo como si fuera mi padre.&lt;br /&gt;–¡Soy su superior! –brama Salvides cuando lo mando a paseo.&lt;br /&gt;–Mi jefe –corrijo.&lt;br /&gt;Salvides no entiende de sutilezas. Y queda conforme.&lt;br /&gt;Llegó a jefe de Brigada por obra de un milagro escalafonario. No está a la altura de las circunstancias y la mayoría de las veces se muestra ansioso y confundido. Su presencia resulta frustrante para el subcomisario Iraola. La Brigada es Su Creación, y a veces el subcomisario se da una vuelta por nuestro piso y se sienta frente a una de las computadoras, “para desentumecer las tabas”, dice. Y navega un par de horas.&lt;br /&gt;Iraola añora el trabajo investigativo y odia que una estúpida reglamentación interna lo haya condenado a pasar su carrera detrás de un escritorio de burócrata. Era un buen detective. En la División, los demás se alzan de hombros –ignoran todo cuanto se refiera a la vida anterior de Iraola– pero mi hermano Rolo, el único policía de verdad con quien tengo algún trato, acepta –de mala gana– que en sus buenos tiempos el subcomisario resolvió un par de casos.&lt;br /&gt;Cuando viene de visita, Iraola ocupa la computadora contigua a la mía. Podría decirse que en ese momento somos compañeros de patrulla. Conversamos. Hay mucho tiempo para eso: hasta en aquellas ocasiones en que uno se encuentra bien encaminado, detrás de una pista, hay que esperar que bajen las imágenes. No saben lo tedioso que resulta. Entonces matamos el tiempo, conversando con el compañero. Con el &lt;span style="font-style:italic;"&gt;partner&lt;/span&gt;, para que se entienda.&lt;br /&gt;Suena pretencioso de mi parte llamar así al jefe de la División Computación, pero el subcomisario y yo tenemos una relación especial. La Brigada será Su Creación, pero antes fue Mi Idea.&lt;br /&gt;Surgió como lo hacen las cosas verdaderamente importantes: por obra de la casualidad. O la desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me habían dado ciento veinte discos para decodificar y clasificar, cada uno con seiscientos cincuenta millones de caracteres. Calculé que a razón de ocho horas diarias durante doscientos cuarenta días al año demoraría aproximadamente siete años en finalizar la tarea.&lt;br /&gt;Imagínense.&lt;br /&gt;Presenté una queja.&lt;br /&gt;–Es nuestra misión –dijo el inspector Gutiérrez, en aquel entonces mi jefe inmediato. Como no podía ser de otra manera, su cociente intelectual era apenas más alto que el de una gallina de Guinea. Ocultaba su ineptitud detrás de los galones.&lt;br /&gt;–¡Sepan que estos huevos fritos –Gutiérrez se golpeaba las charreteras donde brillaban, impecables, sus flamantes insignias– no me los cagaron las palomas!&lt;br /&gt;Un tipo muy extraño, con un sentido distorsionado de la realidad.&lt;br /&gt;Ese día se apiadó de mí: compartía mi indignación.&lt;br /&gt;–Comparto su indignación –dijo–. Pero no se queje: los discos para decodificar no son ciento veinte, sino mil seiscientos treinta y dos. Todos aquí –eso era la sección– vamos a pasar los próximos siete años abocados día y noche a esa locura.&lt;br /&gt;Y, con ánimo francamente suicida, agregó:&lt;br /&gt;–Por culpa del boludo de Iraola.&lt;br /&gt;Lo de “francamente suicida” viene a cuento porque el subcomisario estaba a menos de dos metros, a las espaldas de Gutiérrez. No le avisé –en realidad Gutiérrez nunca me había caído simpático– y jamás me lo perdonó.&lt;br /&gt;Ahora rumia su inquina en una delegación patagónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gutiérrez tenía algo de razón. En sus orígenes, la División Computación había sido planeada para informatizar el pago de salarios. Fíjense la importancia estratégica que le asignaba Jefatura que al momento de mi ingreso la mayor parte de mis compañeros de tareas eran sordomudos.&lt;br /&gt;Ver para creer.&lt;br /&gt;Era el fruto de un Convenio Altruista, parte de la campaña de imagen ideada por el nuevo Jefe. En el conmutador, por ejemplo, trabajaban un par de ciegos. Todos eran muy eficientes pero constituían para Iraola un recordatorio constante de su propia discapacidad.&lt;br /&gt;Decidió hacer algo al respecto. Y, de paso, ampliar su horizonte escalafonario. No éramos propiamente una división sino una brigada, aunque el resto del cuerpo policial nos conocía como “El cotolengo”.&lt;br /&gt;Iraola presentó un proyecto asegurando que podríamos hacernos cargo de realizar pericias informáticas, lo que vino como anillo al dedo a la campaña publicitaria del Jefe, empeñado hasta la demencia en mejorar su imagen. Y deslumbró a los miembros del Poder Judicial, gente muy impresionable por naturaleza.&lt;br /&gt;Se aumentaron los recursos de personal y las partidas presupuestarias. Y el subcomisario Iraola logró ser, por fin, jefe de una división.&lt;br /&gt;Hacía poco de esto y al momento de sorprender a Gutiérrez el subcomisario recorría ansioso los sectores de trabajo levantando la moral de la tropa con arengas sobre la alta responsabilidad informática que nos cabía en la lucha contra el delito.&lt;br /&gt;Una vez que liquidó a Gutiérrez me llamó a su despacho. Conmigo sería una cosita fácil: mi único vínculo con la institución era un endeble contrato. Un garabato de Iraola y estaría en la calle. Peor que eso: de nuevo en casa de Rolo.&lt;br /&gt;–¿Por qué piensa –preguntó con suavidad el subcomisario, enfrentando las puntas de los dedos sobre el escritorio– que Nuestra Misión es una pérdida de tiempo?&lt;br /&gt;En ese instante comprendí que me encontraba en poder de un sádico cuyo mayor placer consistiría en ablandarme a golpes, arrancarme las uñas y reventar mis esquivos testículos en vez de despacharme limpiamente, de un tiro en la nuca, como haría cualquier ejecutivo de una corporación civilizada. Iraola planeaba hacerme sufrir, obligarme a reptar como un gusano rogando piedad. Lo vi en sus ojos.&lt;br /&gt;Pero me había dado un pie.&lt;br /&gt;–Jamás cruzó semejante idea por mi cabeza, señor subcomisario. Fui malinterpretado por el inspector Gutiérrez.&lt;br /&gt;Iraola sonrió de costado, al borde mismo del orgasmo.&lt;br /&gt;–¿Ah, sí?&lt;br /&gt;–Sí. Creo, por el contrario, que no se da a esta División la importancia estratégica que merece ni se le permite desarrollar todo su potencial por culpa de un cúmulo de obligaciones burocráticas.&lt;br /&gt;Iraola ya no sonreía.&lt;br /&gt;–Prosiga.&lt;br /&gt;–Tendríamos que hacer una página Web.&lt;br /&gt;Si hubiera dicho Abracadabra el resultado no habría sido más extraordinario.&lt;br /&gt;Iraola comenzó por fruncir el ceño: no había entendido ni jota. Rápidamente, antes de que fuera demasiado tarde, lo ilustré someramente acerca de internet. Y fuimos a un cibercafé. Sus ojos brillaban. Más tarde comprendí que su imaginación iba mucho más allá de donde yo me habría atrevido a llegar.&lt;br /&gt;El Jefe con mayúsculas escuchó entusiasmado la idea de Iraola: que la Policía Federal tuviera una página Web era el colmo de la modernidad. Y se vio moralmente obligado a aceptar la segunda propuesta, a la que, erróneamente, calificó de complementaria. Al fin de cuentas, el subcomisario le estaba dando, respecto a su campaña de imagen, muchas más satisfacciones que la agencia de publicidad que el Jefe pagaba con fondos reservados del Ministerio de Interior.&lt;br /&gt;Me tocó dar forma definitiva al proyecto. Y hacer la primera página Web: “Al servicio de la comunidad”. Es el eslogan institucional, antiguo para mi gusto. Y muy poco original: cualquiera puede usarlo, desde una compañía de desinfección hasta un fabricante de cepillos de dientes. Yo hubiera preferido algo con más impacto. “Usted no está seguro hasta que nosotros llegamos”. “El crimen tiene los días contados”. “Vas a cantar antes que en el Conservatorio”, “Donde ponemos el ojo ponemos la bala”. O un simple, pero efectivo y subliminal “En menos que canta un gallo”.&lt;br /&gt;Pero soy un PCBC, el penúltimo escalón de la escala biológica, apenas por encima del resto de los mortales, los PCBV, Personal Civil Bajo Vigilancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera página Web fue un éxito. Hubo notas en los diarios y hasta salimos en televisión.&lt;br /&gt;Salimos.&lt;br /&gt;Iraola, el Jefe y yo. El Jefe robaba cámara, porque era El Jefe. Además, vestía uniforme de gala. La cabeza en forma de sandía del subcomisario Iraola asomaba sonriente detrás de la charretera derecha del Jefe.&lt;br /&gt;Yo aparecí en un par de tomas. Hasta que el camarógrafo apartó su rostro del visor, levantó la cabeza y dijo:&lt;br /&gt;–Che, que alguien corra a ese gordo de ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de cinco semanas habíamos completado la segunda parte del proyecto. Hicimos un modesto vino de honor al que también asistió el Jefe, esta vez sin uniforme de gala. Fue una ceremonia discreta, celebrada en la intimidad.&lt;br /&gt;El subcomisario Iraola dijo unas palabras y el Jefe cortó la cinta azul y blanca que cruzaba la puerta del salón donde una docena de modernas VGA mostraban el logotipo de la Policía Federal.&lt;br /&gt;Todos aplaudimos: la Brigada Internet había entrado en operaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Nosotros –suele decirme el subcomisario cuando operamos como compañeros de patrulla– somos, hoy por hoy, los únicos policías que realizamos una tarea verdaderamente detectivesca, investigativa. Todos los demás trabajan sobre la base de informantes. Por eso tantos casos quedan sin resolver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-4319201275588558057?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/4319201275588558057/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/2-la-creacion-de-la-brigada.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4319201275588558057'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/4319201275588558057'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/2-la-creacion-de-la-brigada.html' title='2. La creación de la Brigada Internet'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-3786865119597507877</id><published>2010-07-13T22:48:00.005-03:00</published><updated>2011-03-19T10:12:37.893-03:00</updated><title type='text'>1. ¡Hola! Soy Tito. ¿Qué hora es ahí?</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al inolvidable doctor Mínimo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reúno todas las condiciones requeridas a un oficial: audacia, intuición, capacidad deductiva, sangre fría, aceptable dominio del inglés, amplios conocimientos en computación. Pero jamás podré pasar de patrullero: soy un PCBC.&lt;br /&gt;Personal Civil Bajo Contrato, la casta más baja de la Policía Federal.&lt;br /&gt;El subcomisario Iraola dijo que todavía estaba en edad de convertirme en efectivo, pero era imprescindible que bajara de peso.&lt;br /&gt;–Tenés que hacer régimen. Y mucho ejercicio.&lt;br /&gt;Asentí en agradecido silencio. Nunca estuve muy seguro de que la explicación familiar fuera la más conveniente: “Pirulo no es gordo, tiene un trastorno glandular”.&lt;br /&gt;Me hacía sentir un mutante, un error de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos parecían creerlo así. No los culpo. Cualquiera que observara a nuestro esbelto grupo familiar posando para una foto hubiera pensado en mí como en una mascota de otra especie.&lt;br /&gt;El dinosaurio de los Picapiedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor eran las precisiones. “Sufre de la tiroides”, “La hipófisis le nació perezosa”, “No le bajaron los testículos”.&lt;br /&gt;Esta última despertaba increíbles fantasías en las visitas, y no faltaba el audaz que pretendiera verificarlo. A veces –no siempre, porque no era amante de exhibir la vergüenza familiar en público– mi madre me hacía bajar los pantalones.&lt;br /&gt;“¡Pobrecito...! ”&lt;br /&gt;Sospecho que todo estuvo siempre en su lugar, pero lo confirmé recién en la adolescencia, gracias al doctor López Vázquez. Hasta entonces, me había regodeado en la cómoda posición de monstruo; no me sentía responsable de nada. Pero el doctor López Vázquez dio su diagnóstico definitivo: “Es un gordo de mierda”&lt;br /&gt;No era dietista. Era el esposo de la señora López Vázquez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Hola! Soy Tito. ¿Me pueden decir qué hora es ahí????”&lt;br /&gt;Así comienzo mis sesiones de chateo. A pesar de su obviedad, consultar la hora sigue siendo una fórmula infalible para establecer un primer contacto con un desconocido. También podría solicitar información sobre el estado del tiempo. Muchos lo hacen, y más de una vez consideré la posibilidad de que se trate de colegas buscando entrar en una conversación sin despertar sospechas. Pero imaginar que me acerco a un extraño para preguntarle si llueve me hace sentir ridículo, por lo que sigo confiando en la vieja fórmula de consultar la hora, en la Estrategia de la Aproximación Indirecta.&lt;br /&gt;El general Liddlehard escribió un tratado al respecto, pero aplicado a la guerra. Se llama Estrategia de la Aproximación Indirecta. Pueden encontrarlo en numerosos catálogos de la internet.&lt;br /&gt;El inspector Salvides tiene un ejemplar en su despacho. Y lo consulta con frecuencia.&lt;br /&gt;El tratado de Liddlehard es casi el manual de operaciones de la Brigada, aunque Salvides está trabajando en el tema. Planea superar a su maestro.&lt;br /&gt;De todos modos, el concepto central será básicamente el mismo: no es conveniente ir en forma frontal sobre un sospechoso, como si estuviéramos en una comisaría.&lt;br /&gt;Surge del más elemental sentido común, pero Salvides no se cansa de repetirlo. Es que no ha hecho toda su carrera en la División Computación. Y durante varios años prestó servicio en la Guardia de Infantería.&lt;br /&gt;Como lo oyen.&lt;br /&gt;Cada vez que detectamos un ilícito en internet el inspector se sale de la vaina por ponerle una mano encima a los delincuentes. Entonces se encierra en su despacho. Y relee a Liddlehard.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera de Salvides y la oficial Quintana –efectivos regulares de la Policía Federal– todos los demás integrantes de la Brigada pertenecemos al PCBC, aunque estamos sujetos al mismo régimen que un policía corriente. Si nos place, hasta podemos llevar un arma, pero no obligadamente.&lt;br /&gt;Por si no lo saben, todos los policías deben llevar un arma, aun cuando no se encuentren de servicio. Lo dice la ley. Es una aberración de la cual están exentas las demás profesiones, en especial aquellas no sujetas a la excentricidad parlamentaria. Un plomero, por ejemplo, no pasea los domingos con su mujer, sus hijos, y una terraja. Si bien las cañerías suelen romperse en el momento más inesperado, los plomeros son personas sensatas, capaces de pensar que siempre habrá un colega de servicio para hacerse cargo de la emergencia.&lt;br /&gt;Ni siquiera los médicos se creen en la obligación de comportarse como eternos ángeles de la guarda. Y muchos, al salir de vacaciones, quitan de sus autos la cruz verde con que se los identifica, entre otras cosas, para disculparles las infracciones de tránsito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una ocasión, histórica de por sí, papá nos había llevado de vacaciones a las sierras de Córdoba. Había en el hotel otro turista con quien mi padre, un tipo muy entrometido –calculo que de ahí le vino a mi hermano Rolo su temprana vocación de policía, pero de policía de verdad– trabó relación casi instantáneamente.&lt;br /&gt;Tomaban mate por las tardes, al regreso de la excursión. Mi padre también lo convidaba con salame casero, comprado quién sabe dónde. Esa era una especialidad suya: comprar cosas raras en sitios que pasaban desapercibidos para la mayoría. La otra, inmiscuirse en los asuntos ajenos.&lt;br /&gt;Lo primero que hizo fue preguntar a su nuevo amigo dónde trabajaba.&lt;br /&gt;–Cajero de un banco en Cabildo y Lacroze –repuso éste.&lt;br /&gt;No crean que mi padre se conformaría con tan poco, pero el interrogatorio no siguió mucho más allá porque no sabía nada de bancos y jamás en su vida había pasado cerca de Cabildo y Lacroze. Salía de Boedo únicamente para dirigirse al trabajo. Este era un asunto que en ese entonces nos avergonzaba mucho a todos: papá era empleado administrativo en el neurosiquiátrico Borda.&lt;br /&gt;No vale la pena demorarme en las estúpidas bromas de mis amigos. De todos modos yo ya tenía bastante conmigo como para sentir alguna vergüenza por el trabajo de papá.&lt;br /&gt;De Boedo a Barracas y de Barracas a Boedo. Si de mi padre dependía, Buenos Aires podría haber tenido cincuenta mil habitantes. Esto, y su absoluta ignorancia sobre los asuntos bancarios, sirvió para que dejara en paz a su nuevo amigo. De hecho, resultaba casi agradable y el hombre no lo rehuía tanto como las demás personas que habían tenido la mala ocurrencia de cruzar con él unas palabras. Fíjense que para el desayuno, el bancario y su familia se sentaban en una mesa cercana a la nuestra.&lt;br /&gt;Como lo oyen.&lt;br /&gt;Ocurrió justamente durante el desayuno: de pronto, mi hermana Elena da un grito, deja caer la taza de café con leche, se dobla en dos y se desploma sin conocimiento.&lt;br /&gt;Antes de que cualquiera de nosotros alcanzara a reaccionar, el bancario había desprendido el pantalón de mi hermana y le palpaba el vientre con manos expertas. Por un momento, pensé que se disponía a violarla en medio del comedor del hotel, delante de la mirada azorada de mi entero grupo familiar.&lt;br /&gt;–Rápido, llamen al hospital –dijo el hombre, muy seguro de sí–. Tiene una apendicitis aguda.&lt;br /&gt;Luego habló con el residente de guardia, le explicó los síntomas y dio algunas instrucciones. A los pocos minutos llegó la ambulancia y en menos de dos horas Elena salía sana y salva de la mesa de operaciones.&lt;br /&gt;–Había sido médico... –repetía mi boquiabierto padre. Después elaboró una teoría. A su modo de ver lo que había impulsado al doctor López Vázquez a quitar la cruz de su automóvil y fingirse un simple empleado bancario era la modestia.&lt;br /&gt;Pamplinas.&lt;br /&gt;Si mi padre se hubiera enterado de la verdadera profesión del doctor López Vázquez habríamos acudido día y noche a consultarle pequeños síntomas, jamás lo suficientemente serios como para motivar un examen de rutina, pero al menos yo habría sabido, tal vez a tiempo, que mis testículos estaban en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado el caso –la Situación de Emergencia, como quien dice– el doctor López Vázquez se hizo cargo de ella, salvando a mi hermana de complicaciones mayores. Pero no la operó.&lt;br /&gt;Si una ley del Congreso obligara a todos los médicos a llevar permanentemente un bisturí en el bolsillo el asunto hubiera terminado en una carnicería.&lt;br /&gt;Eso es lo que ocurre con la policía.&lt;br /&gt;Sin ir más lejos, mi hermano Rolo se desprende de su Browning 9 mm únicamente para calzarse una Beretta 6.35, más chata y pequeña. Y ya participó en varios tiroteos, todos fuera del horario de servicio. El primero tuvo lugar cuando tres papanatas subieron a un colectivo en horario pico para robar a los pasajeros. En un rapto de lucidez mi hermano calculó que el lugar resultaría inadecuado para proceder.&lt;br /&gt;–Alguien podría terminar herido –dijo que pensó.&lt;br /&gt;Fue una de las pocas ocasiones en que llegó a construir un razonamiento casi normal.&lt;br /&gt;Lo normal hubiera sido: si tres papanatas y un policía descontrolado se tirotean dentro de un colectivo repleto, alguien &lt;span style="font-style:italic;"&gt;seguramente &lt;/span&gt;saldrá herido.&lt;br /&gt;Sin embargo, aunque con defectos, mi hermano había hecho, por fin, una reflexión. Pero recordó que llevaba la Browning, su arma reglamentaria, propiedad del Estado. Usted puede extraviar casi cualquier cosa del Estado, menos sus armas. Eso desemboca inevitablemente en un Sumario Administrativo.&lt;br /&gt;Se imaginan que los delincuentes no iban a dejar a mi hermano en poder de su arma reglamentaria. Un Sumario Administrativo significa bien poco para quien se pasa el día violando el Código Penal.&lt;br /&gt;Así que Rolo se puso de pie en el atestado colectivo, sacó la Browning y dijo: “¡&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_xYLZfwLwuBY/SNDAJ0xcpwI/AAAAAAAAAE8/1c454I2bzN0/s320/policia.gif"&gt;Policía&lt;/a&gt;!”.&lt;br /&gt;Ver para creer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-3786865119597507877?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/3786865119597507877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/1-hola-soy-tito-que-hora-es-ahi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3786865119597507877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/3786865119597507877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/1-hola-soy-tito-que-hora-es-ahi.html' title='1. ¡Hola! Soy Tito. ¿Qué hora es ahí?'/><author><name>T. B.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06421900411162886165</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6963222832516531928.post-2285122658446233406</id><published>2010-07-13T22:46:00.004-03:00</published><updated>2011-03-19T10:03:55.942-03:00</updated><title type='text'>Advertencia del editor</title><content type='html'>Esta suerte de diario pertenece a un investigador civil –al menos así suele autodenominarse– contratado por la policía federal. Llegó a mis manos en el transcurso de una encuesta de Naciones Unidas sobre la intromisión de organismos estatales en las vidas privadas de los ciudadanos, pero fue recién con el hallazgo de este diario que pudimos comprobar hasta dónde eran capaces de llegar los detectives argentinos en tren de meter las narices donde no deben. Literalmente, a Japón.&lt;br /&gt;Para obtenerlo, fue necesaria una orden directa del entonces secretario general de Naciones Unidas, el honorable Dr. Kofi Atta Annan, pero aun así resultó arduo vencer la resistencia del comisario mayor, actualmente retirado, Esteban Sagasti, que se evidenciaba en  infantiles trampitas, dilaciones absurdas, llamadas telefónicas a las cuatro de la mañana, mensajes amenazantes en mi correo electrónico y la extemporánea visita de un médico de aspecto atormentado que me expidió –“a pedido de un amigo”– un certificado de enfermedad por tres días para ser presentado ante la Asamblea General, que en ningún momento yo había solicitado.&lt;br /&gt;El comisario Sagasti era, sin duda, un hombre muy raro, al que si costaba imaginar policía, era ciertamente extravagante concebirlo dirigiendo esa severa institución. De todos modos, no corresponde hablar de él, ni de ninguna otra persona que pudiera llegar a entablarnos una demanda.&lt;br /&gt;Por ese y otros motivos –que al fin de cuentas también uno tiene que comer– dudé mucho antes de revelar el contenido del misterioso cuaderno Laprida tapa dura, forrado con papel araña azul, que tan celosamente Sagasti guardaba en la caja fuerte de su despacho. Si ahora lo doy a conocer es en la creencia de que ha transcurrido ya bastante tiempo desde que tuvieran lugar los incidentes que aquí se narran y seguro de que su conocimiento será de gran utilidad pública.&lt;br /&gt;Lo que aquí se reproduce es una transcripción casi textual del contenido del cuaderno, habiéndome limitado a expurgar insultos y palabrotas fuera de lugar, contexto y sin destinatarios precisos, que surgen inopinadamente en medio de una oración con la que, por otra parte, no se relacionan en lo más mínimo.&lt;br /&gt;Tampoco “actualicé” términos informáticos ni procedimientos de navegación, que hoy seguramente sonarán obsoletos. Ocurre que el cuaderno fue escrito en épocas previas a la banda ancha, y en tren de verosimilitud, en todo cuanto no agravie gratuitamente a alguna persona, corresponde conservar la redacción original. En todo caso, será de utilidad para que se compruebe que existía vida en el planeta Tierra antes de la invención de la banda ancha.&lt;br /&gt;No he eliminado ni alterado ningún nombre propio; mucho menos el del autor, a quien no he podido identificar y en consecuencia permanece en un anonimato que no correspondería llamar absoluto, pues desde un primer momento nos ha revelado tanto su apodo familiar como su alias más usado.&lt;br /&gt;Tampoco ha sido posible identificar al misterioso Dr. Mínimo al que fue dedicado el diario. Aunque cabe sospechar que se trate de un especialista en enfermedades mentales o acaso en alteraciones endocrinológicas, sólo podemos estar seguros de que no se refiere, definitivamente, al malogrado filósofo, psiquiatra y pensador Samuel Libermann, quien, como es de público conocimiento ha sido recluido por orden judicial en una casa de salud especializada en adicciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teodoro Boot&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6963222832516531928-2285122658446233406?l=doctorminimo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doctorminimo.blogspot.com/feeds/2285122658446233406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/advertencia-del-editor.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2285122658446233406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6963222832516531928/posts/default/2285122658446233406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doctorminimo.blogspot.com/2010/07/advertencia-del-editor.html' title='Advertencia del editor'/><author><name>T. 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